TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!


¿VIVES DE Y CON TU "CUENTO".?




No se trata de condenar al capitalismo.
Se trata de alarmar-nos de los explotadores
que, sin amor, nos oprimen.
La EMANCIPACIÓN no canoniza la miseria,
sólo nos presenta los peligros de la opulencia.
Tengamos pues la valentía de
librar-nos de todo aquello que nos banaliza
y separa del amor.
El humano ha necesitado construirse un “cuento” que le acompañe en su soledad. Cada uno de nosotros transformamos nuestra realidad en una fantasía ilusoria que nos hace vivir en un espejismo a modo de una “pasarela” existencial.Aun así, nuestra ubicación no cambia y seguimos siendo el reflejo de una soledad en los cauces del consumo. Como sea que la vida ya nos viene regalada y vivimos “sedados” ante el futuro, sólo deseamos disfrutar el momento dando respuesta a los sentidos que simplemente nos diferencian de los primates a través de la conciencia.De esta conciencia diferenciadora trata el coaching dado que, a través del auto análisis, el individuo, se fortalece e impulsa su conciencia de ser y querer ser.

¿ESTUDIAS O TRABAJAS?


¿Compañeros o amigos?
FERRAN RAMON-CORTES

En las relaciones laborales, la amistad es una elección, pero la confianza debería ser una obligación. Sin ella es más difícil entenderse y llegar a ser buenos compañeros.
Hace algunos meses realicé un taller de comunicación interpersonal en una empresa en la que sus directivos se quejaban de que las relaciones entre los empleados no acababan de funcionar. Mis alumnos eran un grupo que llevaban entre dos y cinco años trabajando juntos. Como parte del taller les propuse que escribieran en un papel algún detalle personal sobre ellos que tuvieran la certeza de que los demás no conocían. La intención era leer cada uno de los papeles en público y pedir al grupo que acertara quién lo había escrito.
“Que haya confianza entre dos personas no quiere decir que se gustan, sino que se entienden y no se dejarán en la estacada”
Recogí los papeles y pensé que no me había explicado bien, porque en ellos habían escritas cosas obvias como “tengo un hijo”, “estoy separado” o “he estudiado ingeniería”. La verdadera sorpresa vino cuando al leerlos, todos fueron absolutamente incapaces de acertar a quién correspondía cada afirmación.
Comenté mis impresiones con el grupo diciéndoles que me sorprendía el bajo nivel de conocimiento que tenían los unos de los otros en lo que se refiere a sus vidas personales, y uno de los participantes, visiblemente enojado, me espetó: “Perdona, pero yo no vengo al trabajo a hacer amigos”.
Ser buenos compañeros de trabajo implica que nos tenemos confianza o, dicho de otro modo, que nos entendemos. En cambio, ser buenos amigos es un estadio diferente. Implica la existencia de un sentimiento mutuo, que se traduce en que nos gustamos.
Desde esta óptica, la confianza no está necesariamente ligada a la amistad. Es evidente que no hay amistad sin complicidad, pero debería ser también evidente que puede este tipo de relación puede existir sin amistad. Porque que haya confianza entre dos personas no quiere decir que se gustan. Quiere decir que se entienden. Quiere decir que cada uno puede confiar en que el otro mantendrá los compromisos que haya adquirido, o que no dejará al otro en la estacada. Quiere decir que cada uno de ellos hará lo mejor para el otro, con independencia de lo que sientan el uno por el otro. Personalmente he visto y he experimentado en propia piel muchas relaciones laborales de absoluta confianza, sin que hubiera ningún sentimiento de amistad de por medio. He visto personas que actuaban con total familiaridad entre ellas y que difícilmente compartirían una cena privada. Y he experimentado el entenderme perfectamente con algunos colegas con los que no he sentido jamás el impulso de compartir una copa juntos.
De alguna manera, la amistad es un sentimiento que está por encima de la confianza y que surge de manera natural en una relación cuando las personas, como suele decirse, tienen química. Pero no es necesario que exista para tejer una maravillosa y fructífera relación de compañerismo.
Mezclar trabajo y vida privada
“Sin confianza es difícil, por no decir imposible, mantener una buena relación” (James Hunter)
En las relaciones laborales, la amistad es una elección, mientras que la confianza debería ser una obligación, o al menos deberíamos perseguirla a toda costa, porque es la que propicia un buen clima de camaradería. Muchas personas establecen una clara separación, no compartiendo nada personal con sus compañeros de trabajo. Actúan bajo la convicción de que no se puede ni se debe mezclar nunca la vida privada y el trabajo.
Pero la realidad es que cada uno de nosotros somos una única persona, estemos trabajando o estemos en nuestra casa, y por mucho que queramos no podemos disociarnos a no ser que sea a costa de encerrarnos en nosotros mismos de una forma antinatural. No podemos funcionar en uno y otro ámbito como si se tratara de comportamientos estancos. Si hoy no he dormido por un problema con mi hijo, mañana en el trabajo los demás lo notarán y no podré evitarlo.
Es cierto que podemos, y en muchos casos será aconsejable, limitar los efectos de los problemas personales en el trabajo, o de los problemas laborales en casa. Es cierto también que podemos utilizar el trabajo para evadirnos de problemas personales. Pero trabajo y vida privada acaban siendo necesariamente vasos comunicantes, y lo que ocurre en un ámbito afecta al otro sin remedio.
Por ello es bueno y deseable que, entre colegas, nos conozcamos a nivel personal y seamos capaces de compartir aquella información que nos puede ayudar o que puede explicar determinados comportamientos de unos y otros. Es bueno conocer las circunstancias personales que rodean a nuestros compañeros, para poder actuar en consecuencia y echar una mano cuando se necesita o compartir una alegría cuando sea el caso. No conocer personalmente a los demás nos expone a cometer grandes errores de interpretación, y sobre todo nos impide tejer una relación de confianza que nos permita ser buenos colaboradores en el trabajo.
por estima o por amistad
“Expresar el amor con hechos, no con palabras, significa ayudar a los demás a hacer fructificar su potencial” (Chris Lowney)
En una relación sana de compañerismo, mi comportamiento debe guiarse por un principio fundamental: estimar a todos sin excepción. Chris Lowney lo expresa afirmando que “las organizaciones (…) dan lo mejor de sí cuando los miembros del grupo se respetan, se estiman y se valoran”. Pero cuando habla de estimar no está hablando de amor-sentimiento, sino que está hablando de amor-comportamiento, es decir, de hacer por los demás lo que más les pueda convenir.
El sentimiento surge de forma natural en una relación, pero el comportamiento es siempre materia de elección, y nosotros deberíamos elegir hacer por cada compañero lo que más le pueda ayudar, independientemente de lo bien o mal que nos caiga o lo que sintamos por él.
Pero la realidad es que demasiado a menudo no nos guiamos por este principio, sino que actuamos guiados por la amistad: asignamos proyectos, tenemos detalles y favorecemos –con mayor o menor consciencia– a los que nos caen mejor.
Esta forma de actuar no ayuda a crecer a los que no son nuestros amigos, sino más bien todo lo contrario, hace que se estanquen por falta de oportunidades y por poca atención por nuestra parte.
Si, por ejemplo, tenemos la potestad de decidir sobre un proyecto, deberíamos hacer participar a aquellos a quienes más les conviene para su desarrollo profesional, no a aquellos con los que nos lo pasaremos mejor trabajando. Si lo hacemos así, esto marcará la pauta de hasta qué nivel estamos dispuestos a crear cercanía con aquellos con quien no nos une la amistad.
Actuar sin favoritismos de amistad nos hará más dignos de la confianza entre los colegas y además propiciará nuevas relaciones, ya que es más fácil traducir nuestras acciones en sentimientos que traducir nuestros sentimientos en acciones.
Es cierto que entre aquellos con quienes compartimos amistad habrá quienes en un momento dado puedan vivir con desconcierto una decisión que beneficie a un compañero –que no amigo– en lugar de a ellos. No debemos cesar en nuestros esfuerzos por clarificar y hacerles entender la situación: todos los compañeros sin excepción son merecedores y pueden gozar de nuestra confianza, y algunos cuentan además con nuestra amistad. Pero nuestro comportamiento profesional se guía por la confianza, no por la amistad.

