TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!



¿ANALIZAMOS TÚ DESEO?





“EL DESEO IMPLICA APERTURA A LA ALTERIDAD: trascender tu yo, tu pequeño mundo, para abrirte al otro”

Los deseos son uno de nuestros motores, La pregunta clave es: ¿Cuál es el deseo por el que vale la pena luchar y satisfacer?
El deseo esencial está conectado con tres ejes. El primero es el deseo de conocer y ampliar nuestros horizontes. Desde pequeños nos mueve la curiosidad por saber y comprender el mundo que nos rodea. El segundo eje es el impulso de hacernos completos. “Tu conciencia proviene de la unidad”. Por eso deseamos la unión, sentirnos el uno con el otro. Es un deseo que nos conduce fuera de nosotros. Amamos y buscamos ser correspondidos. Nos damos al otro desde nuestros dones, sintiendo así alegría. El tercero es  el impulso a actuar para expresar la creatividad. Así nos damos al mundo desde nuestro talento y nuestros dones. Una acción con la que aportamos y construimos un mundo mejor nos llena de sentido.
Cuando nos desviamos de estos tres ejes esenciales nos invade la sensación de carencia. Tenemos carencias afectivas, estamos faltos de conocimiento o nuestras acciones están vacías de sentido. El resultado es que sentimos un estado de necesidad.
La necesidad crea un vacío que nos impulsa a relacionarnos para cubrirlo con amor y con poder. Nos atrae el amor. Nos atrae el poder. Sin darnos cuenta, caemos en la trampa de un amor que no es amor, sino deseo, y de un poder que no es poder, sino codicia.
Cuando el deseo invade el alma y esta no lo puede contener, este se convierte en algo destructivo y devastador como el cáncer que devora todo lo que encuentra a su paso. Se convierte en una dependencia que pasa a ser adicción. Adicción al sexo, a la bebida, a los malos tratos, a la sumisión, a someter, al dinero, ….Entonces el deseo nos esclaviza.
Perdemos soberanía interior. Somos marionetas del deseo. No es de extrañar que vivamos insatisfechos y frustrados. Para huir de estas sensaciones, nos distraemos. Y así seguimos en la rueda del deseo insaciable.
¡¡¡DEJA DE SER UNA MARIONETA DEL DESEO!!!
El primer paso para lograr dominio sobre uno mismo es, precisamente, desearlo. El poder mental es capaz de canalizar los pensamientos de manera positiva. Solo cuando uno se da cuenta de lo que subyace a sus deseos puede transformarlos. ¿Qué encubre el deseo que nos vence? ¿Qué es lo que realmente desea? Buscamos amor, paz, respeto, atención, o bien queremos huir de una situación que nos sobrepasa. Aunque la mente suele pedir cosas visibles y materiales, sus necesidades son más profundas y ninguna cosa superficial y efímera puede satisfacerla.
La meditación nos conduce hacia lo auténtico y eterno. También ayudan las afirmaciones y la visualización. Visualizar consiste en crear imágenes positivas en su mente y, de esta forma, reforzar el pensamiento y fortalecer su voluntad para alcanzar aquello que afirma.
Las afirmaciones son pensamientos determinados. Son promesas que nos hacemos a nosotros mismos. Sirven para romper los hábitos negativos o pensamientos débiles. “Hoy haré que el pasado sea pasado y miraré al futuro con una nueva visión” El pasado tiene buenas y malas experiencias. Sin embargo, tendemos a evocar lo negativo. El efecto de esto es que nuestra actitud hacia el futuro se contamina. Un método efectivo para soltar el pasado es ver el beneficio que hubo. Cuando se reconoce un beneficio en lo que sucedió, es más fácil terminar con el resentimiento o la aflicción.

EL HUMANO ACTUAL NO VIVE. LO VIVEN




Llenamos la vida con distracciones, pero seguimos insatisfechos. El deseo nos esclaviza. Si es nuestro motor, ¿cómo nos ponemos al volante?

