TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!



¿SÓLO TE VAS A FIAR DE LOS APEGOS?




La sombra no existe:
lo que tú llamas
sombra
es la luz que no ves.
Nuestras reflexiones no podrán
suponer que los cambios que estamos sufriendo
y el tipo de sociedad a la que hemos ido a parar
sea la consecuencia de una decadencia.
Quien parte de ese supuesto
lo hace desde un juicio previo que es un prejuicio.
Quien parte de un prejuicio
no tiene ninguna posibilidad de comprender.
Quien no acepta, no comprende.
Partimos de la hipótesis de que la cultura
de un grupo equivale a un programa
que incluye un sistema de comprensión
y valoración de la realidad,
un sistema de actuación
en el medio
y un sistema de relación social.
Por conseguiente,
ha de haber una estrecha relación
entre el modo de vida de los grupos
y su sistema cultural.

EL AMOR BENEFICIA MÁS AL QUE AMA QUE AL QUE ES AMADO.




El egoísmo es necesario. Sin embargo, saber diferenciar entre sus distintas formas es clave para disfrutar de las relaciones con los demás.

Tacharnos de egoístas es una de las peores etiquetas que nos puedan poner. En general lo asociamos con ser mezquino, ruin e incluso mala persona. Curiosamente –por no decir imposible- encontrar un ser humano que no lo sea. De hecho, cada vez que señalamos el egoísmo de otro lo hacemos porque se ha comportado de manera que no nos beneficia o directamente nos perjudica. Así, tildamos de egoístas a todos los que `piensan más en sus necesidades que en las nuestras.
La palabra egoísmo procede del latín ego, que significa YO. Lo cierto es que ser egoísta no es bueno ni malo; es necesario. Necesitamos pensar en nosotros mismos para sobrevivir física y emocionalmente. Por  más que nos cueste reconocerlo, todo lo que hacemos es por nosotros mismos.
Al analizar en profundidad las motivaciones que residen detrás de nuestras
decisiones y conductas, siempre encontramos una ganancia, por pequeña que sea, que justifica que las hayamos llevado a cabo. Ahora bien, en función de cuál sea nuestro nivel de consciencia, nuestro grado de comprensión y nuestro estado de ánimo, este egoísmo puede vivirse de tres formas muy diferentes.
El primer tipo se denomina egoísmo egocéntrico, aquel que orienta nuestro comportamiento a saciar únicamente el interés propio. Cegados por nuestros deseos, aspiraciones y expectativas, vamos por la vida sin tener en cuenta la repercusión de nuestras palabras y actos sobre los demás. Paradójicamente, al esperar que el mundo gire alrededor de nuestro
ombligo, nuestra existencia suele estar marcada por la lucha, el conflicto y el sufrimiento.
Tiranizados por este egocentrismo, nos empachamos tanto de nosotros mismos que somos incapaces de empatizar con las personas con las que interactuamos. El ego ocupa tanto espacio que apenas dejamos sitio para los demás. El egoísmo egocéntrico se nutre de nuestra sombra o lado oscuro, esto es, carencias, frustraciones y miedos. Estas son las armas con las que guerreamos contra nosotros mismos y, por ende, contra los demás.
Este egoísmo egocéntrico es la raíz desde la que vamos construyendo una personalidad victimista y reactiva, quejándonos y culpando siempre a algo o a alguien cada vez que las cosas no salen como uno esperaba. Y pone de manifiesto una permanente sensación de vacío e insatisfacción que nos lleva a buscar de forma obsesiva fuentes de evasión y narcotización. Irónicamente, cuando más egocéntrica es nuestra visión del mundo, más tachamos de egoístas a los demás.
