TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!


¿SER DÉBIL ES UNA FORTALEZA?



Sólo al prescindir del lenguaje
se empieza a ver.
Sólo en el silencio más absoluto
se empieza a oir.
A veces, la fragilidad de la voluntad,
nos acerca a los procesos emancipatorios.
Es aquí donde la debilidad
toma densidad de fortaleza
y se convierte en una energía
con sentido.
El coaching solidario
aporta el "despertar" de tu
conciencia de pertenencia
¡¡¡No estás sola!!!

Simplemente sencillo




La grandeza humana se muestra
de manera discreta:
No con exhibiciones ruidosas,
simplemente con servicio
sencillo y humilde.
Es más difícil realizar
aquello extraordinario con
sencillez que lo sencillo de
manera exagerada.
Buscar el reconocimiento ajeno
y no el de la emancipación..
no es signo de grandeza, ni humano
ni espiritual.
La sencillez es la llaneza de lo natural,
de lo fácil, de lo comprensible,
que puede llegar a todos sin
oscuros obstáculos y
es lo que caracteriza a la belleza.
La sencillez no necesita adornos
ni hacer ostenctación por que es
como el agua, que sin tener
ni gusto, ni sabor, ni color,
es igualmente necesaria.

¡ a veces somos demasiado RACIONALES?




Conectar con nosotros Mismos
CRISTINA LLAGOSTERA


A veces somos demasiado racionales. Y mucha gente decide no atender ni al lenguaje del cuerpo ni a las intuiciones ni a las emociones. A costa de no conocernos bien y perder el rumbo.
Una paradoja de nuestra época es que el ser humano es capaz de viajar por el espacio, estudiar la estructura íntima de la materia o cartografiar su propio mapa genético, pero seguir siendo un desconocido para sí mismo. Nuestra atención se proyecta continuamente hacia fuera, fascinada ante la complejidad y los misterios del mundo. Contamos con conexiones fáciles e instantáneas con el exterior -Internet, televisión, móviles...-, pero quizá no sabemos cómo acceder a nuestro interior.
“Es preciso confiar más en la sabiduría del propio cuerpo. En vez de bloquear sus señales, podemos optar por escucharlas”
Descuidar esta conexión sin duda tiene un precio. Sensaciones de vacío, sinsentido y confusión señalan de manera más o menos intensa que se ha perdido ese contacto íntimo con la propia esencia. Y vivir volcado hacia fuera puede hacer que se pierda una parte importante de la experiencia: la que transcurre dentro.
Las emociones, las sensaciones, los mensajes del cuerpo, los pensamientos, la voz de la intuición aportan la información más constante y directa de que disponemos. Solo desde esta conexión interna una persona puede estar centrada, sabiendo quién es y hacia dónde desea dirigirse.
Una capacidad natural
"Cuando el hombre descubrió el espejo empezó a perder su alma" (Erich Fromm)
Hay personas que logran mantener viva esa conexión consigo mismas, e incluso utilizarla para diferentes fines, mientras que para otras supone una sensación lejana, casi olvidada. Cuando somos niños poseemos esa capacidad de manera natural. Sin embargo, con el tiempo esta comunicación puede ser interferida. En esa desconexión influye, por un lado, la primacía que se otorga a la razón por encima de otras funciones como percibir o sentir. Se confía en lo que se puede comprobar o palpar, mientras que se relega lo subjetivo a un papel casi insignificante.
Por otro lado, la capacidad de ser conscientes supone un arma de doble filo. Conecta a la persona con su realidad interna, pero también bloquea lo que no se ajusta a lo establecido.
Vivir desconectado
"Cada día sabemos más y entendemos menos" (A. Einstein)
Perder esta conexión conlleva consecuencias. Algunas personas, por ejemplo, descubren en algún momento que su vida no es lo que querían, pues quizá se han dejado llevar por las circunstancias sin preguntarse más allá. No resulta agradable sentirse un extraño con uno mismo. Sucede sobre todo cuando alguien busca adaptarse tanto a lo que se espera de él o mantener una buena imagen, que termina olvidando quién es realmente.
También hay personas que escapan continuamente del contacto consigo mismas, llenando sus horas con actividades, relaciones, adicciones... Cuando cesan las distracciones externas y se hace el silencio aparecen con más fuerza los miedos o carencias no resueltos.
Crear puentes
A veces, el sufrimiento o la enfermedad implican una entrada rápida a una mayor conciencia de uno mismo. Sin embargo, es preferible no esperar a encontrarse en una situación crítica; en cualquier instante, una persona puede empezar a crear puentes que conecten con diferentes niveles de su experiencia interna. Estas son las vías:
1. El diálogo interior
"El lenguaje es la casa del ser" (Heidegger)
Un primer contacto puede ser observar el diálogo que se mantiene con uno mismo. Allí se condensan gran parte de los pensamientos, ideas, preocupaciones y obsesiones que ocupan la mente. Estos diálogos ocurren de manera continua, seamos conscientes o no, y pueden aportar una información valiosa sobre uno mismo. Las palabras, el tono, la manera de expresarse, incluso a nivel interno, ejercen una gran influencia. Nos sentimos muy diferentes al hablarnos de manera crítica o despectiva que si predomina un tono comprensivo y tranquilizador. Buscar el silencio o la quietud permite empezar a escuchar ese diálogo.
2. El cuerpo
"He dejado de hacer preguntas a las estrellas y libros; he empezado a escuchar las enseñanzas que me susurra mi sangre" (Hermann Hesse)
A veces vivimos escindidos del cuerpo, considerado comúnmente como el hermano tonto de la cabeza. Al no entender sus cambios, su lenguaje, ni el sentido de los síntomas, se presta poca atención a sus mensajes. Más bien se intentan controlar o tapar esas señales cuando resultan molestas u obligan a modificar los planes. Sin embargo, el cuerpo es el canal de conexión entre el mundo exterior y el interior. A través de él experimentamos y percibimos la realidad, y a la vez refleja nuestra historia. Cada síntoma o manifestación corporal dice algo de nosotros.
Quizá no podamos comprender siempre sus razones, pero es preciso aprender a confiar más en la sabiduría del propio cuerpo. En lugar de bloquear sus señales, se puede optar por escucharlas. En vez de desconectar de las sensaciones, se pueden utilizar como indicaciones útiles.
3. Las emociones
"Las emociones, cuando se integran con la razón, nos hacen más sabios" (Leslie S. Greenberg)
También las emociones han sido consideradas inferiores a la razón, como un vestigio de nuestra parte más primitiva e instintiva. No es de extrañar que produzca tanto miedo adentrarse en ellas.
La emoción es ciertamente más antigua que la razón, pues constituye un tipo de inteligencia más instantánea. Si se despierta miedo o rabia, todo el cuerpo se prepara para la acción, pues ante un peligro real no hay tiempo para pensar. Sabemos que dejarse llevar por la emoción puede suponer un problema, pero ignorar o reprimir lo que se siente, también, pues la tensión emocional acumulada tiende a desbordarse. Una buena medida es mantener una conexión continua con las propias emociones, lo cual suele ser garantía de una mayor capacidad para encauzarlas. La emoción es un indicio que informa de cómo estamos viviendo algo y, bien utilizada, puede ayudar a resolver situaciones o mejorar la relación con los demás.
4. El inconsciente
"La mente es un profundo océano, pero nosotros solo logramos ser conscientes de la leve espuma de la superficie" (Henry Laborit)
El inconsciente, más allá de la visión negativa que a veces se tiene de él como un sumidero de impulsos o recuerdos reprimidos, constituye una parcela enorme de la mente (se le atribuye en torno al 85% de la capacidad cerebral) repleta de posibilidades aún desconocidas.
La mente consciente se encarga de razonar, discriminar, analizar la información y tomar decisiones. La mente inconsciente actúa de manera totalmente distinta: controla las funciones involuntarias del organismo, capta y almacena toda la información de los sentidos y contiene la memoria emocional. El psiquiatra Carl Gustav Jung lo definía como un pozo inabarcable de información al que es posible asomarse para aprender tanto acerca de uno mismo como del mundo.
Las intuiciones, los sueños, los momentos de inspiración tienden un puente entre consciente e inconsciente. Nuestra mente almacena muchos datos, impresiones y percepciones que no conocemos, pero que en un momento dado pueden aflorar a la superficie. Contamos con una sabiduría que va más allá de la razón, y que se muestra de manera más clara cuanto más conectamos con nosotros mismos.

