TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!


¿EGO versus ALMA?



el hombre solitario.

......una noche, se oye un latido en la puerta. Fuera, una mujer en la niebla con cabellos de ramas y vestido de hierbas, chorreando verde agua del lago. Dice "Soy tú y vengo de muy lejos....ven conmigo, quiero mostrarte una cosa"........ Da media vuelta para marcharse, se le abre la capa. De pronto, una liz dorada.... una luz dorada por todas partes....

La protagonista es una mujer que intenta seducir a una ballena macho para que copule con ella, robándole la aleta. Así la feminidad o la masculinidad del sujeto humano es menos importante de su psicología de existencia y la salud del ego suele estar determinada por la habilidad con que una persona mide los límites del mundo exterior, por la fortaleza de la propia identidad, por la capacidad de distinguir el pasado, el presente y el futuro y por la coincidencia de las propias percepciones con la realidad consensual. Un tema eterno de la psique humana es la rivalidad entre el ego y el alma por el control de la fuerza vital. Al principio de la vida suele dominar el ego con sus correspondientes apetitos relagando al alma un papel auxiliar. Pero en determinado momento, a veces hacia los veintitantos años, otras veces a los treinta y tantos y más a menudo a los cuarenta y tantos años, aunque algunas mujeres no están auténticamente preparadas hasta los cincuenta, los sesenta, los setenta o los ochenta y tantos años, permitimos finalmente que el alma lleve la delantera. El poder se aleja de las bobadas y las estupideces y se desplaza hacia la espiritualidad. Y, a pesar de que el alma no mata el ego para asumir la delantera, se podría decir que lo destituye y le asigna en la psique una tarea distinta que consiste esencialmente en someterse a sus intereses.

EL OTRO ES TAN LEGÍTIMO COMO TÚ.



Una visión miope del otro
FERRÁN RAMÓN-CORTÉS


A quienes nos caen bien les vemos todas las virtudes. Y a quienes nos caen mal, todos los defectos. En ambos casos distorsionamos la realidad y condicionamos nuestras relaciones.
Mi amigo no soporta a uno de los padres de la clase de su hijo. Le llama el prota porque siempre acapara la atención. Hace unos días, tomando un café, me dijo:
"Hay que descubrir virtudes que nos han pasado desapercibidas y reconocer alguna para poder encarar con buen pie la relación"
"El cerebro capta del otro lo que se corresponde con nuestras expectativas, por la manía de no cuestionar sus creencias"
-Tenemos una cena de padres del colegio, y te puedo reproducir palabra por palabra lo que el prota nos contará: que estrena todoterreno, que la empresa le va de cine a pesar de la crisis, nos recordará lo listo que es su hijo y pondrá su acostumbrada cara de aburrimiento cuando hablen los demás...
Pasada la anunciada cena, le pregunté qué tal había ido, y me contestó que, en efecto, todo había sucedido como él había pronosticado y que, una vez más, había sido como vivir otro día en la película Atrapado en el tiempo.
Según él, el prota había seguido el guion con absoluta precisión, aunque lo cierto es que, aunque no lo sepa, él contribuyó decisivamente a que así fuera.
Miopes con los demás
"Virtudes y defectos son dos caras de la misma moneda"
(Oriol Pujol Borotau)
Todos, sin excepción, tenemos nuestras virtudes, y todos, también sin excepción, nuestros defectos. No puede ser de otra forma porque virtudes y defectos van emparejados. Detrás de cada virtud hay un defecto emparejado, y detrás de cada defecto hay una virtud. Así, si soy una persona con una gran sensibilidad (mi virtud), probablemente adoleceré de ser muy reactivo (defecto), o si soy una persona emprendedora y valiente (virtud), puedo fácilmente ser arrogante y manipuladora (defecto). Somos, por tanto, todos y cada uno de nosotros un complejo equilibrio de rasgos de eficacia e ineficacia que todos ellos forman parte indisociable de nuestra personalidad. Y tanto uno como otro lado de esa dualidad los proyectamos y forman parte de la imagen que de nosotros tienen los demás.
Sin embargo, a aquellas personas que nos gustan, que nos caen bien, tendemos a verles -y a evidenciar- solo las virtudes, y a las que no nos gustan, a las que nos caen mal, tendemos a percibirles solo los defectos. En ambos casos somos poco objetivos, puesto que estamos viendo solo una parte del retrato. Estamos, por así decirlo, siendo miopes. Pero es importante conocer que este es un proceso natural que hacemos todos sin darnos cuenta, ya que, como nos recuerda el divulgador científico Eduardo Punset, "los seres humanos están predispuestos a prestar atención a la información que confirma sus creencias y minimizar la información que refuta lo que creen".
En síntesis, vemos de los demás lo que queremos ver, que es aquello que coincide con nuestras expectativas o creencias. Y esta forma de proceder provoca que exageremos nuestras filias y perpetuemos nuestras fobias, algunas veces más allá de lo razonable.
Estas miopías con los demás tienen efectos directos sobre nuestras relaciones: nos es difícil generar aprecio por aquella persona de la que constantemente solo vemos sus defectos y podemos tener enormes desengaños con aquella persona a la que solo vemos virtudes. Ni una ni otra actitud conforman una imagen real en la que basar nuestros juicios.
Y el efecto va más allá de las relaciones personales, transfiriéndose desde la experiencia particular a la percepción general: así, si me cae bien una amiga que se llama Sonia, estaré especialmente predispuesto a considerar el nombre de Sonia como un nombre bonito y mi primera impresión de una nueva Sonia que conozca será inicialmente positiva. Y si me cae especialmente mal una Ana... seguro que descartaré el nombre para mi hija y recelaré en primera instancia de toda Ana que me presenten.
Reencuadrar el retrato
"Hemos de obligarnos a prestar atención a los datos que perturban nuestras arraigadas creencias" (Jonah Lehner)
El cerebro capta del otro lo que se corresponde con nuestras expectativas. Cualquier signo que concuerde con lo que pensamos de una persona será a nuestros ojos extremadamente visible y evidente y, en cambio, nos pasará desapercibida cualquier evidencia de lo contrario. Así pues, aquella persona de la que pensamos que es antipática acabará siéndolo a nuestros ojos sin ninguna duda y no encontraremos la manera de relacionarnos positivamente con ella. Y si pensamos de alguien que es una persona muy simpática, así la veremos sea cual sea su comportamiento. Todo ello nos ocurre -y así nos lo cuenta Eduardo Punset- por la manía que tiene nuestro cerebro de no cuestionar ni renunciar a sus creencias.
Para abandonar la miopía en nuestra percepción y ser capaces de ver objetivamente a los demás es necesario que, de vez en cuando, revisemos el retrato que nos hemos hecho de ellos. Es un ejercicio sencillo de reencuadre, destinado a hacer visibles las partes del retrato que, por no coincidir con nuestras creencias, hemos escondido inconscientemente.
El objetivo es conseguir un retrato objetivo del otro, y el ejercicio consiste en, después de hacer una lista mental de las virtudes (si nos cae bien) o defectos (si nos cae mal) de una determinada persona, completarla con la otra parte: las virtudes si nos cae mal y los defectos si nos cae bien. Obtendremos así el retrato real y estaremos sentando las bases para poder establecer una relación mucho más sana con aquella persona.
El proceso es especialmente aconsejable en aquellos casos en los que tenemos a alguien perpetuado en una determinada imagen, es decir, cuando hace demasiado tiempo que no revisamos la idea que tenemos de ese alguien.
Conectando con los que no me gustan. Cuando tenemos un buen día, estamos tranquilos y nos sentimos seguros, tendemos a mostrar nuestras virtudes. En cambio, cuando tenemos un mal día, nos sentimos inseguros o presionados, nos sale nuestra peor cara. Desde este punto de vista, nosotros somos también responsables del comportamiento de los demás: si les damos tranquilidad y los hacemos sentir bien, nos mostrarán sus virtudes. Si nos mostramos hostiles o los despreciamos, nos manifestarán sus defectos. Es en este sentido en el que mi amigo también es responsable del comportamiento de el prota, porque su desprecio hacia él es evidente que no le pasa inadvertido.
Desde esta base, podemos pensar que es posible replantear la mala impresión y relación que tengamos con alguien que no nos cae bien, y podemos desarrollar una estrategia para conectar con ella o con él.
El proceso comenzará con el reencuadre: descubriremos de esta persona virtudes que hasta ahora nos han pasado desapercibidas. El siguiente paso será escoger una o algunas de ellas que pueda reconocer sincera y objetivamente, y que considere positivas y valiosas, o que pueda incluso admirar. (Es habitual que sean virtudes que yo no tengo especialmente desarrolladas y puedo, por tanto, valorar especialmente en los demás). Una vez escogida o escogidas, mi comunicación con esta persona irá encaminada a reconocer tales virtudes, en lugar de sus habituales defectos.
Así, por ejemplo, el prota del grupo de padres de mi amigo, además de sus consabidos defectos, tiene como virtud el ser una persona con una capacidad encomiable de organizar eventos. De hecho, las cenas y los encuentros siempre se producen gracias a él. Reconocerle esta habilidad, en lugar de mostrarse especialmente susceptible a sus comentarios superfluos, supondrá encarar con buen pie la relación. Es importante destacar que no se trata de adularlo, ni de decirle cosas que no sentimos. Se trata de evidenciar el respeto por una cualidad que de verdad admiramos o apreciamos.
A través de una virtud que reconocemos del otro conseguimos conectar con él sobre una base positiva que propiciará que se sitúe en el escenario de mostrar su mejor cara y que así podamos de forma natural desarrollar nuestra relación.

