TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!



¿HAY AMOR AL PROJIMO?




Cómo capear a los pelmazos
FRANCESC MIRALLES
Siempre hay gente que nos saca de nuestras casillas. Pero hay claves para relativizar y capear el temporal sin caer en el conflicto.
La concentración humana en pueblos y ciudades ha convertido la convivencia en un producto de primera necesidad. Cada día nos vemos obligados a interactuar con todo tipo de personas. Los compañeros de trabajo, los vecinos e incluso la familia son un reto para nuestra paciencia. Cada cual tiene una visión del mundo, una sensibilidad y unas prioridades distintas.
El 'feedback' de nuestro entorno es la mejor manera de educar nuestra empatía y evitar situaciones molestas para los demás
El umbral de tolerancia es distinto en cada persona, aunque siempre hay quienes tienen a bien soltar la frase equivocada en el momento menos oportuno, las que invaden nuestra intimidad cuando necesitamos descanso o las que se conducen de forma agresiva y egoísta como norma. ¿Qué hacer con esta gente que nos saca de nuestras casillas?
Analfabetos emocionales
"Los elefantes son buena gente, pero son pesados" (Jaume Rosselló)
En verano, la mayoría de personas disponen de más tiempo y aguantan menos presión laboral, lo que facilita mirar a los demás de otra manera. En este artículo se presenta un método novedoso para capear los caracteres difíciles. Pero antes, ocupémonos de aquellos cuya única misión parece ser amargarnos la vida.
Hay personas que resultan cargantes debido a su temperamento, a su insistencia o a su falta de empatía. Son aquellas que se enfadan con facilidad o, por el contrario, nos hacen enfadar a menudo. Detrás de estos perfiles suele haber una carencia emocional o comunicativa; se comportan de este modo porque no han aprendido a hacerlo mejor.
Suelen ser individuos que no han cultivado su inteligencia emocional y, por tanto, les cuesta ponerse en el lugar de los otros para entender cuándo molestan o hieren a los demás. Como tienen un déficit de empatía, cuando logran irritar a su entorno no entienden sus reacciones y llegan a pensar que todo el mundo está en su contra.
Según el psicólogo Xavier Guix, incluso las personas más llevaderas tienen conductas pesadas en algún ámbito de su vida. Por ejemplo, alguien puede ser encantador en el seno de la empresa, pero exigente y desconfiado con su pareja, así como hay padres y madres ejemplares que se conducen de manera grosera con los que no son de su manada.
El feedback que recibimos de nuestro entorno es la mejor manera de educar nuestra empatía y evitar situaciones en las que molestamos a los demás. Incluso así, siempre habrá personas a las que no gustaremos, eso es inevitable, sobre todo cuando la persona con la que se trata es un analfabeto emocional.
Una cuestión de 'feeling'
"En la práctica de la tolerancia, nuestro enemigo es el mejor maestro" (Dalai Lama)
Hace dos veranos, Pep Guardiola, entrenador del FC Barcelona, decía en una rueda de prensa que no tenía feeling con el goleador del equipo, Samuel Eto'o.
El vocablo inglés, en realidad, era un eufemismo cuyo verdadero significado era: "No trago a este tío". El camerunés le irritaba sobremanera, del mismo modo que nos irritan muchas personas con las que tratamos, con el agravante de que no marcan 36 goles en una temporada ni nos hacen ganar trofeos. Lo único seguro es que nos hacen perder los nervios.
El doctor Brinkman y el doctor Kirschner, autores de un ensayo que se publicó en nuestro país con el título Cómo tratar con gente a la que no puedes soportar, proponen que, cuando nos sintamos amenazados por alguien que nos resulte incómodo o desagradable, tomemos consciencia de que...