¿TE CUIDAS?



"En tiempos de cambio,
quienes estén abiertos al aprendizaje
se adueñarán del futuro,
mientras que aquellos que
creen saberlo todo estarán
perfectamente equipados
para un mundo que ya no existe"

RAZONES PARA OBSERVAR DE OTRA MANERA LO COTIDIANO



Además de satisfacer lo que nuestro
determinismo genético nos dicta, podemos
considerar lo que nos aporta la ciencia.
Así, el objeto de los estudios científicos,
no ha de ser otro que dirigir el
ingenio de tal modo que éste,
sobre todo lo que se le presente,
pueda emitir juicios sólidos
y
verdaderos.
Así es necesario un método para la
investigación de la verdad
que nos permita encontrarla
en base a datos y no a opiniones o
creencias
René Descartes.

¿DONDE ESTÁ TÚ COMPROMISO?


¿No es la vida cien veces demasiado
breve para aburrirnos?
Nietzsche
Un lider
(todos somos líderes de nosotros mismos)
debe tener 10 retos.

Ha de tener un proyecto ilusionante,
dar ejemplo para tener credibilidad,
ofrecer expectativas, mostrar confianza en el proyecto, dar autonomía a los empleados y colaboradores, animar a probar,
aceptando y sin castigar los posibles fracasos,
reconocer los valores y los exitos de los demás,
aprender los errores propios y de los ajenos;
fomentar el orgullo de pertenencia a la organización,
y celebrar los éxitos, aunque lleguen en periodos de crisis.
A estos diez retos, que el directivo debe tener en su gestión diaría, debe añadierse, el de ser capaz de agradecer la labor de los que le rodean.
Y, además
comprender que la belleza puede estar también en la diversidad.
¡¡¡Nadie es dueño de la realidad!!!
"Para conocer la verdad de las cosas
hay que seguir la sombra de ellas".

¿POR DONDE CAMINA TU NORMA?




En nuestro día a día, con frecuencia
ponemos en práctica y activamos
nuestra incompetencia, nuestra desidia.
Intentamos justificar nuestros errores
subrayando las invirtudes de los demás,
gratificando así nuestra incompetencia.
Esta práctica tiene su éxito y éste consisite
en convertir tal aberración
en NORMA y con
ello perpetuamos la presencia
del error en
toda nuestra base existencial.

SOLEDAD..... ¡¡¡dichosa compañía!!!



En soledad vivía y en soledad
ha puesto ya su nido.
Y en soledad la guía a solas su querido,
también
en soledad de
amor herido.
No debemos lamentarnos
de la soledad
toda vez que esta nunca traiciona.
Podemos disfrutar de la compañía
mientras sea alegre y placentera.
Pero hemos de procurar aprender
a caminar solos
pues comprobaremos,
en las muchas andaduras que hagamos,
que en el camino nadie nos llevará a cuestas.
La soledad es nuestra verdadera naturaleza,
pero la queremos ignorar.
Consecuentemente seguimos siendo
unos desconocidos para nosotros mismos,
y en vez de ver nuestra soledad
como una situación dichosa
y llena de belleza,
silencio y paz,
la malinterpretamos como aislamiento.
Cuando descubras tu soledad podrás crear,
podrás participar en todas las cosas que quieras,
porque esa participación
ya no implicará que estás huyendo de ti mismo/a.