El deseo tiene una dinámica en la que siempre hay un punto de insatisfacción. El ser humano ha permitido que lo desvíen de lo auténtico y que la multiplicidad lo seduzca y se apropie de él. Placeres y posibilidades ilimitados corren en su dirección como un enorme torrente y se enseñorean de él. Si convertimos la vida en una continua expectativa, en una continua demanda, nuestra agonía crece incesante e incansable.
Hay personas que compran por aburrimiento, por incomodidad consigo misma, por obsesión con el cuerpo y para impresionar y agradar a otro. Gasta sin responsabilidad. ViVe en la superficialidad del traje, no en la esencia del ser.
Del mismo modo, empleamos el tiempo para distraernos y no para construir creativamente. Si sintiéramos la cercanía de la muerta y estos fueran nuestros últimos días, nos dedicaríamos a algo más esencial y significativo.
Una mujer me manifestó su preocupación porque sus hijos siempre piden comprar los nuevos tipos de galletas. La publicidad les convence de que se trata de algo nuevo, pero son los mismos productos de siempre. Lo que cambia es el envoltorio. Sus hijos adquieren estos productos que luego se quedan en la nevera y la mujer se pregunta qué hacer.
¿Qué sociedad hemos construido para que, teniendo tanto –probablemente más que nunca- , continuemos tan insatisfechos? ¿Qué es lo que hace que nuestra insatisfacción siga aumentando? Es una grandísima pregunta.
Vivimos en la cultura del tener, en la que corremos tras los logros, el poder, las posesiones, las personas, los objetos y las modas. Llega un momento en el que no sabemos HACÍA DÓNDE CORREMOS NI CUÁL ES EL SENTIDO, YA QUE SEGUIMOS EN UNA INSATISFACCIÓN PERMANENTE.
Nuestros espacios son cada vez más pequeños y abarrotados de cosas. Espacios pequeños no solo a nivel físico, sino también a nivel interno: no nos queda espacio para pensar ni sentir desde el ser. Mientras la mente está abarrotada de pensamientos y de deseos, no hay espacio para la inspiración ni para la creatividad. Nos falta espacio interior que permita un fluir de energía creativa. Solo cuando creamos y vivimos de dentro a fuera llenamos nuestra vida de sentido.
El problema surge cuando los deseos pasajeros nos distraen de nuestro propósito esencial. Luego sentimos culpa por el tiempo perdido y el dinero mal gastado .Y de este modo se perpetúa nuestro malestar. “desesperado, el hombre vive su vida a la carrera, como un hámster subido a su rueda. Es tal la velocidad a la que lo hace que apenas si tiene tiempo para cobrar aliento. El hombre no vive. Lo viven. Y todo porque ignora que su verdadero sitio está en el centro. Aquí, en el centro, hay paz y tranquilidad”

¿SOLEDAD?





Hay gente que para no arriesgarse al fracaso, al rechazo, a la soledad, intenta acoplarse al grupo, agradar y quedar siempre bien. No es así como nos sentiremos fuertes y tranquilos.
“La máxima victoria es la que se gana sobre uno mismo” (Buda)
“Mantenemos relaciones dependientes y a la vez buscamos espacios de libertad. Así, las parejas se convierten en otro objeto de consumo”
En todos los ámbitos de la vida tenemos la libertad de utilizar nuestro inmenso poder creativo. La capacidad de escoger qué pensamos y qué sentimos en cada momento y cómo respondemos en cada situación es nuestra fuerza y nuestra libertad. Sin embargo, las creencias nos limitan, el pasado nos condiciona y los miedos nos impiden vivir nuestros sueños más profundos.
A lo largo de la historia, la libertad ha sido uno de los valores que el ser humano más se ha afanado en reivindicar. Hemos provocado revoluciones y rebeliones contra la opresión. A pesar de las conquistas, la experiencia de miedo, dolor y soledad ha aumentado. No hemos sabido utilizar la libertad para fortalecernos emocional, mental y espiritualmente. Tenemos hábitos que nos privan de libertad y eludimos afrontar nuestras sombras. Para algunos, la soledad es la huida; para otros, la distracción es estar siempre con alguien.
A veces nos sentimos atrapados en unas relaciones que nos asfixian. Queremos huir y quedarnos al mismo tiempo. Nos sentimos incomprendidos y nos invaden las preocupaciones. Otras veces nos parece que debemos someternos a los deseos de los demás para complacerles. Todo ello nos oprime.
Al sentirnos amenazados por la presencia del otro, llegamos a renunciar a nuestra integridad individual bajo la influencia de los demás y de la sociedad. Buscamos seguridad y dejamos de ser nosotros mismos, adoptando una personalidad que sigue las pautas culturales y sociales. De esta manera desaparece la discrepancia entre el yo y el mundo, y con ella el miedo a la soledad y la impotencia.

