TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
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EL SENTIDO HUMANO DE LA VIDA



SENTIDO HUMANO DE LA VIDA.

Una nota fundamental para la andadura humana de la vida es pensar en el hombre de carne y hueso, tal como es andando por su propia casa y no por los pasillos de un instituto o academia. Monje o laico, se ve a sí mismo “tibio”, relajado y negligente, nunca elevado sobre los demás o separado de ellos. Ninguna distancia separa al emancipado del terrenal pues si algo significa estar emancipado es no creerse nunca superior a nadie.
Aguzar las afirmaciones de la reflexión hasta convertirlas en preguntas; y sostener esas preguntas renunciando a las respuestas fáciles buscando respuestas en la constante reflexión.
Un relato de los antiguos monjes del desierto puede ilustrarnos sobre este punto. Se trata de un monje que hace un largo viaje para visitar para visitar a un anciano distinguido por su elevada espiritualidad,
Cuando llegó, el forastero, tomando pie en la experiencia escrita, empezó a hablarle de temas espirituales y celestiales. Pero el anciano, al oírle hablar, se puso a mirar para otra parte y no abrió la boca. El forastero, al darse cuenta de ello, se vino abajo, salió de su presencia y le dijo al monje que le había acompañado durante el viaje:
“He perdido el tiempo haciendo este viaje porque he estado con el anciano y no ha querido mediar palabra conmigo”.
Entonces, el monje acompañante fue a hablar con el anciano y le dijo:
“Este hombre tiene un gran prestigio en su país y ha viajado hasta aquí para verte a ti, ¿por qué no le has dirigido la palabra?”.
El anciano le respondió:
“Este hombre es de altura y, por eso, habla de temas celestiales; yo, en cambio, soy de abajo y sólo sé hablar de cosas que están a ras de tierra. Si él me hubiera hablado de las pasiones del alma, yo habría tenido algo que decirle al respecto. Pero me ha hablado de temas espirituales y de eso yo no sé nada”.
Nada más oír estas palabras, el hermano acompañante fue donde el forastero y le dijo:
“El anciano no habla por las buenas de la experiencia escrita pero, si alguien está dispuesto a hablar con él de las pasiones del alma, sí que puede decirle algo”.
El forastero, traspasado por la compunción, volvió entonces a la presencia del anciano y le preguntó:
“¿qué puedo hacer, padre? Las pasiones del alma me dominan…”
Otra nota destacada en la andadura humana de la vida es la sensibilidad para la comunicación. La comunicación es, ante todo, escucha. Y la escucha es el sentido de la obediencia, que es trato entre iguales y no contrato entre desiguales. Los desiguales se someten unos a otros “en virtud de la santa obediencia”. Los iguales se invitan siempre, unos a otros, a tomar la palabra. Nadie se reserva, entre iguales, el derecho a decir la última palabra. Hay también, sin duda, una comunicación sin palabras. Pero, aun sin palabras, la comunicación requiere una invitación humilde y confiada. No hay prueba de humildad como la comunicación humana. Ni hay donación tan desinteresada como la donación de la palabra. Escuchar es la manera más difícil de entregarse. Y el silencio, el mayor acto de reflexión.
Nadie se somete a otro desde afuera. La Emancipación no es una ventana a la que se asoma uno para ver en la distancia las limitaciones universales de los hombres y la particulares de uno mismo.
Contaban de un anciano que pasó setenta semanas ayunando, sin comer más que una vez por semana. Se pasaba el tiempo preguntándole a la Emancipación por el sentido de algunas palabras. Pero la Emancipación no se lo desvelaba. Empezó entonces a decirse a sí mismo: “¡tanto esfuerzo para nada! Voy a ver a mi hermano y le voy a preguntar lo que la Emancipación no me comunica” Cuando cerró la puerta de su celda al salir se le presentó un monje y le digo: “las setenta semanas que te has pasado ayunando no te han acercado a la Emancipación pero, en cuanto tuviste la humildad de acudir a tu hermano has descubierto el sentido de aproximarte a ella”
Finalmente otra esencia fundamental en la andadura humana de la vida es la pasión por la libertad. Si algo nos esclaviza en la vida, es el tedio de verla pasar por una ventana. La frontera fundamental para la Emancipación no es hoy la que divide a los espirituales de los terrenales sino la que separa a los que buscan de los que no buscan nada. Éstos últimos los que creen saber de la vida lo suficiente para vivir.
Los que creen que saber vivir es cuestión de experiencia, esto es, de haber vivido. La vida enseña por sí misma a cada uno lo que necesita aprender. Como cada cual tiene “su camino” en la vida, lo que uno ha aprendido de ella no le sirve a nadie más que a él. Lo más que podrá hacer será contárselo a los demás. Los demás están en la vida de uno –como uno en la del resto- para hacernos la vida más grata. Y a este bienestar lo podemos llamar “felicidad”. Si felicidad del individuo sin relación alguna con la verdad, con la búsqueda fraterna de sentido.
Los días del hombre satisfecho, esclavo del tedio, no podrán ser nunca como el primer día porque no marcan el curso de un aprendizaje. Se acumulan, sin más, bajo el peso de una experiencia, la suya, la que solo a él le sirve. Bastarán unas “palabras fáciles”, para tratar a los demás como quien ya los cree conocidos de sobra. Como quien sabe en qué medida pueden contribuir o no a hacerle a uno la vida más placentera.
Un anciano me contó una vez lo siguiente; estando yo una vez en la celda de un hermano vino un monje y le preguntó:
“quiero vivir bajo un mismo techo con otros hermanos; dime, pues, cómo debo comportarme para vivir en común”
El anciano le respondió:

“como el primer día, cuando entraste en su casa. Procura actuar todos los días, desde el primero, como lo haría un huésped que llama  a la puerta. Así nunca se deslizarán de tus labios palabras fáciles”.

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