LA CULTURA TE ACERCARÁ A LA LIBERTAD



No tengamos miedo a la libertad
MIRIAM SUBIRANA

Hay gente que para no arriesgarse al fracaso, al rechazo, a la soledad, intenta acoplarse al grupo, agradar y quedar siempre bien. No es así como nos sentiremos fuertes y tranquilos.
“La máxima victoria es la que se gana sobre uno mismo” (Buda)
“Mantenemos relaciones dependientes y a la vez buscamos espacios de libertad. Así, las parejas se convierten en otro objeto de consumo”
En todos los ámbitos de la vida tenemos la libertad de utilizar nuestro inmenso poder creativo. La capacidad de escoger qué pensamos y qué sentimos en cada momento y cómo respondemos en cada situación es nuestra fuerza y nuestra libertad. Sin embargo, las creencias nos limitan, el pasado nos condiciona y los miedos nos impiden vivir nuestros sueños más profundos.
A lo largo de la historia, la libertad ha sido uno de los valores que el ser humano más se ha afanado en reivindicar. Hemos provocado revoluciones y rebeliones contra la opresión. A pesar de las conquistas, la experiencia de miedo, dolor y soledad ha aumentado. No hemos sabido utilizar la libertad para fortalecernos emocional, mental y espiritualmente. Tenemos hábitos que nos privan de libertad y eludimos afrontar nuestras sombras. Para algunos, la soledad es la huida; para otros, la distracción es estar siempre con alguien.
A veces nos sentimos atrapados en unas relaciones que nos asfixian. Queremos huir y quedarnos al mismo tiempo. Nos sentimos incomprendidos y nos invaden las preocupaciones. Otras veces nos parece que debemos someternos a los deseos de los demás para complacerles. Todo ello nos oprime.
Al sentirnos amenazados por la presencia del otro, llegamos a renunciar a nuestra integridad individual bajo la influencia de los demás y de la sociedad. Buscamos seguridad y dejamos de ser nosotros mismos, adoptando una personalidad que sigue las pautas culturales y sociales. De esta manera desaparece la discrepancia entre el yo y el mundo, y con ella el miedo a la soledad y la impotencia.
EL RIESGO DE LA SOLEDAD
“Si te vuelves inmune a las opiniones ajenas, no serás víctima de un sufrimiento inútil en las relaciones” (Miguel Ruiz)
Ser nosotros mismos y diferentes de los demás conlleva el riesgo de sentirnos solos. El miedo nos domina. Seguir las pautas sociales, culturales, religiosas o políticas parece ofrecernos más seguridad y alimenta nuestro sentido de pertenencia, al sentir que formamos parte de un grupo, ya sea la familia, un equipo, un partido político o una comunidad. Así nos disponemos a someternos a nuevas autoridades capaces de ofrecernos seguridad y aliviar nuestra duda. Esa actitud alimenta la dependencia y la pérdida de libertad.
El caso de Juana es típico. Juana teme la soledad. Siempre intenta agradar y quedar bien. Para no arriesgarse al rechazo, siempre está de acuerdo con los demás. Así se siente aceptada y que forma parte del grupo. Renuncia a ser ella misma por temor a la soledad. Cede su poder a los demás y se convierte en una marioneta que permite que la moldeen según lo que quieren de ella. Vive de fuera adentro, es decir, lo de fuera determina cómo está por dentro. A veces, el precio por no permitirse el riesgo a ser diferente y a ser tú mismo resulta muy alto. Así estás alejando la felicidad de tu vida.
En Europa, cada vez son más las personas que viven solas por elección personal. Quizá la elección de vivir solo viene después de experimentar angustia y decepción en la convivencia. Quizá es la búsqueda de libertad y tranquilidad la que lleva a tomar esta elección.
Prima el deseo sobre el compromiso, y al más mínimo indicio de insatisfacción cambiamos de pareja, cambiamos de situación o de lugar. Nos es más cómoda la soledad, porque encontramos demasiadas complicaciones en la convivencia.
JUNTOS Y SEPARADOS
“La responsabilidad es una cara de la moneda, la otra es la libertad. Si no quieres responsabilidad, no tendrás libertad, y sin libertad no existe el crecimiento” (Osho)
Vivimos en la contradicción de querer estar juntos y separados, de querer una pareja estable y a la vez utilizarla y desecharla después. Mantenemos relaciones dependientes y a la vez buscamos espacios de libertad. Por ese motivo, muchas relaciones son uniones y separaciones transitorias. El amor llega a considerarse una conexión más que una comunicación o un vínculo. Las parejas se convierten en otro objeto de consumo. Aunque estemos juntos, nos sentimos desunidos. Las actitudes de comparación, celos, rabia, analfabetismo emocional, “yo, yo, yo”, nos separan. El ego nos distancia del otro. En la convivencia nos damos cuenta de que nuestros egos colisionan y culpan. Los egos controlan, dominan e irritan. Constantemente desean y están insatisfechos.
Nos cuesta asumir la responsabilidad de nuestra propia vida. Nos es más fácil culpar al otro de cómo estamos. Cuando estamos irritados, pensamos que es porque alguien actúa de cierta forma; estamos de mal humor por el tiempo que hace, porque la casa tiene una grieta en el techo, porque el coche no arranca, porque nos hemos torcido el pie. Así estamos siempre quejándonos y frustrados. Pero ¿quiénes son responsables de esa frustración? ¿El coche, el pintor, la casa, el suelo? ¿O somos nosotros los responsables? Asumir plenamente nuestra responsabilidad: ese es el camino hacia la libertad.
dejar de sufrir
“En no aferrarse radica la decisión de fluir libremente” (Anthony de Mello)
El miedo, la ira y la tristeza se originan en los hábitos de aferrarse, apegarse y depender. Con ellos, nuestro corazón pierde libertad. La presión que generan estos estados emocionales y la ausencia de libertad nos provocan sufrimiento. Estamos tan acostumbrados a estas formas de sufrir que llegamos a creer que son naturales. Es posible dejar de sufrir estas perturbaciones emocionales si recuperamos nuestro poder interior.
Con el fortalecimiento mental, emocional y espiritual podemos avanzar hacia la libertad asumiendo nuestra soberanía personal y estableciendo espontáneamente nuestra conexión con el mundo en el amor y el trabajo, en la expresión genuina de nuestras facultades emocionales, sensitivas e intelectuales. De este modo nos unimos con los demás, con la naturaleza y con nosotros mismos, sin despojarnos de la integridad e independencia de nuestro yo individual y único.
El verdadero poder interior lo desarrollan quienes conviven y trabajan juntos, no quienes se alejan de los demás. Por los demás hacemos cosas que no haríamos por nosotros mismos. Al relacionarnos ampliamos nuestros límites mentales y agrandamos nuestro corazón. Al convivir practicamos nuestras cualidades y poderes internos: tolerancia, capacidad para adaptarnos, escuchar, comprender, amoldarnos, perdonar, comunicar, fluir, discernir… Y así aprendemos a ser.

AL FUTURO AÚN NO LE IMPORTAS



AL FUTURO AÚN NO LE IMPORTAS....
¿¿lo sabias??

Hay que conceder más valor
a aprender que a llevar razón....
hay que estar dispuestos a aprender
de los otros.
Quizás ni tú ni yo tengamos
razón. En todo caso podemos
confiar
en estar más cercanos a la
realidad si unimos nuestros
criterios.
Así, no se trata de sólo de
aprender del otro
sino de escucharlo
y considerarlo
tan legítimo como
TÚ.

¿PALABRAS NUEVAS? & ¿INTENCIONES VIEJAS?


La disciplina, es la capacidad
de decidir lo que uno
quiere llegar a ser.

