TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!


POBRES




La realidad quiere tomar la palabra.

La expresión “calidad de vida” no ha nacido en el mundo de los pobres, pues presupone la vida, mientras que los pobres no la dan por supuesto. En contraposición a la riqueza de los pobres puede surgir  humanidad, acogida, comunidad, arte, cultura, teología. Ello nos conduce a definir que sin poder no se mueve la historia y los pobres deben unirse.
Vivimos en un mundo de “LÁZAROS” donde más de 2.000 millones de humanos viven en la más absoluta pobreza para vergüenza del capitalismo emancipador. En un intento de síntesis, quizás podemos decir que pobres son los carentes y oprimidos, en lo que toca a lo básico de la vida material; son los que no tienen palabra ni libertad, es decir, dignidad; son los que no tienen nombre, es decir, existencia espiritual.
La misión del coaching laico es hacer de la Emancipación y dignificación de la pobreza su principio principal. Salvar al pobre de la muerte lenta en la pobreza que, a través de la exclusión social. Aquí, es este espacio de laicismo, la verdad se convierte en reparación y devuelve la dignidad a las víctimas convirtiéndose en liberador de la no-existencia.
Los miembros de la calle no tienen nombre ni tiempo, no existen y cada día crece su número. EL COACHING LAICO debe recuperar su voz a través de concienciarles del sacrificio básico que deben realidad para hacerse sentir. Existen como potencial humano y por tanto deben ser reales y no considerarlos un concepto de coste social. El humano y sus gobernantes deben procurar por la felicidad de todos. No por su exclusión.
La opción por los pobres hay que llevarla a cabo con un determinado talante. Dado el mundo de hoy, quisiera insistir en cuatro elementos.
1.-   La dialéctica.   Hoy se hace tanto hincapié en todo lo que sea diálogo, negociación, tolerancia, y se rehúye tanto todo lo que sea confrontación, que pareciera que los pobres hubieran caído del cielo y que los problemas quedarían resueltos por alguna mano invisible que quebraría el egoísmo de los poderosos y reblandecería la injusticia, la mentira y la violencia estructural. La opción por los pobres no exigiría dialéctica, tener en cuenta al opresor y enfrentarle, sobre todo es sus formas estructurales. Más bien se tiende a evitarlo. Partimos de la verdad que “en realidad la humanidad está dividida entre opresores y oprimidos dado que hay ricos porque hay pobres y hay pobres porque hay ricos”.
Hay que evitar y controlar al máximo violencias, por supuesto, pero una opción por los pobres que deje de ser dialéctica, que no sea una opción contra la opresión, no es la opción de la Emancipación, y, a la postre, deja al pobre a mercad del opresor.
2.-   La parcialidad. Insisto en ello porque falazmente, se quiere introyectar que “igualdad” – o, al menos, una des-igualdad no muy lacerante-, la universalidad suficientemente humana es posible, y éste sería el milagro que operaría la globalización neoliberal. La falacia de la metáfora es que “todos” caben en el globo, lo cual es  mentira manifiesta. Lo menciono para recalcar que si se busca salvación para los pobres de este mundo, éstos deben ser puestos, de modo explícito y activo, en el centro. Sin duda es una utopía que no se realizará, pero si ni siquiera se “piensan” así las cosas, no hay solución.
Insisto en ello porque tampoco en la democracia –aceptando sus valores y minimizando sus limitaciones, hipocresías, incluso crímenes el pobre está en el centro de la realidad, ni siquiera en el de sus utopías.
En su origen, hace dos siglos, los derechos humanos tenían a la vista a los freemen ingleses, a los hombres blancos de Virginia, a los burgueses franceses, pero no a todos, ni siquiera a los que convivían con ellos: campesinos ingleses o franceses, negros y esclavos norteamericanos, aunque en teoría no se les negase el carácter de “seres humanos”. En el centro estaba el ciudadano. Las cosas no han cambiado del todo. “Ya antes de nacer los humanos son desiguales”.
Y de ahí la necesidad de formular la tesis contraria y la necesidad de la parcialidad: “los derechos humanos son los derechos de los pobres”. La conclusión es que el coaching laico no sólo debe ayudar a los pobres, sino que debe ponerlos de modo consciente en el centro de la realidad, y no basta con recordar las bondades del bien común-
3.-   La inserción.   Con ello no me refiero a actitudes ascéticas de empobrecimiento y cercanía a los pobres, sino a algo más metafísico, si se requiere: la obsesión por lo “real”, en un mundo de pobres. El coaching laico debe aspirar a facilitar la Emancipación del SER adaptado a su época  haciendo el mundo de los pobres su propio mundo; dándole personalidad existencial y por supuesto no obviándolo. Que, en un mundo de pobreza como el actual no tenga que sentir vergüenza de ser como es y actuar como actúa.
4.-   La humildad.   Por mucho que el no-pobre quiera comprender al pobre, incluso si es para ayudarlo, permanece un abismo entre ambos. Ha quedado dicho el multitud de ocasiones: en la humanidad nos dividimos entre los que no dan la vida por supuesto, los pobres, y los que damos la vida por supuesto, los no pobres. Todo que sea hablar, pensar en ayudarlos tiene que llevar un serio de humildad, de no-saber. Y quizás ese no-saber pueda ser comprendido como un elemento constitutivo del “saber” el misterio. Ocurre con la Emancipación y ocurre con los pobres.
Y quizás en la aceptación de ese abismo, del no-saber que expresa y de la humildad, pueda encontrarse el fundamento más hondo de lo que hoy se da por aceptado: el derecho a la diferencia. Ésta se da en diversos ámbitos de la realidad, género, cultura, pero quizás la diferencia fundante está entre el dar o no dar la vida por supuesto.
JON SOBRINO


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