....DE LAS VIRTUDES DE LA INUTILIDAD........




LAO TSE iba viajando con sus discípulos y llegaron a un bosque donde había cientos de leñadores cortando troncos porque se estaba construyendo un gran palacio. Habían cortado casi todo el bosque, pero quedaba un árbol, un gran árbol con miles de ramas, tan grandes que su sombre podía cobijar a diez mil personas. LAO TSE pidió a sus discípulos que averigüaran por qué aquél árbol no se habia cortado todavía, cuando el resto del bosque había sido talado y no quedaba nada.
Los discípulos fueron y preguntaron a los leñadores: -¿por qué no habéis cortado este árbol?; _Este árbol es totalmente inútil_ dijeron los leñadores_ No se puede hacer nada con él porque las ramas tienen muchos nudos. No hay ni un tramo recto. No se pueden construir pilares con él ni se pueden fabricar muebles. Tampoco se puede quemar su madera porque el humo es muy malo para los ojos, casi te puede dejar ciego. Este árbol es absolutamente inútil. Por eso no lo hemos cortado. Los discípulos volvieron. LAO TSE se rió y dijo: _Sed como este árbol. Si queréis sobrevivir en el mundo, sed como este árbol, absolutamente inútiles. Entonces nadie os hará daño. Si sois rectos, os cortarán; alguien os convertirá en muebles. Si sois preciosos, alguien os venderá en el mercado; os convertirá en un bien de consumo. Sed como este árbol, absolutamente inútiles. Entonces nadie os podrá hacer daño. Y creceréis grandes y fuertes, y podréis dar sombra a miles de personas.

La lógica de LAO TSE es muy distinta de la lógica de tu mento. Él dice: sé el último. Muévete en el mundo como si no fueras. Sé un desconocido. No trates de ser el primero, no compitas, no trates de probar tu valía. No hace falta. Sé inútil y disfruta. Por supuesto que es muy poco práctico. Pero si llegas a entenderle, te darás cuenta de que es muy práctico a otro nivel, en la profundidad: porque la vida es para disfrutar y celebrar, la vida no es un bien de consumo en el mercado: debería ser como la poesía, como una canción, como una danza. LAO TSE dice: si tratas de ser muy listo, si tratas de ser muy útil, serás utilizado como un estropajo. Si tratas de ser muy práctic, de un modo u otro te limitarás, porque el mundo no puede dejar en paz al hombre práctico. LAO TSE dice: abandona todas esas ideas. Si quieres ser un poema, un éxtasis, olvídate de la utilidad. Sé sincera contigo misma.

MORIR VIVO o VIVIR MUERTO..... ¿Tú eliges?



¿o tal vez morir muerto?

No se puede amar porque está mandado. El amor se siente desde el momento en que la Providencia te lo regala. No huyas de él y abrázalo sin condiciones; así podrás liberarte del egoísmo que corteja tú alma.

VALÍA

No te preocupes demasiado por los fines utilitarios. Más bien, recuerda constantemente que no estás aquí, en la vida, para ser un objeto. No estás aquí para tener utilidad; eso está por debajo de tu dignidad. No estás aquí para ser cada vez más eficiento y rica, sino para estar cada vez más viva; estás aquí para ser cada vez más inteligente; estás para ser cada vez más feliz, extáticamente feliz.

Osho

LA REALIDAD INVEROSIMIL.




Ser quien se va y ser quien se ha quedado.

Encontrarse después de haberse ido

y advertir que quien ha permanecido

sigue partiendo y sigue estacionado.

Ser arroyo y la fuente en que ha brotado.

Ser el foco y las ondas que ha emitido.

Antes de ser haberse ya perdido,

y ser el buscador y el que es buscado.

Estar por dentro abierto y derramarse,

decirse adiós al ir a saludarse

y partir al hallar un acomodo.

Sucederse y hacerse así presente,

verse desde la orilla en a la corriente,
y no dejar de ser ni ser del todo.

EL CAMINO SE RECORRE ANDANDO.