SIN DUDA TENEMOS UN POTENCIAL COMPLEJO.





"Cuando el hombre descubrió el espejo empezó a perder su alma" (Erich Fromm)
Hay personas que logran mantener viva esa conexión consigo mismas, e incluso utilizarla para diferentes fines, mientras que para otras supone una sensación lejana, casi olvidada. Cuando somos niños poseemos esa capacidad de manera natural. Sin embargo, con el tiempo esta comunicación puede ser interferida. En esa desconexión influye, por un lado, la primacía que se otorga a la razón por encima de otras funciones como percibir o sentir. Se confía en lo que se puede comprobar o palpar, mientras que se relega lo subjetivo a un papel casi insignificante.
Por otro lado, la capacidad de ser conscientes supone un arma de doble filo. Conecta a la persona con su realidad interna, pero también bloquea lo que no se ajusta a lo establecido.
Vivir desconectado
"Cada día sabemos más y entendemos menos" (A. Einstein)
Perder esta conexión conlleva consecuencias. Algunas personas, por ejemplo, descubren en algún momento que su vida no es lo que querían, pues quizá se han dejado llevar por las circunstancias sin preguntarse más allá. No resulta agradable sentirse un extraño con uno mismo. Sucede sobre todo cuando alguien busca adaptarse tanto a lo que se espera de él o mantener una buena imagen, que termina olvidando quién es realmente.
También hay personas que escapan continuamente del contacto consigo mismas, llenando sus horas con actividades, relaciones, adicciones... Cuando cesan las distracciones externas y se hace el silencio aparecen con más fuerza los miedos o carencias no resueltos.
Crear puentes
A veces, el sufrimiento o la enfermedad implican una entrada rápida a una mayor conciencia de uno mismo. Sin embargo, es preferible no esperar a encontrarse en una situación crítica; en cualquier instante, una persona puede empezar a crear puentes que conecten con diferentes niveles de su experiencia interna. Estas son las vías:
1. El diálogo interior
"El lenguaje es la casa del ser" (Heidegger)
Un primer contacto puede ser observar el diálogo que se mantiene con uno mismo. Allí se condensan gran parte de los pensamientos, ideas, preocupaciones y obsesiones que ocupan la mente. Estos diálogos ocurren de manera continua, seamos conscientes o no, y pueden aportar una información valiosa sobre uno mismo. Las palabras, el tono, la manera de expresarse, incluso a nivel interno, ejercen una gran influencia. Nos sentimos muy diferentes al hablarnos de manera crítica o despectiva que si predomina un tono comprensivo y tranquilizador. Buscar el silencio o la quietud permite empezar a escuchar ese diálogo.
2. El cuerpo
"He dejado de hacer preguntas a las estrellas y libros; he empezado a escuchar las enseñanzas que me susurra mi sangre" (Hermann Hesse)
A veces vivimos escindidos del cuerpo, considerado comúnmente como el hermano tonto de la cabeza. Al no entender sus cambios, su lenguaje, ni el sentido de los síntomas, se presta poca atención a sus mensajes. Más bien se intentan controlar o tapar esas señales cuando resultan molestas u obligan a modificar los planes. Sin embargo, el cuerpo es el canal de conexión entre el mundo exterior y el interior. A través de él experimentamos y percibimos la realidad, y a la vez refleja nuestra historia. Cada síntoma o manifestación corporal dice algo de nosotros.
Quizá no podamos comprender siempre sus razones, pero es preciso aprender a confiar más en la sabiduría del propio cuerpo. En lugar de bloquear sus señales, se puede optar por escucharlas. En vez de desconectar de las sensaciones, se pueden utilizar como indicaciones útiles.
3. Las emociones
"Las emociones, cuando se integran con la razón, nos hacen más sabios" (Leslie S. Greenberg)
También las emociones han sido consideradas inferiores a la razón, como un vestigio de nuestra parte más primitiva e instintiva. No es de extrañar que produzca tanto miedo adentrarse en ellas.
La emoción es ciertamente más antigua que la razón, pues constituye un tipo de inteligencia más instantánea. Si se despierta miedo o rabia, todo el cuerpo se prepara para la acción, pues ante un peligro real no hay tiempo para pensar. Sabemos que dejarse llevar por la emoción puede suponer un problema, pero ignorar o reprimir lo que se siente, también, pues la tensión emocional acumulada tiende a desbordarse. Una buena medida es mantener una conexión continua con las propias emociones, lo cual suele ser garantía de una mayor capacidad para encauzarlas. La emoción es un indicio que informa de cómo estamos viviendo algo y, bien utilizada, puede ayudar a resolver situaciones o mejorar la relación con los demás.
4. El inconsciente
"La mente es un profundo océano, pero nosotros solo logramos ser conscientes de la leve espuma de la superficie" (Henry Laborit)
El inconsciente, más allá de la visión negativa que a veces se tiene de él como un sumidero de impulsos o recuerdos reprimidos, constituye una parcela enorme de la mente (se le atribuye en torno al 85% de la capacidad cerebral) repleta de posibilidades aún desconocidas.
La mente consciente se encarga de razonar, discriminar, analizar la información y tomar decisiones. La mente inconsciente actúa de manera totalmente distinta: controla las funciones involuntarias del organismo, capta y almacena toda la información de los sentidos y contiene la memoria emocional. El psiquiatra Carl Gustav Jung lo definía como un pozo inabarcable de información al que es posible asomarse para aprender tanto acerca de uno mismo como del mundo.
Las intuiciones, los sueños, los momentos de inspiración tienden un puente entre consciente e inconsciente. Nuestra mente almacena muchos datos, impresiones y percepciones que no conocemos, pero que en un momento dado pueden aflorar a la superficie. Contamos con una sabiduría que va más allá de la razón, y que se muestra de manera más clara cuanto más conectamos con nosotros mismos. 