¡¡¡EN EL FONDO ESTAMOS SOLOS!!! Recuerda que cuando vas en transporte público estás muy acampañada pero siempre sola


Cada ser humano es una isla, donde sólo convive con su conciencia
y en ocasiones con un lago quieto que le informa sobre
qué rasgos asume su rostro de náufrago.
Benedetti

Si pones delante de ti un reloj con segundero y fijas la mirada en el segundero,
te llevarás una sorpresa: no puedes seguir acordándote por completo de él ni un minuto.
Puede que aguantes 15 segundos, quizá 20 y te olvidas.
Te pierdes en alguna otra idea..... y de pronto te acuerdas de lo que estabas intentando recordar.
Mantener continuamente la conciencia durante un minuto es defícil, así que hay que tener presente que no es un juego de niños.
Cuando intentas ser consciente de las pequeñas cosas de la vida, tienes que recordar que te olvidarás muchas veces.
Te distraerás con otra cosa y te irás lejos. Cuando vuelvas a acordarte, no te sientas culpable; es una de las trampas que nos propone la
conciencia.
Fuente: OSHO
"Cuando nos dejamos seducir por la EMANCIPACIÓN
la opción de vida toma otros senderos.
Asumir las consecuencias del destino es y debe
ser sólo un tránsito hacia nuestra misión
universal".
¿VIENES?

"NO SË"



Cuando decimos "no sé", estamos mostrando, en cierto sentido, una carencia, algo que desconocemos, que no tenemos disponible, algo que para muchos es una vulnerabilidad que nos deja expuestos ante los ojos de los demás.
Decir "no sé" implica dos declaraciones: la primera tenemos que hacérnosla a nosotros mismos cuando nos damos cuenta, honestamente, de que hay algo que no sabemos; la segunda tenemos que hacerla antes los demás cuando necesitamos ayuda, cuando queremos hacer algo al respecto. Ambas declaraciones son fundamentales para el aprendizaje y ambas requieren una buena dosis de humildad.
La primera declaración, la que nos hacemos ante nosotros mismos, es seguramente la más compleja, por que el ámbito de lo que no conocemos es inmenso y en buena medida desconocido incluso para nosotros mismos.
Darnos cuenta de lo que no sabemos supone conocer nuestras dificultades, nuestras áreas de desarrollo. Es el primer paso para el aprendizaje y el cambio. Si aceptamos que no sabemos ante nosotros mismos, si por el motivo que sea nos mantenemos ciegos, no nos damos ninguna posibilidad de aprender.
Creemos saber todo lo necesario, no tendremos conciencia de lo que nos falta, así es que no necesitaremos pedir ayuda, preguntar, ni siquiera escuchar puntos de vista diferentes. Cuando no somos capaces de declarar nuestros desconocimiento ante los demás, transmitimos un mensaje implícito: "YO ya lo sé todo" No necesito nada de tí. Tú no tienes nada que darme....
Por el contrario, cuando podemos hablar de nuestras limitaciones con humildad y mostrarnos abiertos a aprendr, transmitimos mensajes implícitos muy diferentes "acepto de que hay cosas que no sé" Necesito tu ayuda.
¿Tú lo sabes todo?

Ven a mi lado conciencia.... no me dejes solo


Cuando nos dejamos seducir
por la emancipación la opción
de vida toma otros senderos.
Asumir las consecuencias del destino
es y debe ser sólo un tránsito hacia
nuestra misión universal.
A lo largo del día,
nuestra mente va acumulando
más información de la que somos capaces
de asimilar conscientemente.
el bien es mayoria,
pero no se nota porque es silencioso.
Una bomba hace más ruido que una caricia,
pero por cada bomba que destruye,
hay millones de caricias que alimentan a la vida.
Vale la pena, ¿verdad?
Inicialmente se rien de tí.
Posteriormente te ignoran,
pero recuerda ¡¡¡al final tú ganas!!!

"SEAMOS PARTE DE LA SOLUCIÓN, NO PARTE DEL PROBLEMA"



Recuperemos el timón en un mundo caótico
MIRIAM SUBIRANA

Para no perdernos en esta ‘tormenta’ de caos e incertidumbres que nos agita, lo mejor es tener claros nuestros propósitos y desarrollar la creatividad. Pararnos un poco cada día y pensar en cómo retomar el control.
En el caos es difícil predecir lo que ocurrirá. El cambio es la constante, y planificar no funciona como en condiciones normales. No sabemos lo que nos espera y debemos estar preparados para improvisar. Nos ayudará la confianza. Confiar y creer en nosotros. Confiar en nuestra capacidad, en nuestros recursos internos y en los de los demás, permaneciendo abiertos y atentos para aplicar los más adecuados en cada situación.
“Seamos parte de la solución, no parte del problema. Esto implica salir del ciclo de rabia, miedo y tristeza. El pánico paraliza”
Sin confianza, sin fe conjunta, no podemos realizar proyectos unidos. La confianza vincula y une. Sin verdadera confianza, la creatividad no fluye. Generamos confianza cuando nos mostramos íntegros, queremos el bien del otro, demostramos capacidad para resolver sus necesidades, adoptamos un tono emocional positivo y mantenemos una buena autoestima.
Junto a recuperar confianza, en tiempos de incertidumbre es fundamental encontrar las pautas creativas que nos permitan surfear sobre las olas sin ahogarnos. Dejemos de ser náufragos a merced de las corrientes, las olas y el viento, llevando el timón de nuestra vida. Metafóricamente, las corrientes son las situaciones que han dejado huella en nosotros en forma de cicatrices, de relaciones que hay que cerrar, de aspectos con los que debemos reconciliarnos y de hábitos que nos dominan. Son las corrientes subterráneas que se mueven en nuestro interior y provocan inquietud, desasosiego y angustia. Las olas son las múltiples influencias que ejercen presión sobre nosotros. Influencias de personas, situaciones y trabajos. Los vientos son los condicionamientos culturales, religiosos, sociales, económicos, políticos, laborales y deportivos. Estos vientos condicionan nuestras decisiones, actitudes y acciones.
Si no sujetamos firmemente el timón de nuestra vida, las corrientes, las olas y los vientos seguirán dominándonos. Viviremos sin rumbo en el caos de los mares agitados. La cuestión está en cómo lo hacemos. La meditación nos ayuda a con-centrarnos y asentarnos en llevar el timón de nuestra vida. Otro método para desbloquear nuestra creatividad es la escritura creativa expresada en las páginas matinales. Cada mañana al despertar puede escribir lo que sienta y lo que hay en usted. Soltándose, sin reprimirse. Poner palabras a lo que sentimos nos ayudará a verbalizarlo, clarificarlo y soltarlo.
un propósito claro
“Para vivir creativamente, perdamos el miedo a equivocarnos”
(Joseph Chilton Pearce)
Para no ahogarnos en estos momentos caóticos, debemos tener claro nuestro propósito personal. Tendremos más energía cuando lo canalicemos para dar lo mejor de nosotros mismos desde nuestra autenticidad. Será un propósito conectado con el cambio global, y no centrado en satisfacer necesidades egoístas insostenibles. Cuando mantenemos nuestro propósito en nuestra conciencia, el poder de la intención actúa con fuerza: creas lo que crees. Los deseos y las intenciones pueden cambiar la manifestación física de la realidad.
Para clarificar nuestras metas podemos plantearnos ciertas preguntas: ¿qué me pide la vida?, ¿qué me ofrece que haga?, ¿a qué le presto atención?, ¿en qué me estoy fijando?, ¿cuál es mi responsabilidad?, ¿qué tengo que hacer ahora para vivir mi propósito? Estar en el presente refuerza nuestro valor.
Para cumplir nuestras metas nos ayudarán las afirmaciones. Son una buena semilla que da fruto si la plantamos aplicándola en nuestra vida, regándola y nutriéndola a diario. Crear nuestras propias afirmaciones funciona. Creamos nuestra realidad en base a lo que creemos y afirmamos. Ejemplos: “El pasado no tiene poder sobre mí”. “Yo puedo”. “No lo han hecho para hacerme daño”.
SOBERANÍA PERSONAL
La creatividad es el orden natural de la vida” (Julia Cameron)
Perdemos energía intentando controlar lo incontrolable. Podemos controlar nuestra mente y lo que sentimos entrenando la mente a pensar positivo. El enfoque positivo consiste en cambiar de dentro hacia fuera: ser creativos, pensar de forma distinta y provocar cambios positivos. Ser positivo significa encontrar siempre la mejor forma posible de responder a cada situación en nuestra vida. Así seremos más comprensivos, comunicativos y solidarios. Seamos parte de la solución, no parte del problema. Esto implica salirnos del ciclo de la rabia, el miedo y la tristeza, y entrar en la compasión, la valentía y la alegría. Cuando permitimos que los miedos se apoderen de nosotros, se atrofia nuestra capacidad creativa. Los miedos son los enemigos de la creatividad. El pánico nos paraliza. La cuestión está en mantener nuestra energía en el nivel más alto. Si los cambios nos pillan en momentos bajos, tendremos menos capacidad para afrontarlos.
Seamos creativos para mantener nuestra integridad y fuerza interior. Aprendamos a poner un punto y aparte. Frenar y controlar el tráfico mental. Redirigir nuestra energía en la dirección que queremos. Entrar en ese instante de silencio y la claridad emerge, la intuición habla y la escuchamos. En ese instante nos hemos liberado de las presiones. Practiquémoslo tantas veces como podamos, un minuto cada hora es lo ideal.
Otro método fácil es la respiración consciente. La respiración es la metáfora de la aceptación de la vida, al inspirar aceptamos vida. Inspirar es aceptar y espirar es contribuir. La respiración nos ayuda a conectar con el silencio interior, en especial cuando la mente genera mucho ruido. Ahora inspire profundamente, relájese, dé las gracias y al soltar el aire se da al mundo. En ese darse está la vida con su creatividad.
Una práctica regular como la meditación diaria, la sesión semanal de yoga, la oración nocturna, el paseo diario o la revisión personal nos ayuda a retomar el timón de nuestra vida. El mantener tiempos y espacios para profundizar en nuestro descubrimiento y desarrollo personal es lo que mejores resultados ofrece.
recuperar la paz
“Cierro los ojos para ver” (Paul Gauguin)
Por naturaleza, somos paz. Pero en este momento, ahora que el mundo nos habla de sus enfermedades e infortunios, es posible que nos encontremos lejos del ser pacífico. El propósito de la meditación es devolver la conciencia al núcleo silencioso del yo. La meditación es un buen camino para aquietar las maquinaciones de una mente complicada y retornar a la creatividad armoniosa.