Más práctica y menos teoría
JENNY MOIX


Los conceptos y las teorías tienen poco valor si no los aplicamos. Observarse y encontrar las herramientas propias son el único camino para pasar a la práctica.
Colocaron las cuerdas dentro de la bolsa y partieron hacia el motel. A su edad (72 años él y 63 ella), la decisión no había sido resultado de un impulso. Ahora, la idea del suicidio acaparaba todo su espacio mental. El jueves por la noche, el empleado del hotel encontró sus cuerpos colgando del techo y una breve nota en la que ella había anotado: "Tuve un momento muy difícil porque sufro de pulmón y de corazón". El suceso saltó rápidamente a los periódicos. No es usual que un matrimonio decida ahorcarse conjuntamente en un motel, pero lo insólito de la noticia radicaba en que ella era "la sacerdotisa de la felicidad". Con este apodo se conocía a Choi Yoon-Hee en Corea del Sur porque había escrito veinte libros sobre la felicidad y la esperanza, y participado en varios espectáculos de televisión sobre el tema.
"No hay nada nuevo en los libros de autoayuda.Lo que nos falta es practicarlo"
"Debemos estar atentos a nuestras sensaciones, emociones y pensamientos, y cuando se curven, aplicar la teoría que ya sabemos"
"Cada persona descubre sus propias herramientas, y estas son íntimas e intransferibles. La práctica es la clave para encontrarlas"
Y es que una cosa es la teoría y otra muy diferente la práctica. En más de una ocasión he oído "la teoría ya me la sé, pero...". La teoría es clara y sencilla. En cambio, la vida tiene una textura compleja. Recuerdo un día en que disfruté escuchando a una compañera cómo me explicaba las sensaciones de paz y conexión que experimentaba cuando practicaba meditación. Pero al día siguiente llegó al trabajo con cara descompuesta y me explicó muy disgustada que no había podido dormir porque "había un gato que se dedicaba a defecar en su jardín". En el cuerpo del que salía la angustia por las actuaciones de ese felino no parecía habitar el ser de la armonía cósmica.
Es algo bastante usual. Un hombre me contaba que su mujer, psiquiatra y profesora de temas de crecimiento personal, no para de chillar en casa. Sobre todo a su hija. Durante toda la conversación sobre lo crispada que está su mujer, me repetía: "No sé para qué le sirven sus conocimientos". Estos casos no son tan excepcionales como parecen; a poco que nos miremos con ojos sinceros a nosotros mismos, podremos encontrar también incongruencias.
Recordar lo que ya sabemos
"Las grandes verdades son eternas, pero suenan a nuevas cada vez que las oímos porque las olvidamos cada día" (Lluís Amiguet)
"¿Qué te dijo el psicólogo?". "Lo que me explicó ya lo sabía". Esta conversación la he mantenido varias veces, como también la siguiente: "¿Por qué no lees...?". "Libros de autoayuda ya he leído muchos, pero no me sirven". Eckhar Tolle, en una conferencia que impartió en Barcelona, utilizó una metáfora muy clarificadora. Subrayó que los conceptos y las teorías tienen poco valor si no los aplicamos; igual que un mapa si no lo utilizas. Y añadió que muchas personas se limitan a coleccionar mapas espirituales de forma inútil porque no los siguen.
Son muchos los que leen libros de crecimiento personal o acuden a un especialista en busca de algún tipo de fórmula mágica o secreto de la felicidad. Y quedan defraudados. Lo que nos podría ayudar a estar mejor, probablemente ya lo sabemos. No hay nada nuevo. Lo que nos falta es practicarlo. Ayer en una librería, mientras esperaba a que me cobraran, estuve ojeando un libro de esos pequeñitos que ponen al lado de la caja registradora, para que te lo compres como aquel que se compra un chicle. El librito era la de lo más sencillo, no me acuerdo exactamente del título, pero incluía la palabra felicidad. En cada página había un solo consejo acompañado de una ilustración. Me leí bastantes de esas recomendaciones. Eran del tipo "no te aísles", "ayuda a los que te quieren", "no mires tanto la tele", "practica más ejercicio físico" ,"sonríe" "encuentra un hobby", "sé agradecido"... Todos muy sensatos y sabios. Mucha sabiduría condensada que de hecho todos sabemos. Así que quizá ha llegado el momento de actuar.
Establecer puentes
"Alicia se daba por lo general muy buenos consejos a sí misma, aunque rara vez los seguía"
(Lewis Carroll)
Imaginemos que visitamos con nuestro hijo de ocho años las ruinas de un anfiteatro romano. Cuando estamos en ese escenario colosal le contamos increíbles historias de gladiadores. Y entonces nos pregunta: "¿Quiénes eran los romanos?". A lo que contestamos: "Tú ya lo sabes, lo que estudiaste en el primer trimestre en el tema tres". Y con cara de iluminación exclama: "¡Ah, claro!". Parece como si nuestro cerebro estuviera compartimentado en diferentes cajones. En este caso parece que lo que nos enseñen los libros está en uno y la realidad en otro.
Nuestra teoría sobre la vida, nuestras profundas reflexiones, parece que las tengamos en un cajón, en un nivel, pero seamos incapaces de bajarlas a la práctica. Estamos mirando las noticias, normalmente estremecedoras: guerras, inundaciones, hambre... en ese instante desde la comodidad de nuestro sofá reflexionamos sobre lo inmensamente afortunados que somos. Suena el teléfono y nos advierten de que el paquete que teníamos encargado para hoy no nos lo podrán entregar hasta dentro de dos días. Entonces nos ponemos de un humor de perros y nuestra sensación de privilegio no nos ha ayudado en nada ante la pequeñez de ese contratiempo.
André Compte-Sponville, en su libro La felicidad, desesperadamente, cuenta que cuando tenía unos siete u ocho años vio a un ciego. Intentando ponerse en su lugar, cerró los ojos durante unos segundos, empezó a andar y le pareció atroz, horrible. Y en ese momento hizo una gran reflexión: "Pero este ciego, si recobrara la vista, ¡sería feliz como un loco, simplemente por ver! Por tanto yo, que no soy ciego, he de ser feliz como un loco, puesto que veo". La vida le enseñó que eso no era exactamente así. Matizando la conclusión del filósofo, lo que sí es cierto es que las personas más agradecidas son las más felices. Pero no las más agradecidas "en teoría", no las que guardan esa sensación en un cajón cerrado, sino las que constantemente utilizan ese sentimiento de privilegio para poner al nivel que se merecen la magnitud de sus vicisitudes cotidianas.
esfuerzo y práctica
"Jamás se ha emborrachado
nadie a base de comprender intelectualmente la palabra
vino" (Anthony de Mello)
La espalda debe mantenerse recta; si estamos sentados, debemos apoyarla bien en el respaldo. Todos los sabemos, ¿pero lo hacemos? Quizá nos proponemos hacerlo, pero es difícil porque no nos damos cuenta y la curvamos. Con nuestros pensamientos y nuestras conductas pasa exactamente lo mismo. Sabemos que no tenemos que ser pesimistas, que tenemos que contar hasta diez en algunas situaciones, que... pero nos cuesta. Parece que nuestra actitud, nuestros pensamientos, también se tuercen como la espalda. Es difícil rectificar las actitudes porque no nos damos cuenta y van a su aire. Debemos, pues, aprender a observarnos en todo momento, debemos estar atentos constantemente a nuestras sensaciones, emociones y pensamientos. Y cuando se curven, aplicar la teoría que ya sabemos.
Tenemos claro que si queremos adelgazar, tenemos que hacer el esfuerzo de seguir un régimen; que si queremos estar más en forma, es necesario practicar ejercicio físico; pues si queremos crecer a nivel personal, no basta solo con leer o reflexionar, también debemos esforzarnos y practicar. Una de las preguntas más usuales a las que nos enfrentamos los psicólogos y más difícil de responder es: "¿cómo lo hago?, ¿cómo hago para aplicar la teoría que ya me sé?". Por ejemplo, alguien te comenta: "Ya sé que tengo que ser más positivo, pero ¿cómo lo hago?". No hay una clave universal. Normalmente cada persona encuentra su propia herramienta íntima e intransferible. Y esas estrategias personales se hallan practicando. Estamos llenos de automatismos, así que si por ejemplo leemos un libro de autoayuda, aunque hayamos reflexionado mucho, lo cerraremos y seguiremos con los automatismos. Solo con esfuerzo y práctica se cambian. El primer paso, sin duda, es la autoobservación. Las lúcidas palabras de Anthony de Mello nos animan a ello: "Emplea horas enteras simplemente en observar tus ideas, tus hábitos, tus apegos y tus miedos, sin emitir juicio ni condena de ningún tipo. Limítate a mirarlos y se derrumbarán".
En este suplemento, en abril apareció una carta de María Dolores Ribes titulada Mejor con psicología que decía así: "Quería expresar mediante este correo que si todas las personas que leemos esta revista, que es una de las mejores, hiciéramos un poco más de hincapié en la parte de psicología, nos iría mejor la vida...". La carta me encantó, como supongo también gustó a todos mis compañeros de esta sección. Me gustaría matizarla diciendo que "hacer hincapié en la parte de psicología" no significa solo leer estos artículos, sino también practicar sus mensajes.