LAS DEDUCCIONES....¡UN ESPEJISMO DE NUESTRO MODELO MENTAL?




"Nada parece tan verdadero que no pueda parecer falso"

Por inferir definimos es la capacidad para sacar
una consecuencia o deducir algo de otra cosa.
Inferir nos permite sobrevivir dado que nos
posibilita analizar el entorno.
Sin esta capacidad tendríamos serias dificultades
para tomar decisiones, nos eternizaríamos
analizando toda clase de variables.
Pero también, deducir, tiene un riesgo.
Deducimos, básicamente, analizando un
número limitado de datos sin contemplar
otras opciones que podrían ser más
beneficiosas.
Lo que ocurre es que seleccionamos unos
pocos datos de la realidad renunciando a un número
infinitamente mayor de elementos,
pero al hacerlo creemos que aquello que
hemos seleccionado es todo lo que hay.
Aquello a lo que no hemos prestado atención
simplemente parece no existir.
La realidad, para nosotros, es sólo lo que
percibimos. Y este error cognitivo está en la
base de muchas dificultades conversacionales
y, por tanto, en la selección
de los datos que analizamos para
determinar una realidad.
Así, atención, con la escucha no dar
juicios sólo con los primeros cuatro
datos que nos llegan en un momento.
Dar, el justo, protagonismo al tiempo.....
¿te parece?