Si deseamos que nuestro espíritu
prospere, debemos dotar a nuestra
existencia de mayor densidad.
Cada día más, licuamos nuestro SER
con banalidades consumistas que
sólo satisfacen el momento..
¡¡Qué somos entonces!!
¿YO & MOMENTO?
o
¿NOSOTROS & ETERNIDAD?

¡¡¡LAS CADENAS DEL YO!!!




La EMANCIPACIÓN del YO
nos llega como una brisa alpina
que despierta el ALMA.
Su frescura invade la conciencia
encaminándonos hacia postulados
superiores en el compromiso social.
En este estadio de vigilia liberada
del egoismo, podemos canalizar la
esperanza de amor.

¿CON QUÉ EXPERIENCIA TE MUEVES?



El hombre ideal sería aquel
que comenzase a vivir
después de haber asimilado
la experiencia de todas las
generaciones que le han precedido
en el tiempo.

Lo bueno es cuando el hombre
sabe sacar partido de la
experiencia ajena; porque si
aguardamos en sacarla de la
propia ya es un poco tarde
Delibes

Tus huellas siempre serán mi camino


Tus huellas
siempre serán
mi camino

EMANCIPACIÓN:

Siempre nos pides palabras nuevas,
y nosotros las tenemos todas gastadas.
Nos pides actitudes altruistas,
y nosotros actuamos según nuestras emociones.
Nos pides fidelidad a tí,
y nosotros somos inconstantes.
Nos pides que estemos junto a los pobres,
y nosotros abrazamos el despilfarro.
Nos ofreces la libertad,
y nosotros nos encadenamos al consumo.
EMANCIPACIÓN, enséñanos a aceptar
la limitación humana y, desde ella,
buscaremos al HOMBRE NUEVO, para
participa contigo en la construcción
de una sociedad libre.

¿TU VIDA TIENE PROFUNDIDAD?


"Todo lo que comemos sin necesidad
se roba al estómago de los pobres"
El arte de vivir
GASPAR HERNÁNDEZ

No existen fórmulas mágicas. Cada persona debe encontrar su particular camino para conocer y gestionar sus emociones y sus sentimientos para conseguir vivir mejor.
Charles Chaplin escribió que la vida es tan corta que solo nos alcanza para ser amateurs. Esta afirmación también se puede aplicar al llamado arte de vivir. Cuando ya vamos aprendiendo, la función se termina. No hay recetas mágicas, y cada persona sabe en qué consiste su particular modo de alcanzar ese arte. Los grandes filósofos se han ocupado de ello. Y, por supuesto, los psicólogos. En este artículo nos centraremos en la gestión de las emociones y los pensamientos.
“A una persona se le puede arrebatar todo menos la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias”

