TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!


TEXTOS PARA EL ALMA 424


   Carta a nuestro tutor  
Hola me gustaría decirte unas cuantas cosas toda vez tu eres mi tutor profesional -antes jefe- y cuidas mi plan de carrera.
. No me des todo lo que oído; a veces solo pido para ver hasta dónde puedo llegar.
. No me grites. Te respeto menos cuando lo haces, y me enseñas a gritar también...y no quiero aprender a hacerlo.
. No me des órdenes a toda hora. Si me lo pidieras por favor lo haría rápido y con más agrado.
. Cumple tus promesas
. No me compares con nadie; especialmente con tus protegidos o familiares.
. No cambies tan a menudo de opinión sobre lo que debo hacer.
. Déjame valer por mí mismo; si tú haces todo por mí, nunca aprenderé a hacerlo por mí mismo.
. No digas mentiras delante de mí y mucho menos me pidas que las diga por ti.
. Cuando te equivoques en algo, admite tu equivocación, crecerá la opinión que tengo de ti y me enseñará a admitir también mis equivocaciones.
. Trátame con la misma amabilidad que tratas a tus familiares y protegidos.
. No me digas que haga cosas que tú no eres capaz de hacerlas; aprendo con tu ejemplo.
. Cuando te cuente un problema mío no lo andes divulgando.
. Trata de comprenderme.
. No me desanimes ni desprecies.
. No tengas tantos protegidos. Todos debemos tener las mismas oportunidades.
. No descapitalices la empresa. Es una falta de respeto al esfuerzo de sus profesionales.
Si te acercas a estos consejos, seguro, seremos mejores profesionales y personas.


TEXTOS PARA EL ALMA 423



  La diferencia entre el éxito  y el fracaso, a menudo, es la habilidad a levantarse una vez más que el número de tus caídas.

¡¡¡no importa lo que hayas hecho, qué error hayas cometido, tú no eres un fracaso hasta que no te hayas rendido.




TEXTOS PARA EL ALMA 422


La paciencia es amarga, pero su fruto dulce.

TEXTOSPARA EL ALMA 421


Estoy caminando por la Gran Vía las Corts Catalanes  recordando a la familia ausente. Buscando aquel recuerdo placentero que oxigene la esencia.
No lo encuentro, nací para "servir" la necesidad del " otro" que obviaba la potencialidad del niño concebido.
Paseaba por la Gran Vía con mamá para que le sirviera de compañía y si acaso para presumir de nene.

Eso es para mí la pasarela de la avenida José Antonio Primo de Rivera como se denominaba entonces.
¿Han existido para tu SER o te han enseñado a TENER?

TEXTOS PARA EL ALMA 420

  
                                        

 A veces  .......cuando nada marcha de acuerdo con lo esperado, y la preocupación es quien reina.
Cuando el quebranto de lágrimas inunda nuestros ojos, y todo parece ser inútil...

Solo una cosa puede ahuyentar las lágrimas que queman y ciegan, alguien que suavemente te eche el brazo por encima y susurre: NO TE PREOCUPES.

TEXTOS PARA EL ALMA 419


 La compañía...... - No tiene necesariamente que "poseerse" pues de ser así es limitadora.
La compañía también puede ser anónima y ocasional y nos llena de satisfacción igualmente que cuando tiene nombre.
Ir por una ciudad vacía, estar en el teatro solo, o cenar en la Costa Azul sin nadie en el restaurante, nos da la dimensión que sin "el otro" poco reflejo tiene nuestra existencia.
Somos seres sociables aunque no sabemos socializarnos. Muchos se cierran en la llamada familia para desarrollar su pluralidad y desde esa perspectiva creen entender el mundo.
Además analizan su geografía territorial mediante viajes organizados ignorando el origen del "producto interior bruto" de los países que visitan, por poner un ejemplo.

Familia, futbol, viaje organizado, y costumbre son los ejes de una socialización estéril que ignora al otro como fuente de conocimiento y de regalo de amor.

LA INSATISFACCIÓN PERMANENTE ACABA ALEJÁNDONOS DE LAS METAS QUE ENRIQUECEN LA VIDA.

Renunciar para ser felices

La insatisfacción permanente acaba alejándonos de las metas que enriquecen la vida. Tomar decisiones es un primer paso en el camino hacia el disfrute.


Si observamos a nuestro alrededor nos daremos cuenta de la gran diversidad de personas que nos rodean. Gente muy distinta a nosotros con sus propias prioridades, valores, ilusiones y miedos. Aunque son muchas las cosas que nos separan de ellos, una nos une de un modo singular: el deseo de ser felices. Pero esa dicha en ocasiones nos puede resultar un tanto esquiva. Seguimos sin saber qué nos acerca o nos aleja de ella, por lo que acabamos confundidos, empleando grandes cantidades de energía en cuestiones que poco aportan a nuestro bienestar.
Tendemos a asociar la conquista de ciertas aspiraciones con la felicidad: “Seré feliz cuando cambie de trabajo”, o “cuando consiga una pareja, o “si logro el divorcio”, o “cuando compre mi propia casa”. Aunque lo vivimos con naturalidad, cuando alcanzamos alguna de estas ansiadas metas, paradójicamente nos damos cuenta de que la felicidad no ha llegado. Sentimos satisfacción por el logro, sí, pero esta se desvanece con frustrante velocidad.
De este modo van pasando los días y los años, y no alcanzamos a comprender que vivimos como ratones en la rueda. Corriendo mucho, pero sin llegar a ningún sitio. Porque nada más terminar ya nos hemos marcado la siguiente meta, sin parar un segundo a disfrutar aquello que tanto nos costó lograr. Nunca estamos satisfechos, somos incapaces de renunciar a nada. Y ello nos hace infelices. En la novela 13,99 euros, de Frédéric Beigbeder, el protagonista, Octave, publicista, lo expresa así: “Siempre me las apaño para que os sintáis frustrados (…) Os drogo con novedad, y la ventaja de lo nuevo es que nunca lo es durante mucho tiempo. Siempre hay una nueva novedad para lograr que la anterior envejezca (…) En mi profesión, nadie desea vuestra felicidad, porque la gente feliz no consume”.
¿Y si hemos estado equivocados todo este tiempo? ¿Y si la felicidad no reside tanto en lograr ciertas aspiraciones como en sentir satisfacción por lo que ya hemos logrado? El sentirnos felices o desdichados está muy relacionado con la manera en que percibimos nuestra situación actual, esto es, con lo satisfechos que nos sintamos respecto a lo que poseemos en el momento presente. En una sociedad en la que predominan valores como la ambición, la generación de necesidades y un inconformismo patológico, esto es un objetivo muy difícil de lograr.

Ganadores de lotería y víctimas de accidentes: ¿es relativa la felicidad?. Con este título, tres investigadores llamados Brickman, Coates y Janoff-Bulman publicaron en 1978 su estudio en el que comparaban la satisfacción de tres grupos de personas: ganadores de grandes sumas de dinero en la lotería, víctimas de accidentes que habían quedado en un estado de parálisis y un grupo control, sin lotería ni parálisis. ¿Sus resultados? “Los ganadores de lotería no son más felices que los controles y obtienen significativamente menos placer de los acontecimientos mundanos”. Por su parte, los que habían sufrido un accidente mostraron una tendencia a “idealizar su pasado”.

