TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



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MUJERES....... ¿LIBERTAD?



Un país de mujeres

Declararse machista o efectuar declaraciones que lo denoten causa, aquí y ahora, alarma social. Y se paga. Que se lo pregunten a Fernando Trocóniz, ex presidente del Pacto de Toledo. Dijo que no sería mala idea que las mujeres cobraran menos pensión, dado que viven más, y había que oírlo al día siguiente en las televisiones: "Me arrepiento, lo reconozco". Daba pena verlo, pero el acto de contrición no le valió de mucho. Él mismo presentó su cabeza a su partido, el PP, que se limitó a aceptar la ofrenda sin más comentarios.
Tras décadas de campar a sus anchas, declararse machista causa aquí y ahora alarma social. Y se paga
Casa, hijos, vida privada. Ellas tienen que plantearse la disyuntiva al aceptar un trabajo. Ellos, no
Pero esta clase de deslices que tan caros salen ahora no son exclusivos de la derecha. Fernando Salinas, juez progresista del Consejo General del Poder Judicial, tuvo otro, glorioso, con motivo de la elección en febrero de la primera magistrada mujer del Tribunal Supremo. Irritado con la designación de Milagros Calvo, candidata del sector conservador, a Salinas se le fue la fuerza por la boca. "Esta señora será el florero del Supremo", soltó. (...) Se le escapó, y tuvo que pedir disculpas públicas. (...) Tras décadas de campar a sus anchas, los machistas de este país han desaparecido del mapa. Ha sido imposible que ningún varón, nombre y apellidos mediante, se reconociera como tal y ofreciera sus razones en este reportaje. ¿Una victoria del movimiento feminista? Menos lobos. Más bien, una mezcla de saludable progreso social, una parte de corrección política -¿dónde están, también, homófobos y racistas?- y una estricta aplicación del manual de buenas prácticas comerciales.
El cliente siempre tiene la razón, y las mujeres son hoy, más que nunca antes, excelentes parroquianas. (...) Ellas votan, compran, influyen, crean y destruyen tendencias, opinan, presionan. Cuentan. Mejor tenerlas contentas. Los publicitarios hace tiempo que lo tienen claro. "El anuncio de la típica tía buena y el deportivo está en desuso. Aparte de que está pasado de moda, es que ya no vende. Pero existe otra razón: cada vez hay más mujeres en este negocio. Ni se nos ocurren, ni el cliente nos los pide, ni nos gustan", arguye Marta Rico, socia de la agencia Señora Rushmore, encargada de poner al día el legendario "Soberano es cosa de hombres", que ahora se anuncia con un corto de Miguel Bardem titulado El rey canalla.
A Inés Alberdi, socióloga feminista, no le molesta tanta cortesía. "El patriarcado sigue, pero está de capa caída. Hasta hace poco, las mujeres teníamos que aguantar chistes, expresiones o anuncios ofensivos poniendo cara de póquer. Ahora sabemos que hay machistas, pero al menos no pueden chulear de serlo. Si es solo corrección política, bienvenida sea".
"¿Que dónde están los machistas?". Enrique Gil Calvo, sociólogo, autor de El nuevo sexo débil. Los dilemas del varón posmoderno (Taurus), acepta divertido el envite. "En la clandestinidad, disfrazados, mimetizados con el ambiente. Pero por todas partes". Lo que sucede, sostiene, es que el machista posmoderno es impecable en sus formas. Usa guantes y no deja huellas. Borra las pruebas. Es imposible de perseguir. "El misógino del siglo XXI practica un machismo condescendiente. Cede el paso a las mujeres. Les concede cuotas, les deja la mitad de todas las representaciones. Ahora sois más en todos los sitios. El Estado va a ser pronto vuestro. Pero debajo de esa realidad intachablemente igualitaria está la situación real. Y esa es que el verdadero poder está en guetos masculinos, y allí no podéis entrar".
-Hay mujeres dirigiendo empresas e instituciones.
-Sí, pero cuando una mujer entra en esos clubes es porque los de dentro le han dejado. Es una mujer domesticada, capaz de estar en ámbitos masculinos sin molestar, sin rivalizar con ellos, aceptando sus reglas del juego. Y es en esos entornos secretos, clandestinos casi, donde se toman las decisiones políticas o de negocios. Y lo demás da igual que se lo queden las chicas. Porque sí, ellas tienen más títulos y son más empollonas y más brillantes. (...)
Más de la mitad (53%) de los universitarios españoles son mujeres. Seis de cada 10 licenciados en 1998 fueron licenciadas. Pero solo el 13,2% de las cátedras están ocupadas por catedráticas. Las chicas suspenden (27%) menos que los chicos (36%) en secundaria. Pero el paro femenino dobla al masculino, y cuando trabajan, ellas cobran el 22% menos que ellos en todos los sectores laborales. Las españolas solo ocupan el 31% de los puestos directivos de las empresas públicas y privadas, no llegan al 30% de los escaños de los parlamentos, solo hay un 10% de alcaldesas y ninguna presidenta autonómica. Y recuerden cómo llamó a la única magistrada del Supremo su colega Salinas.
