TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!


¿Tú eres CAÍN O ABEL?




Todos tenemos un Caín y un Abel
dentro de nuestro SER.
El coaching debe ayudarte a que
tu Caín se transforme en Abel.
Es una labor posible pero necesita
de tu ayuda.
No sólo es un proceso puntual
si no que precisa de un constante
acompañamiento.
Nuestro proceso de coaching te
ofrece este equilibrio que requiere
de tu constante voluntad.
No dejes que el absurso invada
tu vida.

¡¡¡Perdone, usted!!!


Tú tienes tu camino
Yo tengo mi camino.
En cuanto el camino correcto y único,
es algo que no existe.
Nietzsche

PERDONA LA INTROMISIÓN PERO EL "COACHING COMPROMETIDO" TE PROPONE ALGÚN PLAN DE ACCIÓN
Cambiar el miedo por la Esperanza.

Ríe.
Ayuda a un necesitado.
Juega con un niño.
Busca tu felicidad.
Piensa en lo que tienes.
Deja de ser un rehén de los demás.
Date un capricho.
Abandona tu soberbia.
Abraza + la humildad.
Acepta al otro como legítimo otro.
Vive con tus emociones.
Deja de ser víctima y acepta ser responsable.
Lee un libro.
Distingue entre hechos y opiniones.
Se solidaria.
Además de docente acepta + compromiso.
Abandona lo material.
Trabaja con la confianza y deja el control.
África también existe.
Pon acción a tu visión y tendrás un sueño.
Comparte cosas con los demás,
Deja que los demás te ayuden.
Se generosa.
Escucha a los demás.
Abandona tu "caja de confort".
Del error nace el aprendizaje.
¿Qué les falta?
¿Cómo puedo colaborar?
Abandona ¿qué hay aquí para mí?
Escribe tu ilusión.
Ama
*
La pobreza no es natural.
Es algo creado por el hombre
y que por tanto puede
ser erradicada
por las acciones humanas.
Nelson Mandela

NO SALEN EN LA FOTOGRAFÍA.......pero la conforman...... ¿conoces tú genética física y social?



El peso de nuestros genes
JENNY MOIX
El determinismo de nuestros genes desentona en nuestra visión de la vida. Aceptar que influyen en cómo somos y lo que hacemos nos ayudará a comprendernos mejor.
Imaginemos que siempre nos ha hecho ilusión estudiar antropología por la universidad a distancia, y de repente lo vemos claro y decidimos matricularnos al día siguiente. Mientras este pensamiento flota por nuestra mente, suena el teléfono. Es un hermano gemelo univitelino (con los mismos genes que nosotros) cuya existencia desconocíamos. Durante la conversación descubrimos estupefactos que nuestro hermano acaba de escoger la misma carrera, se casó en las mismas fechas que nosotros, a su hijo le puso el mismo nombre que nosotros al nuestro y ha votado al mismo partido.

“Nos gusta creer que todos nacemos iguales.Es una idea más romántica que pensar que nacemos con algunos dados ya tirados”
“Si asumimos nuestras tendencias genéticas, nuestra mirada hacia la vida se volverámás humana y comprensiva”