Desde el mismo día de nuestro nacimiento, cada uno ha ido perdiendo el contacto con su esencia, también  conocida como ser o yo verdadero. La esencia es el lugar en el que residen la felicidad, la paz interior y el amor, tres cualidades de nuestra auténtica naturaleza, las cuales no tienen ninguna causa externa, tan solo la conexión profunda con lo que verdaderamente somos. En la esencia también se encuentra nuestra vocación, nuestro talento y, en definitiva, el inmenso potencial que todos podemos desplegar al servicio de una vida útil, creativa y con sentido.
Eso sí, para reconectar nuestro bienestar perdido necesitamos cultivar el denominado egoísmo consciente. Es decir, aquel que nos permite resolver los conflictos internos por medio del autoconocimiento. Para llevar un estilo de vida saludable es importante dedicar algo de tiempo cada día para darnos lo que necesitamos y preservar así el equilibrio emocional. ¿Cómo podemos estar bien con otras personas si no sabemos estar a gusto con nosotros mismos?
En este punto es cuando sentimos la necesidad de decir no a los demás. Y es que, a menos que aprendamos a ser felices cada uno por su cuenta, difícilmente podremos ser cómplices de la felicidad de la gente que forma parte de nuestro entorno familiar, social y laboral. Por medio de este egoísmo consciente sanamos nuestra autoestima y fortalecemos la confianza en nosotros mismos.
El egoísmo consciente es el puente que nos permite evolucionar del egoísmo egocéntrico al egoísmo altruista. Este deviene de forma natural cuando reconectamos con nuestra esencia. Entonces uno dispone de todo lo que necesita para sentirse completo, lleno y pleno por sí mismo. Sabemos que estamos en contacta con nuestro yo verdadero cuando, independientemente de cómo sean las circunstancias externas, a nivel interno sentimos que todo está bien y que no nos falta de nada.
También estamos en contacto con nuestra esencia cuando podemos elegir nuestros pensamientos, actitudes y comportamientos, cosechando resultados emocionales satisfactorios de forma voluntaria. Cuando dejamos de perturbarnos, haciendo interpretaciones de la realidad muchos más sabias, neutras y objetivas. Al conseguir ver el aprendizaje de todo cuanto sucede. Cuando experimentamos una profunda alegría y gratitud por estar vivos. Cuando confiamos en nosotros mismos y en la vida.
Por medio de la habilidad para aprender y evolucionar, los seres humanos tenemos la capacidad de poner nuestro interés al servicio del bien común de la sociedad. Es decir,  hacer un bien al mundo y que, como resultado, eso nos haga bien, algo que puede ser tanto emocional como una recompensa económica. Este egoísmo altruista consiste en hacer algo que nos gusta hacer y que además reporta beneficios para otras personas. El altruismo no es un acto moral. No lo hacemos porque tengamos que hacerlo. Y no tiene nada que ver con la caridad. Tampoco lo hacemos para ser buenas personas. Somos altruistas simplemente porque hacer algo es bueno y nos hace sentir bien. Nos genera bienestar. Por todo ello, demonizar el egoísmo nos impide hacer un adecuado uso de él.. Saber diferenciar entre estos tres tipos de egoísmo es clave para disfrutar más plenamente de nuestras relaciones