¿HAY COSAS DE TÍ QUE NO SALEN EN LA FOTO?



Ten mucho cuidado de aquellas que te vendan sus propias creencias, pues están obstaculizando tu propio descubrimiento de la vida.

Anthony de Mello

¿Conoces la presencia de tú inconsciente y el protagonismo que tiene en el día a día?

La existencia de una mentalidad inconsciente, capaz de afectar y aun de interrumpir al estado consciente está, afortunadamente, bien definida. Diversas teorías concernientes a la dinámica de la energía psíquica o mental exploran la posibilidad de que ésta pudiera hallarse encerrada en un ámbito inaccesible de la mente, desde el cual puede perturbar a la conciencia. Una de esas disciplinas puede ser el coaching que te puede ayudar a liberar conceptos presos en tu inconsciente. Te sugiero inicies un viaje a lo inconsciente dado que el alma humana tiene un afán de luz y un impulso irreprimible de dajar atrás la oscuridad. El momento en que te cubres de luz es liberador y te conduce hacia tu emancipación. Para analizarte, con ayuda de un coach, recuerda que sólo puede curar una herida un médico que ha sido herido. Como en cirugía, debes actuar con las manos limpias, es decir, limpia de neurosis. Para este proceso deber ir acompañada por un coach pues hasta el Papa tiene un confesor. Así iniciarás tu viaje hacia el conocimiento de tu estructura de la Psique. Frecuentemente un elemento inconsciente se exterioriza y aparece desde fuera del sujeto, lo cual se conoce como proyección. La proyección puede darse cuando se produce una reacción emocional exagerada ante cierta persona o situación, como cuando una se enamora o, por el contrario, algo o alguien le provoca un profundo rechazo. Estas fuertes reacciones emocionales pueden indicar que algún contenido inconsciente procura abrirse paso a la conciencia, pero sólo puede aparecer exteriorizado o proyectado en la otra persona. Lo que amamos u odiamos no es al otro individuo, sino una parte de nosotros mismos que hemos proyectado en él.

Basado en Carl Gustav Jung

AUNQUE LA MAYORIA DE LAS PERSONAS NO VAN HACIA NINGUNA PARTE NO RECONOCEN ESTAR PERDIDAS.