La filosofía budista sostiene que la felicidad está determinada más por el estado mental que por los acontecimientos externos. Circunstancias tan extremas como sufrir una grave enfermedad o ganar la lotería pueden provocar que nos sintamos más contentos o deprimidos a corto plazo, pero no suelen provocar efectos duraderos en nuestro estado de ánimo. Este tiende a volver a su nivel previo al cabo de un tiempo, tras un periodo de adaptación a la nueva realidad. Con demasiada frecuencia confundimos esa satisfacción o placer temporal con la felicidad, la cual es en realidad un estado mental consecuencia de cómo nos enfrentamos a la vida. Por ello vivimos enganchados al logro y nos volvemos adictos a las emociones efímeras.
Un camino para acercarnos a la tan ansiada felicidad reside en conseguir un buen equilibrio entre nuestras aspiraciones, basadas en una legítima ambición por mejorar nuestras condiciones de vida, y la capacidad de disfrutar y conformarnos con lo que tenemos. Es más que probable que la mera lectura de la palabra “conformarnos” haya disparado una especie de señal de alarma en el lector. Es normal, estamos programados para ello. Evitar el conformismo es un mecanismo de protección que nos permite seguir progresando, pero que puede terminar volviéndose en nuestra contra. La ambición por avanzar hace que la sociedad prospere y que la humanidad siga su curso: sin ese impulso para mejorar seguiríamos viviendo en las cavernas a merced de los elementos. El problema es que nos falta capacidad para apreciar lo que tenemos por miedo a quedarnos estancados. Vivimos siempre pendientes de lo que nos falta, muchas veces sin valorar lo que hemos logrado. Hemos acabado superando las aspiraciones naturales por crecer y prosperar para desembocar en una suerte de avaricia vital. Nunca estamos satisfechos, siempre queremos más, de lo que sea, porque más es siempre mejor: un coche más rápido, una casa más grande, un teléfono más inteligente y una escuela más cara para nuestros hijos. Pero como hemos dicho, esta nueva forma de avaricia vital no nos proporciona la felicidad, sino más bien una breve satisfacción puntual. Valorar lo que tenemos y conformarnos de un modo saludable con ello es el antídoto contra esta rueda infinita por el siempre más.
Constantemente somos bombardeados con la idea de que podemos tenerlo todo y no debemos sacrificar nada. Pero esto es, como poco, una quimera: ponerse metas poco realistas o querer llegar a todo es la receta perfecta para lograr una constante sensación de insatisfacción. Si aprendemos a identificar las renuncias que hay tras nuestras decisiones y conseguimos aceptarlas, estaremos más cerca de vivir con mayor plenitud.
Pensemos, por ejemplo, en resoluciones como cambiar de puesto de trabajo, tener hijos o dejar la relación con nuestra pareja. Difíciles, ¿verdad? Cuando nos enfrentamos a una toma de decisiones que sentimos complicada, lo que verdaderamente nos está costando no es elegir una de esas opciones, sino olvidarnos del resto de ellas. Pero la vida es así, debemos aprender a renunciar para poder seguir avanzando. Y aspirar a tenerlo todo conduce a la infelicidad.
Muchas personas acuden frustradas a la consulta de psicólogos y psiquiatras porque sienten que son incapaces de lograr sus metas, y que por más que se esfuercen no consiguen sentirse satisfechos. Ello les produce ansiedad y un bajo estado anímico, e incluso puede dañar sus relaciones sociales. Tras analizar su situación no es difícil ayudarles a darse cuenta de que es imposible obtener de ese modo la felicidad, ya que esta la han condicionado a la consecución de ciertos objetivos que, habitualmente, son incompatibles. Resulta complicado poseer una casa de muchos metros cuadrados y contar con mucho tiempo libre. Es difícil pasar más horas con la familia y conseguir un ascenso en el trabajo. También cuesta sacar tiempo para leer más libros mientras atendemos nuestro muro de Facebook. Hay que elegir.
El camino para que nuestras decisiones nos hagan felices pasa, necesariamente, por aceptar las renuncias como parte del proceso. El día no tiene más horas. Debemos elegir en qué invertimos nuestro tiempo y esfuerzo. Y eso, nuevamente, implica sacrificios. Pero estos deben ser conscientes, decisiones tomadas con determinación y asumiendo sus consecuencias. Por el contrario, si simplemente seguimos avanzando pero imaginando con nostalgia aquello que nunca fue, seguiremos sin valorar aquello que sí tenemos y que con tanto esfuerzo hemos logrado. En ocasiones la mente tiende a idealizar los caminos que no hemos seguido, imaginamos un futuro perfecto en el que tomamos la decisión adecuada y en el que la vida nos sonríe. No nos engañemos. Ninguna realidad, por buena que sea, soporta la comparación con una utopía.
Podemos ponernos los más diversos objetivos en la vida, pero todos ellos tienen en común un paso ulterior, el más importante: lograr la felicidad. No lo olvidemos. La vida implica tomar gran cantidad de decisiones de manera constante. Pero si conseguimos desplazar la atención desde esas renuncias al objetivo final, que es obtener el bienestar, nos resultará más sencillo seguir avanzando.

TEXTOS PARA EL ALMA 418

 
  

 Hoy el destino me ha traído a la iglesia parroquial de St. Juan Despi, lugar tranquilo y sosegado donde en pueblo llano administra sus penas.
Conocía, no hace mucho,  aquí a un banquero opulón que pasaba las mañanas en la digestión de un suculento desayuno a base de alubias fritas con panceta.
Con aspecto de "bonachón" distraía a sus clientes con argumentos simples y poco creíbles a día de hoy, más aceptables para la época.
Así es la socialización. Lo importante es que las gentes estén tranquilas y no se alboroten. Hay que buscar perfiles de distribuidores del modelo "bajos" para generar complicidad y a estos controlarlos a través del miedo y la comodidad.
Como buenas ovejas del rebaño,  necesitamos un pastor con su perro que no nos asusten demasiado ni nos saquen de la zona de confort. La Emancipación del egoísmo y la vanidad es un error, cree la  parroquia, es mejor pedir (al Estado o al Santísimo) o quejarse, que esforzarse.
Y así pasan los días....legumbres con panceta y fuútbol o telenovela.....
Este guion lo venos pueblo por pueblo, barrio por barrio.....año tras año.

Aaaah y los más afortunados además viajan en coche, tren y avión.....¡¡¡ Que suerte!!!

TEXTOS PARA EL ALMA 417



   
Es una cosa natural que nos cuesta aceptar.
La compañía de la soledad es algo singular que el humano ignora por temor a si mismo. Cada verano, la masa, gasta fortunas en realizar viajes olvidándose de conocer todo su potencial humano.

Sin duda vivimos como "seres de granja" que usamos aquello que tenemos a mano para satisfacción de la comodidad y usufructo de la riqueza.

TEXTOS PARA EL ALMA 416


Cantidad o calidad 

 Después del "finde"  del obrero, la "granja" vuelve a la cotidianidad. La comunidad obrera regresa a la exigencia del patrón sin más creatividad que la obediencia.
Como en una explotación ganadera se trata de cumplir con los mínimos para no ser sacrificados con el paro y sus sucesivos estadios.
A esto le denominamos "primer mundo" dado que nos permite vivir en el sueño de "tener" cuando realmente no nos pertenece nada.
Y los días pasan y el engaño existencial se agranda. La mayoría de los miembros de la comunidad viven en la esperanza de que "podría ser peor" y satisfacen su monotonía con la victoria de su equipo de futbol.
Lentamente llega el "hasta luego" y solo queda el silencio. La mirada perdida en el horizonte nos trasporta hacia un cercano pasado sin retorno. Nos decimos "si lo hubiera sabido" hubiera cultivado más el SER que el TENER ya que ahora que tengo libertad no tengo entendimiento y muero desde la ignorancia.

Eso si cumplí con una misión procreadora desde cualquier ángulo de aquello que llamamos FAMILIA.