¿SI TE QUEDAS QUIETA, ESTÁS PARADA?





Tú me has seducido,
EMANCIPACIÓN,
y yo me he dejado seducir.

¿Qué somos LUZ o REFLEJO?
Humildad:
La humildad es una cualidad o característica humana que es atribuida a toda persona que se considere un ser pequeño e insignificante frente a lo trascendente de su existencia o a
Dios según si se habla en términos teológicos. Una persona humilde generalmente ha de ser modesta y vivir sin mayores pretensiones: alguien que no piensa que él o ella es mejor o más importante que otros. El concepto de la humildad en varias confesiones es a menudo mucho más exacto y extenso. La humildad no debe ser confundida con la humillación, que es el acto de hacer experimentar en algún otro o en uno mismo una avergonzante sensación, y que es algo totalmente diferente.Desde la perspectiva de la evolución espiritual, la humildad es una virtud de realismo, pues consiste en ser conscientes de nuestras limitaciones e insuficiencias y en actuar de acuerdo con tal conciencia. Más exactamente, la humildad es la sabiduría de lo que somos. Es decir, es la sabiduría de aceptar nuestro nivel real evolutivo.La humildad en las personas es toda aquella cualidad que revela el completo concepto de lo que es el ser humano, es la verdadera virtud que muestra en un más completo sentido lo que convierte a una persona en humano.
Los grados de la humildad:
1 conocerse, 2 aceptarse, 3 olvido de si, 4 darse.
1 -Conocerse: conocer la verdad de uno mismo.Ya los griegos antiguos ponían como una gran meta el aforismo: "Conócete a ti mismo". La Biblia dice a este respecto que es necesaria la humildad para ser sabios: Donde hay humildad hay sabiduría . Sin humildad no hay conocimiento de sí mismo y, por tanto, falta la sabiduría.
2 -Aceptarse: Una vez se ha conseguido un conocimiento propio más o menos profundo viene el segundo escalón de la humildad: aceptar la propia realidad. Resulta difícil porque la soberbia se rebela cuando la realidad es fea o defectuosa. Aceptarse no es lo mismo que resignarse. Si se acepta con humildad un defecto, error, limitación, se sabe contra qué luchar y se hace posible la victoria. Ya no se camina a ciegas sino que se conoce al enemigo. Pero si no se acepta la realidad, ocurre como en el caso del enfermo que no quiere reconocer su enfermedad: no podrá curarse. Pero si se sabe que hay cura, se puede cooperar con los médicos para mejorar. Hay defectos que podemos superar y hay límites naturales que debemos saber aceptar.Vive según tu conciencia o acabarás pensando como vives. Es decir, si tu vida no es fiel a tu propia conciencia, acabarás cegando tu conciencia con teorías justificadoras.
3 -Olvido de sí. El orgullo y la soberbia llevan a que el pensamiento y la imaginación giren en torno al propio yo. Muy pocos llegan a este nivel. La mayoría de la gente vive pensando en si mismo, "dándole vuelta" a sus problemas. El pensar demasiado en uno mismo es compatible con saberse poca cosa, ya que el problema consiste en que se encuentra un cierto gusto incluso en la lamentación de los propios problemas. Parece imposible pero se puede dar un goce en estar tristes, pero no es por la tristeza misma sino por pensar en sí mismo, en llamar la atención. El olvido de sí no es lo mismo que indiferencia ante los problemas. Se trata más bien de superar el pensar demasiado en uno mismo. En la medida en que se consigue el olvido de sí, se consigue también la paz y alegría. Es lógico que sea así, pues la mayoría de las preocupaciones provienen de conceder demasiada importancia a los problemas, tanto cuando son reales como cuando son imaginarios. El que consigue el olvido de sí está en el polo opuesto del egoísta, que continuamente esta pendiente de lo que le gusta o le disgusta. Se puede decir que ha conseguido un grado aceptable de humildad. El olvido de sí conduce a un santo abandono que consiste en una despreocupación responsable. Las cosas que ocurren -tristes o alegres- ya no preocupan, solo ocupan.
4 -Darse. Este es el grado más alto de la humildad, porque más que superar cosas malas se trata de vivir la caridad, es decir, vivir de amor. Si se han ido subiendo los escalones anteriores, ha mejorado el conocimiento propio, la aceptación de la realidad y la superación del yo como eje de todos los pensamientos e imaginaciones. Si se mata el egoísmo se puede vivir el amor, porque o el amor mata al egoísmo o el egoísmo mata al amor.Una persona humilde al librarse de las alucinaciones de la soberbia ya es capaz de querer a los demás por sí mismos, y no sólo por el provecho que pueda extraer del trato con ellos.Cuando la humildad llega al nivel de darse se experimenta más alegría que cuando se busca el placer egoístamente. La persona generosa experimenta una felicidad interior desconocida para el egoísta y el orgulloso. 

¿AYUDAN LAS CREENCIAS?





¿PROBLEMA O INCONVENIENTE?

El intelecto en su sentido más
comúny tradicional
se considera
como la facultad de pensar,
el cómo y el dónde
se produce el pensamiento
como capacidad de
leer el interior de la
realidad de las cosas,
y por tanto,
de comprenderlos
mediante conceptos
adecuados a la
realidad de ellas.

Padre nuestro, que estás en el cielo,
Pater noster, qui es in caelis,santificado sea tu Nombre;
sanctificetur nomen tuum.venga a nosotros tu reino;
Adveniat regnum tuum.(Vulgata: Veniat regnum tuum

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Fiat voluntas tua, sicut in caelo, et in terra.Danos hoy nuestro pan de cada día;
Panem nostrum quotidianum da nobis hodie,(Vulgata: Panem nostrum supersubstantialem da nobis hodie

perdona nuestras ofensas
et dimitte nobis debita nostra
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.(Vulgata: sicut et nos dimisimus debitoribus nostris)

no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo.Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre Señor. Amen
Quia tuum est regnum, et potéstas, et glória in sæcula (sæculorum). Amen
Entonces ¿cómo se han construidos tus creencias?
¿Entiendes como algo necesario analizar su procedencia?
pero especialmente
¿hacía donde te conduce conservarlas?