La verdad sobre la autoayuda
BORJA VILASECA
¿Existen las varitas mágicas para dar un giro a nuestra vida? ¿Hay técnicas para lograr remedios o son una tomadura de pelo? Porque, al final, solo nosotros podemos aportar nuestras soluciones.
Aunque la mayoría de las personas no van hacia ninguna parte, es un milagro encontrarse con una que reconozca estar perdida". Estas palabras del filósofo José Ortega y Gasset (1883-1955) siguen vigentes en la actualidad. La gran mayoría de nosotros nos limitamos a sobrevivir. Trabajamos. Consumimos. Y tratamos de divertirnos todo lo que podemos. Pero en general no sabemos para qué vivimos. De ahí que muchos vaguemos por la vida como "boyas a la deriva".
"El triunfo de la autoayuda tiene mucho que ver con la pérdida progresiva de credibilidad de las instituciones religiosas"
"Es imprescindible que no nos creamos nada de lo que nos digan, incluyendo, por supuesto, la información que aparece en este artículo"
Y no es para menos. Desde que nacemos, la sociedad nos condiciona para convertirnos en empleados y consumidores, de manera que perpetuemos el funcionamiento económico del sistema. Tanto es así, que hemos sido adoctrinados para buscar nuestro bienestar fuera de nosotros mismos. Prueba de ello es que confundimos la verdadera felicidad con sucedáneos como el placer, la satisfacción o la euforia temporal que nos proporcionan el consumo de bienes materiales, los triunfos profesionales o el entretenimiento. Y debido a nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, a menudo construimos un estilo de vida de segunda mano, prefabricado.
Frente a este escenario socioeconómico, la crisis existencial es casi inevitable. En esencia, consiste en reconocer que nuestra forma de pensar y de comprender la vida es limitada y errónea. Y en consecuencia, iniciar un proceso de cambio y evolución personal, buscando una nueva manera de relacionarnos con nosotros mismos y con nuestras circunstancias. Así es como aprendemos a seguir los dictados de nuestra conciencia y de nuestra intuición, desarrollando nuevas competencias emocionales que nos permitan obtener resultados de mayor satisfacción.
EL NEGOCIO DE LA AUTOAYUDA
"No hay mayor negocio que vender a gente desesperada un producto que asegura eliminar la desesperación" (Aldous Huxley)
A lo largo de la última década se ha multiplicado exponencialmente el número de personas interesadas en conocerse mejor y potenciar su inteligencia emocional. Y como consecuencia directa ha emergido con fuerza un nuevo sector profesional: el de la autoayuda. Debido al malestar generalizado, no solo se ha puesto de moda, sino que se ha consolidado como un negocio muy lucrativo. Cada vez hay más espacios en los medios de comunicación -como este que está leyendo- orientados a dar cobertura a estas nuevas necesidades y motivaciones emergentes. Y en las librerías comerciales, esta sección ya ocupa una parte significativa. De hecho, están aflorando "expertos" en el tema por todas partes. Hoy en día, todo el mundo conoce lo que es el coaching, aunque muy pocos saben exactamente para qué sirve.
Pero, ¿qué es la autoayuda? ¿Por qué suele tener una connotación tan negativa? En primer lugar, cabe señalar que la autoayuda es el concepto que se utiliza para etiquetar cualquier iniciativa psicológica, espiritual o esotérica alternativa a la terapia convencional y a la religión tradicional. Y eso, en sí mismo, ya es motivo para ganarse unos cuantos enemigos. Sobre todo porque puede robar parte de la clientela. Popularmente se suele ridiculizar por considerarse una "pseudociencia" llena de "charlatanes" y "vendedores de humo", sin títulos oficiales que acrediten su competencia y profesionalidad.
Más allá de la opinión que tengamos al respecto, la autoayuda es un movimiento psicológico cargado de buenas intenciones. Sin embargo, alberga una contradicción en sí misma. 'Autoayuda' quiere decir 'ayudarse a uno mismo'. Si bien los demás pueden escucharnos, apoyarnos y compartir con nosotros lo que han aprendido de sí mismos, nadie más puede resolver nuestros problemas y conflictos existenciales. Cada uno de nosotros está llamado a recorrer su propio camino.
NI DOGMAS NI GURÚS
"Ten mucho cuidado de aquellos que te vendan sus propias creencias, pues están obstaculizando tu propio descubrimiento de la vida" (Anthony de Mello)
Cuentan que un sabio explicaba siempre una parábola al finalizar cada clase, pero los alumnos no siempre la entendían. "Maestro", le dijo uno de ellos una tarde. "Tú nos cuentas los cuentos, pero no nos explicas su significado". "Pido perdón por eso", se disculpó el maestro. "Permíteme que para enmendar mi error te invite a comer un rico melocotón". "Gracias maestro", respondió el alumno. "Quisiera, para agasajarte, pelarte el melocotón yo mismo. ¿Me permites?" "Sí. ¡Muchas gracias!". "¿Te gustaría que, ya que tengo en mi mano el cuchillo, te lo corte en trozos para que te sea más cómodo?", le preguntó seguidamente el sabio. "Me encantaría, pero no quisiera abusar de tu hospitalidad, maestro". "No es un abuso si yo te lo ofrezco. Solo deseo complacerte. Permíteme también que te lo mastique antes de dártelo". Y el alumno, con cara de asco, gritó nervioso: "¡No, maestro! ¡No me gustaría que hicieras eso!". El sabio hizo una pausa y concluyó: "Si yo os explicara el sentido de cada cuento, sería como daros de comer una fruta masticada".
Desde un punto de vista emocional, nadie puede ayudarnos. Como mucho, los demás pueden acompañarnos en nuestro proceso. Pensar lo contrario es un acto de soberbia y de superioridad. Las personas que creen que ayudan suelen posicionarse por encima de los que reciben dicha ayuda. En cambio, las personas que ejercen temporalmente el rol de acompañantes procuran mantenerse al mismo nivel, posibilitando que el aprendizaje sea recíproco. En vez de dar consejos y recetas sobre la manera en la que otros deberían vivir sus vidas, es mucho más útil y eficiente hacer preguntas y compartir reflexiones que nos permitan crecer en comprensión.
VICTIMISMO Y PATERNALISMO
"La mayoría de personas que ansían la libertad no quieren renunciar a sus cadenas" (Khalil Gibran)
El triunfo de la autoayuda tiene mucho que ver con la pérdida progresiva de credibilidad que están padeciendo las instituciones religiosas. De hecho, algunos sociólogos afirman que la autoayuda está en camino de convertirse en la gran religión del siglo XXI. Lo cierto es que ambas comparten una serie de paralelismos, entre los que destaca el paternalismo. Esta similitud pone de manifiesto el victimismo imperante en nuestra sociedad. En general, queremos que alguien o algo resuelvan nuestros problemas y conflictos. Por eso solemos aferrarnos a personas o instituciones que nos ofrezcan consuelo y nos garanticen seguridad.
De entre las personas que buscan asesoramiento para mejorar cualquier ámbito de su vida -ya sea a través de libros, cursos o consultas privadas-, muchos buscan un parche con el que aliviar su malestar a corto plazo. Fruto de la desesperación, anhelan dar con una fórmula mágica que erradique definitivamente su sufrimiento. Muy pocos estamos dispuestos a cuestionarnos a nosotros mismos, asumiendo que somos cocreadores y corresponsables no solo de nuestro estado de ánimo, sino también de nuestras circunstancias actuales. Tanto es así, que en la jerga del crecimiento personal empieza a hablarse acerca de los "cursillistas". Es decir, individuos que empalman un curso tras otro, del mismo modo que devoran decenas de libros de autoayuda sin apenas dedicar tiempo para digerir, procesar y -lo más importante- poner en práctica dicha información.
Si verdaderamente estamos motivados para cultivar el arte de la felicidad, la acumulación de conocimiento puede llegar a ser un obstáculo. Más que eruditos, lo esencial es que aprendamos a ser sabios. Y la sabiduría podría definirse como la capacidad de obtener resultados de satisfacción de forma voluntaria, lo cual es una cuestión de compromiso y entrenamiento. Y es que sabe más acerca del perdón quien ha perdonado una vez a alguien, que quien ha leído libros y hecho cursos sobre "aprender a perdonar" y todavía no ha perdonado. Dado que hay tantas herramientas y tantos profesionales en el mercado, es necesario que desarrollemos nuestro propio criterio. A la hora de escoger un referente, es más importante la energía que nos transmite su presencia que los títulos que cuelgan de la pared de su despacho.
Aunque se suelan meter en el saco de la autoayuda, existen muchas corrientes de pensamiento que promueven una verdadera curación a medio plazo. El denominador común de todas ellas es el autoconocimiento, un proceso que nos permite descubrir cómo funcionamos y qué necesitamos para ser felices. De hecho, la comprensión y sabiduría ya se encuentran en nuestro interior. Tan solo hemos de eliminar las capas de condicionamiento que nos separan de ellas. Eso sí, el primer paso suele ser el más difícil, pues consiste en vencer el miedo a conocernos.
CUESTIÓN DE HUMILDAD
"No puedo enseñaros nada, solamente puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos, lo cual es mucho mejor que traspasaros mi poca sabiduría" (Sócrates)
Lo mejor que podemos hacer quienes nos dedicamos profesionalmente al crecimiento personal es actuar como espejos donde los demás puedan verse reflejados. Lo importante es el mensaje, no el mensajero. De ahí que parte de nuestro aprendizaje consista en preservar la humildad. Para lograrlo hemos de estar comprometidos con nuestro propio autoconocimiento, trascendiendo la necesidad emocional de "ser alguien" (relacionada con el ego) y la necesidad económica de "conseguir algo", vinculada con la ambición y la codicia. Así es como podemos disfrutar de nuestra profesión con una auténtica vocación de servicio.
La autocrítica no solo es signo de madurez, sino que es la base sobre la cual construir una sana y honesta ética profesional. Y esta es especialmente necesaria en un ámbito tan delicado como es el de la autoayuda. Lo que está en juego es nuestra capacidad para inspirarnos los unos a los otros para aprender a disfrutar más plenamente de este milagro que llamamos "vida".

No te creas nada, experiméntalo
Hablar acerca de la felicidad y del sentido de la vida suele encender nuestras alarmas y ponernos a la defensiva. Y no es para menos. Hay tantos caminos para encontrar lo que estamos buscando como seres humanos existen en el planeta. Pero, dado que todos compartimos una misma naturaleza humana, existen ciertas claves que pueden facilitarnos dicha senda. Eso sí, en relación con este proceso de aprendizaje es imprescindible que no nos creamos nada de los que nos digan, incluyendo, por supuesto, la información contenida en este artículo. Ya nos han vendido demasiadas creencias acerca de quiénes somos y de cómo hemos de vivir nuestra vida. De ahí que sea fundamental que recibamos con escepticismo y pensamiento crítico cualquier reflexión de este tipo. De lo que se trata es de verificar la información a través de nuestra propia experiencia.

!!!QUE LE VAMOS A HACER.... VIVIR ES ESTO¡¡¡




La EMANCIPACIÓN nos enseña a afrontar, cara a cara, directamente y con amor las diferencias entre humanos. ¡¡¡Qué diferente es una discrepancia cuando se dialoga sobre las distancias que nos hacen ver la interpretación de los demás!!!
CAMINANTE, si estás hambriento de felicidad y tú corazón empachado de pena, camina hasta este bar pequeño de la Barceloneta, de repente verás la felicidad. Con garbo y salero, saludando a la pesca, verás sonriendo pícara a la carnicera. Movemos la bandeja con taquitos de simpatia y todo ello resulta lo mejor contra dolores y quejas.