• Una persona no es solamente su comportamiento. Alguien se puede equivocar en su manera de hacer o hablar, pero esto no nos da derecho a condenarla para siempre.
• Los pelmazos son previsibles. Por tanto, tenemos que estar preparados para reaccionar de forma más efectiva ante lo que ya sabemos que harán.
• Tenemos la capacidad de influir en la conducta de los otros, si hablamos con ellos con respeto y cariño para que se den cuenta de lo que hacen mal.
Estos autores advierten, sin embargo, de que el grado de pesadez de las personas depende mucho de las limitaciones de los que las tienen que sufrir. Se puede tener la capacidad de soportar a alguien tan negativo que nadie quiere estar a su lado, y tener dificultades, en cambio, para relacionarse con una persona que no suele abrir la boca. Hay quien no puede resistir a la gente agresiva, mientras que otros se desquician con el comportamiento de los autocompasivos.
Ser pesado es un concepto tan relativo y ligado al interlocutor, afirman, que todos acabamos resultando pesados para alguien, si no continuamente, en ciertos momentos de nuestra vida.
Las gafas de la empatía
"Aplaudidnos cuando corramos, consoladnos cuando caigamos, animadnos mientras nos recuperemos" (Edmund Burke)
En EE UU presentaron una técnica para lidiar con nuestra irritabilidad. Fue en 2005, a través de un video llamado Get Service. Se trata de un clip de cuatro minutos en el que un ejecutivo va maldiciendo mientras conduce. De buena mañana se indigna con un niño que se cruza en su camino con el monopatín. También echa pestes de los otros conductores y de una mujer que aparca mal. Luego entra en una cafetería autoservicio y se desespera con la cola y con la lentitud del camarero detrás de la barra. Cuando por fin se toma el café con un humor de perros, un misterioso hombre de negro se le acerca y le da unas gafas que tienen un insólito poder: permiten conocer la situación personal de cada uno sobreponiendo una etiqueta. Así, descubrirá los dramas personales de la gente de la que se quejaba, y cambia su perspectiva. La moraleja: a menudo olvidamos que los demás pueden tener problemas mayores que nosotros.
La alquimia del elogio
"Es mejor elogiar lo que entiendes de una persona que censurar lo que no entiendes" (Leonardo da Vinci)
Etiquetar la situación personal de cada cual nos sirve para mejorar nuestro trato con los demás, pero ¿cómo podemos lograr cambios de actitud?
Echar en cara lo que se hace mal solo consigue la defensiva. Es más efectivo poner énfasis en lo que se hace bien. Todo el mundo necesita que le hagan sentir importante. A menudo, una conducta irritante se debe a la inseguridad de alguien que se siente rechazado por los demás. La autoestima es la clave del buen o mal carácter y depende mucho de la opinión que los otros tienen de nosotros. Valga como ejemplo la anécdota que sucedió en una escuela norteamericana. Debido a un error informático, se cruzó la información que tenían que recibir los profesores del centro antes de empezar el curso. Un grupo de estudiantes brillantes fue calificado de perfil bajo, mientras que los alumnos a los que correspondía esta observación fueron calificados como excelentes. Al final, los primeros retrocedieron en su rendimiento, y viceversa. El milagro se obró porque el elogio funciona como un bumerán: cuando brindamos a los otros reconocimiento y apreciación, estos se esfuerzan en confirmarnos las capacidades que vemos en ellos.