Aunque esta situación es solo hipotética, las increíbles coincidencias que se dan entre gemelos univitelinos adoptados por diferentes familias ¡son del mismo calibre! Y ante este hipotético hecho, Steven Pinker, catedrático y gran experto en la mente humana, arroja una inquietante pregunta: “¿Qué grado de criterio propio tuvo ese nosotros que tomó las decisiones, si el resultado se podría haber predicho de antemano, al menos de forma probabilística, a partir de unos sucesos que ocurrieron en las trompas de Falopio de nuestra madre hace ya bastantes años?”.
Nos gusta creer que todos nacemos iguales. Parece más ético e incluso más democrático. Preferimos suponer que nuestro destino depende exclusivamente de lo que hagamos, que somos libres para diseñarlo como queramos. Es una idea más romántica que pensar que nacemos con algunos dados ya tirados. Nos agrada pensar que los bebés son como páginas en blanco. Y en este ramillete de preciosas ideas que decora nuestra mente, el determinismo de nuestros genes desentona.
admitir la determinación genética
“Al explicar la conducta y el pensamiento humanos, la posibilidad de que la herencia desempeñe algún papel tiene aún la capacidad de impresionar” (Steven Pinker)
Una de las pruebas de que a los humanos nos cuesta creer en la determinación de los genes es la feroz crítica de la que son objeto los expertos que la defienden. Un ejemplo lo constituyen Richard Herrnstein y Charles Murray. Ellos publicaron The Bell Curve, donde sostienen que las diferencias en los test de inteligencia entre los estadounidenses negros y blancos se deben no solo a causas ambientales (o sea, al aprendizaje), sino también a diferencias genéticas. Críticas igualmente despiadadas recibió Judith Rich Harris cuando publicó El mito de la educación, donde señala que la personalidad de los niños está configurada tanto por sus genes como por el medio.
Un colectivo a quien también le cuesta admitir las diferencias genéticas, en este caso entre hombres y mujeres, lo constituyen algunas feministas. En algunos casos han llegado a afirmar que todas las diferencias de género, excepto las anatómicas, se deben a los diferentes roles que nos otorga la sociedad.
Las diferencias genéticas entre hombres y mujeres existen, pero eso no puede hacer tambalear nuestro objetivo de igualdad. La inteligencia general es igual en término medio entre los dos sexos, y prácticamente todos los rasgos psicológicos se pueden encontrar en diversos grados entre los miembros de cada uno de ellos. Dicho de otro modo, cualquier generalización sobre un sexo siempre será falsa para muchas personas. Que hombres y mujeres nazcamos con unas tendencias no significa que la educación no nos module. Obviamente, debemos seguir luchando para que niños y niñas reciban una educación no sexista.
Melisa Himer, en el año 2002, realizó un experimento para comprobar las preferencias en cuanto a juguetes de individuos de los dos sexos de muy corta edad. Les puso a su alcance juguetes de marcado sesgo sexista: un camión y una pelota, una muñeca y una sartén. El sexo masculino prefirió el coche y la pelota, mientras el femenino, la muñeca y la sartén. Lo más increíble es que los sujetos ¡eran monos!
Son incontables las investigaciones que demuestran que muchas de las diferencias entre hombres y mujeres hunden sus raíces en los genes. No nacemos como una tabla rasa. Salimos del útero materno ya con nuestras tendencias. He aquí un escalofriante ejemplo: Este suceso ocurrió en Estados Unidos en la década de los setenta. El triste protagonista de la historia fue un niño de ocho meses que perdió el pene en una circuncisión mal hecha. Sus padres consultaron al famoso investigador John Money, quien había dicho: “La naturaleza es una estrategia política de quienes están obligados a mantener el statu quo de las diferencias de sexo”. Les aconsejó que dejaran que los médicos castraran a su hijo y que le implantaran una vagina artificial. Eso hicieron, y a su “hija” nunca le contaron lo sucedido.
Años más tarde, en un artículo del New York Times se publicaba que “Brenda” (en realidad, Bruce) avanzaba en su infancia como una auténtica niña. Eso era lo que la sociedad y los mismos padres deseaban creer, pero la verdad era que desde muy pequeña Brenda se sentía un niño atrapado en un cuerpo de niña. Rasgaba los vestidos, rechazaba las muñecas y prefería las armas, le gustaba jugar con chicos e insistía en orinar de pie. A los 14 años decidió que o bien vivía como un niño, o bien se quitaba la vida. Finalmente, su padre le contó la verdad. Se sometió a una serie de operaciones para volver a asumir su identidad masculina y hoy está casado con una mujer. La educación no lo es todo.
Cuando hablamos de los rasgos físicos, el peso de la herencia nos parece evidente. En las psicopatologías, la herencia también juega un papel. ¿Cuál es el mejor indicio de que una persona llegará a ser esquizofrénica? Tener un hermano gemelo univitelino que sea esquizofrénico. La misma respuesta la podríamos dar si preguntáramos sobre el autismo, la dislexia, las depresiones graves, el trastorno bipolar, el trastorno obsesivo compulsivo… Pero, cuidado, esto no significa que si tenemos un gemelo esquizofrénico, lo seremos seguro con el 100% de probabilidades. La genética no nos determina totalmente; siempre el ambiente, lo que vivimos, influye en alto grado.
DETERMINADOS, ¿Hasta dónde?