PONERSE EN LOS ZAPATOS DEL "OTRO" NOS AYUDARÁ




“La empatía representa la habilidad sensitiva de una persona para ver el mundo a través de la perspectiva del otro”

(Sebastià Serrano)

Muchas veces he visto definida la empatía como “la capacidad de sentir lo que el otro siente”. Esta no es ciertamente la empatía que buscamos cuando nos enfrentamos a los problemas de los demás, porque el contagio del sentimiento –un hecho científicamente demostrado y que ocurre espontáneamente si no ponemos ciertas barreras– nos incapacitará para la ayuda. Sugiero una definición alternativa, que consiste en considerar la empatía como la capacidad de captar lo que el otro siente, y añado una coletilla fundamental: y de comunicarle que lo capto. Esta es la forma que tenemos de no resultar fríos y asépticos, y sin embargo no cargar con el peso emocional de los problemas ajenos.
Para desarrollar esta empatía son fundamentales dos cosas: en primer lugar, ser capaces de captar el estado emocional de los otros. Lo lograremos escuchando lo que nos dicen, pero sobre todo prestando atención a cómo nos lo cuentan. Para captar los sentimientos, el tono de la voz y las expresiones en lenguaje no verbal (la mirada, los gestos, la posición del cuerpo…) son más importantes que todo lo que la persona a la que escuchamos nos pueda decir. Debemos escuchar con los ojos.
Y en segundo lugar, hemos de ser capaces de comunicar al otro que captamos su sentimiento. Será la forma en que notará nuestra proximidad y se sentirá comprendido. Será también la forma en que saldremos de la frialdad que podría suponer no implicarnos en su problema.
Separando el pensar y el sentir. Tenemos muchas formas de hacerlo, algunas más explícitas que otras, pero lo fundamental será el modo en que interactuemos. La mejor forma de demostrarle que captamos su estado emocional será comunicarnos con él utilizando las palabras, el tono y los gestos adecuados a la situación que nos esté describiendo y a las emociones que esté sintiendo.
La empatía es enemiga de los juicios. No se basa en la razón, sino en la emoción. La vía de la empatía no contempla jamás la crítica, y precisa de la completa aceptación del otro en el momento psicológico en que se encuentre, sin prejuicio alguno, y dejando de lado nuestra opinión.
Hay quien construye verdaderas tesis escuchando a los demás. Quien busca constantemente las contradicciones y disfruta “pillando en falso” al otro. Y quien aprovecha la ocasión para aleccionar a los demás haciendo gala de principios éticos y comportamientos ejemplares. Todo ello está muy lejos de la escucha empática.
A través de la empatía no emitimos ninguna opinión. Nos limitamos a expresar al otro que captamos su sentimiento en toda su intensidad.
Cazadores al acecho. Hay gente que va por la vida con un gran gancho, mirando cómo engancharnos a la mínima. Quieren que nos impliquemos en sus problemas, en sus emociones, quieren que sintamos lo que sienten, que lo vivamos con ellos. Que les demos la razón y la aprobación de sus conductas. Si caemos en ello, estaremos siempre enganchados. Acudirán a nosotros sin tregua, generándose relaciones de dependencia. Seremos víctimas de una relación tóxica, que a nosotros nos resultará agotadora y a los demás los perpetuará en su falta de crecimiento.
Si les queremos ayudar de verdad, debemos abstenernos de caer en sus garras. Debemos evitar la implicación emocional y guardarnos muy mucho de darles sistemáticamente la razón. Lo que más les ayudará –aunque ellos busquen desesperadamente nuestra implicación– es que estemos emocionalmente a su lado, escuchándolos y comprendiéndolos, pero sin manifestar nuestra opinión.
Cuando nosotros necesitamos ayuda. Muchas veces seremos nosotros los que buscaremos a alguien a quien contar nuestros problemas. Cuando lo hagamos, no busquemos a quien resuelva o a quien sufra con nosotros el conflicto. Busquemos a quien nos pueda hacer de espejo, reflejándonos fielmente lo que sentimos. Quien nos deje expresarnos sin restricciones, ayudándonos así a que encontremos nosotros mismos las soluciones. Si no, los conflictos no nos ayudarán a crecer.

¿PROBLEMA O INCONVENIENTE?