Ponerse en la piel del otro
"Aunque la gente difícil representa solo el 5% de la población, causa el 50% de los problemas que sufrimos. A menudo usan estratégicamente su conducta negativa para ganar nuestra atención (...). Cuando estamos con una persona así tenemos que entender por qué se comporta así. Generalmente se trata de personas infelices y con un grado muy bajo de autoestima". Keith Levick, doctor en psicología.

¡¡¡PIÉNSALO!!!




La emancipación no es sumisión, es humildad.


Para salir de nuestra ignorancia y finitud no debemos hacerlo a través de someternos a otras voluntades humanas. Tampoco hemos de entrar en el paraíso de la comodidad y dejarnos llevar por las corrientes y cauces que los acaudalados nos proponen. Hemos de sublevar nuestro espíritu dotándole de inquietudes propias que, junto al discernimiento, nos acerquen a la sombra de la sabiduría. Ya en ella, hemos de mantener una sigilosa presencia humana que, como sombra cambia permanentemente para mayor grandeza de la emancipación.

NO DESPRECIES TU POTENCIAL......



¿Sabemos lo que nos motiva?
BORJA VILASECA


Cuanto más aprendemos, más evolucionamos. Cada uno de nosotros se encuentra a sí mismo en su propio proceso evolutivo en el que cambian necesidades y motivaciones.
Para la gran mayoría de culturas milenarias, la mariposa representa la metamorfosis. Lo cierto es que la ciencia contemporánea ha comprobado que es el único ser vivo capaz de modificar totalmente su estructura genética. El ADN de la oruga que se envuelve en la crisálida es diferente al de la mariposa que sale de él. De ahí que este proceso natural se haya convertido en el símbolo del cambio y la transformación.
Muchos solemos estancarnos en alguna fase del aprendizaje, sin convertirnos en lo que podríamos llegar a ser
A medida que aprendemos de nuestros errores, avanzamos hacia convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos
Y entonces, ¿qué es mejor? ¿La oruga, la crisálida o la mariposa? No hay mejor ni peor. Simplemente son diferentes estadios en el camino de la evolución. Y por estadios nos referimos a "las etapas o fases que forman parte de cualquier proceso de desarrollo o transformación". Lo mismo sucede con la especie humana. Cada uno de nosotros se encuentra en un estadio evolutivo que no es ni mejor ni peor que el del resto de seres humanos.
Como las orugas, estamos llamados a seguir un proceso natural de evolución. Se realiza por medio del aprendizaje que podemos extraer de nuestras experiencias. Consciente o inconscientemente, todos avanzamos a nuestro propio ritmo y siguiendo nuestras propias pautas. Eso sí, muchos solemos quedarnos estancados en alguna fase de este camino de aprendizaje, sin convertirnos en quienes podríamos llegar a ser.
LA ESPIRAL DE LA MADUREZ
"Resistirse al cambio es ir en contra del fluir natural de la vida"
(León Tolstói)
Este proceso evolutivo no tiene nada ver con la edad física, sino con la madurez psicológica. Se sabe de individuos que al llegar a la edad adulta siguen adoptando actitudes y conductas infantiles y adolescentes. Y también de jóvenes que han asumido las riendas de su vida, dejando de culpar a los demás por las consecuencias que tienen sus decisiones y sus actos.
Cuanto menor es nuestra evolución, más egocéntricos, victimistas, ignorantes e inconscientes somos. Y como consecuencia, más sufrimos, luchamos y entramos en conflicto con los demás. Por el contrario, cuanto mayor es nuestra evolución, más altruistas, responsables, sabios y conscientes somos. Y por ende, más felices nos sentimos y mayor es nuestra capacidad de amar y de servir a los demás. A este proceso de cambio se le conoce como "la espiral de la madurez". En la medida que aprendemos de nuestros errores, vamos avanzando por el camino que nos permite convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos.
LA PIRÁMIDE DE MASLOW
"La satisfacción de una necesidad crea otra" (Abraham Maslow)