El pueblo llano al que tanto engañan y el que tanto quiere.

HAZ LO QUE DICES Y NO DIGAS LO QUE HACES...........




Aprender a ser flexible

¿Por qué hay personas tan obedientes consigo mismas? ¿Por qué se autoimponen deberes y obligaciones inquebrantables? ¿Por qué no son capaces de romper con ello en según qué casos? Saber hacerlo nos hará más felices.
Mi amiga Angelines empieza el día ya cansada. Nada más sonar el despertador, su cabeza repasa todas y cada una de las obligaciones del día: horarios que cumplir, tareas profesionales y domésticas, viajes de los hijos de aquí para allá, encargos que le pidieron su marido y su madre, las llamadas de rigor a algunos familiares y las felicitaciones de cumpleaños de sus amigos (no ha fallado ni una vez en 25 años)... Su vida se convierte cada día en una prueba de obstáculos a superar. Al acostarse, resopla un poco como el que por fin llega a la meta, aunque le invade la duda de si lo hizo todo bien. Quisiera ser de otra manera, pero su mente rígida no lo permite.
"A muchas personas les cuestan horrores los cambios, no les gustan las sorpresas y prefieren una vida ordenada y repetitiva"
Muchas personas como Angelines han crecido con un sentido obediente de la existencia. Al contrario de los rebeldes, con o sin causa, han aprendido a acarrear con las expectativas de los demás que tan buenos dividendos afectivos les dieron en la infancia. Ahora, de mayores, un ejército de hombres y mujeres no saben cómo salir de esa condenada visión de la existencia en la que no pueden, o no se atreven, a transgredir sus propias obligaciones. Nacidas en el crisol de una cultura judeocristiana, muy dada a la exhortación del sacrificio, se convierten en cumplidoras y, para colmo, perfeccionistas. Nada les sabe tan mal como defraudar a los demás, tenerles que decir que no pueden, desobedecer a la autoridad, equivocarse en un examen o ser pilladas en un renuncio cuando son el ejemplo perfecto de la virtud y el control.
ESFUERZO Y OBEDIENCIA
Haz lo que dices y no digas lo que haces


(Giovanni Boccaccio)
Convertirse en un buen niño o una niña buena tiene su precio al cabo del tiempo. Sin apenas darse cuenta, esas personas que demostraron en su infancia disponer de una impecable capacidad de adaptarse a todo se encuentran atrapadas en una curiosa paradoja: convierten la virtud en defecto, es decir, su mayor esfuerzo diario consiste en seguir obedeciendo a las expectativas de los demás, a las normas sociales, a las obligaciones que ellas mismas se imponen, aunque no haga falta alguna. Siguen adaptándose, solo que ahora el verbo ha cambiado. Ahora "acarrean" con todo. ¡Menudo esfuerzo!
Donde más acarrean los sufridos "buenistas" es ante los deseos, expectativas y normas de aquellos con los que se encuentran vinculados afectivamente. Por un supuesto amor a la pareja, a los hijos o a los amigos, asumen todos los esfuerzos que a los otros les cuestan o, en según qué casos, no les apetecen. Ese mal entendido amor carga con las pesadeces de los demás por mucho que se quejen de ello. Sienten que su destino no es otro que hacerse cargo del sufrimiento ajeno, aunque en el fondo presienten que es el mismo diablo el que les toma el pelo.
Encerradas en el círculo del deber autoimpuesto, se hacen cargo de sus propios lamentos porque, según dicen, "lo que ellas no hagan no lo harán los demás". Me temo que también piensan que "nadie lo hará como ellas". Esa creencia, precisamente, es la que sostiene una falsa manera de entender las relaciones. De los actos generosos y altruistas en los que no se espera nada a cambio, esas personas lo viven al revés: porque se esfuerzan en ser generosas y abnegadas, esperan ser amadas. Demasiadas expectativas, demasiados sobreesfuerzos para acabar, al final, agotadas e infelices. ¡Malditos hombres buenos! Que diría Nietzsche.
UNA MORAL INFLEXIBLE
La palabra es libre; la acción, muda; la obediencia, ciega (Schiller)
Muchas personas no se permiten ser flexibles con ellas mismas, en cambio lo son mucho más con los demás, aunque les pese. Es decir, les consienten lo que no se permiten a sí mismas, lo que revierte en su propia incapacidad de poner límites. Suelen ser hiperresponsables, obedientes a las órdenes jerárquicas, disciplinadas y de una moral inflexible. Aunque aceptan que cada uno haga lo que quiera hacer, ellas no se lo permiten, no pueden ser "malas" con los demás y, para colmo, se culpan de ello. Si un día se pasan un pelín de la raya, se avergüenzan tanto que la autoinculpación los corroe por dentro.
Muchas personas "obedientes" suelen sufrir de "rigidez mental", es decir, les cuestan horrores los cambios, no les gustan demasiado las sorpresas y prefieren una vida ordenada e incluso repetitiva, antes que verse envueltas en la peligrosa ruleta del azar. Cada vez que llamo a mi amiga Angelines para quedar con ella, a sabiendas de que le encanta encontrarse conmigo, es incapaz de renunciar a sus programaciones previstas. La pobre se pasa la llamada recitándome la agenda de actividades que tiene previstas o las limpiezas que todavía le quedan por hacer en la casa. No se da cuenta de que la mayoría de tareas son autoimpuestas, que no tiene que hacerlo todo, ni nadie le va a pedir explicación alguna. Pero su mente y su moral son inflexibles, no hay espacio para la improvisación.
Existe otra modalidad de esfuerzo autoimpuesto, que practican los que habitan en la insatisfacción permanente, forzando cambios en su vida innecesarios. El gran maestro Jiddu Krisnhamurti ejemplariza esta idea de forma muy entendedora: "Un río pasa fluyendo, lleno, potente, caudaloso. Cruzar el río se convierte en un problema cuando quiero alcanzar la otra orilla, donde creo que hay más libertad, más belleza, más encanto, más paz, etcétera. Pero veo que no puedo cruzar el río: no tengo barca, no puedo nadar, no sé qué hacer. Por tanto, ¿qué le pasa a mi mente? No está satisfecha con permanecer en esta orilla. Pero no tiene ningún problema. Mi herida no es un problema. Es tan simple que nos negamos a verlo".
NO ES NECESARIO COMPLICARSE
La libertad es la obediencia a la ley que uno mismo se traza (Rousseau)
Creamos problemas allí donde no los hay. Construimos estados de duda por tener que tomar decisiones que nadie nos pide. Confundimos la insatisfacción con un problema angustioso que se debe resolver. No obstante, la insatisfacción, las heridas, la impotencia, son situaciones, estados que sentimos y que no necesitan resolverse, sino aceptarse. ¡Qué ganas de vivir con problemas!
Volvamos a Nietzsche. En boca de Zaratustra nos previene que el gran dragón se llama "tú debes", mientras que el espíritu del león dice "yo quiero". Si uno pretende que todos los valores reluzcan en él, renunciará a lo que quiere, a crearse su libertad, para convertirse en lo que debe o en lo que debería, un obediente espíritu de la pesadez. Hubo un tiempo en el que no había mayor consagración que la de cumplir con lo debido. Hoy, faltar a nuestra fuerza transformadora, a nuestra creatividad, a vivir en lo que amamos, es renunciar al poder de nuestra voluntad. Conquistar nuestra libertad pasa por librarse también del apego a una obediencia excesiva. Nos pueden ser útiles tres posibles instrucciones: ocuparse sin exigir, amar sin imponer condiciones y avanzar hacia los objetivos sin apego por los resultados. No son ninguna obligación, aunque pueden proporcionar una vida con menos complicaciones
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LA PÉRDIDA DEL SENTIDO DEL ALMA COMO INICIACIÓN