EDUCAR A UN NIÑO NO ES HACERLE APRENDER ALGO QUE NO SABE; SINO HACER DE ÉL ALGUIEN QUE NO EXISTÍA.




"Lo que hagamos por el amor
definirá nuestra condición de
humano"
¡¡¡que la felicidad sea generosa
contigo!!!

La vida es un proceso de aprendizaje
constante. La palabra aprender proviene
del latín "apoderarse"
Pero.... ¿por qué tenemos tanta resistencia
a prender en ciertas ocasiones?
Los adultos afrontamos los cambios,
el aprender algo nuevo, cuando
no tenemos más remedio, cuando necesitamos
evitar las consecuencias negativas de no
hacerlo. Dicho de otra manera, los
adultos mostramos una cierta resistencia
a cambiar y el aprendizaje significa
transformación.
Por eso aprender nos incomoda. Nos
obliga a salir de nuestra zona de confort y a
explorar territorios desconocidos.
Pone en peligro nuestra estructura de
creencias, nuestros paradigmas,
las cosas que dan sentido a nuestra
existencia.
Si es aprendizaje supone traicionar
nuestras crencias, nos resistimos activamente
a afrontarlo buscando toda clase de excusas
y explicaciones.
Si consideramos la vida como un proceso,
como un camino de descubrimiento y de
crecimiento personal, estaremos de acuerdo
en que el aprendizaje continuo es una parte indiscutible
que requiere cierta disposición y, sobre todo,
un cierto grado de apertura.
Estar abierto al aprendizaje supone realizar
una declaración previa de "no sé".
Este es el primer obstáculo, porque una
declaración de este tipo significa mostrar-nos
vulnerables, aceptar ante nosotros mismos
y ante los demás que tenemos limitaciones y
dificultades.
Este es un paso difícil, porque nos expone y
hace que nos sintamos frágiles, nos da miedo que
los demás se aprovechen o que nos hagan daño.
¿¿¿te atreves a aprender???

A MEDIDA QUE AUMENTA EL VALOR DE LA CREATIVIDAD, LA CLASE CREATIVA CRECE.





“EL TALENTO SE HACE, NO SE NACE CON ÉL. Todos podemos desarrollar cierto talento, con disciplina y dedicación entregada”
Los puestos de trabajo están transformándose. Y ello, como resultado del cambio de mentalidad de las personas que los ocupan. Están dejando de tener sentido los organigramas verticales, el ordeno y mando, la obediencia ciega. Las personas reclaman sentido, hacer cosas que tengan un propósito claro, más allá de ganar dinero. En la era creativa, en la que ingresamos a principios de siglo, las ideas, el talento y el conocimiento son el nuevo petróleo de la economía. Su motor. En países como Estados Unidos, por ejemplo, esta clase representa ya el 30% de la fuerza laboral y supone la mitad de todos los ingresos laborales del país.
De nuevo, la pregunta “para qué sirvo? Se contesta con otra pregunta: “¿Qué sé yo que ofrezca valor a otras personas’?
Los creativos son y serán las personas más solicitadas y mejor pagadas. Mientras que los trabajos repetitivos, manuales, de bajo valor añadido y/o digitalizables se esfuman o entran en la precariedad, los trabajos creativos ofrecen oportunidades inimaginables.
¿QUÉ PODEMOS HACER para formar parte de esta prometedora oportunidad profesional? Una vez más, invertir en nosotros mismos, en formación actualizada.
Ahora sabemos que el talento se hace, no se nace con él. Este es uno de los descubrimientos de la neurociencia más democráticos y alentadores. Todos podemos desarrollar cierto talento, con disciplina y dedicación entregada. Sabemos que el talento es el efecto de la práctica y del aprendizaje deliberados durante 10.000 horas. Es la suma de la aptitud (lo que se sabe) más la actitud /querer saber más y mejorar).