Según la pirámide de Maslow -creada por el psicólogo humanista Abraham Maslow-, los seres humanos compartimos necesidades que dan lugar a motivaciones. La principal es nuestra necesidad de "supervivencia física", que incluye motivaciones fisiológicas, de protección y de seguridad. A nivel emocional, también necesitamos mantener "relaciones sociales" con otros seres humanos. En este punto, nuestra motivación consiste en compartir tiempo y espacio con personas cuyas creencias, valores, prioridades y aspiraciones sean similares a las nuestras. Por eso solemos agruparnos en familias, cultivar vínculos de amistad o formar parte de organizaciones sociales, profesionales, políticas, religiosas... Queremos pertenecer a un colectivo con el que sentirnos identificados.
En este sentido, también buscamos ser queridos y aceptados. Está en juego la valoración que los demás tienen de nosotros. Y es precisamente esta necesidad la que nos mueve a diferenciarnos emocionalmente del resto de miembros que componen nuestro grupo social, construyendo nuestra propia personalidad. Y puesto que solemos asociar lo que somos con lo que tenemos, y lo que tenemos con lo que valemos, en general basamos nuestra autoestima en aspectos externos como el estatus, el poder, la riqueza material, el éxito o la belleza.
EL 'CLIC EVOLUTIVO'
"Las cosas no cambian, cambiamos nosotros"
(Henry David Thoreau)
Todas estas necesidades -de supervivencia física, de relaciones sociales y de valoración- gozan de protagonismo en nuestra existencia cuando nos guiamos por nuestro instinto de conservación físico y emocional. No en vano, la función del egocentrismo es garantizar nuestra preservación como seres humanos. De ahí que nos lleve a fijar el foco de atención en cuestiones externas, orientándonos a saciar nuestro propio interés. Eso sí, en la medida que vamos cubriendo estas necesidades se produce un punto de inflexión. Un clic evolutivo que provoca la aparición de nuevas necesidades y motivaciones. De pronto surge la necesidad de autoconocimiento. Principalmente porque intuimos que más allá de nuestro falso concepto de identidad -la máscara creada con las creencias con las que hemos sido condicionados por la sociedad- podemos reconectar con nuestra esencia.
En base a esta nueva necesidad, nuestra mayor motivación consiste en orientarnos a la transformación. De ahí que empecemos a centrar la mirada en nuestro interior. Así comprendemos que nuestra autoestima no tiene nada que ver con los aspectos externos, sino con la valoración que tenemos de nosotros mismos. Al respetarnos y amarnos, comenzamos a cultivar una serie de fortalezas como la humildad, la confianza y la libertad. El signo más evidente de que vivimos desde nuestra verdadera esencia es que ya no dependemos de lo que piensen los demás ni perdemos el tiempo alimentando miedos e inseguridades. Confiamos en la vida. La pregunta que aparece es: "¿Para qué estamos aquí?".
ORIENTACIÓN AL BIEN COMÚN
"Buscando el bien de nuestros semejantes encontramos el nuestro" (Platón)
Con la finalidad de encontrar nuestro lugar en el mundo, iniciamos una búsqueda personal que nos abre las puertas a lo desconocido. De pronto sentimos la necesidad de entrenar el músculo del altruismo, encaminando nuestra existencia hacia el bien común. Así es como surge la motivación de trascendencia. Ya no pensamos en términos de empleo o de carrera profesional. Lo que buscamos es alinearnos con una misión que vaya más allá de nosotros mismos.
Al habernos resuelto emocionalmente, ya no nos movemos desde la carencia, sino desde la abundancia. Y esta nos inspira a entrar en la vida de los demás con vocación de servicio. Nuestra motivación es ser útiles. Así comprendemos que nosotros no somos lo más importante, sino lo que ocurre a través nuestro. Es entonces cuando amamos lo que hacemos y hacemos lo que amamos. En este estadio evolutivo surge la última de las necesidades humanas: la de unidad. Ya no solo aceptamos y respetamos al resto de seres humanos tal y como son, sino que extendemos este respeto a la naturaleza y al resto de seres vivos. Si bien pensamos de forma global, actuamos localmente. Por medio de esta conciencia ecológica hacemos lo posible para que nuestro paso por la vida deje tras de sí una huella útil, amorosa y sostenible.