La foca es uno de los símbolos más bellos del alma salvaje. Como la naturaleza instintiva de las mujeres, las focas son unas criaturas muy curiosas que han evolucionado y se han adaptado a lo largo de los siglos. Como la mejer foca, las verdaderas focas sólo se acercan a la tierra para alumbrar y alimentar a sus crías. La madre foca se entrega con todas sus fuerzas al cuidado de su cría durante unos meses, amándola, defendiéndola y alimentándola exclusivamente con las reservas de su cuerpo. Durante este prtíodo la cría foca de unos doce kilos cuadruplica su peso. Entonces la madre se adentra en el mar y la cría ya desarrollada inicia su vida independiente al son de la naturaleza. Las focas poseen cierto carácter perruno y son cariñosas por naturaleza. De ellas irradia una especie de pureza. Pero también reaccionan con mucha rapidez, buscan refugio o atacan cuando se ven amenazadas. El alma también es así. Permanece en suspenso cerca de nosotras. Alimenta el espíritu. No huye cuando percibe algo nuevo, insólito odifícil. Pero a veces, sobre todo cuando una foca no está acostumbrada a los seres humanos y permenece tendida en uno de aquellos estados de felicidad en que suelen sumirse las focas de vez en cuando, no se adelanta a los comportamientos humanos. Como la mujer foca del cuento y como las almas de las mujeres jóvenes y/o inexpertas, no adividan las intenciones de los demás ni los posibles daños. Y es lo que siempre ocurre cuando alguien roba la piel de foca. Entre nosotras hemos notado que en el proceso de individuación se detecta, al menos, un robo significativo que algunas personas lo califican del robo de su gran oportunidad; del hurto del amor o el robo del propio espíritu debilitando el sentido del YO.




Pinkola

EL MODO EN QUE HACEMOS LAS COSAS TIENE TANTA IMPORTANCIA O MÁS, QUE LO QUE HACEMOS.




La sombra no existe:
Lo que tú llamas sombra
es la luz queno ves.
Consciencia: Conocimiento inmediato que el sujeto tiene de sí mismo, de sus actos y reflexiones.Conciencia: Propiedad del espiritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta. Conocimiento interior del bien y del mal.
¿Hay CONCIENCIA sin CONSCIENCIA?
Es más que frecuente vivir cada día casi sin saber si nos hemos despertado. La vorágine de nuestra angustia es tal que tenemos una presencia en la sociedad sin tener un horizonteque de sentido a nuestra presencia.Es como si vamos a una fiesta sin que nadie nos invite y por lo tanto sin que nadie nos espere.Disfrutamos escasamente del momento y, como consecuencia, no disponemos de una razón noble que justifique nuestra presencia aquí.No hay necesidad de adaptarse al sufrimiento:existe la posibilidad de librarse por completo de él.Pero el camino es un poco difícil;el camino es un desafío.
¿Donde está el sentido?
¿Entonces?

LA RESURRECCIÓN DE LA MUJER SALVAJE



Para fomentar nuestra relación de parentesco con la naturaleza instintiva, es muy útil comprender los cuentos como si estuviéramos dentro de ellos y no como si ellos estuvieran fuera de nosotros. Entramos en un cuento a través de la puerta del oído interior. El relato hablado toca el nervio auditivo que discurre por la base del cráneo y penetra en la médula oblonga justo por debajo del puente de Varolio. Allí los impulsos auditivos se transmiten a la conciencia o bien al alma, según sea la actitud del oyente. Los antiguos anatomistas decían que el nervio auditivo se dividía en tres o más caminos en el interior del cerebro. De ello deducían que el oído podía escuchar a tres niveles distintos. Un camino estaba destinado a las conversaciones mundanas. El sugundo era para adquirir erudición y apreciar el arte y el tercero permitía que el alma oyera consejos que pudieran seguirle de guía y adquiera sabiduría durante su permanencia en la tierra. Hay que escuchar por tanto con el oído del alma, pues ésta es la misión del cuento. Hueso a hueso, cabello a cabello, La Mujer Salvaje regresa. A través de los sueños nocturnos y de los acontecimientos medio comprendidos y medio recordados. La Mujer Salvaje regresa. Y lo hace a través de los cuentos.

Pinkola

¿CÓMO TE COMUNICAS CON TU "YO"