Dar espacio a nuestra vida
Es bueno que demos espacio en nuestra vida diaria a todo lo que favorezca nuestro propósito y nos ayude a fortalecer nuestras relaciones. Aprendamos a decir no a todo lo que nos distraiga y debilite. Los entornos en los que trabajamos suelen ser disfuncionales para ser plenamente creativos. Busquemos espacios, personas, libros y momentos para liberar la energía creativa.
Cantidad de cosas llaman nuestra atención. Nos distraemos. Vamos de un lado a otro intentando atender todo lo que se presenta a nuestro paso. Si relajamos nuestro cuerpo, aquietamos nuestra mente y tranquilizamos nuestro corazón, podremos conectar con los impulsos procedentes de nuestra esencia. Descubriremos la enorme riqueza creativa de nuestro interior y daremos lo mejor de nosotros mismos.

Mi única política es dar lo mejor de mí todos y cada uno de los días.



La excelencia no es una acción, sino un hábito.
Podemos definir la excelencia como wl cuidado
y la atención para hacer las cosas lo mejor posible.
Con independencia de la tarea, la excelencia es un
camino que se recorre poniendo en juego nuestras
mejores capacidades y que ofrece importantes frutos
que están relacionados con el aprendizaje, la creatividad
y el crecimiento personal.
La exigencia es un camino muy diferente. La persona
exigente y exigida no busca tanto el hacer las cosas lo mejor
posible como el hacerlas perfectas.
Este es un matiz muy importante, porque esta búsqueda
se hace lógicamente imposible, de manera que uno
siempre queda insatisfecho. El camino de la
exigencia siempre está lleno de autorreproches
y de sufrimiento (podías haberte esforzado más o
podías haberlo hecho mejor).
La exigencia tiene la siguiente conversación asociada
"lo que hago es lo que soy" "y lo que soy hoy es lo que siempre seré".
Mi SER y mi HACER están íntimamente identificados y
además son inamovibles e inmutables.
Cada error, cada tropiezo en el camino, es un
fracaso insostenible que afecta lo más profundo de
mi identidad.
En el camino de la excelencia, los errores son parte
natural de la acción y pueden incluso ser vistos como
una oportunidad para detectar desviaciones, mejorar y
aprender de lo realizado. En este entorno, es mucho
más probable que nos atrevamos a intentar cosas nuevas,
asumir riesgos y desplegar creatividad. En el camino de
la exigencia, el error es visto como un enorme fracaso,
algo muy dificil de aceptar y digerir.
Por una parte, porque se vive internamente
como un atentado al SER. Por otra parte, porque es un
obstáculo que se interpone en la búsqueda de la
perfección.
Cuando se tiene este punto de vista, es mejor poner toda
la atención en la evitaciónb del error y, en consecuencia,
arriesgarse lo menos posible, de modo que cuando
aparece un fallo, podemos negárnoslo, enconderlo o
incluso desviarlo señalando a otra persona como
culpable, todo ello para evitarnos el sufrimiento
y la frustración que nos produciría admitir algo que
nos resulta muy difícil, porque nos deja muy vulnerables
ante la idea de haber tenido un terrible fracaso.
En el camino de la excelencia, el liderazgo se centra en la
mejora, el aprendizaje y el crecimiento de las personas.
Esto facilita una comunicación más abierta y el compromiso
de los equipos. La delegación se hace más responsable
y el clima laboral más positivo.
En el camino de la exigencia, sin embargo, hay más
dificultad para confiar en los demás. por lo que
aumenta la necesidad de controlarlo todo con el fin
de garantizar el éxito de los resultados.
EXCELENCIA EXIGENCIA
Busca la mejora /Busca lo perfecto
Error = Oportunidad/ Error = fracaso
Aprendizaje /Inmovilidad
Compromiso /Control
Confianza /Desconfianza
Delegación /Estrecha supervisión
Proactividad/ Reactividad
Innovación /Miedo a probar
Alegría y celebración/Tensión y reproches
Da buen feedback/ No da buen feedback
Abierto a recibir feedback/ Cerrado a recibir feedback
Clima positivo /Clima de tensión
Soy más de lo que hago./ Soy lo que hago.

SER SINCERO NO ES DECIR TODO LO QUE SE PIENSA, SINO NO DECIR NUNCA LO CONTRARIO DE LO QUE SE PIENSA.



La sinceridad tiene buena prensa. Confiamos más en las personas
que juzgamos sinceras y, al contrario, desconfiamos bastante de aquellas personas que juzgamos insinceras.
Existe una relación innegable entre la sinceridad y la confianza, y es importante tenerlo en cuenta, porque cuando la confianza se ve amenazada, las relaciones se resisten .
Ser sincero no es decir todo lo que se piensa, de modo que la sinceridad es el punto medio ente la mentira y la extrema sinceridad o "sincericidio".
A veces estamos instalados en la creencia de que es absolutamente necesario ser sinceros y decir siempre lo que pensamos. Es recomentable estar siempre en el equilibrio entre la absoluta sinceridad y la necesaria sinceridad sin que con ello debamos entrar en la mentira. Nuestras conversaciones privadas debemos reflexionarlas algo antes de convertirlas en públicas dado que debemos, siempre, tomar conciencia del efecto que pueden tener nuestras palabras auque sean muy sinceras.