Porque, como escribí en el libro El oficio de vivir bien (Aguilar), con miedo, enfado o envidia (o con dolor de muelas) difícilmente podemos tener la percepción subjetiva de estar viviendo bien. Lo mismo sucede si estamos en una playa paradisiaca tomando el sol y enfurruñados con la pareja, o pensando en el trabajo que nos espera en septiembre. El arte de vivir pasa necesariamente por observar, y cuidar, lo que pensamos y sentimos.
Felicidad Interior Bruta. Los países, y sobre todo en tiempos de crisis, miden lo bien o lo mal que vivimos por la situación económica. Pero como afirma el filósofo Jordi Pigem, el producto interior bruto solo mide transacciones económicas, y sabe muy poco del auténtico bienestar de las personas. “Desde hace décadas existen indicadores menos reduccionistas, que miden el bienestar no solo a través del flujo de dinero. Pero hay muy pocos. Por ejemplo, en Bhutan identifican tres venenos en nuestras vidas: la codicia, la hostilidad y la ignorancia (en el sentido de confusión mental). Estos tres venenos han crecido en el mundo materialista, hasta encontrarlos hoy institucionalizados en nuestros sistemas económico, político, y mediático”, afirma en su libro La buena crisis (editorial Kairós). Según Pigem, un progreso en la generosidad, la solidaridad y la sabiduría contribuirían a pasar de una sociedad basada en el crecimiento económico a otra basada en el crecimiento vital.
¿Por dónde empezar? Por la persona. Por la educación y por la gestión emocional. Según el psiquiatra Claudio Naranjo, “la educación actual solo se ocupa de la mente racional, práctica, instrumental, como si fuéramos solo eso. Se crean seres egoístas y prácticos que no tienen una dimensión del goce de la vida. No parece legítimo educar para la felicidad. Si se calculara el precio de la infelicidad que se crea, se vería lo antieconómica que es nuestra educación”.
Algunas cifras de esta infelicidad: en 2020, según la Organización Mundial de la Salud, la depresión será la segunda enfermedad más extendida, superada solo por enfermedades cardiovasculares. El suicidio es la primera causa de muerte entre los jóvenes. El estrés, la ansiedad y la depresión son la segunda causa de baja laboral en España.
Bienestar emocional. El arte de vivir empieza por una correcta gestión de las emociones. En Occidente nos hemos fijado en el desarrollo intelectual de las personas, pero no en el desarrollo emocional. Nunca es tarde para cambiar nuestros patrones emocionales. ¿Cómo? Según la filósofa Elsa Punset, con el viejo conócete a ti mismo de los griegos. “Aunque ellos no nos decían cómo. Se trata de conocer y gestionar nuestros mecanismos emocionales. Es decir, lo contrario a la represión emocional que hemos ejercido hasta ahora”.
Afirma el doctor Mario Alonso Puig que una emoción es un fenómeno físico en el que se producen una serie de cambios fisiológicos que afectan a nuestras hormonas, a nuestros músculos y a nuestras vísceras. Estos cambios tienen una duración limitada a minutos, o, como mucho, a algunas horas. “Digamos que una vez que el elemento interno (un pensamiento angustioso) o externo (un insulto) han pasado, la reacción emocional que se ha desencadenado poco a poco va remitiendo hasta que volvemos al estado en el que nos encontrábamos antes de que el pensamiento o el insulto se produjeran”. El problema es que si esa emoción se reprime, se puede convertir en un estado de ánimo, que puede durar meses o años.
“De alguna manera”, afirma el doctor Mario Alonso Puig en su libro Reinventarse (Plataforma), “nos quedamos como congelados en un tipo de emoción, hasta el punto de que llegamos a identificarnos con ella, casi como si formara parte de la realidad que somos”. Y hay estados de ánimo que aportan ventajas, y otros que son muy disfuncionales y nos generan un enorme sufrimiento.
Un ejemplo: la ira. La ira es como un cubo lleno de agua sucia. Cuando nos enfadamos, o bien lanzamos el oscuro contenido de ese cubo a la cara de quien nos ha provocado la ira, o bien callamos, de modo que nos lo lanzamos encima. Lo ideal sería lanzar el agua sucia a un terreno neutro; practicando deporte, por ejemplo. Y después, cuando estemos ya tranquilos, expresar al otro cómo nos hemos sentido, con asertividad. Por eso no es recomendable escribir e-mails cuando estamos enfadados. Así se estropean muchas relaciones interpersonales.
Gestión de los pensamientos. Nadie nos ha enseñado a gestionar nuestros pensamientos. Tenemos cada día entre 40.000 y 60.000 pensamientos y a la mayoría les hacemos caso. El arte de vivir también es incompatible con los pensamientos obsesivos sobre el pasado o futuro. Afirma Miriam Subirana, profesora de meditación, que el pasado, en gran medida, nos impide ser libres. “Vivir del recuerdo es no gozar plenamente del presente. Vivir del recuerdo nos debilita. Es como ser un enchufe que se conecta a una toma de corriente por la que no pasa la corriente. Vamos perdiendo nuestra energía. Queremos revivir una experiencia que ya pasó, y finalmente nos sentimos decepcionados y con un gran desgaste emocional y mental”.
Todos los sabios orientales coinciden en que el arte de vivir se basa, en buena medida, en nuestra conexión con el momento presente. La mente tiende a ir hacia el pasado y el futuro. Y muchos de los pensamientos sobre el futuro son proyecciones negativas, como el miedo, que normalmente no sirve para nada (aunque a veces es amigo de la prudencia).
El miedo tiene una base biológica; es una emoción que nos ha ayudado a evolucionar, porque nos alerta de los peligros. Pero en nuestra sociedad es excesivo: se trata de reconducirlo. Cuanto más pensamos en el miedo, más fuerza le damos.
empieza en la mente. “El sufrimiento creado por uno mismo es fundamentalmente una fabricación de la mente”, afirma uno de los más celebrados maestros de meditación tibetanos de la nueva generación, Yongey Mingyur Rimpoché. En su libro La dicha de la sabiduría (Rigden Institut Gestalt) cuenta cómo un alumno empezó a analizar su propia ansiedad, y comenzó a ver que el problema no estaba en el trabajo, sino en lo que él pensaba de su trabajo. “Poco a poco”, dice el alumno, “empecé a darme cuenta de que la esperanza y el miedo no eran más que ideas que flotaban en mi mente. En realidad, no tenían nada que ver con mi trabajo”. Ese cambio de perspectiva transforma nuestra realidad. “Cuando estoy angustiado, puedo observar esos impulsos y ver que tengo una elección. Y si elijo observarlos, aprendo más sobre mí mismo y sobre el poder que tengo para decidir cómo reaccionar a los acontecimientos de mi vida”.
Podemos elegir siempre cómo reaccionar ante pensamientos y emociones. Pero hace falta entrenamiento. (Ojalá meditación y gestión emocional se enseñen en las escuelas). El psiquiatra Víctor E. Frankl, que fue una de las víctimas de Auschwitz, afirmaba que a la persona se le puede arrebatar todo salvo una cosa: la última de las libertades humanas: “La elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias”. A menudo no podemos elegir los hechos, pero sí el cómo enfrentarnos a estos hechos.
Según el budismo, la mayor parte del sufrimiento es creado por uno mismo. Afirma Yongey Mingyur Rimpoché que este sufrimiento es fundamentalmente una fabricación de la mente, pero que no es menos intenso que el sufrimiento natural: “En realidad puede ser bastante más doloroso”. Este sufrimiento se puede expresar en forma de historias que nos contamos a nosotros mismos, a menudo incrustadas en lo más profundo de nuestro inconsciente, según las cuales no somos suficientemente buenos, ricos o atractivos, o nos falta algún tipo de estabilidad.
La meditación nos permite observar los pensamientos y las sensaciones asociadas a este sufrimiento. Al hacerlo, se desvanecen. El mundo que nos rodea, nuestro cuerpo, nuestros pensamientos y sentimientos están en constante cambio. En términos budistas este cambio se conoce como impermanencia. Aceptar que todo es impermanente y no aferrarnos a las cosas ni a las personas es uno de los pilares del arte de vivir, según el budismo. Ni un solo maestro oriental defendería que el arte de vivir consiste en adquirir posesiones –en tener–, sino en ser.
Casi nada de lo que nos ha proporcionado felicidad lo hemos logrado con dinero.

¿AUN ESTÁS EN EL CONFLICTO?



"la pobreza no es natural"
Es algo creado por el hombre
y que por tanto
puede ser erradicada
por las acciones humanas.
Nelson Mandela

El conflicto consiste en un enfrentamiento o choque intencional entre dos seres o grupos de la misma especie que manifiestan los unos hacia los otros una intención hostil, generalmente acerca de un derecho, y que, para mantener, afirmar o restablecer el derecho, tratan de romper la resistencia del otro, usando eventualmente la violencia, la que podría llevar al aniquilamaiento físico del otro.En este campo, el coaching comprometido, no el coaching "analgésico/docente", puede colaborar enormemente. En éstos escenarios el "cambio de observador" se revela como fundamental para encontrar nuevos espacios de comprensión y acercamiento.Podríamos mirar desde otro ángulo el área de lo permitido como vehículo de avance, ante los viejos conceptos.Anclarse en posicionamientos de tradición/seguridad no aportan nada nuevo ante los conflictos tradicionales. En los espacios del "conflicto" la INNOVACIÓN tiene un terreno abonado. Razonar y ceder para un beneficio común resulta determinante.El espacio de lo permitido es muy amplio...... no lo limitemos con nuestro "MODELO MENTAL"

¿EN QUÉ EMOCIÓN ESTÁS?