“Todos los niños vienen al mundo con un palito en la mano, y allí está todo escrito. Es un sorteo que se produce por encima de ti” (Susanna Tamaro)

Lo que es más difícilmente digerible es que nuestra felicidad viene también, en algún grado, determinada por la genética. Es una idea que nos parece injusta, casi inmoral. Sabemos que nuestra felicidad depende de cómo miramos y afrontamos las vicisitudes de la vida. Y, por tanto, nuestra personalidad, inteligencia y optimismo juegan un rol decisivo. En los numerosos estudios que se han realizado estudiando gemelos univitelinos adoptados por distintas familias (muchas veces, incluso, de países diferentes) se ha podido comprobar que sus capacidades y características psicológicas se parecen muchísimo más entre ellos que entre hermanos no gemelos educados por los mismos padres. La genética determina, en cierto grado, nuestro carácter.
Las evidencias del peso de los genes en nuestra personalidad no solo proviene de investigaciones realizadas con gemelos univitelinos. Klaus-Peter Lesch, de la Universidad de Würzburg, y su equipo entregaron más de 500 cuestionarios de personalidad a un grupo de voluntarios. Uno de los aspectos evaluados era el rasgo de ansiedad; esto es, si eran personas nerviosas o tranquilas. Además analizaron sus genes. Concretamente un gen responsable de transportar la serotonina (un neurotransmisor que juega un papel primordial en la inhibición del enfado). Este gen tiene dos versiones: una larga y otra corta. Lo que observaron fue que los participantes que habían heredado una versión corta eran más nerviosos que los voluntarios que habían recibido de ambos progenitores la versión larga. Este gen determinaba su ansiedad.
De aquí no podemos deducir alegremente que si tenemos esa versión corta no podemos hacer nada para controlar o manejar nuestra ansiedad. Siempre podemos aprender mecanismos compensatorios. Sin embargo, este tipo de descubrimientos debe servirnos para entendernos más. Imaginemos un amigo que nos comenta: “Es que a mí me cuesta mucho más controlar mis nervios que a ti”. Nuestro amor propio puede caer en la tentación de pensar que nosotros sabemos calmarnos más porque a lo largo de la vida hemos aprendido a tranquilizarnos mejor que nuestro amigo. Pero ¿y si nos dijeran que nuestro colega ha heredado la versión corta del gen y nosotros no? Seguro que nuestro análisis del tema sería diferente. Entender nuestra naturaleza puede ser de una gran ayuda para comprender nuestras emociones de otra manera.
asumir para comprender

“Antes pensábamos que nuestro futuro estaba en las estrellas. Ahora sabemos que está en nuestros genes”
(James Watson)

Muchos psicópatas muestran violencia desde la infancia. Son incapaces de empatizar, sentir remordimientos, torturan a los animales, pegan a los demás niños… La mayor parte de los especialistas piensan que existe una clara predisposición genética. La violencia en general, en parte, la tejen los genes. Al escuchar una noticia sobre un adolescente que ha matado a un compañero, de entrada siento una inmensa pena por los padres del niño muerto e inmediatamente después no puedo dejar de pensar en los progenitores del adolescente “asesino”. Es típico oír que probablemente estos padres se han despreocupado de sus hijos o que los han mimado demasiado. Y quizá no hayan dado una educación ideal, pero pueden haber sido unos padres tan abnegados como quien dispara las críticas. Si tuviéramos en cuenta que los genes están en nuestras células trabajando cada día, quizá seríamos más compasivos con los otros y con nosotros mismos.
Si asumimos nuestras tendencias genéticas, nuestra mirada hacia la vida se volverá más humana y comprensiva.

TALENTO E INTELIGENCIA//INTELIGENCIA versus TALENTO


Cuando decidimos descubrir-nos
y gestionar nuestro potencial.
LLegan las dudas.
¿Al servicio de qué ponemos
nuestro talento y/o inteligencia.