Todo nuestro descontento por aquello de lo que carecemos procede de nuestra falta de gratitud por lo que tenemos



Nosotros debemos ser nuestro consuelo y los gestores de la responsabilidad que nos corresponde. Para convivir con ello depositamos nuestra esperanza en aquello que nos parace bello y gratificante.
Asi "la belleza" es la plenitud que nos consuela
La gratitud es una emoción que nos invade cuando pensamos que lo que tenemos es bueno y adecuado para nosotros, cuando podemos valorar lo que nos ofrece la vida.
Cada vez que pensamos que algo no es suficiente, estamos cerrando el paso a la emoción de la gratitud.
La gratitud es una actitud ante la vida que merece la pena cultivas, porque pensamos que, cuando esta presente, genera alegría, paz y fluidez. Cuando podemos mirar la vida con gratitud, los caminos de la apertura y del amor se abren a nosotros favoreciendo el amor a la vida y a los demás.
La gratitud hacia uno mismo supone la aceptación de que lo que soy es valioso y suficiente. Si aprecio mis recursos, si estoy conforme con mi identidad, si no tengo expectativas de cómo debería ser y no soy, puedo percibirme como un ser único, especial y precioso. Puedo sentirme como un regalo para el mundo y para los demás.
La gratitud para con los demás también está relacionada con el manejo de mis expectativas. Si puedo apreciar lo que el otro tiene para mí y valorarlo como algo precioso y especial, podré recibir cualquier cosa que me sea dada con alegria y gratitud.
La emoción de la gratitud y la actitud están intimamente ligadas a la acción de dar las gracias. Sin embargo, encontramos a menudo el acto de dare las gracias como una formalidad en la que hemos sido educado. Cuando no se acompaña de la emoción, se convierte en un gesto inauténtico, vacio y estéril. A veces nos parece que las acciones de los demás no merecen nuestro agradecimiento porque actúan por interés o por obligación. Solemos estar tan llenos de expectativas que es prácticamente imposible colmarlas, por lo que nos garantizamos una buena dosis de frustación y de infelicidad.
Algunas creencias que limitan nuestra capacidad para mostrar gratitud: "no tengo nada que agradecerte , porque no hay nada verdaderamente valioso quehayas hecho por mi", "No te agradezco, porque si lo hago, tal vez te confies demasiado o me pidas algo a cambio". estas son creencias asociadas al temor de ser vulnerables y mostrar nuestra vulnerabilidad es algo que nos resulta difícil porque nos expone.
¿PODEMOS SUSTITUIR EL HÁBITO
DE QUEJARNOS POR EL DE AGRADECER?

¿LOS PROCESOS DE COMUNICACIÓN SON VARIABLES?



Cómo comunicar los cambios
FERRAN RAMON-CORTÉS

Revelar de golpe una decisión importante a alguien cercano puede generar un conflicto. Es necesario preparar el terreno y dejar margen para que se vaya haciendo a la idea.
El hijo de mi amigo Pepe seguía el guion que su padre había previsto para su vida: después de su etapa escolar con un expediente académico brillante y varios veranos de estancia en Londres, cursaba el primer año de Administración de Empresas en una prestigiosa escuela de negocios.

“No debemos contar ciertas noticias cuando sean irreversibles a los ojos de otros: nos encontraremos con una reacción de angustia”

Hasta que una tarde, a mitad del segundo trimestre, fue a verlo al despacho y se lo soltó: “Papá, dejo la carrera. El año que viene me matriculo en Comunicación Audiovisual. Quiero ser realizador…”.
Mi amigo me llamó desesperado: “Ayúdame a disuadirlo. No puedo permitir que cometa semejante error…”. Recibí al hijo de mi amigo y hablamos un buen rato. Evidentemente no lo disuadí de nada. Me limité a verificar si la suya era una decisión firme y madura, y efectivamente así me pareció que lo era.
Los siguientes tres meses fueron de profunda tensión: mi amigo le cerró el grifo económico y prácticamente le negó la palabra. A su hijo, y también a mí, que intentaba hacerle comprender que era su elección y que no la había tomado irreflexivamente. Su hijo lo pasó muy mal y en más de una ocasión dudó de su decisión. Pero siguió adelante con su plan.
Hace unos días desayuné con Pepe. No solo ha aceptado la situación, sino que apoya con entusiasmo la carrera de su hijo. Al hablar de los meses pasados, los resumió en una frase clarividente: “Simplemente no estaba preparado para recibir aquella noticia”.
Mi miedo es tu miedo
“El único temor que me gustaría que sintieras frente a un cambio es el de ser incapaz de cambiar con él” (Jorge Bucay)
Cualquier decisión trascendente en nuestras vidas produce al compartirla un gran impacto en la gente que nos rodea. Aunque no lo deseemos, al comunicar un cambio vital importante provocamos una profunda alteración emocional en las personas más cercanas, y si esta comunicación se produce sin preámbulos, sin preparación alguna y de golpe, las posibilidades de que se genere un conflicto son evidentes.
Sería deseable compartir nuestras decisiones con los demás desde el principio, para darles tiempo a hacerse a la idea y digerirlas, pero lo cierto es que muchas veces posponemos la comunicación del cambio hasta el último momento, cuando no podemos esperar más o no tenemos más remedio que decirlo. Lo hacemos así porque tememos la reacción de los demás, pero sobre todo porque en el proceso de tomar la decisión nos sentimos inseguros y no queremos que nos hagan dudar. Nos da miedo que nos intenten disuadir de nuestras intenciones, que saboteen nuestros planes y que arruinen la ilusión que hemos puesto en el proceso.
Se produce así una profunda asimetría entre el proceso de tomar la decisión y el de comunicarla: mientras que al decidir nos tomamos todo el tiempo necesario para reflexionar, valorar y asimilar la situación (un tiempo que nuestro subconsciente utilizará para ordenar las ideas y poner cada pieza en su sitio), al comunicar la decisión, si lo hacemos de sopetón, no dejamos a los demás margen alguno para prepararse y los enfrentamos sin preaviso a un impacto emocional profundo, debido a un cambio que muchas veces es ya irreversible. Lo más probable es que este impacto les haga reaccionar impulsivamente, presos del temor.
Preparando el terreno
“Dejamos de temer aquello que se ha aprendido a entender” (Marie Curie)
Si compartimos nuestros planes con los demás desde el principio, y antes de haber tomado una decisión firme, nos arriesgamos a sufrir presiones y a no poder tomar nuestra decisión en libertad. Y si esperamos al final a comunicarlos, cuando ya no hay vuelta atrás posible, podemos provocar reacciones desmesuradas y acabar siendo víctimas de una profunda incomprensión.
¿Cómo podemos evitar ambos riesgos? La solución no es fácil y pasa por actuar en dos fases: en la primera, mientras tomamos nuestra personal decisión, podemos abstenernos de compartir nuestras intenciones. Podemos no desvelar nada mientras la decisión no sea firme, y así la podremos tomar sin ningún tipo de interferencia o condicionamiento. En la segunda, y una vez nos sintamos seguros con nuestra decisión, reiniciaremos mentalmente el proceso, actuando paso a paso, compartiéndolo con los demás, dándoles así tiempo para mentalizarse, para ir haciéndose a la idea, hasta poder aceptar nuestro cambio.
Esto significa que a la hora de comunicar grandes cambios podemos esperar a tener clara la decisión, pero no podemos esperar al último momento, porque necesitaremos un tiempo prudente para realizar todo el proceso de comunicación. Significa también que es importante no comunicar las grandes decisiones cuando sean a los ojos de los otros completamente irreversibles. Si no hay margen de maniobra, nos encontraremos muy probablemente con una reacción de angustia por parte de ellos.
Un buen punto de partida para el proceso de comunicación es que empecemos por compartir con los demás el estado en que nos encontramos, y que justifica la decisión que vamos a tomar (estamos frustrados por un estancamiento profesional, estamos desmotivados por una mala relación laboral, estamos ilusionadísimos con un nuevo proyecto que se va a realizar…). Esto exige, de entrada, preguntarse uno mismo con sinceridad por la causa, por el motivo de este cambio, que no tiene por qué nacer siempre del conflicto, sino que puede proceder también de la ilusión.
En segundo lugar, es recomendable retroceder mentalmente en el tiempo y volver a andar el camino andado al tomar la decisión, pero esta vez compartiéndolo con los demás. Los tiempos serán distintos, y podemos rehacer el camino saltando algunas etapas, pero es una buena forma de hacer participar al otro del proceso de reflexión hasta la decisión, y ayudará a que la acepten y la comprendan. La ventaja de hacerlo así es que nosotros, como conocemos el punto de llegada, nos mantendremos firmes en nuestra decisión. Pero los demás podrán ir siguiendo el proceso, podrán irse haciendo a la idea, de manera que puedan finalmente tener una respuesta serena. Reacciones imprevisibles
“De lo que tengo miedo es de tu miedo” (William Shakespeare)
Lo hagamos como lo hagamos, es importante que estemos preparados para recibir, de entrada, cualquier tipo de reacción. Las noticias inesperadas, aun preparando el terreno, producen reacciones impulsivas, muchas veces desmesuradas, de las que quienes las manifiestan se arrepienten en relativamente poco tiempo. Así, cuando nos enfrentamos a comunicar un gran cambio, debemos prepararnos para estas respuestas. Saber que lo normal es que se produzcan y que las primeras reacciones suelen ser negativas, porque son producto del temor de aquellos que las tienen. Si contamos ya de entrada con ellas, las podremos vivir sin dolor.
El hecho es que queremos el máximo respeto y libertad para nuestras decisiones, pero en la mesura en que estas influyen en la vida de los que nos rodean, debemos respetar también su reacción. Hemos de barajar la posibilidad de su falta de comprensión inicial, incluso de su enfado o su poca predisposición a entender o escuchar nuestros motivos. Pero debemos vivirlo con naturalidad, sin reaccionar nosotros a su primera reacción.
Y si al final nos hacen dudar… Si nuestra convicción se tambalea, será una señal de que en el fondo no lo teníamos tan claro, y habrá sido bueno que ocurriera. Más vale entrar en crisis en esta etapa que con las decisiones tomadas y ejecutadas.