TEXTOS PARA EL ALMA 415


El tiempo lo borra casi todo - 

El transcurrir del tiempo deja una huella silenciosa en nosotros.
Esa huella, como surco difuminado, es o puede ser el olvido que, como juez inflexible, borra toda esencia de nuestra vida.
Ese olvido es nuestra felicidad permanente pues si siempre estuviera "la memoria" estaríamos en continuo dolor.
Si, si pues hasta lo más bello llega a doler y solo nos salva ese bendito olvido que la decadencia nos regala.
Pero...... ¿que no debe borrar el tiempo? Complicada pregunta me formulo ya que lo que un día nos produjo satisfacción, seguramente ahora nos genera indiferencia y por tanto olvido.
¿Hay estadios de felicidad imborrables?
Si, si entiendo que sí. No podré olvidar tu sonrisa cuando llegaste sin esperar verme, ni las carcajadas que compartimos al finalizar el cautiverio militar.
Ya, con los años, se repitieron momentos alegres que, por singulares, pasaron una sola vez.
Ha llegado el olvido que, como perenne sombra, nos acompañara al jardín de los cipreses donde una grabación en piedra pretenderá inmortalizar tu nombre.

NADA NOS ENGAÑA TANTO COMO NUESTRO PROPIO JUICIO

El ‘síndrome de perder el tren’

Creer que una situación crítica es irreversible es un error. En cualquier momento podemos tomar los mandos de nuestro presente para moldear un futuro mejor


El otoño, aunque ya estemos atisbando su final, es sinónimo para muchos de tedio y rutina. Un tiempo de intimidad y silencio, de menos diversión. Sin embargo, para otros representa también una época estimulante, el pistoletazo de salida de una nueva temporada, de nuevos retos y ambiciones. Existen además otros otoños que nada tienen que ver con el calendario. Esa intensa y frustrante sensación de que ya es demasiado tarde para llevar a cabo algo que ansiamos, tarde para otras ilusiones. Sencillamente porque notamos que se secan las hojas de nuestro árbol y solo tenemos por delante un frío invierno.
A quien esté inmerso en una suerte de melancolía quizá le reconforte saber que no está solo
Sentimos que hemos perdido el tren, y nos pasa tanto en relación con un propósito profesional como con uno personal. Le ocurre a ese abogado de 35 años que considera que ya es tarde para apearse de una desilusionante carrera y renuncia a una empresa con la que sueña. Y también le sucede a una persona mayor que desiste de luchar por una relación sentimental, “porque a mi edad no toca”.
¿Pero qué nos lleva a sentir que hemos perdido el tren, que es demasiado tarde, y nos frena a la hora de apostar por algo? Nuestras acciones y decisiones están condicionadas por nuestras creencias o modelos mentales. Y todos tenemos un buen repertorio de ellas. Algunas nos impulsan; otras nos limitan. Pero muchas son inconscientes y todas son activas, porque moldean nuestros actos. Son juicios, opiniones muy arraigadas que se forman en el pasado, viven en el presente y condicionan nuestro futuro.

“Valgo lo mismo para un barrido que para un fregado” es una idea de acción permanente que nos proporciona un impulso positivo ante cualquier cambio. Al contrario, pensamientos como “hay que seguir la tradición familiar de ser abogado para estar bien considerado” o “hay que sufrir para tener éxito” nos dificultarán la deseada metamorfosis profesional. ¿Cuánto le costará a alguien que piensa que vale para todo llevar a cabo una reorientación profesional? ¿Cuánto le costará a alguien que piensa que para estar bien considerado ha de seguir la tradición familiar? ¿Lo ven?

Hasta aquí, creencias individuales. Pero más allá están las creencias colectivas. Muchos de nuestros pensamientos personales son a su vez compartidos por una familia, una comunidad, grupo social o cultura determinada. Las creencias colectivas nos refuerzan o nos limitan aún más. ¿Cuánto nos costará apostar por algo nuevo si, además de nosotros mismos, nuestro entorno nos repite que más vale pájaro en mano que ciento volando? Muchas veces viajar o salir de esos círculos más próximos nos ayuda a ver nuestra casa desde otra ventana, y a cuestionar aquellas creencias colectivas limitadoras de las que no éramos conscientes. Así, si pensamos que se nos ha pasado el tren, “porque a mi edad no es correcto volverse a casar o porque a los treinta y tantos he de estar ya bien situado”, será probablemente más difícil para nosotros alcanzar ese objetivo que deseamos.
Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de las mías
Jorge Luis Borges
¿Fin de la historia? No. Nuestras creencias tiñen nuestra percepción de las cosas, sí. Pero no con tinta permanente. Así pues, con un gran trabajo de introspección podemos revisar ese juicio que nos está impidiendo atrevernos a alcanzar nuestro objetivo. ¿Qué hay que hacer? Busquemos qué creencia nuestra está en juego, hagámosla consciente, revisemos su validez y después decidamos si queremos continuar con ella a cuestas o la sustituimos por otra. Nada fácil. Pero no es tinta indeleble. Este primer obs­táculo ¡se salva!
Una clienta en el ecuador de sus 40 me decía hace un par de años: “Me siento mayor, muy mayor. De repente, en dos años, me veo como una señora, me miro al espejo y es duro aceptar que todo caiga. Siento que envejezco. Plantearme un cambio laboral y pensar que he perdido el tren me hunde”.
En una línea del tiempo, existe el pasado, el presente y el futuro. Lo que no es presente o futuro pertenece al pasado. Y es que, citando a Peter Senge, solemos pensar en líneas rectas a pesar de que el mundo tenga estructuras circulares. Piensen en cómo ha sido su vida, ¿cómo la dibujarían? ¿Sería una línea cronológica tal y como aprendimos historia en el colegio? ¿Qué ocurriría si la visualizaran en círculos, en etapas? Como si fueran eslabones que se engarzan. Veríamos nítidamente qué engranaje les une, cuántos aros hay, qué distingue un aro del otro. Y en la perspectiva global observaríamos el collar de nuestra vida.
Lo que inquieta al hombre no son las cosas, sino las opiniones sobre ellas
Epicteto
El pensamiento lineal al que estamos acostumbrados nos resta capacidad para reparar en los procesos y nos inclina a detenernos en los hechos concretos. Es muy ilustrativa la metáfora de la rana hervida. Si metemos una rana en una olla con agua a temperatura ambiente, se sentirá probablemente en su salsa. Si hacemos el experimento de calentar el agua de la olla a fuego muy lento, la rana no se dará cuenta del cambio progresivo de temperatura. Morirá hervida sin percatarse. Así de importante es la visión del proceso.
Cuando se tiene el síndrome de perder el tren, un cambio de enfoque puede ser providencial. Pensar en un proceso compuesto por ciclos y no en líneas rectas del nacimiento a la muerte puede llevarnos a ver y vivir nuestra situación de manera distinta. El Hudson Institute de Santa Bárbara propone analizar todo cambio a través de un diagrama circular estructurado en cuatro fases, parecido a la transformación de una oruga en crisálida y que muchos coaches conocemos bien.
La primera etapa del cambio en el ciclo de la mariposa es la del huevo. En esta fase uno se siente desmotivado, cabizbajo, atrapado en una melancolía que no le permite pensar, reír. Un tiempo que preside la lentitud, la pesadez, la falta de alternativas, la procrastinación (esa tendencia de dejar las cosas para más tarde). Una suerte de otoño interminable según nuestro ejemplo anterior. Pero sin que usted lo advierta está ocurriendo algo necesario en todo proceso de cambio. Es la parte positiva. Estamos en el inicio de una gestación. Lo duro es que la decisión de abandonar esta etapa no suele ser racional. Llegará a la raíz de nuestro propio trabajo interior o en un momento en que nosotros o alguien nos abra una puerta que de repente nos haga ver una dirección, un sentido claro.
Nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio
Leonardo da Vinci
Este es el vestíbulo de un segundo periodo conocido como la fase de la larva, en la que algo nuevo se empieza a probar, pensar y forjar lenta e íntimamente. Tras haber empezado a tejer, protegidos por nuestro capullo, llega la fase de la crisálida, en la que la curiosidad y una energía renovada nos ayudarán a construir nuevas redes, a explorar otros horizontes y a concretar las ideas. Finalmente, alcanzaremos la última etapa, la de la mariposa. Aquí, por fin, la emoción, la adrenalina, el positivismo y el compromiso con unos objetivos –ahora sí– bien trazados marcarán un claro despegue de nuestro nuevo proyecto.
¿Se anima a cambiar de perspectiva? A aquel que piense que ha perdido el tren, que ya es tarde, y a quien esté inmerso en una suerte de melancolía vital con ganas de algo más, quizá le reconforte saber que no está solo. Cuando estemos en ese momento, en una fase claramente apática, probablemente sea enriquecedor recordar la vida como un proceso y no como una mera línea. Que permanezcamos más o menos tiempo en estos otros otoños dependerá de lo profunda y radical que sea la transición que queramos hacer. Y de lo profunda y radical que sea nuestra creencia de que llegamos tarde.
Pero no olvide que si toma conciencia de que ya está en un nuevo capítulo, probablemente las siguientes fases lleguen con mayor rapidez. Dese la oportunidad de sacar todo el jugo a cada etapa. Siga dibujando círculos. Dijo Viktor Frankl: “Muchos de los prisioneros del campo de concentración creyeron que la oportunidad de vivir ya se les había pasado y, sin embargo, la realidad es que representó una oportunidad y un desafío: que o bien se puede convertir la experiencia en una victoria, la vida en un triunfo interno, o bien se puede ignorar el desafío y limitarse a vegetar como hicieron la mayoría de los prisioneros”.
elpaissemanal@elpais.es

