NI SE GRITA NI SE HUMILLA.
Educar a nuestros hijos con
autoritarismo es un error a largo plazo. Por mucho que creamos que así nos
atienden, solo generamos desconfianza y minamos su autoestima.
La inmediatez en el castigo
es importante, sobre todo en niños pequeños. Si castiga a un niño de cuatro
años sin salir el fin de semana y estamos a lunes, se le olvidará y perderá el
sentido. Y todo tiene que explicarlo con un tomo de voz conversacional y meditado.
Transmítaselo de forma tranquila y segura. No se trata de humillar, sino de que
aprenda. Recuerde seguir normas muy sencillas como mantener la calma: se
obedece más a una persona que transmite calma y seguridad que a la que pierde
los papeles. Refuerce y valore los cambios que hagan sus hijos. A pesar de que
piense que son sus obligaciones, a todos nos gusta que nos valoren cuando
hacemos algo que está bien. Todo lo que se refuerza, tiende a repetirse. Si
quiere cambiar un comportamiento, en lugar de decirle lo que no tiene que
hacer, dígale lo que espera de él. EN lugar de decir “deja de jugar a la pelota”,
dígale: “por qué no montas esa ciudad de pobres tan chula que hiciste la semana
pasada?”.
Establezca reglas claras y
sencillas. No complique todo con mil instrucciones a la vez, que además suelen
ser incompatibles unas con otras. Si le dice que recoja sus juguetes, no le
diga también que se duche. Una cosa detrás de la otra. Dele la opción de elegir
en algunas cosas, sáquele dos pantalones y deje que escoja. Y demuéstrele
siempre que su amor en incondicional. Hay niños que han llegado a interiorizar
que el amor de sus padres está en función de cómo se comporten. Esto es algo
muy cruel.
aaahhhh. para los adultos pasa lo mismo cuando nos imponen las cosas. ¿no?
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