¡¡¡POR SU COMPROMISO LOS CONOCERÁS!!!



COMPROMISO versus OBLIGACIÓN

Cuando, por fin, nos comprometemos vamos más allá de cumplir con una obligación. La persona comprometida es aquella que cumple con sus obligaciones haciendo un poco más de lo que, normalmente, se espera de ella. En muchos casos (demasiados desgraciadamente) la falta de compromiso se debe principalmente a la pereza, comodidad y egoismo que llegan a manifestarse incluso con arrogancia.
Las personas que no llegan a ejercer y/o actuar con compromiso se instalan, en el mejor de los casos en la obligación. Así la obligación sustentada como vínculo jurídico nos constriñe a la mera realización de una acción, según el derecho vigente. Con la obligación estamos fuera del protagonismo en la acción.
Posiblemente en nuestra cultura de acción encontramos entornos guiados por la OBLIGACIÓN. Los emisores de cultura nos orientan hacia el cumplimiento de la estricta OBLIGACIÓN dictada por sus intereses sin canalizar la enorme fuerza que el individuo puede aportar a través del COMPROMISO.
El coaching puede aportar una mayor sensibilización del individuo hacia el COMPROMISO ayudando a la ruptura con las cadenas de la comodidad. Así podemos pasar del ¡¡¡veámos que hay ahí para mí!!! al ¡¡¡veámos que puedo aportar yo ahí!!! ..........
Una reflexión ¿qué es de aquella persona que acciona a través de la obligación olvidándose del compromiso?
¡¡¡Por su COMPROMISO los conocerás!!!

LA MIRADA COMPASIVA Y EL COACHING.



"Manos que no dais, que esperais"
Hablar de "mirada compasiva" puede parecer algo extraño. Ya el término mismo de compasión está rodeado de prejuicios y falsas interpretaciones, resulta sospechoso. Hablas de mirada compasiva, para muchos, todavía se asocia a:
  • Beneficiencia autocomplaciente que satosface más a quien la ejerce que a quien la recibe.
  • Asistencia caritativa, limitada a la entrega material de una limosna, desprovista de una relación personal con la persona compadecida.
  • Asistencia puntual destinada a la solución de una situación también puntual, carente de una crítica social sobre las causas que producen la situación padecida por la persona a quien se compadece.
  • Donación de algo para aquietar, tranquilizar la conciencia, pero no la entrega-donación de uno mismo al otro.

La mirada compasiva ¿Qué es entonces?

  • Es ver las cosas desde la perspectiva del otro, ponerme en su lugar. "Mi" mundo no es "todo" el mundo.
  • Es mirar al otro con otros ojos, mirarle de frente, no apartar nuestra mirada de sus ojos, ni sentirnos avergonzados ante su mirada.
  • Es mirar al otro desde la responsabilidad para con él.
  • Es salir de mi yo para afirmar al otro, para que sea (exista) el otro.
  • Es descender de la altura de mi YO para encontrarme con el otro en la realidad de su vida.
  • Es dejarme inundar por la presencia del otro, que se hace para mí súplica y exisgencia.
  • Es pasar a la otra orilla (al otro) y quemar la barca, en un vieje sin retorno.
  • Es una filosofía y estilo de vida, no una simple manera de pensar. El otro no es una pregunta más es mi vida a la que debo responder. Es la PREGUNTA.

En la mirada compasiva no es el otro idealizado quien es compadecido, sino el sujeto concreto que vive en una situación también concreta. No nos compadecemos de la pobreza, sino de los pobres; ni de la explotación y humillación, sino de los explotados y humillados; ni de la enfermedad, sino de los enfermos. Al otro lado de nosotros, en la "otra orilla" no hay únicamente ideas o maneras de pensar, sino personas de carne y hueso que, además de pensar, también sienten y viven, sufren y aman. Están sometidos a experiencias de gozo y de dolor, de esperanza y de temor.

  • En la compasión hay siempre una actuación para aliviar el sufrimiento de la persona compadecida, hay un acompañamiento en el dolor.
  • La compasión va siempre acompañada de la acogida a la persona compadecida. Compadecer es acoger a la persona en toda su realidad.
  • En la compasión hay un compromiso para cambiar la situación que produce el sufrimiento del otro, para poner fin a aquello que le humilla y esclaviza.
  • En la compasión hay siempre lugar para la esperanza -las cosas pueden y deben cambiar-

La compasión es una fuerza poderosa que nos permite construir una sociedad más humana, más a la medida del hombre. Una sociedad construida sólo desde la justucia se haría insoportable.

¿Qué sería de los enfermos, discapacitados, desprotegidos, ancianos, niños, parados, etcétera si sólo contemplamos las relaciones entre los humanos desde el plano de la sola justicia?

¿Deseas conocer-te?

¿PARA QUÉ NO ANALIZAS TÚ ORIGEN?




¿DESEAS CONOCERTE?
Si guardas silencio hazlo por amor.
Si hablas hazlo con amor.
Si corriges hazlo por y con amor.
Si perdonas que sea con amor.
Así dentro de tí entrará la raíz de la
emencipación que te acercará
al gozo de la libertad.

Todos nacemos en un grupo o comunidad humana y en una cultura, en un tiempo y en un espacio determinados que nos condicionan. Cómo pensamos y cómo vivimos, nuestras costumbres y estilos de vida, nuestra organización social, el tipo de relaciones que establecemos con los demás, nuestras valoraciones, tradiciones, etcétera, están atravesados por la cultura del grupo humano al que pertenecemos. La realización concreta de nuestra existencia como sujetos morales está condicionada por "nuestro" grupo humano o comunidad, es el resultado de vivir en una determinada cultura y pertenecer a una determinada comunidad humana. A diferencia del animal no-racional, los humanos somos seres culturales. Nacemos desnudos de cultura, pero la vamos adquiriendo dentro del grupo humano (familia, grupos, sociedad) al que pertenecemos y en el que estamos integrados. También la moral, como forma de comportamiento, es fruto de un aprendizaje. El modo de situarnos "ante" los demás como sujetos morales se aprende y orienta nuestra conducta en un sentido u otro. Hay modos distintos de "ver" a los otros moralmente. Hay distintas maneras de "mirar" al otro moralmente. Depende de cómo concibamos al ser humano, en qué ética nos ubiquemos.
Hay dos modos fundamentales de entender al ser humano, dos corrientes de pensamiento antropológico:
1.- Aquel que concibe al hombre como ser autosuficiente, autónomo e independiente. El ser humano que existe en sí y por sí. Mi existencia como persona es independiente de la existencia del otro. Existe un individuo que después se une a otros individuos ya existentes para construir una comunidad o sociedad. Esta corriente de pensamiento responde a una concepción individualista del hombre. La expresión más inmediata de este modo de entender al hombre nos la da el filósofo francés Sartre cuando dice: "El infierno son los otros". En esta corriente de pensamiento individualista se ha realizado toda una educación, durante siglos, en la sociedad occidental.
2.- Hay otra corriente de pensamiento que concibe al hombre como un ser abierto al otro, en relación con el otro. Sin esta apertura y relación con el otro, el ser humano no se entiende. Es esta apertura al otro la que nos constituye en sujetos humanos. El ser humano es, por naturaleza, un ser relacional, dialógico, abierto al otro. El "yo" no existe sin un "tú" a quien nombrar, El otro no me es ajeno ni extraño: forma parte de mí. Mi existencia como persona está en manos del otro, depende de él.
¿DESEAS CONOCER-TE?

