TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
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TRASMITIR CONOCIMIENTO PRECISA DE LA SENSIBILIDAD DEL RECEPTOR


El fin de las religiones como elemento emancipador de la sociedad
Varias tradiciones religiosas utilizan con frecuencia una imagen, que ya es milenaria, para significar la peculiaridad de los hechos espirituales. Esa imagen, ya clásica, es la del vino y la copa.
La imagen dice que todo nuestro mundo humano, el de cada época y el de cada cultura es como una copa donde se vierte el vino de la experiencia absoluta de la realidad. Nuestra manera de pensar, sentir y vivir las realidades, nuestro modo de concebir y de expresar cosas, nuestras formas de comportamiento, organización y trabajo, todas esas cosas, que son construidas por nosotros mismos, son la copa donde recogemos, llevamos y podemos beber el vino sagrado. En esa copa lo bebemos y lo damos a beber.
Si cada forma de cultura es una copa, a diversas culturas, diversas copas. Hay tantas formas de presentarse los hechos espirituales como culturas. El vino siempre viene en copa: se no puede recibir, ni beber, ni entregar a otros más que en copa. Pero el vino no es la copa.
El vino no tiene forma, su forma es siempre la de la copa. Toda forma responde a la copa, no al vino. Quien se adhiere a las formas porque ama al vino no comprende la manera de ser del vino y confunde la copa con él.
Iniciarse en los hechos espirituales es aprender a discernir entre el vino y la copa, es aprender a gustar la sutileza del aroma y del sabor de vino, que siempre se bebe en copa, pero que no es ninguna de las copas en las que se ha vertido.
Siempre es el mismo vino, aunque las copas puedan ser muy diferentes.
Cuando las culturas perduran durante milenios, cuando además se programan para ser estadísticas y bloquear el cambio y las alternativas, se corre un grave peligro de fundir la copa y el vino es una pretendida unidad indisoluble.
La cultura y el programa colectivo de las sociedades estáticas que bloquean el cambio se impone con más rotundidad y fuerza, y sus pretensiones de exclusividad son más verosímiles, si se revisten de sacralidad.
La religión es el vino en una copa que se pretende intocable. Cuando el vino se confunde con el programa de una sociedad estática, que siempre es un programa de fijación y de bloqueo del cambio y de las alternativas, la religión se ha de imponer a todos, ha de ser  homogénea para todos y obligatoria. Ella se presentará como un sistema de creencias reveladas. Ésa será la manera de someter el pensar, el sentir y el comportamiento de los individuos y de los grupos.
Los hechos espirituales que se expresan en programas de fijación deben imponerse como sumisión. El vino queda, con ello, indisolublemente ligado a unas formas culturales, excluyendo cualquier otra.
La religión es, entonces, la forma de vivir de experiencia de la dimensión absoluta de la realidad bajo el dominio y el control de los programas colectivos de las sociedades preindustriales, que son todas estáticas.
Las sociedades dinámicas, que carecen de sistema de fijación y exclusión, deberán alejarse de esa noción y aprender a distinguir, con toda claridad, el vino de la copa.
La iniciación a la experiencia de la dimensión absoluta del vivir tendrá que emanciparse de los sistemas fijos de creencias, valores y comportamientos, y asimismo deberá impartirse en contextos fluidos de innovación y libre indagación.
Si llamamos a la iniciación y cultivo de la dimensión absoluta de la realidad “espiritualidad”, habrá que concluir que en las sociedades dinámicas la espiritualidad será imposible si no se diferencia con toda claridad la copa –que es de nuestra exclusiva responsabilidad- del vino.

La iniciación religiosa consistirá en aprender a sutilizar las facultades hasta llegar a reconocer la finura del vino. Sólo cuando se aprende a gustar del vino se llega a saber que no es la copa, aunque esté contenido sólo en las copas que construyen nuestras manos.

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