Podemos definir a la inteligencia como el términi global mediante el cual se describe una propiedad de la mente en la que se relacionan habilidades tales como:
las capacidades del pensamiento abstracto, el entendimiento,
la comunicación, el raciocinio, el aprendizaje,
la planificación y la solución de problemas.
Para definir el talento lo entendemos como la capacidad
para desempeñar o ejercer una actividad. Se puede considerar,
por tanto, como un potencial humano. Lo es en el sentido de que una persona dispone de una serie de características o aptitudes que pueden llegar a desarrollarse en función de diversas variables que se pueda encontrar en su desempeño.
El talento es pues, una manifestación de la inteligencia. El talento puede ser heredado o adquirido mediante el aprendizaje.
El coaching despierta nuestra inteligencia y "empodera" nuestro talento sin más herramientas que la palabra en la conversación.
¿Para qué sigues en la caverna?

¿AMAS AL OTRO COMO LEGÍTIMO OTRO?



Emancipación, durante mi vida
he encontrado personas
que me han ayudado
y valorado.
Se que ahora me toca a mí
hacerlo con los demás.
Toda la fortuna que me has dado
-talento, bienes y salud-
debo ponerla al servicio
de la colectividad.
Se que el egoismo guia
mi existencia
y me aleja de los demás.
Pero, Emancipación, tú me has
mostrado que, sin los otros,
mi esencia está vacia.
Muestra-me, una vez más,
el camino que
me acerque
a tu sombra
y en ella
encontraré alivio
a mi soledad.

¡¡¡AUNQUE TÚ NO CAMBIES. EL MUNDO CAMBIA!!!



Sin miedo a los cambios
XAVIER GUIX


Lo único que no cambia es el cambio. La vida es movimiento; de lo contrario, estaríamos muertos. Sin embargo, nos cuesta afrontar novedades, salir del confort. Hasta que llega el caos en forma de crisis existenciales.
Metidos en la experiencia de la dualidad, los humanos nos debatimos entre el orden y el caos. Como predijo Heisenberg en el Principio de incertidumbre, no se pueden predecir los acontecimientos futuros con exactitud si ni siquiera se puede medir el estado presente del universo de forma precisa. Dicho de otro modo, no sabemos, ni podemos, controlar lo que sucederá dentro de nada. El control solo es una falsa ilusión con la que algunos se quedan algo más tranquilos.

Permanecer en el orden le hace a uno rígido, inalterable, previsible y hasta obsesivo. Eso sí, confiere estabilidad
Si todo estuviera siempre ordenado, no existiría la creatividad, ni el cambio, ni la curiosidad. Ni tan siquiera la tarea de ordenar. Permanecer en el orden le hace a uno rígido, inalterable, previsible y hasta obsesivo. Claro que, a su vez, el orden confiere seguridad, permanencia, especialización y estabilidad.
Vivir siempre en el caos o en el orden más absoluto es agotador. Por eso, la clave es encontrar orden en el desorden tal y como proclaman los partidarios de la Teoría del Caos, o como comprueban a diario todas la madres que intentan ordenar la habitación de sus hijos.
Todo tiene su función
“En las crisis, el corazón se rompe o se curte” (Honoré de Balzac)