CUANDO LA COSTUMBRE ES NUESTRA PRISIÓN



DIGNIDAD Y ÉTICA
Vivimos en un mundo de posibilidades
que podemos abrir si nos liberamos
de la costumbre.
***
Los modelos mentales son aquellas opiniones, juicios, creencias, patrones del pensamiento hondamente arraigados en nosotros.
Influyen en nuestra manera de ver el mundo,
hace que observemos selectivamente.
Condicionan nuestra forma de actuar.
Están por debajo de nuestras conversaciones.
¿DESEAS REVISAR TU MODELO MENTAL?

¿CÓMO VIVIMOS EL AQUÍ Y AHORA?



Cómo hemos de vivir?
XAVIER GUIX


En tiempo de incertidumbres hay que optar por la acción y la creatividad. Lo importante es preguntarse qué hacemos con el tiempo y si solo queremos seguir siendo una pieza del decorado.
Nuestras vidas, metidas de lleno en la incertidumbre, se ven repletas de preguntas que urgen respuestas. Sin embargo, hay preguntas que están formuladas para abrir la mente, para bucear en nuestro interior y tomar decisiones de largo alcance. Cómo hemos de vivir es una de ellas.
“Necesitamos horizontes que nos inspiren, pero también saber manejar el día a día, saber vivir en el ahora, en el aquí”
Cuentan que Sócrates se pasaba el día deambulando por las calles atenienses, dedicándose a la dialéctica mayéutica, o sea, a interrogar a sus conciudadanos hasta desbrozar la verdad que podía ocultarse tras el bosque de creencias y prejuicios que anidaban en sus mentes. No se trataba tanto de poner en evidencia su falta de juicio o el desorden de sus planteamientos como de desvelarles su propia capacidad de “conocer”, de crear creencias verdaderas justificadas.
Los tiempos que vivimos son fuente de muchas preguntas e inquietudes sobre cómo resolver las dificultades presentes y, sobre todo, qué nos puede deparar un futuro que nace de cenizas tan amargas a veces. No obstante, la forma de interrogarnos y la necesidad de respuestas inmediatas puede acabar siendo peor. No es lo mismo preguntarse de qué comeremos mañana, que decirse ¿dónde podemos encontrar más comida? Una crea más incertidumbre; la otra promueve acción y creatividad.
Del mismo modo, hay preguntas existenciales que vamos resolviendo a lo largo de la vida: ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿adónde voy? Tarde o temprano nos encontramos con ellas y las atendemos o desechamos según nuestro momento vital. Sin embargo, a mi modo de entender, hay una pregunta que no admite demora ante la vida incierta que tenemos por delante: ¿cómo hemos de vivir?
A VUELTAS CON LA FELICIDAD
Nunca vivimos, sino que esperamos vivir, y, al estar siempre dispuestos a ser felices, es inevitable que nunca lo seamos (Pascal)
Sugiero que nos adentremos en las preguntas que genera la propia pregunta. De eso se trata. Y también de no quedarse embobado haciendo malabarismos mentales, sino en dilucidar caminos por los que transitar nuestro proyecto de vida. Se acabaron los tiempos de la homogeneidad, de los valores dictados y de pasar por el tubo porque es lo que toca. Por fin estamos apropiándonos de nuestra responsabilidad personal a la hora de elegir la vida que queremos vivir. Eso es un fastidio para los que buscan falsas seguridades en falsas identidades, sean propias o ajenas.
Una respuesta común a cómo hay que vivir es “felices”. No obstante, el acuerdo deviene desencuentro si tratamos de definir el secreto de la felicidad. No basta entonces el concepto de felicidad para definir ¿cómo hemos de vivir? Sin embargo, es muy útil disponer de tal quimera. Cuando la felicidad se convierte en un bien que nos inspira, en una representación de nuestra capacidad de vivir plenamente, entonces poco importa si existe de veras, si se puede o no alcanzar o si dura un rato o toda una vida.
El profesor de filosofía A. C. Grayling argumenta que para vivir la mejor vida posible tiene que haber algo ideal y muchas cosas prácticas. Necesitamos horizontes que nos inspiren a realizar una vida que valga la pena ser vivida, que nos ayuden a ir más allá de nuestras, a menudo, limitadas expectativas sobre nosotros y sobre la existencia. Pero también hay que saber manejar el día a día, saber vivir en el ahora, en el aquí, aprendiendo a resolver los avatares que asoman a nuestra cotidianidad. De poca cosa nos servirá encontrar la respuesta a la existencia de la felicidad cuando intentamos atorar una pequeña inundación en el lavabo de casa.
¿QUÉ HACEMOS CON EL TIEMPO?
El tiempo es la materia de la que he sido creado (Jorge Luis Borges)
Otra decisión a tener muy en cuenta es cómo decidimos vivir el tiempo que vivimos. Es cierto que existe un tiempo cósmico, otro psicológico y el más reconocible, que es el cronológico. Todos ellos son aspectos del tiempo que quedan situados en la acera de enfrente de nuestra vida. No es de extrañar que tengamos la sensación de perderlo, de no tenerlo, de verlo pasar inexorablemente.
No se nos ocurre, en cambio, pensar y sentir el tiempo como parte de nuestra propia creación. ¡Somos tiempo! ¿Estamos decidiendo cómo vivirlo?
Algo parecido ocurre con nuestros espacios vitales. Nuestras vidas acaban condicionadas por los espacios que escogemos, los lugares que ocupamos. Por desgracia, mucha gente vive mal por sentirse atrapada en los contextos que ha construido y de los que se siente incapaz de desprenderse. En realidad, todo nuestro espacio vital es el que cabe en nuestro cuerpo. Vivimos en él. Si algo debe preocuparnos, es lo que ocurre en su interior y cómo se refleja exteriormente. ¿Hasta cuándo vamos a permitir convertirnos en una pieza más del decorado?
UNA VIDA MERECIDA E INSPIRADA
Lo que eres habla tan alto
que no puedo oír lo que dices (Ralph Waldo Emerson)
Muchas personas viven aún creyendo que deben ganarse la vida. Se acuestan por la noche resoplando y se dicen: “¡prueba superada!”. No estamos en esta vida para aprobar nada, sino sencillamente porque la merecemos. No obstante, debemos hacernos dignos de tal donación. Cada uno a su manera, y con las cartas de las que dispone, está aquí para aprender. Y no lo va hacer solo, sino con los demás. Va a ser en ese intercambio donde puede descubrir la naturaleza del amor como fuente de inspiración.
¿Qué te ha inspirado a seguir adelante en la vida? ¿Quién es para ti un ejemplo de inspiración? ¿Qué significa vivir una vida inspirada? Creo, efectivamente, que hay que vivir una vida inspirada. Nos inspiran las obras de los demás, sus palabras, sus gestos, sus compromisos, sus valores o principios. Nos sentimos inspirados cuando somos capaces de compartir experiencias que nos trascienden, que impactan en nuestro ser y sirven, desde ese momento, como guía de nuestra conducta. Necesitamos inspiración para lograr superar momentos adversos o para afrontar grandes retos que nos parecen inalcanzables.
Este ha sido un artículo con muchas preguntas, seguro que sin suficientes respuestas. Esta era la intención. Preguntarnos por cómo hay que vivir nos invita a ir más allá del día a día, para cuestionarnos sobre la satisfacción de lo vivido y por dónde queremos circular a partir de ahora. ¿Qué le da sentido a nuestra existencia? En horas de crisis cabe volver a las preguntas esenciales que desvelan la razón por la que seguir adelante y la poesía necesaria para que el sí a la vida sea rotundo y sin dudas.

¿INCERTIDUMBRE?



¿Cómo te manejas con la INCERTIDUMBRE?
"Podemos medir el grado de inteligencia
de un humano por el nivel
de incertidumbre que es capaz de soportar".
La soledad forma parte de tu naturaleza.
Únicamente el humano tiene la posibilidad de moverse en vertical, hacia arriba, no sólo en horizontal.
La mayor parte de la humanidad se comporta simplemente como calquier animal: su vida consiste únicamente en crecer en edad, no en crecer hacia arriba.
El hombre nace en una familia de seres humanos. Desde el primer momento no está solo; por tanto, adquiere una cierta predisposición a permanecer siempre con gente.
A consecuencia de esto, nunca llega a conocer la belleza de la soledad; el miedo se lo impide.
osho

El dolor es inevitable aunque el sufrimiento es opcional.