Ser sincero con uno mismo
MIRIAM SUBIRANA
Para que nuestra vida tenga un sentido pleno es necesario comunicarse con honestidad con el yo que todos tenemos dentro. Está en nosotros tomar las riendas.
Cuando somos sinceros, nos comunicamos con transparencia. No fingimos y llegamos al otro sin corazas. Esta sinceridad se fortalece cuando estamos alineados en pensamientos, palabras y acciones. En cambio, cuando nuestras palabras expresan un mensaje mientras nuestro cuerpo está transmitiendo otro, estamos desalineados. Esto indica que nuestro diálogo interior no es claro, ni fluido. Quizá ni siquiera nos planteamos esa conversación entre corazón y mente, entre intuición y lógica.
"Hay voces internas que nos hablan: el miedo, el ego, la avaricia, los deseos, el pasado... ¿a qué decimos sí y a qué decimos no?"
Decirse la verdad a uno mismo es difícil. Según Epicuro, los tres pilares de una buena vida son la cultura, la amistad y el diálogo basado en la palabra. Esta debe ser profunda y verdadera para que todo tenga sentido y contenido. La dificultad radica en la falta de diálogo sincero con uno mismo. Las causas que nos lo dificultan son varias:
- Nos parece complicado mirar hacia nuestro interior. No se nos ha educado en ello. La sociedad del consumo y del entretenimiento provoca estímulos que nos distraen, y nos olvidamos de nosotros mismos. Es lo que buscan muchas personas, mirar hacia fuera antes que ordenarse por dentro. Muchas caen en un consumismo fácil, que les arrastra además a una carga económica adicional.
"La mayor parte de las personas occidentales son más testigos que ciudadanos que participan y reaccionan", me dijo recientemente Federico Mayor Zaragoza. Si mantuviéramos un diálogo sincero con nosotros mismos, adoptaríamos posturas más radicales, más transformadoras de la realidad. Dejaríamos de ser espectadores para ser actores que inciden en el mundo y lo transforman. Para ello, Gandhi ya nos dijo que "debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo". El cambio empieza en cada uno de nosotros y se basa en ser sinceros con lo que queremos.
Hablarnos con honestidad
"El diálogo más difícil es el que debemos mantener con nosotros mismos" (Epicuro)
- Tememos ver nuestras sombras interiores, nuestros miedos y nuestra vulnerabilidad. Huimos de ello viviendo hacia fuera. "No te entregues a tus miedos -dice el alquimista en la obra de Paulo Coelho-; si lo haces, no podrás hablar con tu corazón".
- Dedicamos poco tiempo a la reflexión y al auténtico diálogo. Tenemos conversaciones pendientes con nosotros mismos y con otras personas. Al irlas posponiendo, funcionamos más con el piloto automático, con patrones de comportamiento "habituales". Las conversaciones sinceras nos facilitan ver con claridad lo que tenemos que conservar, mejorar o modificar. Hagamos una lista de conversaciones pendientes y dediquemos un tiempo para tenerlas. Dejemos de posponer y abrámonos al diálogo.
- Nos preocupa excesivamente la opinión de los demás. Nos evaluamos basándonos en la visión que el otro tiene de nosotros. Pero seríamos más felices y tendríamos una mejor autoestima si nuestro sistema de autoevaluación se rigiera por nuestros valores, nuestra ética de la responsabilidad y nuestro diálogo interior. Sin embargo, desde jóvenes aprendimos a depender de la aprobación ajena. Cuando hacíamos algo correcto según su mirada, se nos consideraba buenos. Y confundimos esa mirada de aprobación con amor. Pero cuando hacíamos algo erróneo según su mirada, se nos etiquetaba de "malos" y se nos negaba esa ola de energía apreciativa. Así aprendimos desde la infancia a creer en "ser bueno" o "ser malo" y creció en nosotros el sentimiento de culpa, cuya esencia es el autorreproche moral. Aunque preferimos culparnos que cambiar un patrón. Ser sinceros con nosotros mismos es ir a la raíz de lo que debemos arreglar. La culpa nos avisa de ello. Si nos disponemos a verlo, a dialogar y a aclararlo, vamos bien encaminados.
Estamos constantemente conversando con nosotros mismos. Incluso cuando no somos conscientes de ello, nuestra mente está en una cháchara constante. Cuando los pensamientos que creamos son inconexos entre sí, las palabras provocan ruido mental, que supone una polución de pensamientos inútiles y sin sentido. En esos momentos es bueno pararse, respirar profundo, centrarse y conectar con lo que sentimos. Así recuperaremos la sinceridad de la palabra que surge del corazón.
Ser sinceros con nosotros mismos implica escucharnos. Hay muchas voces internas que nos hablan, como son la voz del miedo, del ego, de la avaricia y los deseos, del pasado, de la autoestima, de los valores, de nuestros anhelos más profundos, además de las voces de las personas que tienen relación con nosotros y que nos dan su opinión. Para tomar decisiones adecuadas es necesario tener un buen discernimiento. ¿A qué decimos sí y a qué decimos no? Necesitamos estar centrados. Eso se consigue meditando.
También nos ayuda a decidir el tener claros nuestros objetivos. Así podremos evaluar cuáles de las oportunidades que se nos presentan nos acercan a lo esencial y cuáles nos alejan. Aunque en nuestra conciencia sabemos que a veces deberíamos decir "no", decimos "sí" por miedo a ofender, a parecer incapaces, por vergüenza, para evitar un enfrentamiento o incluso por culpabilidad de no estar ahí para alguien. Entonces es un "sí" con sumisión, en el que nos dejamos llevar por la inercia. Gandhi escribió: "Debemos negarnos a dejarnos llevar por la corriente. Un ser humano que se ahoga no puede salvar a otros".
Nuestro yo interior
"Somos una conversación" (Hölderlin)
Tanto si decimos "sí" o si decimos "no", cuando la decisión se basa en algún miedo, tendremos que justificarla e internamente nos sentiremos inseguros porque nuestro corazón no está ahí. Una decisión basada en el temor y con el objetivo de mantener una aparente seguridad, paradójicamente, nos mantiene inseguros por dentro. No hemos sido sinceros con lo que sentimos.
Se trata de aprender a decir "sí" o decir "no" con asertividad, con respeto hacia uno mismo y hacia el otro. Decir "no" con asertividad y con energía positiva implica que lo hemos reflexionado, que tenemos buenas razones para decir "no". Nuestro "no" surge de una energía positiva y no del rechazo, ni del rencor. Sentimos empatía hacia la persona o situación. Pero le explicamos que no es el momento y le ofrecemos alternativas.
Escuchar nuestra conciencia
"Nunca podrás escapar de tu corazón. Así es mejor escuchar lo que tiene que decirte" (Paulo Coelho)
Estamos condicionados mentalmente a juzgar. Nuestro juez interior etiqueta a los demás y a nosotros mismos. Entrar en un espacio de conversación sincera con uno mismo requiere manejar a nuestro saboteador y juez interior que no acepta lo que es, que etiqueta precipitadamente y reprime la voz de nuestra intuición, de nuestro corazón. Necesitamos un diálogo que nos permita poner al crítico interior "en su sitio", que deje de reprimirnos y de obstaculizar nuestras ilusiones. Para ello debemos escuchar la voz de nuestro corazón y atrevernos a seguirla. En la reflexión silenciosa conectamos con lo que realmente queremos, y desde ahí iniciamos el diálogo sincero.
Ser sincero con uno mismo es una liberación, ya que uno deja de intentar ser otra persona. Dejamos de estar divididos entre dónde estamos y dónde nos gustaría estar, eliminamos la tensión entre el aquí y el allí. Dejamos de compararnos continuamente con los demás. Nunca podemos ser otro. Cuando queremos aparentar y vivir la vida como la vive otro, dejamos de estar presentes y negamos nuestra excepcionalidad, belleza y valor como individuos. La sinceridad nos conecta con ello estando presentes en nosotros mismos. Esta presencia facilita alinear la voz de nuestra conciencia con lo que decimos y hacemos. Así, nuestras decisiones son coherentes con nuestros valores.

La ética de la responsabilidad
La verdad para cada uno es subjetiva y relativa. Con lo cual, ¿cómo evaluamos si somos sinceros y nuestra palabra es verdadera? Nuestro juicio de valor es importante. Creemos que debemos hacer algo, pero hemos de plantearnos la pregunta: ¿dañaré a alguien haciéndolo? Incorporar la consideración hacia el otro es esencial. Quien se engaña a sí mismo, engaña a los demás. Cuando engañamos, rompemos un vínculo verdadero y forjamos una relación de apariencias en la que la mentira juega un papel fundamental. El remordimiento aparece como mecanismo para que nos demos cuenta: no estamos siendo sinceros con nuestro juicio de valor. El remordimiento nos ayuda a enderezar esta conducta para regresar a espacios de mayor sinceridad.

LIBÉRATE DEL YO Y ENCONTRARÁS LA PLENITUD.......



La disciplina, es la capacidad
de decidir lo que uno
quiere llegar a ser.
Si deseamos que nuestro espíritu
prospere, debemos dotar a nuestra
existencia de mayor densidad.
Cada día más, licuamos nuestro SER
con banalidades consumistas que
sólo satisfacen el momento..
¡¡Qué somos entonces!!
¿YO & MOMENTO?
o
¿NOSOTROS & ETERNIDAD?




¡¡¡LAS CADENAS DEL YO!!!

La EMANCIPACIÓN del YO
nos llega como una brisa alpina
que despierta el ALMA.
Su frescura invade la conciencia
encaminándonos hacia postulados
superiores en el compromiso social.
En este estadio de vigilia liberada
del egoismo, podemos canalizar la
esperanza de amor.