El valor de un ser humano
Un joven discípulo preguntó a su maestro: "¿Cuál es el valor de un ser humano?". El sabio sacó un diamante del bolsillo y le dijo: "Ofrece esta piedra a diferentes comerciantes del mercado y me cuentas qué tal te ha ido". Primero entró en una frutería, y el frutero le dijo: "Te lo cambio por un racimo de uvas". Más tarde, un carpintero le dijo: "Te ofrezco tres trozos de madera". Fue a una bisutería, donde le cambiarían cien monedas de oro. Y finalmente, el discípulo visitó la mejor joyería de la ciudad. El joyero afirmó: "Me encantaría poder comprártelo. Pero este diamante es tan valioso que no tiene precio".
El joven regresó con la piedra preciosa y le explicó a su maestro lo que le acababa de ocurrir. Sonriente, el sabio concluyó: "Al igual que sucede con esta piedra, para el que sabe ver, el valor de un ser humano es inconmensurable".

¿DESEAS PERCIBIR EL SABOR DE LO ENDOSALVAJE?



El arquetipo de la Mujer Salvaje envuelve el ser alfa matrilíneo.


Hay veces en que la percibimos, aunque sólo de manera fugaz, y entonces experimentamos el ardiente deseo de seguir adelante. Algunas mujeres perciben este vivificante "sabor de lo salvaje" durante el embarazo, dyrante la lactancia de los hijos, durante el milagro del cambio que en ellas se opera cuando crían a un hijo o cuando cuidan una relación amorosa con el mismo esmero con que se cuida un amado jardín. La existencia de la Mujer Salvaje también se percibe a través de la visión; a través de la contemplación de la sublime belleza. Viene a través del sonido; a través de la música que hace vibrar el esternón y emociona el corazón; viene a través del tambor, del silbido, de la llamada y del grito. Viene a través de la palabra escrita y hablada; a veces palabra, una frase, un poema o un relato es tan sonoro y tan acertado que nosinduce a recordar, por lo menos durante un instante, de qué materia estamos hechas realmente y dónde está nuestro verdadero hogar. Estos transitorios "sabores de lo salvaje" se perciben durante la mística de la inspiración. Surge cuando nos tropezamos con alguien que ha conseguido establecer esta relación indómita. El anhelo aparece cuando una se da cuenta de que ha dedicado muy poco tiempo a la hoguera mística o a la ensoñación, y demasiado poco tiempo a la propia vida creativa, a la obra de su vida o a sus veraderos amores.

Pinkola

Arquetipos de la Mujer Salvaje





Los lobos sanos y las mujeres sanas comparten ciertas características psíquicas: una aguda percepción, un espíritu lúdico y una elevada capacidad de afecto. Los lobos y las mujeres son sociables e inquisitivos por naturaleza y están dotados de una gran fuerza y resistencia. Son expertos en el arte de adaptarse a las circunstancias siempre cambiantes y son fieramente leales y valientes. Por conseguiente, la depredación que ejercen sobre los lobos y las mujeres, aquellos que no los comprenden es sorprendentemente similar. Por consiguiente, fue ahí, en el estudio de los lobos, donde por primera vez cristalizó el estudio del concepto sobre el arquetipo de la Mujer Salvaje. Es pues en la constante observancia de los lobos como comprendí la existencia de la Mujer Salvaje que anda oculta en todas las manifestaciones de femenidad. Vi, en mis andaduras por la naturaleza, como una madre loba mató a uno de sus cachorros herido mortalmente y me enseño la dura compansión y la necesidad de permitir que la muerte llegue a los moribundos. La generación a la que muchos pertenecemos, posterior a la II Guerra Mundial, creció es una época en que a la mujer se le trataba como a una niña y a una propiedad adormilada por las revistas del corazón.

Clarissa Pinkola

AMANECER EN EL ALMA...



Todos sentimos el anhelo de lo salvaje. Y este anhelo tiene muy pocos antídotos culturalmente acepyados. Nos han enseñado a avergonzarnos de este deseo. Nos hemos dejado el cabello largo y con él ocultamos nuestros sentimientos. Pero la sompra de la Mujer Salvaje acecha todavía a nuestra espalda de día y de noche. Dondequiera que estemos, la somba qu trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas.

Doctora Clarissa Pinkola.


Todos los animales salvajes como la Mujer Salvaje son especies en peligro de exinción. En el transcurso del tiempo hemos presenciado cómo se ha saqueado, rechazado y reestructurado la naturaleza femenina instintiva. Durante largos períodos, ésta ha sido tan mal administratada como la fauna silvestre y las tierras vírgenes. Durante miles de años, y mirar el pasado para darnos cuenta de ello, se la ha relegado al territorio más yermo de la psique. A lo largo de la historia, las tierras espirituales de la Mujer Salvaje han sido expoliadas o quemadas,sus guaridas se han arrasado y sus ciclos naturales se han visto obligados a adaptarse a unos ritmos artificiales para complacer a los demás.