La paz debe ser perdón y olvido.
Además de un "don" es el escenario
donde la "emancipación" encuentra
la voluntad del humano y su plenitud
como ente espiritual.

El dolor tiene que ver con fundamentos biológicos
que afectan al sistema nervioso.
Sin embargo, el sufrimiento está directamente
relacionado con la interpretación
que hacemos de lo que sucede.
"No son las cosas las que atormentan a los humanos,
sino las opiniones que se tienen de ellas". (Epicteto)
"Si no está en tus manos cambiar una situación que
te produce dolor, siempre podrás escoger
la actitud con la que afrontes ese sufrimiento.
Todos sabemos que a lo largo de nuestra vida se
sucederán cambios y transformaciones que
supondrán una cierta pérdida y nos generará dolor.
La vida y sus circunstancias nos separará
de amigos, iniciaremos relaciones que se
extinguirán, nos enfrentaremos a separaciones
dolorosas, experimentaremos la muerte de
seres queridos. Es parte de nuestra condición
humana..... una parte que nos genera..
desasosiego, tristeza y miedo.
El sufrimiento tiene dicersas estrategias... veamos:
  • Podemos vivir acobardados, con miedo a que se produzca eso que tanto dolor nos produciría, impidiéndonos a afrontar riesgos y provocando mucho sufrimiento a nuestro alrededor.

  • Podemos enfadarnos y resentirnos con el que nos hizo daño o incluso con la vida, dejando que el odio, el resentimiento y el deseo de venganza invadan nuestro corazón, convirtiéndose así en el nuevo motor de nuestras vidas.
  • Podemos resignarnos y quedarnos anclados en el sufrimiento, sin fuerzas para salir de él, con las puertas cerradas a la vida, con la convicción de que es normal sentirnos como nos sentimos, que las cosas no pueden ser de otra manera dadas las circunstancias.
  • Podemos resistirnos a aceptar las pérdidas que nos trae la vida, negar que lo que ha ocurrido ocurrió. Fantasear e imaginar otros escenarios, encontrar explicaciones y contarnos las cosas de forma que aparentemente duelan menos.
  • Podemos evitar las situaciones de duelo y negar el dolor, esconderlo o disfrazarlo de mil maneras, enmascarándolo de trás de la bebida, por ejemplo, o de una vida acelerada y desconectada de lo que realmente sentimos.

El sufrimiento es un error en el pensamiento, es una interpretación acerca de lo que ocurre. Las cosas no duelen por sí mismas, sino por los juicios que hacemos acerca de ellas.

EL TEMIDO TIENE MOTIVOS PARA TEMER. NO SE PUEDE CONSEGUIR A LA VEZ SER TEMIDO Y VIVIR TRANQUILO.



La agresión surge de la creencia
de que el otro nos produce dolor
y por tanto,
merece ser castigado.
No busca reparación ni tiene
más beneficio para el agresor que el
de satisfacer su necesidad de venganza.
La persona que agrede, de hecho, lo hace
porque siente, a su vez, que ha sido agredido.
La agresión, surge cuando no podemos
mirar al otro como un ser legítimo y
aceptar sus diferencias, cuando no podemos
entender su necesidad y conectarnos con ella,
cuando no podemos, en suma, mirarle amorosamente.
Cuando observamos a alquien y no podemos
darle legitimidad, nos asaltan toda clase de
juicios acerca de cómo la forma de ser, de pensar
o de actuar de esa persona interfiere en nuestra
vida o nos afecta.
En un plano profundo, vivimos estas diferencias
como una agresión y nos sentimos amenazados.
Perdemos la capacidad de comprensión de su necesidad
y de su vulnerabilidad y reaccionamos con
agresividad.
De esta manera las cadenas de agresividad
se desarrollan y crecen. Es necesario observar
el conjunto de las cadenas de agresión y no
sólo las agresiones más explícitas para entender
el juego. En el fondo la agresión es una
acción defensiva.
Si podemos incorporar esta distinción y
aceptar nuestra capacidad para agradir, estaremos en disposición de hacernos otras preguntas:
¿qué le pasa?, ¿por qué se pone así?
¿desde dónde lo he dicho? y ¿bajo que emoción?
¿qué juicios estaba teniendo yo sobre esta
persona o sobre esta situación?
Te invito a preguntarte
¿qué otra cosa diferente podrías probar la próxima vez?

La capacidad de comprometernos es probablemente el aspecto más destacable y constitutivo de nuestra existencia como seres humanos



El compromiso es un elemento fundamental
para el aprendizaje y, por tanto,
imprescindible para acercarse
a la emancipación.
Todos estamos comprometidos con algo
y eso hace que prioricemos y que hagamos
ciertas elecciones en nuestras
vidas.
Las acciones que elegimos son siempre
coherentes con nuestra intención,
aunque no siempre tengamos la
sabiduría o el coraje para darnos
cuenta de cuál es nuestro
verdadero compromiso.
El ejecutivo que trabaja doce horas al día
está comprometido con su acción
profesional (según parece),
más debe aprender a cuidar su
salud.
Lo mismo sucede cuando solicitamos
una excedencia temporal tras el
nacimiento de un hijo. Esto demuestra
estamos más comprometidos con la
paternidad/maternidad (según parece)
que con la profesión.
Todo compromiso exige hacer elecciones
y renunciar a otras cosas, aunque
a veces, realizamos estas elecciones de
forma automática, sin pensarlo demasiado.
Lo interesante es tomas conciencia
con qué y para qué estamos comprometidos
con algo.
Aprender a comprometerse es por tanto tan
importante como desarrollar habilidades
para generar y mantener el compromiso en
los otros.
Cuando nos comprometemos con
algo profundamente, hacemos una elección
libre y voluntaria para alcanzar nuestros
objetivos y asumimos el coste
y el esfuerzo que dicha elección conlleva.
En cambio, la obligación, es un viejo
conocido para la mayoría de nosotros.
Llegamos a creer que casi todas nuestras
acciones conllevan una obligación en la
que estamos preocupados sobre las consecuencias
de no cumplir.
En el compromiso el foco está en el deseo,
en la pasión por el amor al prójimo, la
motivación para hacer las cosas
que hemos elegido en libertad.
¿una promesa puede romperse?

