TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!


¡¡¡QUEJARSE ES EL PASATIEMPO DE LOS INCAPACES!!!



La belleza no es lujo es sensibilidad.

Quejarse o reclamar.

La queja es un elemento extraordinariamente presente en las conversaciones. Nos quejamos por las cosas que nos suceden y por las que no nos suceden, nos quejamos cuando juzgamos que una determinada situación nos perjudica o es injusta, nos quejamos cuando algo o alguien frustra nuestras expectativas, nos quejamos cuando alguien incumple una promesa o rompe un compromiso.
La queja es una conversación que expresa frustración, porque las cosas no se han producido como esperábamos, una conversación que genera en nosotros y en nuestro entorno emociones negativas: frustración, resentimiento, deseo de venganza, y también juicios negativos sobre la cumpabilidad del otro, sobre nuestra situación de víctimas, sobre nuestra incapacidad para cambiar las cosas.
Podemos mantener una conversación de queja a tres niveles: con nosotros mismos como conversación privada; ante terceras personas, es decir, ante alguien que no participó en los hechos, pero a quien escogemos como confidente o ante aquel que generó nuestra frustración.
La queja expresada únicamente en una conversación privada, con nosotros mismos, se produce cuando creemos que no es conveniente tener esta conversación públicamente, porque tenemos miedo de las consecuencias, porque pensamos que no servirá de nada, porque nos preocupa que afecte a la relación. Así una conversación que no puede ser externalizada se convierte en una conversación interna que se repite una y otra vez y que se vuelve tóxica haciéndonos sentir mal durante horas, días o años.
Algo parecido sucede cuando la queja la expresamos ante terceros, aunque en este caso buscamos un testigo con quien desahogarnos. Reproducimos ante esta persona las escenas de lo que ocurrió y lo que debería haber ocurrido, hablamos de lo que se dijo y de lo que se debió haber dicho, comentamos cómo nos sentimos o nuestros juicios sobre la otra persona. Cuando nos quejamos ante un tercero, lo que estamos necesitando, más bien, es afirmarnos en nuestro punto de vista, conseguir adhesiones, que nos den la razón, que se compadezcan, que estén de acuerdo con nosotros. La queja ante terceros puede conllevar además mucha necesidad de venganza, asociada a la legitimidad para llevarla a cabo. Por eso, tampoco estas conversaciones son muy útiles en la mayoría de los casos. Puede que nos sirvan para desahogarnos o para vengarnos, pero despues de afirmarnos a nosotros mismos, despues de haber logrado la adhesión de nuestro interlocutor, incluso después de habernos vengado, seguiremos sintiendo lo mismo respecto a lo que ocurrió, continuaremos estando frustrados, resentidos, tratados injustamente.
La queja expresada ante la persona que generó nuestra frustración supone un paso importante respecto a las dos opciones anteriores, ya que tenemos la oportunidad de hablar de aquello que nos ha generado frustración con la persona adecuada. Sin embargo, también en este nivel la conversación puede llevarnos a ningún lugar si no estamos dispuestos a hacer algo más productivo que quejarnos, si el único objeto de la conversación es la queja, el desahogo, la acusación. De ahí la diferencia entre tener conversaciones para quejarnos a para reclamar.
Veamos algunos ongredientes a tener en cuenta a la hora de hacer una reclamación:
Contexto: muchas veces pensamos en lo que le queremos decir a alguien, pero pocas nos paramos a reflexionar sobre cómo, dónde o cuándo vamos a hacerlo.
Dónde: en el lugar más adecuado, donde la conversación pueda mantenerse sin interrupciones, de forma distendida, con confidencia.
Cuándo: ni muy pronto ni muy tarde. A veces es mejor dejar pasar un poco de tiempo, porque las emociones pueden estar a flor de piel, pero no tanto que el tema quede olvidado y ya no sea pertinente.
Cómo: en un contexto de franqueza, hablando con la mayor sinceridad posible, procurando dejar a un lado los reproches y las acusaciones.
Mantener la calma: hablar de lo que ocurrió sin carga emocional negativa, expresando los hechos desde nuestro propio punto de vista.
Indagar: entender el otro punto de vista, porque muchas veces se producen malentendidos.
Buscar la reparación: ¿de qué manera se pueden reparar los daños producidos?
Aprender del error y hablar del futuro: es muy probable que la situación, sea la que sea, nos sirva de aprendizaje.

2 comentarios:

Noemí dijo...

Paco, me encantas. Tus ideas bailan en mi cabeza con las mías propias como en ese matisse tan chulo que has colgado hoy.
Abrazo gordo :)

Belkis dijo...

"Si tu mal tiene remedio ¿por qué te quejas?. Si no lo tiene ¿por qué te quejas?". Creo que la queja no nos soluciona nada. El sacar a la luz los sentimientos de manera sincera y con el corazón abierto para dejar entrar la aceptación, si que podría llevar a un entendimiento y una puesta de acuerdo.
Interesante Paco. Besos