¿No las dejan subir o no quieren pagar el precio del ascenso? José Bono, presidente socialista de Castilla-La Mancha, lo dijo: "Yo quería tener seis mujeres, pero tres me dijeron que no". El gracioso de Bono se refería a la composición de su consejo de gobierno. Quería más consejeras que consejeros, pero las candidatas rechazaron, según él, su oferta con un argumento irrebatible: "No vamos a tener tiempo". ¿Tiempo para qué? ¿Qué cosas, además del trabajo, tienen que hacer ellas que los candidatos varones ni se plantearon? Premio: la casa, los hijos, la vida privada. Ellas se tienen que plantear la disyuntiva. Ellos, no. El peaje, demasiado caro para algunas, determina el perfil de muchas triunfadoras: mujeres solteras, o divorciadas, o sin hijos, o con hijos que ya vuelan solos. Y las que no se ajustan a ese patrón son las reinas del trampeo, del equilibrismo y del vivir la vida no ya al día, sino al minuto, para salvar el pellejo en casa y en la oficina.
Pero mientras la cima aún está lejos, la base se ensancha. Más mujeres se hacen visibles en todas partes. Hasta en la cárcel. Y otras muchas vienen de fuera, solas, a trabajar a este país para que quizá sus hijas no tengan que conformarse con el último peldaño. Porque no pocas de las que suben escalones lo pueden hacer gracias a que una legión silenciosa de mujeres inmigrantes cuidan de sus casas y sus hijos mientras tanto. La periodista Montserrat Domínguez, de 38 años, dos niños, directora de La mirada crítica en Tele 5, lo expone gráficamente: "Yo trabajo porque tengo una mujer en casa que cuida de mis hijos y que, a su vez, tiene en su país a una madre-abuela que cuida de los suyos. Benditas sean las dominicanas, las ecuatorianas... Las que trabajamos deberíamos manifestarnos para flexibilizar la Ley de Extranjería".
Montserrat es una baby-boomer. La copiosa generación de mujeres nacidas en los sesenta. Las hijas de las pioneras del feminismo, esas que estrenaron la píldora, mujeres que ahora tienen 55 años, que impulsaron a sus hijas a prepararse y lograr lo que se propusieran. Las nietas de las mujeres mayores de este país, las que andan por los 75-80 años, las que vivieron con la idea de sacar la familia adelante y tuvieron los hijos que Dios o sus renuncias quisieron. Y Montserrat y sus amigas son, ellas sí, las que han dado por descontada la igualdad.
Un equipamiento de serie "hasta que empiezan a trabajar o tienen un hijo", dice Inés Alberdi, autora de ese retrato de abuelas, hijas y nietas. "Entonces se sorprenden de que las cosas quizá no han cambiado tanto y se enfurecen de que les apliquen, a ellas, criterios tradicionales. Como tienen poca preparación e interés para lo doméstico, y sus parejas tampoco (...), el conflicto está latente. Además, tienen expectativas muy altas respecto a la sexualidad y la relación de pareja. No aguantan como sus madres y sus abuelas, y el riesgo de quiebra en la relación es constante".
Ellos y ellas están en esa edad crítica en que coinciden el mayor grado de exigencia profesional y la absorbente crianza de los hijos, en estado de negociación permanente. "Es un choque de trenes", explica Alberto Rull, director de la productora de la serie Ella y él. "Cristina ha sido educada para ser la perfecta esposa y madre, y a la vez comerse el mundo en el trabajo. Pepe, por su parte, con una educación machista tradicional, está enamoradísimo de esta nueva mujer y se debate entre sus reacciones más primarias y la necesidad de aflorar sus sentimientos. Ambos son pioneros, no tienen referentes, están investigando, y de sus avances y retrocesos salen las claves para llevar una relación nueva". Y de paso, unos diálogos desternillantes que han enganchado a muchos críos entre cuatro y 10 años, "quizá porque ven retratados a los marcianos de sus padres", sostiene Rull, clónico -36 años, casado, una hija de un año- del varón de la pareja protagonista.
Son los tipos como Pepe, o como Rull, o como los compañeros de Montserrat Domínguez, "que quieren llegar a casa a tiempo para bañar a su bebé"; los que, según la demógrafa Anna Cabré, están haciendo una revolución de uno en uno. "Me interesa mucho lo que ocurre con los hombres", dice esta profesional feminista. "(...) El camino de las mujeres hacia la igualdad se ha hecho bajo los focos, y las ha llevado a la esfera pública, pero el de ellos es silencioso y se dirige hacia lo privado, que es íntimo, sin estadísticas. Pero se está haciendo".

2 comentarios:

☼El Rincón del Relax☼ *Beatriz* dijo...

Gracias por compartir!!

Recibe un relajante y cálido abrazo!

Beatriz

Belkis dijo...

Es la mente la que nos hace libres o esclavos...