HOGAR DULCE HOGAR



El calor de nuestro hogar
JENNY MOIX


Diferentes estudios han demostrado los efectos terapéuticos de la arquitectura y la decoración. Nuestro hogar es nuestro refugio, y pensar en cómo sentirnos a gusto en él, una premisa para mejorar nuestro ánimo.
En la excelente película Los intocables de Eliot Ness, ambientada en el Chicago de los años treinta, el protagonista (Kevin Costner) persigue implacablemente al gánster Al Capone. Una persecución que se convierte en una sangrienta batalla. Mientras Eliot Ness sufre lo indecible, su dulce esposa lo telefonea para saber cómo se encuentra y le pregunta de qué color cree que debería pintar las paredes de la cocina. Al colgar el teléfono, él reflexiona en voz alta:“Una parte del mundo todavía se preocupa por el color de la cocina”. Aunque nos lo parezca, la mujer de Eliot Ness no se está ocupando de un tema tan baladí. Para la cordura humana, el estado de nuestras casas es mucho más crucial de lo que parece.
“Nuestro humor incide en cómo cuidamos nuestra casa y, al revés, el estado de nuestro hogar influye en cómo nos sentimos”
“Lo realmente importante es sentirnos cómodos y cobijados en nuestras casas, y eso no significa estar rodeados de lujo”
¿Qué debían sentir nuestros ancestros cuando se refugiaban en sus cuevas? Entrar o no podía significar seguir viviendo o morir. Las cavernas les protegían de las arrasadoras inclemencias del tiempo y de los feroces depredadores. Cobijarse en sus grutas debía constituir un gran alivio para ellos. Y nosotros, ¿qué sentimos cuando entramos en nuestro hogar y cerramos la puerta? ¡Buf! Otro gran alivio. Los leones no merodean por las calles, pero siguen existiendo “leones”, simplemente con otras formas (jefes, clientes, compañeros, reuniones, compromisos sociales, tráfico…).
Nuestra casa es nuestro cobijo. Cuando contemplamos desde nuestro sofá las espantosas escenas que cada día arrojan los noticieros, nos sentimos de alguna forma protegidos de toda esa barbarie. Sentimos que nuestras paredes nos resguardan de alguna manera. El hogar no es solo donde nos cobijamos, sino también donde podemos recargar energías para nuestro día a día. Ese rincón del mundo es esencial para nuestra vida.
La casa y el estado de ánimo
“Si hay belleza en el carácter, habrá armonía en el hogar. Si hay armonía en el hogar, habrá orden en la nación. Si hay orden en la nación, habrá paz en el mundo” (Confucio)
Cuando se evalúa la depresión se tiene en cuenta el aspecto físico de la persona, esto es, si va limpia y arreglada. No saquemos una conclusión simplista, eso no significa que todo el mundo que se encuentra deprimido descuide su imagen, ni que todas las personas desarregladas sufran depresión. Pero sí que puede ser un síntoma más. Desde mi punto de vista, también se debería tener en cuenta el estado de la casa. De hecho, hablando con compañeras psicólogas todas compartíamos experiencias de pacientes que sus casas reflejaban su estado de ánimo. Pacientes desilusionados con casas descuidadas o personas en las que el desorden mental se veía reflejado en todas las habitaciones.
Nuestro humor incide en cómo cuidamos nuestra casa y, al revés, el estado de nuestro hogar influye en cómo nos sentimos. Un ejemplo extremo es estar de traslado. Vivir con nuestras cosas metidas en cajas es de lo más estresante. Para nuestra paz mental necesitamos tener cada cosa en su sitio.
Algunas investigaciones muestran cómo la arquitectura y la decoración de los hospitales influyen no solo en el estado de ánimo de los pacientes, sino también en su recuperación. En un estudio realizado por Roger S. Ulrich, de la Universidad de Delaware, se compararon dos grupos de pacientes que fueron sometidos a una colecistectomía. Los pacientes del primer grupo pasaron su convalecencia en una habitación con vistas a un paisaje natural, mientras las personas del segundo grupo solo oteaban edificios desde sus ventanas. Los primeros necesitaron menos días para ser dados de alta y tomaron menos analgésicos mientras estuvieron hospitalizados.
La atención que se presta a la decoración de los hospitales cada día es mayor, dado que, como el anterior, muchos estudios muestran la influencia de la arquitectura y del interiorismo en las emociones y la convalecencia de los pacientes. Con estas premisas se puede suponer que en el caso de nuestras casas pasa exactamente lo mismo.
Redecorar nuestras emociones
“Mira las estrellas, pero no te olvides de encender la lumbre en el hogar” (Proverbio alemán )
Si el estado de nuestra casa nos da más o menos equilibrio, más o menos paz, más o menos energías, parece necesario que empecemos a meditar qué podemos cambiar para sentirnos más a gusto en ella. Podría ser terapéutico. De hecho, una psicóloga me comentaba que una parte de la terapia con una de sus pacientes consiste en que arregle su casa. Y le pide que en cada visita le traiga fotos. Una de las formas de comprobar su avance mental es observar el progreso de su hogar.
Está claro que es terapéutico porque en muchas ocasiones esa necesidad de arreglar nuestra cabaña surge de muy adentro. En el síndrome del nido se ve muy claro. Muchas mujeres embarazadas sienten la necesidad imperiosa de limpiar, ordenar y preparar todo lo referente a la llegada del bebe.
Una mujer que padeció cáncer me explicaba que durante la quimioterapia le dio por poner muchas plantas, y lo más curioso es que conocía otros casos como el suyo. Igual nos encontramos ante otro síndrome que de momento no tiene nombre.
Una amiga me comentaba que después de su divorcio, en plena intemperie emocional, empezó a comprar mantas y cojines y a encender la lumbre cada día. Según ella, era como si sintiera un frío dentro y necesitaba mucho calor de hogar. Así se sentía mejor.
Desgraciadamente, no siempre se repara el estado de ánimo simplemente arreglando nuestra cabaña. No son pocas las personas que dan miles de vueltas antes de llegar a casa. Hacen cualquier cosa para retrasar al máximo el momento. Entrar supone un suplicio. “La casa se me cae encima”, es una de sus expresiones favoritas. Los motivos no suelen encontrarse en la vivienda en sí, sino más bien en la relación con quienes habitan en ella (padres, pareja…). Incluso, en algunos casos, la raíz de esa desazón se halla en las profundidades de la misma persona. Cuando no estás bien contigo mismo parece que no hay lugar en el mundo que dé paz, ni tu propio hogar.
batalla contra el desorden
“Los niños iluminan el hogar. ¡Cómo no iluminarlo, si dejan las luces prendidas en todos lados!” (Aldo Cammarota)
Mientras escribía este artículo, asistí a una tertulia que celebramos asiduamente un grupo de amigos psicólogos. Les pedí tratar el tema de la casa. Y enseguida apareció un subtema: el desorden. Una de las tertulianas nos expuso este dilema: “Imaginaros una familia compuesta por la madre y el padre y dos niños pequeños, una familia feliz. Siempre juegan y, como consecuencia, tienen la casa muy desordenada. Ese desorden no les hace sentir bien. Y así se enfrentan a un dilema “orden o felicidad”. La verdad es que ninguno de nosotros caímos en la trampa dicotómica que ofrece este dilema porque en esta vida normalmente la salida se encuentra en el medio.
El orden tiene diferentes significados para cada uno de nosotros. Podemos encontrarnos ante una mesa rebosante de montañas desparramadas de papeles y que su propietario nos aclare: “Para mí está ordenado, sé donde se encuentra cada papel”. Y todos conocemos personas obsesivas que cuando entras en su casa parece que nadie vive allí.
En la tertulia llegamos a la conclusión, a la que media humanidad también ha llegado, de que es muy importante diferenciar espacios comunes y privados. En los comunes es importante que reine el orden (no obsesivo), mientras que en los espacios privados cada uno puede tener “su orden”. De hecho, recuerdo a una mujer que uno de los motivos principales de discusión con su marido era el desorden de este. Finalmente, se solucionó de forma práctica. Llegaron al acuerdo de que una de las habitaciones sería el estudio de él, y ella no entraría ni para limpiar ni para ordenar. Sería la pequeña isla del marido y allí podría reinar “su orden”. Con los adolescentes, muchos padres llegan a esta especie de acuerdo. La habitación del adolescente, por definición, está desordenada. En una ocasión leí que en un piso piloto de una nueva promoción, para que fuera todo más realista, presentaban la habitación destinada a los niños ¡desordenada!
No es cuestión de dinero
“El hombre feliz es aquel que, siendo rey o campesino, encuentra paz en su hogar” (Johann Wolfgang Goethe)
Una gran parte de los españoles, cuando son encuestados y se les pregunta que harían si les tocara la lotería, responden que destinarían el dinero a arreglar alguna parte de la vivienda. Es verdad, si tenemos dinero es más fácil tener nuestro hogar como nos gustaría. Pero no es menos cierto que la cantidad de dinero que uno tiene no es proporcional con lo acogedora que es su casa.
Muchos ricos famosos exhiben sus casas en las páginas de las revistas del ramo. Estancias enormes, sofás kilométricos, todo milimétricamente colocado, y el protagonista en cuestión, vestido a conjunto con la habitación. Me conmueve pensar que habrá personas que soñaran con eso pensando que allí se encuentra la felicidad. Pensemos que, en algunos casos, esos famosos tienen la parte de la casa que enseñan y otra más íntima en donde realmente viven, porque, ¿quién se puede encontrar recogido en un sofá que no se acaba nunca?
Lo importante es sentirnos cómodos y cobijados, y no rodeados de lujo. La prueba está en que la mayoría de las personas que se hospedan en hoteles de lujo acaban finalmente por añorar sus hogares.
Mi abuela, como ha ocurrido con muchas mujeres de su misma época, vivió duramente su infancia y juventud. Ya bien entrada en su madurez, su vida se fue acomodando e incluso pudo ahorrar. Gran parte de esas pesetas las invirtió en mantas. Grandes y cálidas mantas de lana que en su mayoría regaló a mi madre. Debía de ser proporcional la cantidad de mantas que compró con el frío que debería de haber pasado de pequeña. Ahora yo atesoro algunas. Cuando me acoplo en mi rincón del sofá con una de esas mantas por encima me parece notar el cariño de mi abuela enredado entre las hebras de la lana. Esa sensación no tiene precio.