FELIZ VERANEO...... Si



Los objetivos del verano
JENNY MOIX
Con la llegada de las vacaciones nos planteamos propósitos para el resto del año. ¿Por qué no los cumplimos después?
Las olas del mar, la blanquísima arena y la sombra de la palmera formaban el decorado de la discusión entre Paco y Carmen. En esa playa de Cuba, el matrimonio pasaba sus vacaciones y daba vueltas a lo que les acababan de ofrecer: vacaciones a tiempo compartido. Pagando una suma que les parecía un chollo, podían pasar una semana de vacaciones en lugares paradisiacos como aquel durante muchos años. Parecía una buena oferta, pero tenían que decidirse "ya". El vendedor les apremiaba. Es la estrategia, ya que se sabe que el ambiente vacacional nos hace ver las cosas de un modo diferente y por eso fuerzan a los potenciales clientes a decidirse en pleno relax veraniego.
"El día tiene 24 horas. Si vamos a tope, ¿de dónde sacaremos tiempo para nuevas metas? Antes de anotar hay que vaciar la agenda"
"Cuando nuestras neuronas están tomando el sol tienen ideas excelentes. Pero de vuelta a la oficina olvidamos los objetivos marcados"
Cuando nuestras neuronas están tomando el sol, se convierten en excelentes creativas. Y disfrutan pintando hermosas metas. Pero las mismas neuronas ya no son las mismas de vuelta a la oficina. Los maravillosos objetivos propuestos ya no parecen tan factibles y en el peor de los casos se han olvidado. He aquí otro de los enigmas de la especie humana: ¿Por qué nos planteamos objetivos que en la mayoría de los casos no cumplimos?
Dos personas en una
Encuentro tanta diferencia entre yo y yo mismo como entre yo y los demás
(Michel Eyquem de Montaigne)
Quizá en lo más profundo de nuestras entrañas existe un interruptor que al apretarse somos de una manera y al volverse a pulsar cambiamos de identidad. Quizá somos dos en uno. El yo de vacaciones y el yo trabajador. Quizá estas dos personas no se comuniquen muy bien...
"Es como si me cambiara el chip". Esta frase la he oído en muchas ocasiones cuando alguien me explica que no entiende cómo su comportamiento varía de un momento a otro. Los casos de "cambio de chip" más extremos se dan en las personas que sufren trastorno de personalidad múltiple o de identidad disociativo. En un mismo sujeto, una vez toma las riendas una identidad y de repente otra se las arrebata.
Estos casos son extremos, pero todos notamos cómo nuestra forma de ver las cosas o de actuar puede variar sin saber muy bien por qué. Lo que en verano vemos claro, en invierno lo percibimos oscuro. Dentro de la psicología se ha descrito un fenómeno que nos puede ayudar a entender: "Aprendizaje dependiente del estado". Significa que en muchos casos los organismos recuperan mejor la información si están en el mismo estado físico (estado de ánimo, fatiga o drogas) que cuando se realizó la codificación. Por ejemplo, si un grupo de personas aprende un listado de palabras bajo los efectos del alcohol, la recordarán mejor cuando vuelvan a estar ebrias.
Desterrando lo importante
Lo que es más importante está enterrado bajo capas de problemas apremiantes y preocupaciones inmediatas (Stephen Covey)
Si analizamos el estado de nuestro organismo durante las vacaciones y durante el resto del año, encontraremos diferencias: nuestras rutinas, lo que comemos, el ejercicio que practicamos, nuestro estado de ánimo... Esto podría explicar que nuestros retos propuestos durante la calma veraniega, nuestro cuerpo de invierno ni los recuerda, o, si lo hace, le parecen una idea que proviene de lejos.
Parece que tendríamos que ir tendiendo un puente entre nuestro yo vacacional planeador de objetivos y nuestro otro yo. Una vía de comunicación podría ser el lápiz y el papel. Cuando planeamos un proyecto de trabajo o la compra, normalmente lo anotamos todo. Sin embargo, nuestros objetivos vitales los dejamos en manos de nuestra memoria cambiante. El yo programador tendría que anotarlo todo para que el otro pudiera leerlo.