TEXTOS PARA EL ALMA 414

    
Vi tu sombra
Solo recuerdo la sensación, pero me pareció ver tu sombra. Caminaba por la calle del convento de los capuchinos y al doblar la esquina me pareció verte.
Fue un momento, diría un instante,  más tu "pose" apareció en mi recuerdo con el brillo de siempre.
Al instante vino a la memoria las "charlas" mantenidas en uno u otro lugar. Siempre amenas y respetuosas aunque ocasionalmente discrepantes. Tu elegancia verbal asombraba a la "asistencia" que, como recordarás, era más o menos plural según la ocasión.
No recuerdo que nos distanció. Seguramente la "costumbre y el apego" de cada uno que,  como testamento determinante,  nos condujo hacia "jardines" distantes.
Corrí por la calle del convento de los Capuchinos pero no te alcancé. ¿Eras tú?
Ya no sé si te vi realmente o fue la imaginación. Lo cierto es que aquellos segundos de alegría de la mente están ahí; vivos, sonoros, electrizantes..........
Continúe andando a la escucha del torbellino callejero y me perdí.


TEXTOS PARA EL ALMA 413

   
 
  Eclosiona la vida 
 Pero en este ciclo también está la despedida. Cada estadio de los ciclos vitales tiene cara y cruz, si bien cuesta determinar el uno o el otro.
¿Nacemos para sufrir y morimos para descansar o viceversa?
Sinceramente en las 8 décadas que estamos en la conciencia aparente del SER, no sabemos la razón de la llamada presencia dentro del "sistema solar" y aunque moléculas temporales del absurdo, pensamos que el universo es nuestro.
Alrededor de la función reproductiva hemos organizado un teatro de falsedades donde la soberbia y la vanidad se han unido a los postulados del orgullo y el egoísmo. ¿Es esto nacer?, ¿o quizá sea morir?.
Podemos acordar que pudieran convivir dos nacimientos o incorporaciones a los flujos de sentido.
El básico o primero, podríamos acuñarlo, como el que se inscribe en el "registro civil" y se consume en el consumo. Otro alumbramiento posible seria aquel que constantemente aparece y que carece de  filiación e inventario. Se vive en silencio y en soledad, no se consume; se regala.
Nuestra responsabilidad es quedarnos en la cuna del primero o alimentar el "pudor" del segundo.

¡¡¡CUERPO O ALMA¡¡¡

TEXTOS PARA EL ALMA 412


 Sólo hay dos días en el año que no se puede hacer nada, uno se llama ayer y otro mañana. Por lo tanto hoy es el día ideal para amar, crecer, hacer y principalmente vivir.

Dalai Lama

TEXTOS PARA EL ALMA 411

Compromiso 
El desierto fue diseñado por la Emancipación para mostrarle a las personas las tendencias del mal que está en sus corazones.
Para mí, también la vida será una serie de crisis, en medio de las cuales, mi compromiso será mucho más fuerte y sólido o lentamente se debilitara hasta ser consumido por la crisis.

Recuerda que sin compromiso no hay acción fértil.

ME OYES, PERO NO ME ESCUCHAS

Saber escuchar

“Me oyes, pero no me escuchas”. Hacerlo significa parar, prestar atención, quitar el piloto automático y abrirnos a aquello que va más allá de nuestras propias opiniones