Dios no ha creado al hombre.
Ha sido el hombre quién ha creado
a Dios.
Saramago

Aún sin darnos cuenta cada día
tomamos múltiples decisiones.
Desde dónde las tomamos....
desde la razón
o tal vez desde la emoción.....
¿cual es nuestro grado de inteligencia emocional?
¿Cuántas categorias de emociones podemos reconocer?
veámos unas cuantas sugerencias:
MIEDO que tiene la función de protegernos: Anticipación de una amenaza o peligro que nos produce ansiedad, incertidumbre o inseguridad. Quién domine nuestros miedos será el dueño de nuestra existencia. ¿somos dueños de ellos?
SORPRESA que debe cumplir la función de orientarnos en el espacio/tiempo: Nos puede dar una aproximación cognitiva para saber que pasa a nuestro alrededor. Nos puede producir sobresalto, asombro, desconcierto... Es una emoción muy transotoria.
AVERSIÓN que cumple la función de rechazo higiénico: Solemos alejarnos del objeto que nos produce aversión dado que nos abre emocionalmente hacia el asco y el disgusto.
IRA que posiblemente cumpla la función de destrucción de todo aquellos que, como la aversión, contamina nuestra existencia: Nos produce rabia, enojo, resentimiento, furia, irratabilidad....
ALEGRIA que nos conduce a la reproducción de aquello que nos resulta gozoso: Representa nuestra sensación de bienestar que nos produce, tal vez, una aparente sensación de seguridad, diversión, euforia que nos gratifica y pone contentos.
TRISTEZA que cumple la función de reintegraciónpersonal: Nos lleva a estados de pena, soledad, pesimismo.
La inteligencia emocional trata de conectar las emociones con uno mismo; saber qué es lo que siento, poder verme a mi y ver a los demás de forma positiva y objetiva.
Es la capacidad de interactuar con el mundo de forma receptiva y adecuada.
El desarrollo de una INTELIGENCIA EMOCIONAL posee unas características básicas:
Poseer suficiente grado de autoestima
Ser persona positiva
Saber dar y recibir
Tener empatía
Reconocer los propios sentimientos
Ser capaz de expresar los sentimientos positivos y negativos
Ser capaz de controlar los sentimientos
Motivación, ilusión e interés
Tener valores alternativos
Superación de las dificultades y de las frustaciones
Encontrar equilibrio entre exigencia y tolerancia.
Bueno desde este fabuloso universo de las emociones hacia donde nos embarcamos.¿ Dejamos que ellas marquen nuestro momento y tiempo o las guiamos desde la racionalidad existencial del humano?.
¡¡¡Aquí presentamos la cuestión!!!

Suicida tus dudas



Suicida tus dudas y no te salves,
que el amor que mata es el que vive,
es del que renacemos como AVE FÉNIX.
Luego de un bautizo de fuego,
sólo quienes han amado...
logran ver más allá...
No te salves nunca....
"Nuestro modelo de aprendizaje
esta orientado a ganarnos la vida
no a entender la vida.
No aprendemos a vivir
aprendemos a trabajar"
***

"En los procesos de coaching,
el coachee, no debe tratar de ponerse
más bien de quitarse.
Debe ser como si él esculpiera
su propia estatua"

***

La búsqueda de nuestra esencia del SER
nos debe llevar a una revisión profunda
de nuestras creencias
que nos permita acceder a la conciencia
para renovarla y desarrollarla".

***

"Cuando carecemos de silencio interior,
trivializamos, volatizamos
y banalizamos la vida,
al estar continuamente expuesta
a la merced del viento que más sopla,
del ruido que más aturde".
***
"AMA AL PRÓJIMO COMO A TÍ MISMO"
¿pero cómo te amas?

CONVIVIR CUESTA.......lo suyo



No puedo con tu madre
KAVIER GUIX

Adentrarse en una familia es descubrir la configuración de sus relaciones y lidiar con ellas, sobre todo con la que a partir de ahora podría ser la más complicada: la suegra.
Quisiera anticiparme a decir que el mito de la suegra es más mito que realidad. Por regla general, las relaciones tempestuosas con los suegros dan para mucho chiste y jolgorio popular, excepto de puertas para dentro, donde reina la cordura y la buena fe. Eso sí, allá donde el mito se encarna puede llegarse a vivir un auténtico infierno.

“Sería mejor no crear expectativas, actuar con naturalidad y entender que conocer al otro y llegar a amarlo lleva su tiempo”