El yo vacacional en algunos aspectos funciona de una manera óptima. Ve con más claridad lo esencial. Lo urgente, que suele ser lo que nos mantiene más ocupados durante el año, no le importa mucho y detecta con lucidez lo importante. Desde ese relax, donde lo apremiante de la vida diaria se ha vuelto inexistente, conectarse al corazón resulta más fácil.
Sin embargo, ese mismo relax puede ser un inconveniente para planificar objetivos. Cuando tenemos hambre es un mal momento para ir a comprar comida porque adquirimos más de la cuenta. Cuando estamos descansados es un mal momento para establecer metas porque al estar cargados de energía sobrevaloramos nuestras capacidades y no somos realistas (pensamos en apuntarnos al curso de inglés, practicar más ejercicio, hacer régimen, salir más con los amigos...). Tenemos que ser conscientes de que las energías que nos cargan en verano no son las mismas durante la vida cotidiana. Que un objetivo sea realista suele depender sencillamente de los plazos.
El día tiene 24 horas. Si normalmente vamos a tope, ¿cómo tendremos tiempo para dedicar a las nuevas metas? No podemos anotar más en nuestra agenda sin antes vaciarla. Así que recordemos planificar objetivos "de quitar" asuntos. Dejar de hacer no es fácil. Nos parecerá imposible cambiar un tipo de vida al que estamos muy acostumbrados. Para conseguirlo tenemos que escarbar muy adentro y así descubrir qué nos impide dejar algunas actividades. Si pudiéramos detectar qué son autoexigencias y qué hacemos por agradar o sentirnos queridos, daríamos un gran paso. Quizá el yo vacacional que se encuentra más descansado está en mejores condiciones para ahondar a este nivel.
Más allá de los objetivos
Desear cosas es bueno siempre y cuando no te enfades si no las consigues
(Celine en 'Antes del atardecer')
Si suponemos que somos dos personas: una llena de energía y creativa, y la otra inmersa en la urgencia del día a día, está claro que si la primera planea una serie de objetivos, lo tiene que programar todo muy detalladito y fácil para que la otra pueda llevarlo a cabo. El objetivo tiene que estar formulado en términos específicos. Nuestro objetivo no debe ser "haré más ejercicio", sino "iré al gimnasio tres veces por semana". El yo vacacional debe pensar el cómo, el cuándo, el dónde, el con quién. Y lo más importante, visualizar al detalle el primer paso y anotarlo en la agenda.
Meses atrás asistí a un curso de motivación y objetivos. El profesor nos pedía que anotáramos en un papel nuestros objetivos para el próximo año. También debíamos apuntar las barreras que dificultaban llegar a ellos y los beneficios que suponía conseguirlos. Los ejercicios que nos proponía realmente hacían reflexionar de una manera dirigida, pautada y, por tanto, más fructífera. Aprendí mucho y me encantó.
Solo hubo un ejercicio que no me pareció apropiado. Nos pidió que nos visualizáramos a nosotros mismos sin conseguir el objetivo, que experimentáramos la tristeza y todo lo negativo que significaría. Argumentó que visualizar lo negativo también es un gran impulso porque actuamos para huir de ello. Quizá sí, pero es dañino. Porque vivir visualizando cosas negativas no es agradable. Una cosa es prepararnos por si las cosas no salen como queremos, pero la otra es recrearnos en sentimientos negativos para que nos den impulso.
Lo más peligroso de esta estrategia es que nos programamos para pensar que solo seremos felices si conseguimos nuestro objetivo. Esto es, hacemos depender nuestra felicidad de unas metas concretas. Las palabras de Ramón Bayés en su libro Un psicólogo en busca de la serenidad no lo pueden expresar mejor: "Podemos tener ilusiones, hacer proyectos, tener expectativas, vivir a veces en el presente de las cosas futuras siempre que eliminemos de dicho futuro el condicional; por ejemplo, seré feliz solo si mis ilusiones se hacen realidad, si mis proyectos se cumplen, si mi enfermedad desaparece, si...".
Las metas pueden alumbrarnos, señalarnos por dónde hemos de andar, pero también pueden descargar envolventes sombras sobre nuestro camino. Ocurre cuando solo nos fijamos en ellas y no apreciamos por dónde caminamos. Así que, objetivos aparte, no nos olvidemos de saborear las noches de verano y sus días.