¿Siente alguna vez que no le escuchan? Si es así, revísese. Puede ocurrir que el que siente que no es escuchado es porque no escucha a los demás. Quizá están prestando atención desde sus propios ruidos mentales y no están abiertos. En estos casos es bueno preparar el terreno de la conversación. Comunique lo importante que es para usted que le atiendan. Cree un espacio de positividad en el cual se sienta cómodo para abrirse y ayude a que el otro también se abra a escuchar. Si dice lo que piensa de cualquier manera, en cualquier lugar, posiblemente no esté teniendo en cuenta a su interlocutor. Cuando lo que buscamos comunicar es importante debemos preparar el momento y a la persona que queremos que nos escuche.
Nuestra mente está cargada de información y de pensamientos que van hacia todas direcciones. Seguramente atiende distintas voces: la de su rol, la de su responsabilidad, las de su pasado, la de la opinión de otras personas, la de sus deseos insatisfechos, la de su lógica racional, la voz de sus miedos y preocupaciones, y la de su intuición, su conciencia. Disponemos de diferentes canales por los que funciona nuestra mente. Pensamos en personas, en proyectos y trabajo, en lo que pasó o en lo que tendría que pasar, en el dinero, el coche, la reunión, el correo, el móvil, el fin de semana o las vacaciones. Saltamos de un canal a otro sin centrarnos. Estamos dispersos en muchos temas. A veces le hablan varias voces a la vez. ¿A cuál de ellas presta atención?
Cuando su mente está hablándole a todas horas, ¿qué calidad tendrá su escucha? ¿Puede silenciar su mente para prestar atención a su intuición y para escuchar al otro con total interés? Es decir, pendiente de sus gestos, sus sentimientos, su vibración, sus palabras, los sonidos que las acompañan, los contenidos de lo que narra, su expresión facial. Para lograrlo debe silenciar su mente y estar presente. ¿Cómo? Parando, respirando, tomándose un tiempo para desacelerar. Desconectar de los ruidos externos para tratar con los ruidos que hay en su interior, y hacer limpieza. Cada día. Al igual que saca la basura de su casa a diario, despréndase de la basura mental cada día.
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Desde lo que ya sabemos no obtendremos una conversación interesante
Así le será más fácil estar presente con su corazón abierto, para sentir y tener empatía; con su mente despejada, para incorporar nuevos datos y no juzgar ni suponer de antemano; con su cuerpo presente, para captar el lenguaje psicosomático del otro. Desde este estado podrá dar la mejor respuesta. A veces será una sonrisa, un silencio, unos ojos despiertos, y otras serán unas palabras llenas de sentido.
La naturaleza es sabia y nos hizo con dos orejas para ampliar nuestra capacidad de escucha. Pero ¿desde dónde escuchamos? Muchas veces lo hacemos desde nuestro piloto automático y con los hábitos adquiridos. Es decir, oímos solo aquello que confirma lo que ya sabemos y lo que creemos. Estamos centrados en nosotros mismos, y antes de que el otro termine la frase le decimos: “Sí, esto ya lo sé”. Estamos seguros de que entendemos al otro, y ni siquiera le dejamos que termine su narración. Limitamos nuestra escucha a aquello que confirma nuestras opiniones.
Otras veces logramos mantener la mente abierta a nuevos datos, y nuestra escucha se centra en obtener información diferente a la que ya tenemos. Pasamos de estar concentrados en nuestra voz interior a prestar atención a lo que se revela frente a nosotros. Nuestra curiosidad se amplía e indagamos para saber más. Logramos establecer una conversación que amplía nuestros conocimientos sobre alguna cuestión. Sin embargo, nuestra escucha puede aún ser más abierta cuando traspasamos los límites de nuestra organización mental cognitiva. Se trata de abrir nuestro corazón para que nuestra escucha sea empática.
La primera vía de escucha empática es para con uno mismo. Atravesando las capas de múltiples pensamientos para escuchar la voz más íntima: la intuición. Seguirla es conectar con nuestra brújula interna que nos ayuda a mantener el rumbo. Es una voz que en ciertos momentos nos susurra para ayudarnos a decidir. Con la intuición no entramos en el proceso de analizar, dudar, intelectualizar, cuestionar. Su sabiduría nos ofrece una verdadera guía. Cuántas veces tenemos la idea de hacer algo, pero nuestra lógica o nuestras creencias nos dicen: “No, no, por aquí no, por allá”. Después pensamos: “Tendría que haber hecho lo que pensaba”. La intuición se siente, se escucha, no se piensa. Muchos de nuestros pensamientos son acerca del pasado, o del futuro, pero la intuición es siempre del momento presente.
Cuando escuchamos con empatía hemos cambiado nuestra percepción. En vez de percatarnos desde nuestra lógica racional, o limitarnos a captar los datos que se comparten con nosotros, nos centramos en el sentir. Esto nos facilita adentrarnos a descubrir todo lo vivo que hay en nosotros y en quienes nos rodean, y en especial en aquella o aquel a quien estamos escuchando. Conectamos. En ese vínculo, dejamos nuestras agendas de lado y nos abrimos a sentir lo que la otra persona dice. Atendemos sin juzgar, desde un lugar de aceptación.

Abrir el corazón, según Otto Scharmer, significa acceder a los niveles más profundos de nuestra percepción emocional y activarlos. En esa apertura vivimos la interconexión, que es ley de vida. Siendo conscientes de nuestra interconexión con todo y con el todo nos damos cuenta de que lo que pensamos, decimos y hacemos tiene impacto. Cuando escuchamos desde ese espacio nuestra percepción se amplía. En ese estado dejamos de sentirnos separados. Uno deja de sentirse víctima y necesitado, para darse y compartir. Se convierte en una experiencia de trascendencia de la individualidad y de acceso a las fuerzas del universo en las que el gozo no se queda encerrado en uno mismo, sino que es una donación de sí mismo al otro y al todo. ¿Escucha el latido de su corazón? ¿Percibe cómo se mueve el diafragma cuando respira? Escuche… El libro de Otto Scharmer Teoría U: Liderar desde el futuro a medida que emerge profundiza en los diferentes niveles de escucha y nos ilumina sobre el hecho de que podemos centrarnos en el futuro que nos llama, en lo que quiere nacer en nosotros, en vez de estar anclados en el pasado.

La escucha empática se puede desarrollar activando la inteligencia del corazón. Para lograrlo, primero debemos silenciar las maquinaciones de la mente complicada. Es decir, dejar de estar constantemente preocupados, centrados en el pasado o ansiosos por el futuro, juzgando y criticando, culpando y siendo catastrofistas. El camino más efectivo para lograrlo es meditar. Se trata de serenar la mente, soltar el parloteo mental y dejar espacio para la escucha. Escúchese a sí mismo. Perciba lo que siente. Ábrase a sí. Imagínese que está junto a un río y suelte en él todo lo que no necesita ahora. Deje que la corriente se lo lleve. O imagine que cada pensamiento innecesario es una hoja que se la lleva el viento. Airéese.
Una vez que la mente está serena podemos sintonizar mejor con el corazón, con nuestro sentir. Y desde ese espacio podemos atender al otro, estando plenamente presentes. Así, nuestra escucha es empática.
Pero todavía podemos ampliar aún más nuestra forma de escuchar. Veámoslo.
Hay otro nivel de escucha, la que es generativa. Es decir, que genera un estado diferente mientras la practicamos. Es una variedad que permite que conectemos con la mejor posibilidad futura que quiere emerger.
“Este nivel de escucha requiere que accedamos no solo a nuestro corazón abierto, sino también a nuestra voluntad abierta, afirma Scharmer. Ya no buscamos más fuera. En este proceso de escucha han pasado por un cambio profundo y sutil que les ha conectado con una fuente de saber más profunda, incluyendo el conocimiento de la mejor posibilidad y el mejor ser futuro”.
En ese estado, la conversación está llena de sentido, y uno se resiste a ser arrastrado a la superficialidad de las palabras. La presencia es plena, y se ve y se percibe más allá del campo común. Es decir, uno se siente arropado por una fuerza mayor, que podría llamarse estado de unión con algo que le trasciende. Uno es más consciente del todo y se siente conectado.
Todos podemos percibir que el modo de atención que aplicamos cuando escuchamos determina el resultado de la conversación. Si escuchamos desde nuestro yo centrado en lo que ya sabemos, no obtenemos ni siquiera una conversación interesante. En cambio, si la escucha es empática, se propicia una mayor comprensión.
Tras una buena meditación, cuando nuestra mente está serena, y el corazón y la voluntad, abiertos, la escucha va más allá de nosotros, del otro, y nos conecta con otra dimensión más universal. Es generativa. Es difícil ponerlo en palabras. Se trata de sentir al otro y estar en comunión con el todo. Ya no somos yoes separados. Se desmontan las barreras que nos separan y sentimos la interconexión con todos y con el todo. Abrazamos la existencia del otro y de más allá del otro. Sentimos el campo que nos une y estamos en él.

TEXTOS PARA EL ALMA 410



Lo que realmente importa no es la cantidad de horas que dedicas a tu Emancipación, sino, la intensidad en esas horas.
Así como los camiones de basura existen, hay muchas personas que van por la vida llenos de basura, frustración, rabia y decepción.
Tan pronto como la basura se les va acumulando necesitan encontrar un lugar donde vaciarla y si tú te dejas, seguramente,  vaciaran en ti, su basura, sus frustraciones, sus rabias y sus decepciones.

Las personas responsables no permiten que " los camiones de basura " absorban su día a día.