Juana, sentada ante mí en la consulta, proclama a los cuatro vientos que no puede más:
–¡No soporto a mi suegra! Si las cosas siguen así, te juro que me separo.
–¿Has intentado hablar con ella?
–Es imposible. Si le dices algo, se pone enferma, se lo toma a la tremenda y tenemos drama para toda la semana. Pasa de perseguidora a víctima en un santiamén.
–¿Y tu marido que hace?
–Nada. Se limita a decirme: “Entiéndelo, cariño, es mi madre”. Cuando ella le pide algo, le faltan piernas. Si se lo pido yo, todo son excusas.
Probablemente algunas personas se sentirán retratadas ante esta situación. Otras quizá la hayan pasado. El caso es que la relación con los suegros en general, y con las suegras en particular, es de las más complejas que existen.
¿Dónde están los límites?
Aquella es bien casada, que no tiene suegra ni cuñada (anónimo)
Es curioso que a los yernos y las nueras se les apode “hijos políticos”. Es una excelente definición que hinca el diente en una doble dirección: son como hijos, aunque políticos, es decir, más legítimos que legales. Toca quererlos, sin haberlos votado. Según como vaya, se les puede llegar a amar, como dicen algunos, más que a los propios hijos. Si las cosas van mal, pueden convertirse en el chivo expiatorio de todas las calamidades, actuales y pasadas, del clan familiar.
Adentrarse en un sistema de parentesco no deja de ser entrometerse en una constelación de relaciones, afectos, hábitos, rituales y comportamientos establecidos. Ante tamaña telaraña, si no se ha huido antes, cabe enraizarse progresivamente, aprender a amar lo que es y desvelar los límites que bordean el sistema y sus relaciones. Hay organizaciones familiares más abiertas, las hay más cerradas e incluso fundamentalistas. Recuerdo a un amigo que el mismo día de su casamiento recibió este mensaje: “Ahora ya eres de los nuestros”.
Todo cambio en una familia acaba afectándola por completo. A no ser que el recién llegado sea como una figura del pesebre, nada será igual a partir de entonces. Aparecen las disidencias, las resistencias y también las complicidades, las lealtades y las alianzas. La relación con la suegra, empero, acaba siendo determinante en la paz o en la guerra familiar.
Agradar o competir
“Acuérdate, nuera, de que también serás suegra”. “Acuérdate, suegra, que fuiste nuera” (anónimo)
Todo necesita su tiempo. Las relaciones, aún más. Ocurre, sin embargo, que en esta relación pueden aparecer dos mecanismos de interacción: pretender gustar o pretender competir. Tanto lo uno como lo otro es reactivo, fuente de inseguridad y de miedos, y caldo para los conflictos. El exceso de agrado destapa sospechas. La competición radicaliza posturas y pierde de vista los intereses mutuos.
Sería mejor no crear tantas expectativas. Actuar con naturalidad y entender que conocer al otro y llegarlo a amar, o al menos a vivir afectuosamente, lleva su tiempo y ocurre si hay interés por las dos partes. La competición puede nacer ante la idea de “¿quién lo va a querer mejor que yo?”. Suegros, yernos y nueras se muestran convencidos de poseer un conocimiento inequívoco de aquel o aquella a la que aman, siendo por ello insustituibles. Cada uno tiene su razón, solo que a menudo olvidan un detalle.
Los contextos son muy condicionantes en nuestras vidas, lo son mucho más de lo que pensamos. No somos los mismos en todos los contextos, ni en todas las relaciones. Nadie como la madre conoce al hijo en casa. En cambio, lo desconoce fuera de ella. Nadie conoce al marido o a la esposa tanto como aquel o aquella con quien convive. En cambio, lo desconoce en casa de sus padres. Por eso hay quien no entiende el comportamiento tan diferente de su pareja cuando está en casa o cuando está en la de los padres.
El tercero en discordia. Llegados al extremo de la discordia, suele ocurrir que dos almas enfrentadas reclaman que aparezca el sujeto por quien sufren y resuelva con puño firme la complicada situación. Zarandean al marido-hijo para que se decante por una o por la otra. Sin embargo, el afectado quiere quedar bien con todo el mundo. No quiere saber demasiado del asunto y procura navegar entre dos aguas remando según sopla el viento. Sin duda, no es fácil estar en medio, pero la decisión de mostrarse pasivo o reducirlo todo a un problema personal (“el problema lo tienes tú”) contribuye a su mantenimiento. Lo perpetúa.
En eso, hombres y mujeres tenemos funcionamientos desiguales. La visión femenina de la existencia es holística, incluyente, preserva por encima de todo al sistema y sus relaciones. Por eso la visión masculina, que suele centrarse más en lo concreto, reduce el conflicto a un tema de caracteres incompatibles. En cambio, el tema es más profundo. Atañe al sentido del vínculo, que va más allá de la pareja. El árbol familiar no puede crecer con fortaleza si tiene raíces contaminadas o cortadas de cuajo.
Si uno se queda en medio, atorado, inerte, consigue todo lo contrario de lo que pretende en este caso: que las cosas se arreglen solas. No hacer nada solo va a servir para obstaculizar la fluidez. Aparecen entonces los chantajes emocionales, las comidas de coco y las decisiones radicales. Vale la pena recordar que, en todo sistema, un problema de relación lo tiene y lo sufre el sistema entero y no solo sus partes. Por eso hay que resolverlo, de un modo u otro, para que no se convierta en una manzana podrida que destruya el cesto entero.
El amor en orden. Suegros, yernos y nueras forman parte también de la constelación familiar, y para que todo fluya, cada uno debe estar en su sitio. Bert Hellinger apuesta por los órdenes del amor, es decir, por dar importancia al respeto al lugar que cada uno ocupa dentro de la constelación. La nuera no debe destronar a la madre, por ejemplo, ni la madre debe entrometerse entre su hijo y su esposa. En el orden del amor existen jerarquías que hay que considerar, si se quiere mantener intacto el sentido de pertenencia y una sana compensación entre el dar y en el recibir.
Lo contrario, el desorden afectivo, puede acarrear la aparición de nuestras peores sombras. A menudo, esos personajes arquetípicos, como las suegras, despiertan algo más que una relación complicada. Hacen aflorar de nuestro inconsciente temores atesorados: capítulos de abandono, amenazas, malos tratos, rechazos cruentos. Hay que recordar que lo que nos molesta de los demás es una proyección de todo lo que todavía no hemos resuelto de nosotros mismos. Las suegras se convierten, así, en maestras para nuestro propio aprendizaje.

La EMANCIPACIÓN nos contesta




Ved:
Atrapados en un torbellino de
odio y agresividad,
vivimos nuestra vida en
conflicto y angustia.
Nos dejamos llevar por la competición,
la avidez, el deseo de posesión
y la ambición.
Nos cargamos sin tregua
de ocupaciones y de actividades
superfluas.... obviando sin pudor
las integridades de nuestro proyecto.
Pensamos que ser adultos es sólo
dejar de ser jóvenes y que con ello
ya estamos en el final del camino.
Desgraciadamente, así, con este
modelo mental.
abandonamos el mundo,
en el mejor de los casos,
con la única satisfacción
del estómago lleno.
¡Busca-te!

¿PARA QUÉ DESCUIDAS LO INMATERIAL?



Escúchame, EMANCIPACIÓN

Demasiadas veces confiamos
en nuestro sueldo y/o Plan de Pensiones.
Es bien sabido que, generación tras generación,
los bienes temporales son causas
de desgracia.
Dame, Emancipación, capacidad para
relativizar lo material
cuando peligre el amor.
Así, en éstos tiempos, donde nuestra
fragilidad es protagonista, permítenos
Emancipación, que nos sensibilicemos
con aquellas personas que ya notan
el sufrimiento.
EMANCIPACIÓN, se generosa con nuestro
tiempo y con su comunidad de frágiles
humanos deslumbrados
por la materialidad.

Dame tú mano, aunque sea la derecha.



Dame tú mano aunque sea la derecha.
Junto a ella
no tendré miedo en liberarme.
Con ella no me perderé
Así con ella,
emancipación,
podré perdonar.
Dame tu mano,
emancipación,
aunque sea la derecha.