¿Distancia o implicación emocional?
FERRÁN RAMON


Cuando nos cuentan un problema, a menudo nos debatimos entre mantenernos a cierta distancia o implicarnos emocionalmente. Lo apropiado es el término medio: la empatía.
Hace unos años, mi padre tuvo una grave enfermedad de corazón. La operación fue bien, pero una complicación pulmonar lo mantuvo durante más de un mes sedado en la UCI debatiéndose entre la vida y la muerte. Durante aquel largo mes, fuimos a visitarlo y a recibir el parte médico a diario.

“Si nos contagiamos del estado de ánimo de los otros, dejamos de ver objetivamente las cosas y perdemos la capacidad de ayudarles”
“Es fundamental captar el estado emocional de los demás atendiendo a lo que nos dicen y especialmente a cómo nos lo cuentan”

Acudíamos al hospital con el corazón encogido y nos desesperábamos ante la frialdad del médico que, con explicaciones llenas de tecnicismos unas veces, o con la ausencia total de explicaciones otras, no nos daba ningún mensaje que nos reconfortara.
Lo comenté con una amiga que trabaja en un gran hospital, y me dio una explicación que tenía todo el sentido. “Se trata de una UCI posquirúrgica”, me dijo. “La mitad de los pacientes fallecen. Imagínate si los médicos se implicaran emocionalmente en cada caso. No podrían hacer su trabajo…”.
Tenía razón y lo acepté. Pero reconozco que aquella explicación no me solucionó nada. Yo seguía sintiéndome fatal ante la aséptica comunicación de un médico al que sabía un excelente profesional, pero muy lejano de nosotros.
Compartía a menudo mi desesperación con mis amigos, hasta que uno de ellos me dio la clave: “Es cierto que el médico no se puede implicar”, me confirmó. “Pero entre la implicación emocional y la distancia hay un camino intermedio: la empatía. Consiste en que él capte tu angustia y sea capaz de comunicarte que la percibe sin hacerla suya”.
“¿Cómo?”, pregunté. “Modulando su comunicación acorde con tu angustia”.
No tuve nunca el valor de pedírselo al médico. La suerte es que el cirujano jefe, al que podíamos ver semanalmente, sí lo entendía así, y sí se comunicó con nosotros haciéndose eco de nuestra angustia.
Cuando nos cuentan un problema, especialmente si lo hace un familiar o alguien muy cercano, es habitual que nos impliquemos emocionalmente. De hecho es lo que muchas veces se espera de nosotros. Sin embargo, implicarse emocionalmente en los conflictos de los demás no es bueno. En primer lugar, porque nos contagiamos de su estado de ánimo, con lo que, presos de las emociones, dejamos de ver objetivamente las cosas y perdemos la capacidad de ayudarles. Y en segundo lugar, porque si lo hacemos por sistema, acabaremos sufriendo un desgaste emocional que tendrá sus consecuencias en nuestra salud y en nuestro ánimo.
La implicación emocional en los problemas de los demás no es una buena manera de ayudarles. Sin embargo, mantener la distancia tampoco es la solución. Distanciarse de un conflicto que nos cuenta alguien nos convierte en personas frías, desinteresadas por los demás. Aunque sin duda es una actitud que nos protege emocionalmente, no ayuda en absoluto en la relación personal.
Hay una tercera vía: la empatía. Es una respuesta que conecta emocionalmente con el otro, sin que haya por nuestra parte un desgaste emocional, y sin que altere nuestra percepción o peligre nuestra objetividad.

¿SOMOS NIÑOS CAMINO DE LA EMANCIPACIÓN?