TEXTOS PARA EL ALMA 409



   Que cambia - ¿realmente hay cambio? o es simple transformación?
Muchas de las cosas que conocí siguen igual aunque las vea distintas. Inicialmente CREO que han cambiado aunque después sé que quien ha cambiado he sido YO.
Lo que me ocupa hoy es si cambio o me transformo, y caso de ser lo segundo hacia dónde va el destino de tal modificación.
Toda vez que el capital genético y su potencial es el mismo, me inclino hacia la transformación de los distintos estadios o etapas potenciales del SER.
Sitúo en cada fase del humano tres situaciones distintas en base s su evolución psíquico/física (baja/medio y alta) y las pautas determinantes serian: bebe, niño, púber, adolescente, joven, adolescente, joven, adulto, viejo y anciano.

Consecuentemente pueden existir 24 subestadios físico/psíquicos que con la misma matriz genética mantienen un flujo transformador potencial que hay que cuidar, impulsar y cultivar.

TEXTOS PARA EL ALMA 408

  
Las obras del amor siempre son obras de paz. Cada vez que compartas el amor con los demás acentuaras la paz en ti. Donde hay paz está la Emancipación; ella se hace presente en nuestras vidas inundando nuestro corazón de alegría y constituyendo un flujo eterno de dicha y respeto al prójimo conduciéndonos del error a la verdad.


TEXTOS PARA EL ALMA 407


 Recién observe como existían los gorrinos de granja.
Permanentemente comiendo y durmiendo con ligeros movimientos musculares.
Su presencia en el mundo de la vida es mera reproducción y para esto están configurados.
¿y el humano? ¿Qué función tienen en la terrenidad? Además de lo descrito para el caso de los gorrinos precisa buscarse el alimento y viajar para desconectar.
¿Qué más necesita pues ese humano?
Para cubrir la inquietud curiosa de observar, la Providencia, le ha regalado "los distintos medios de comunicación" para que, desde su "pocilga de diseño" crear tener la sensación de "estar al día" de lo que pasa en todo el mundo.
¿Podemos y debemos aspirar a otra cosa? Uuffff pues no lo sé. Cada uno está inscrito en una granja que incluso cree es suya. Desde esa comodidad no podemos aspirar a nada que no sea la muerte.

Pues como los "cochinos" no estamos en el compromiso y esfuerzo de dirigir nuestra libertad buscándonos la Emancipación de "YO".

TEXTOS PARA EL ALMA 406


 “Camina hacia ti mismo porque es una aventura maravillosa. No podemos cambiar los estímulos de fuera, lo exterior a nosotros, ni el discurrir de la historia, pero lo que sí podemos hacer es elegir nuestra propia respuesta. No podemos elegir los estímulos: que nos quieran, que nos aprecien, que nos reconozcan, pero sí nuestra respuesta ante todas las situaciones. Y esa es nuestra verdadera libertad. El silencio da a luz nuestra respuesta, nos proporciona la gracia de dar alumbramiento a una respuesta nueva y justa a esa situación o acontecimiento” .

CON LA ENTREGA CONSTANTE NO SE LLENA LA AUTOESTIMA

La necesidad de complacer

Es algo instintivo, casi un acto reflejo: buscamos agradar a los demás. Un sentimiento que puede resultar paralizante e impedir que nos desarrollemos plenamente

Los electrizantes golpes de cadera de Elvis Presley fueron los responsables de que el paleoantropólogo Ignacio Martínez bautizara con el nombre Elvis a los restos fósiles de una pelvis. Perteneció a un Homo heidelbergensis que vivió hace unos 300.000 años. Si en esa época hubiera existido el récord Guinness, probablemente lo hubiera conseguido por vivir hasta los 45. Era un auténtico vejestorio. Viejo y cojo. Una enfermedad degenerativa de columna que padeció, probablemente desde su infancia, le impedía cazar y más bien lo convertía en un estorbo para su clan. Sobrevivió porque sus congéneres no lo sintieron así y lo cuidaron. Si Elvis hubiera sido relegado del grupo, hubiera muerto en poco tiempo.
Nosotros somos hijos de esos homos que grabaron en sus cromosomas “estás en grupo o mueres” o “si no gustas a los demás, te juegas la vida”. Ese sentimiento de “jugarse la vida” lo hemos heredado y miles de años después seguimos notando esa punzante sensación de algo gravísimo si no gustamos a los demás. Somos capaces de ir en contra de nuestras propias necesidades para actuar según lo que pensamos que el otro espera de nosotros. Son nuestros genes, nuestro cavernícola interior, los que encienden ese sentimiento. Ahora ya no solemos jugarnos la vida si el otro se enoja, pero lo seguimos sintiendo así.
No podemos manipular los genes para menguar ese terror instintivo, pero sí poner luz sobre nuestra reacción: si el otro se enfada, lo único que pasa (en la mayoría de casos) es que se ha enfadado y a partir de ahí lo que sintamos ya es cosa de nuestras interpretaciones.
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Los genes no son los únicos responsables de esa imperiosa tendencia de complacer para conseguir seguridad y amor. La sociedad y la cultura se suman a los cromosomas para decirnos que debemos ser buenos y atender a los demás. Y que si amamos, debemos entregarnos por completo. El amor, aunque resulte paradójico, es el responsable de generar dinámicas que enredan las relaciones con sentimientos de entrega, gratitud, culpa… En ocasiones, la entrega absoluta de los padres abona en los hijos un sentimiento de deuda de por vida que los encadena. Una sensación que los amarra convirtiéndolos en siervos de lo que creen que sus padres esperan de ellos.
Con la entrega constante no se llena la autoestima, solo enterramos nuestras ilusiones
En otras ocasiones, el sacrificio hacia los demás no presenta ni un ápice de correspondencia. Entonces aparece la rabia, el enfado, la furia o, incluso, la pena y la depresión profunda. En una semana he escuchado dos historias estremecedoramente parecidas. En ambas, una mujer donaba a su marido un riñón para salvarle la vida. En la primera historia, una vez el marido estuvo recuperado totalmente, le fue infiel con otra mujer. En la segunda, el hombre, ya sano, la abandonó por otra. Un desgarro doble. Sin riñón y con el corazón roto. La moraleja no se dirige al dilema de si debemos o no donar un órgano a la persona que amamos. La conclusión es que si lo damos, no podemos esperar nada a cambio. En el momento de dar (un riñón o un bolígrafo) debemos interrogarnos profundamente sobre el motivo por el que lo hacemos. ¿Lo hacemos por el amor que sentimos o por el que esperamos?
El club de la buena estrella es una deliciosa película (basada en la novela de Amy Tang) donde se plasma la vida de un grupo de mujeres de origen chino que emigran a EE UU. Las más jóvenes son ya estadounidenses. Vemos cómo su cultura les ha insertado en el núcleo de todas sus células el deber de la entrega. En una de las historias, protagonizada por una de las jóvenes de la última generación, se presenta un ejemplo de las devastadoras consecuencias de la autoesclavitud de complacer. En la Facultad, uno de los chicos más populares se enamora locamente de ella en el momento que ella se muestra sincera y auténtica expresando sus sentimientos. Se enamora de su autenticidad. Al poco, se casan. Ella se siente pequeña a su lado, menos que él. Así que se esfuerza por complacerlo. Deja sus ilusiones, sus estudios, sus ambiciones a un lado y se vuelca en él.
Poco a poco se van distanciando. A él le aburre vivir al lado de alguien tan servicial. Y entonces llega una de las más ejemplarizantes escenas. Ella le pregunta dónde quiere cenar: en casa o fuera. Él le contesta que donde ella quiera. La joven insiste en que sea donde él desee. Entonces el marido le ruega por favor cenar donde ella elija, le pide que exprese sus deseos, le explica que se sentiría mejor si supiera lo que piensa. La quiere auténtica como cuando se enamoró de ella. La protagonista se siente muy turbada, ya no sabe lo que prefiere, de tanto enterrar sus deseos los ha olvidado. Y decide quedarse en casa porque será lo mejor para él. En la escena siguiente ya aparecen los papeles del divorcio. Con la entrega constante no se llena la autoestima, lo único que logramos es ir esparciendo arena por encima de nuestras ilusiones hasta soterrarlas.