SOLSTICIO DE VERANO..... Luz para tu alma



Amistades de verano
FERRAN RAMON-CORTÉS

Es verano, cambiamos de aires, de paisaje… y de amigos. Recuperamos o iniciamos relaciones que se limitan a los días de vacaciones. Son relaciones a veces efímeras, pero muy valiosas. Pero ¿sabemos mantenerlas vivas?
Desde hace 37 años paso el verano en el mismo pueblo, y cada año, desde que llego hasta que me marcho, tengo la ocasión de recuperar amistades que el invierno ha adormecido. He crecido junto a alguno de ellos. A algunos los he conocido hace pocos años. Mis amigos veraniegos incluyen un pescador, que además de gran amigo es mi vecino, y aunque pasamos relativamente poco tiempo juntos (es precisamente en verano la época en la que más trabajo tiene), nos sabemos cerca.
“En vacaciones establecemos conexiones que van más allá de la superficialidad con la que nos relacionamos a menudo socialmente”
Incluyen también aquellos a quienes, como a mí, sus padres llevaron con 10 años a veranear al pueblo, y que ahora nosotros llevamos a nuestros hijos. Somos todos de la misma ciudad, pero solo nos vemos en verano. El resto del año no tenemos casi contacto.
Y sí, tengo que reconocerlo, he tenido también algunas amistades interesadas. Al menos en algunos momentos.
Siempre dejo el pueblo con la determinación de mantener el contacto con algunas de estas amistades, cosa que no hago en absoluto, y lo dejo también con el temor de que alguna la pierda al año siguiente, cosa que afortunadamente y hasta la fecha no ha ocurrido nunca.
Se cuentan entre mis amigos de verano algunas de las amistades más sólidas y valiosas que tengo. Y siempre me he preguntado por qué es así, si no son precisamente a las que más tiempo dedico.
espacio para la relación
“No busques al amigo para matar las horas, sino búscale con horas para vivir” (Khalil Gibran)
Las vacaciones cambian nuestro ritmo vital, y propician disponer de tiempo y oportunidades para relacionarnos con los otros. Lo hacemos, además, en un ambiente relajado, desinhibido, que invita a compartir algo más que una intrascendente charla. Quizá por eso nos encontramos a menudo compartiendo experiencias, vivencias y sentimientos que muchas veces no hemos encontrado el espacio (o el tiempo) para hacerlo durante el resto del año. Y quizá por eso también establecemos con los demás conexiones muy profundas, que van más allá de la superficialidad con la que nos relacionamos a menudo socialmente y que alimentan verdaderas amistades.
Es sabido que compartir sufrimientos une, pero no es lo único. Disfrutar experiencias agradables también une. Eso sí, siempre que no nos dejemos arrastrar por una incesante y desbordada actividad y que sepamos apreciar y disfrutar de la compañía de los otros. Las tertulias, las largas sobremesas, las conversaciones llenas de complicidad, todos los pequeños momentos de relación que tan difíciles nos resultan durante el año, pueden darse de forma espontánea y natural en verano, propiciando el entorno ideal para forjar íntimas relaciones.
En vacaciones nos quitamos muchas máscaras. Somos, la mayoría de las veces, más nosotros que durante el año. Y esto también propicia que nuestros encuentros con los demás sean de gran valor. Atrás quedan los roles profesionales, la necesidad de quedar bien con todos, los compromisos, incluso muchas inseguridades y algún que otro complejo. Somos nosotros más que nunca, y puede ser que por eso existan los amigos de vacaciones, y al mismo tiempo el desinterés en verlos durante el año, pues en invierno no somos los mismos.
Las amistades de verano son de corta duración, pero pueden ser de intensa y muy profunda relación. Esto explicaría que algunos de estos fugaces amigos estén en nuestra lista de amistades más preciadas y nos llenen tanto, a pesar del esporádico contacto. Porque son, de alguna manera, nuestros espejos más nítidos, los que nos reflejan la mejor y más auténtica imagen de nosotros mismos.
cuidar la amistad
“Ve a menudo a la casa de tu amigo, pues la maleza prolifera en un sendero no recorrido”
(Ralph W. Emerson)
Las amistades de verano no se rompen por el hecho de no vernos durante el resto del año, simplemente hibernan. El invierno es un paréntesis en la relación, pero no implica en absoluto que se pierda. Pero que este tipo de amistades no se resientan de la larga pausa invernal no significa que funcionen solas. Cada verano, cuando las recuperamos, tenemos que alimentarlas y mimarlas si queremos que perduren. Les tenemos que dedicar atención y tiempo. Tanto o más que a nuestras amistades de siempre.
Las amistades de verano se alimentan de los pequeños rituales, de las costumbres, de cosas como cenas que se repiten de año en año en fechas señaladas o de salidas conjuntas. Siempre hay en toda amistad alguien que toma la iniciativa, que persigue al otro, que contribuye decisivamente a mantener la relación viva. Y las amistades de verano –aunque se limiten en el tiempo– no son una excepción. De hecho, cuanto más las cuidemos durante el tiempo en el que permanecemos juntos, mejor resistirán la desconexión del invierno.
Amigos lugareños
“La amistad comienza donde termina el interés”
(Marco Tulio Cicerón)
Para aquellos que cambiamos de entorno, las vacaciones nos ofrecen también la oportunidad de crear amistades con las gentes del lugar. Es una oportunidad única de comprender de verdad el lugar que visitamos y de estar en contacto con la autenticidad de otras formas de vivir y entender la vida. Pero para ello es preciso respetar el fundamento básico de toda amistad, que no es otro que relacionarnos con los demás movidos por el aprecio y por el deseo de conocer, más que por el deseo de que nos conozcan.
Es una realidad que a menudo colonizamos pueblos enteros, sin respeto alguno por sus gentes o por la vida de sus gentes. En muchas poblaciones, los veraneantes somos una aplastante mayoría en vacaciones y pasamos por encima de los lugareños, que se sienten invadidos por una masa de turistas, que en algunos casos les dan para vivir, pero alteran brutalmente sus vidas y sus costumbres.
Cuando actuamos así perdemos grandes oportunidades. Porque entre los lugareños se esconden grandes e interesantísimas posibles amistades. A menudo nos despedimos de nuestros amigos de verano haciendo grandes planes para seguirnos viendo, aunque estamos convencidos íntimamente de que lo que ocurrirá es que no nos veremos de nuevo hasta las próximas vacaciones.
Y quizá sea lo mejor. Quizá sea precisamente esta la clave de poder mantener la fuerza de estas amistades. Porque se forjan en un ambiente de autenticidad y profundidad de relación difícilmente reproducible en nuestro día a día. Quizá hibernarlas sea, en efecto, la mejor manera de mantenerlas intactas y de que no pierdan sustancia.
Reiniciar el ciclo
“Guarda a tu amigo bajo la llave de tu propia vida”(William Shakespeare)
Pienso que no necesariamente deberíamos esforzarnos por mantenerlas vivas en invierno. Porque es otro entorno y son otras circunstancias. Y del mismo modo que la piña colada no sabe igual en una terraza de la ciudad que en la playa, las amistades de verano no saben igual en invierno. Pero pienso también que sí podemos aprender individualmente de la experiencia vivida con estas amistades, y hacer que esta autenticidad conseguida en verano, esta comunicación desprovista de máscaras, sobreviva, aunque sea un poco, en el día a día del resto del año.