Los Tres Tipos de Hombre

By Reimar Schultze

""Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de LA EMANCIPACIÓN, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (I Cor. 2:14).
"En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie" (I Cor. 2:15).
"De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en la camino de la emancipación" (I Cor. 3:1).
En este pasaje Pable divide al hombre en tres categorías. Estas categorías definen la forma en que todo hombre será juzgado. No importa la organización religiosa, o Bautista o Adventista nuestro destino eterno depende de la categoría en la cual nos encontramos.
Examinemos en más detalle las tres categorías: el hombre natural, el hombre carnal, y el hombre espiritual.
El Hombre Natural
"Pero el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu , porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente."
El hombre natural vive de acuerdo con lo natural. Su intelecto y sus emociones lo gobiernan. Nunca ha nacido de nuevo – es inconverso. El hombre natural no está despierto a las cosas espirituales. No puede entender lo espiritual porque no es racional. La palabra de LA EMANCIPACIÓN, sus promesas, su gracia y la fe son cosas incomprensibles para el hombre natural. El mundo del hombre natural es limitado por su entendimiento finito y sus sentimientos. El hombre natural no puede entrar en el reino de LA EMANCIPACIÓN porque En Él no hay lugar para lo racional. Jesús dijo, "De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios" (Juan 3:3).
El Hombre Carnal
"De manera que yo, hermanos, no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en EVOLUCIÓN."
Por todo el Nuevo Testamento hay ejemplos de la diferencia entre el hombre carnal y el hombre espiritual. Estos dos tipos de hombres son extremamente diferente pero tiene una cosa en común. Los dos son nacidos del Espíritu. La frase "cristiano carnal" fue usada por primera vez en I Corintios 3:1 cuando Pablo habla a los cristianos en Corinto. Pablo les dijo, "...no pude hablaros como a espirituales, sino como a carnales, como a niños en Cristo."
Lo primero que aprendemos de este pasaje es que el cristiano carnal es como niño. El cristiano carnal es uno que ha nacido de Dios pero vive fuera del reino de Dios. No crece espiritualmente, no madura y no se puede cuidar. El problema es que el cristiano carnal debe de haber ya pasado por esta etapa de su vida espiritual. Es como un niño de la edad de diez años que todavía no puede escribir ni leer. Debemos preocuparnos por los niños cristianos que todavía son carnales.
Cuando nacemos, todos somos carnales y cuando nacemos de nuevo esta carnalidad persiste. El problema con los cristianos corintios fue que despues do varios años todavía eran carnales. Pablo expresó esto cuando dijo "Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicerías, enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías, y cosas semejantes a estas; acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino de Dios" (Gálatas 5:19-21).
De manera que la carnalidad del hombre no es removida por medio de la conversión, debe ser removida por medio de la obra de santificación. Por esto Pablo dice, "pues la voluntad de Dios es vuestra santificación" (I Tesa 4:3). A pesar de todas las frutas del espíritu que poseían, los cristianos corintios no habían sido santificados. La causa de todos lo problemas en la iglesia corintia fue la carnalidad.
Libertad de la carnalidad viene solo por medio de la cruz. La experiencia de la conversión ocurre en un instante, pero la santificación es un proceso continuo. Debemos procurar ser obedientes y negarnos a nosotros mismos diariamente para ser seguidores verdaderos de Jesús.
El Hombre Espiritual
"En cambio el espiritual juzga todas las cosas; pero él no es juzgado de nadie."
El hombre espiritual crucifica continuamente los deseos de la carne. La carnalidad nunca perseguirá a Jesús, pero cuando negamos a nuestros deseos carnales llegamos a la mente de Cristo.
Las características dominantes del hombre espiritual son 1) el entendimiento de los deseos de Cristo, 2) las frutas del Espíritu y 3) la dirección del Espíritu.
Los Deseos de Cristo. El cristiano carnal pone su enfoque en la experiencia de su conversión, pero el cristiano espiritual es consumido por Cristo mismo. El hombre espiritual ha sido transformado y piensa como Cristo piensa. Actúa y reacciona de una forma agradable al Señor. Todo lo que hace es precedido por sus deseo de agradar a Cristo.
Los Frutos del Espíritu. "Mas el fruto del espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, y templanza" (Gal 5:22). Es importante distinguir entre los frutos del Espíritu y las obras del Espíritu. Las obras del Espíritu son para la edificación de la iglesia, pero los frutos del Espíritu son el resultado de la morada del Espíritu dentro de nosotros.
La Dirección del Espíritu. "Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, estos son hijos de Dios" (Rom 8:14). El hombre espiritual es dirigido por el Espíritu. El aprender a seguir al Espíritu es un proceso también. Mientras aprendemos a seguir a Jesús, aprendemos también a sentir la dirección del Espíritu. Jesús dijo, "Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen" (Juan 10:27). Para seguir necesitamos escuchar y no podemos escuchar si no hemos crucificado a nuestra vida carnal.
¿Qué tipo de hombre eres tu? ¿El carnal? ¿El natural o el espiritual? ¿En cual categoría te presentarás ante el trono de la Emancipación?