Albert Ellis, uno de los padres de la terapia cognitiva, postula que el sufrimiento no viene generado por los hechos externos, sino por la interpretación de los mismos. Esas interpretaciones vienen sesgadas por creencias irracionales que habitan en nuestra mente. Este psicoterapeuta detectó 11 ideas ilógicas como causantes del malestar. La primera es: “Necesito el amor y la aprobación de todas las personas significativas de mi entorno”. Una creencia que, en diferentes grados, se encuentra instalada en todas las cabezas.

La tenemos tan bien implantada que el “sí” casi se ha convertido en un reflejo. De nuestra boca sale “sí” cuando queremos decir “no”. Desde las cotidianidades más nimias (decir “sí” a la invitación a un café que no nos apetece) hasta las cuestiones más vitales (decir “sí” cuando los padres nos sugieren que cursemos unos estudios que no nos motivan). Nos formulan una petición y antes de procesarla ya hemos aceptado, sin pensar siquiera si nos apetece o nos conviene. Dejar un espacio entre la petición y la respuesta puede ser una buena fórmula para convertir el reflejo en un acto reflexivo. Cambiar el “sí” por “déjame que lo piense” podría ser una buena manera para lograr este espacio.
Cuando nos atrevemos a decir “no”, nos sentimos tan mal que nos deshacemos en excusas y justificaciones. En el fondo no lo hacemos tanto por el otro como por nuestra imagen. No sea que el otro piense mal de nosotros. Como siempre, las buenas intenciones pueden llevarnos a caer en una trampa. Cuanto más largas son las justificaciones, más pie le damos a la otra persona para que insista. “Hoy no puedo ir a tomar un café porque tengo clase de inglés y luego debería ir a casa a preparar un trabajo para el viernes”. Le estamos regalando al otro argumentos para desmontar: “Si el trabajo lo tienes que entregar el viernes, lo puedes preparar mañana”. Se podría entrar en un toma y daca que puede acabar con un “sí” resbalando por nuestros labios o con una tirantez en el ambiente. Pero un “lo siento, no puedo”, puede resultar más llevadero.
Muchas personas se estrujan las neuronas intentando averiguar por qué se encuentran enredados en esa dinámica de volcarse en los otros. Nunca podremos saberlo, es absurdo empeñarse, y más si tenemos en cuenta que, aunque lo supiéramos, no nos ayudaría a superarnos. Algunas personas se remiten a su infancia como la causante del problema, y como forma parte del pasado y no se puede alterar, caen en el victimismo inmovilista.
La pregunta no es de dónde viene, sino qué estamos haciendo o pensando para mantener esta dinámica de entrega. Si en un momento de paz somos honestos, si nos atrevemos a mirar muy dentro de nosotros mismos, es probable que experimentemos destellos de lucidez y veamos qué miedo nos está inmovilizando. Esa clarividencia suele ser fugaz. Así que debemos atraparla con todas las fuerzas cuando se presente. Podemos convertirlo en un mantra.
elpaissemanal@elpais.es

TEXTO PARA EL ALMA 405




 Puede que hayan situaciones u obstáculos que estén poniendo en peligro tu vida espiritual, NO permitas, que esto te derribe, VUELA MAS ALTO.
Elévate a la presencia de la Emancipación, ELLA te hará levantar el vuelo y te hará volar   siempre alto, muy alto, y desde arriba podrás ver tus problemas como insignificancias y en Su presencia perecerán

TEXTOS PARA EL ALMA 404


 La vocación de un empresario es una noble tarea, siempre que se ejerza con honestidad, honradez además de ausencia de orgullo  y egoísmo. Se deje interpelar por un sentido más amplio de la vida, respetando a los demás; esto le permite servir verdaderamente al bien común, con su esfuerzo por multiplicar y volver más accesibles para todos los bienes de este mundo.
Bergoglio, Papa

TEXTOS PARA EL ALMA 403

  

 La potencia intelectual de una persona se mide por la dosis de humor que es capaz de emplear.
Nietzsche

TEXTOS PARA EL ALMA 402

   

Algún día seremos "sujetos ausentes" de la sociedad y muy pocos notaran la ausencia.
La presencia en "la farsa de los vivos" es efímera y vacía. Si antes éramos sujetos testimoniales de la espiritualidad que, bajo falsas esperanzas, asumíamos el hambre y demás penalidades. Ahora somos simples "depredadores multiconsumo" que como hormigas laboriosas participamos en el bobo festín del capitalismo.
Así en ambas épocas la presencia de nuestro cuerpo, en lo que llamamos sociedad, no tiene más sentido que participar levemente en los circuitos de la reproducción.
Pocos son los que se salvan del espejismo opaco en el que existimos negando todo el caudal del potencial que nos regalan.
Abdicamos de SER y lo subrogamos en conceptos banales que son conducen por valles sin sentido. Decimos y creemos: "soy de tal nación"; "soy de tal tendencia política"; "soy de tal equipo de futbol"; "soy de tal ciudades", etcétera como si precisáramos tener una "IMAGEN DE MARCA" para aparentar "ser" algo más que una anécdota en el universo dentro de la constelación de lo absurdo.
¿Que debe contener realmente el "SER UNO MISMO"?
No me lo imagino pues estoy contaminado por el "NO SER" que herede y no conozco como desprenderme.

Seguiré buscando.

TEXTOS PARA EL ALMA 401

 
 
Nuestra cotidianidad no precisa recetas mas no sobran estas reflexiones:
Toma tiempo para trabajar; es el precio del triunfo.
Emplea tiempo en pensar; es la fuente de la Emancipación.
Utiliza tiempo para jugar; es el secreto de la perpetua juventud.
Aparta tiempo para leer; es el cimiento de la sabiduría.
Dedica tiempo a ser afable; es el camino a la dicha.
Ocupa tiempo a soñar; es el eslabón que une tu corazón a una estrella.
Invierte tiempo en amar; es tu privilegio.
Toma tiempo para reír; es la música del alma.
Trabaja tu "plan de carrera"; para alcanzar la libertad.

Además......¡¡¡que tengas suerte!!!

SI TE SIENTES DOLIDO POR LAS COSAS EXTERNAS, NO SON ESTAS LAS QUE TE MOLESTAN, SINO TU PROPIO JUICIO ACERCA DE ELLAS. Y ESTÁ EN TU PODER CAMBIARLO AHORA MISMO

Somos lo que pensamos

La vida tiene altos y bajos y no siempre se pueden sortear, pero sí podemos cambiar lo que sentimos. Entrenar otra forma de pensar es el primer paso para conseguirlo


Hoy día es indiscutible la relación estrecha y dependiente que existe entre nuestra psique, emociones, conductas y la salud física. Se influyen y afectan de forma bidireccional. Situaciones como el dolor crónico, la falta de trabajo, una ruptura sentimental, hacer cola en el banco o el mismo tráfico generan en nosotros pensamientos negativos, incluso catastróficos: “Estoy harto, no puedo más”, “Este dolor me limita y no puedo hacer nada, se me quitan hasta las ganas de vivir”, y un largo etcétera. La mente puede ser nuestra principal aliada, pero también nuestra mayor rival.
Las personas suelen culpar y maldecir al entorno, a lo que ocurre a su alrededor, porque lo identifican como el causante de su malestar y sufrimiento. Pero ¿lo de fuera le genera malestar, o son sus interpretaciones sobre lo que ocurre a su alrededor lo que condiciona sus emociones?


Nuestros pensamientos influyen en nuestros comportamientos y nuestras emociones. Dependiendo de la corriente psicológica o el profesional al que lea o visite, los tachará de pensamientos negativos, catastróficos, limitantes, destructivos o inútiles. Qué más da el concepto. Lo que importa es el poder que tienen para influenciarnos, tanto positiva como negativamente.
Muchos pacientes dicen tener la cabeza como una lavadora. Ideas, miedos, discursos aterradores, pensamientos que no paran de dar vueltas en la mente. Se sienten atrapados entre palabras, incapaces de pararlas o desatenderlas. Hay personas que odian relacionarse consigo mismas porque lo que “su mente les dice” les causa una angustia tremenda.

Ahí van dos buenas noticias. La primera: usted es en gran parte el responsable de lo que siente. No es el entorno el que le genera ansiedad, sino la interpretación que usted hace del entorno. Esto le responsabiliza y también le permite controlar y actuar sobre lo que siente. Muchos querrían desligarse de todo y seguir echando la culpa de su malestar a la sociedad y a lo mal que está todo. Pero esta opción le limita y le deja sin recursos.

El victimismo provoca que piense
más en lo que no funciona
que en lo que va bien
La segunda buena noticia es que puede modificar su estilo cognitivo en el momento en el que decida entrenar otra forma de pensar. Cientos de miles de personas consiguen preparar y acabar un maratón a pesar de lo dura que es esta prueba. Pero cuando hablamos de modificar lo relacionado con la psique, lo asociamos enseguida a dificultad, a falta de fuerza de voluntad y a nuestra forma de ser, y cuestionamos la posibilidad de cambio. Siga estos consejos para poner el pensamiento a raya.
Olvide la idea de convertirse en una persona superpositiva y superoptimista. El mundo no es de color rosa, pero tampoco un lugar negro y hostil. Se trata de buscar la utilidad de lo que piensa. Los pensamientos y las emociones son útiles cuando nos permiten resolver lo que nos preocupa e inútiles cuando no podemos hacer nada por aliviarnos. Confíe y delegue, y permita que al hacerlo los demás actúen con autonomía. El exceso de control genera ansiedad. Cuando delegue aquello de lo que no se puede responsabilizar, imagine un interruptor en la mente y póngalo en desconectado cada vez que aparezca de nuevo la preocupación. Dejar de prestar atención a lo inútil no es irresponsable. Todo lo contrario, permite que esté en el presente. Lo que sí es irresponsable es tener una reunión de trabajo y que su mente dé vueltas a un problema que no puede resolver por más que quiera y que ese estado impida concentrarse en lo único que puede atender: la reunión.
Escriba. No se trata de desconfiar de la memoria, pero para facilitarle el cambio de pensamiento necesita coger el hábito de escribir aquello que desea pensar. Escribir es una conducta organizada y facilita el aprendizaje. ¿Recuerda cómo aprendió a hacerlo sin faltas de ortografía? A base de repetición. La maestra detectaba una falta y usted la repetía en su cuaderno 10 veces. No aprendió a escribir correctamente simplemente pensando en que tenía que hacerlo. Necesitó un proceso. El mismo que requiere ahora para modificar su estilo cognitivo.
Deje de rumiar. Dar muchas vueltas a sus preocupaciones es el problema, no la solución. Rumia buscando argumentos que le dejen tranquilo, esperando encontrar esa idea brillante con la que calmar sus emociones. Pero nuestro cerebro no se apacigua dándole vueltas a ideas no controlables. En lugar de tanta vuelta, piense en soluciones. En vez de centrarse en “¿por qué me ha pasado esto a mí?”, lleve su energía a “¿qué tengo que hacer, cómo me puedo implicar para encontrar una solución?”. Piense siempre en sumar.
No lo racionalice todo, porque no todo tiene un razonamiento lógico. La vida es matemáticas, ciencia, pero también intuición y sensaciones. Aprenda a vivir con un grado de incertidumbre y a tomar decisiones con un poquito de riesgo. Considere el error como parte del juego. Genera tranquilidad la idea de que puede equivocarse y que, en el caso de fallar, buscará soluciones para volver a intentarlo. Generarse presión con ser perfecto incrementará su nivel de miedo y ansiedad, y con ello, los errores. Y eso es lo que desea evitar.

Acepte lo que no dependa de usted. Los discursos internos relacionados con lo injusta que es la vida y con lo que no se merece pero le ha tocado solo le llevan a sentirse desgraciado. Todos hemos vivido alguna vez el lado injusto de la vida. Su existencia tiene problemas y tiene momentos maravillosos. Pero el victimismo, la falta de recursos o la baja autoestima pueden provocar que atienda, hable y piense más en lo que no funciona que en lo que va bien. Cambie su visión y su discurso. No meta el dedo en la llaga, sobre todo con carpetas del pasado. Acepte. Aceptar no es resignarse.

Quite valor a lo que no lo tiene. Si cada preocupación se convierte en una batalla personal, estará combatiendo día y noche. Usted y su escala de valores son los que deben decidir si es importante o no. No busque soluciones por las noches. Tendemos a ver todo de forma mucho más catastrófica. Las noches son para dormir, no para resolver dilemas.
Anticipar lo que puede ocurrir de forma negativa no le protege. Muchas veces anticipamos lo que no depende de nosotros: “Seguro que el profesor pone un examen dificilísimo”, “No me inspira ninguna confianza este partido, el rival lo va a dar todo”. Muchos de sus miedos versan sobre un futuro que no va a suceder. Al final, no todo termina saliendo bien, pero sí es cierto que no es tan trágico como había pronosticado. Se ha dedicado a sufrir por situaciones que no pasarán o que, si ocurren, no serán tan tremendas como imagina. El miedo anticipatorio solo aumenta su nivel de ansiedad y preocupación. Le impide estar pendiente de lo que sí funciona y le genera la sensación de vivir en un mundo amenazante. Cuando esto ocurra, sustituya su miedo al futuro por un simple “bien, pudiera ser, lo que tenga que ser será”.
Ríase de lo que piensa. ¡Qué absurdas nos parecen algunas de las ideas a toro pasado! Pruebe a hacer el ejercicio de ver la parte cómica en el momento real. Apreciar el lado humorístico le confiere control sobre sus preocupaciones y emociones. El humor también se entrena. No lo descarte por no ser hábil ni ágil con él. Vea películas, hable con personas que se ríen de sí mismas y comprobará que pronto se le contagia.
Rete a sus miedos. “Pero tú, piltrafilla, ¿acaso vas a poder conmigo?”, “¿Me voy a dejar amedrentar por ti? Pero si no tienes ni media bofetada”. Hablarle en este tono a sus miedos hará que se sienta superior a ellos.
No tenga conversaciones absurdas con sus pensamientos. No se enrede en ellos. Sus pensamientos negativos son rabietas que buscan su atención, y como se siente angustiado, se la presta. Contémplelos como si no fueran con usted. Lo que habla en su favor son sus actos, no lo que piensa. Déjelos estar en su mente, como quien acepta una peca en el brazo. Si no los escucha, dejarán de darle la lata. Cuando aparezcan, diga: “Gracias, mente”, y lleve su foco de atención a otro lugar.
Recuerde, no se puede “no tener pensamientos” por mucho que le atormenten. Lo que sí puede es elegir otros. Como dicen en la película El guerrero pacífico, “la vida es elegir, puedes elegir ser una víctima o cualquier otra cosa que te propongas”.