Muchos hemos experimentado lo dramáticamente juguetona que puede llegar a ser la vida; pone en desorden aquello que creemos tener ordenado hasta la perfección. Cuando afecta a nuestra identidad, hablamos de crisis existenciales.
Se caracterizan por un estado letárgico y oscuro del que parece que no saldremos jamás. Nos hacen sentir incapaces de tomar decisiones. No hay claridad, no hay futuro. Sin embargo, las crisis existenciales tienen su función. Advierten que hemos postergado nuestra evolución en aras de la seguridad, el placer o la falacia de eternidad que a veces adjudicamos a los objetos y también a los sujetos. En segundo lugar, sirven en bandeja una lección: es en el caos donde se produce el milagro del aprendizaje. Y en tercer lugar, proporcionan posibilidades, entre ellas, la de reinventarnos.
Diferentes crisis, toda una vida
“En esta vida hay que morir varias veces para después renacer. Y las crisis, aunque atemorizan, nos sirven para cancelar una época e inaugurar otra” (Eugenio Trías)
Porque la vida es movimiento, pasaremos por diferentes etapas que solo podremos resolver surfeando sobre una crisis. Al margen del desarrollo evolutivo, con puntas críticas como la adolescencia, la crisis de mediana edad y la vejez, el propio devenir existencial acarrea estados y estadios de tormentosa búsqueda del ser, de incomprensible desazón vital, de conquista de nuestra libertad y de encontronazo con nuestros límites y condicionamientos.
Cuando cuesta encontrar sentido a la vida, es fácil caer en esos miedos que los existencialistas identifican como falta de deseo y motivación de autorrealización, o sea, el miedo a la muerte. Como narra Ken Wilber, “la muerte es Thanatos, Shiva y Sunyata, y apenas nos damos cuenta de su presencia el terror nos paraliza. En este nivel nos enfrentamos con el terror existencial, con el miedo, con la angustia y con la enfermedad de la muerte”.
El mismo Wilber recopiló una lista de nuestras pesadillas existenciales:
1. Depresión existencial: estancamiento vital ante la falta de sentido de la vida.
2. Falta de autenticidad: falta de conciencia y aceptación de la propia finitud y mortalidad.
3. Soledad y extrañeza existencial: un sentimiento de sí mismo suficientemente fuerte que, sin embrago, se siente ajeno a este mundo.
4. Falta de autorrealización: según Maslow, si eres menos de lo que eres capaz, serás profundamente infeliz el resto de tu vida.
5. Ansiedad existencial: amenaza de muerte o pérdida de la modalidad autorreflexiva de ser-en-el mundo.
No somos, sino que devenimos
“Sabemos lo que somos, pero no lo que podemos llegar a ser” (William Shakespeare)
Estos entuertos no sucederían si nos limitáramos a existir. Sin embargo, preferimos vivir. Y al vivir nos convertimos en cocreadores de realidades. No van a parar de suceder cosas porque la vida es cambio, movimiento e imprevisibilidad. Nuestras expectativas son una invitación constante a la frustración y al desasosiego. Topan con otras realidades, incidentes y vidas cruzadas. Cuantas menos expectativas, mejor.
Para mucha gente, esto significa renunciar a las ilusiones. No obstante, cabe preguntarse por la residencia de la alegría, del entusiasmo y la ilusión. ¿Dónde habitan? ¿En el presente o en el futuro? ¿Dependen de nosotros o de los demás? La ilusión por el mañana la vivo ahora y aquí. Mañana, Dios sabe lo que sucederá. Quien habita en su corazón entusiasta, alegre, con ilusión, expande esa energía.
Muchas crisis nacen de tantas ideas preconcebidas, también sobre nosotros mismos. Hay que ir quitándose esas falsas etiquetas de lo que somos, para entender que acabamos deviniendo según nuestras experiencias, relaciones y la consciencia que pongamos en todo ello.
El misterio de vivir
“El hombre nunca sabe de qué es capaz hasta que lo intenta” (Charles Dickens)
Nuestros escenarios vitales se llenan a menudo de misterios, es decir, situaciones sin explicación. Podemos distinguir la vida, como hizo el filósofo Gabriel Marcel, entre problemas y misterios. Todo lo que es resoluble forma parte de los problemas. ¿Qué ocurre con lo que no tiene respuesta? ¿Cómo interpretar lo que ni tan siquiera alcanzamos a comprender? Como dijo Alan Watts, “la vida es un misterio a vivir y no un problema a resolver”.
Las crisis existenciales nos arrojan al misterio de vivir. Ante el misterio solo cabe la fe, que no es más que la entrega a ese misterio con el convencimiento de que abandonarse a su poder acabará siendo beneficioso. No estamos entrenados para vivir en la incertidumbre. Tampoco es deseable una vida en la que solo exista el caos. Todo es cambio. Cuanto más nos resistamos a aceptarlo, probablemente más crisis sufriremos.

¿SABEMOS RENUNCIAR?

Normalmente, cuando un humano
pierde un ojo, se considera una tragedia
y emocionalmente el mundo le
viene encima.
Por contra, cuando un ciego total,
recibe un ojo trasplantado, la alegría
inunda su alma y la felicidad de nuevo
ilumina su existencia.
La diferencia entre un caso y el otro
en que no sabemos renunciar.
Sólo estamos acostumbrados en
atesorar privilegios sin nunca renunciar
a ninguno.
La EMANCIPACIÓN nos muestra como
ser felices a través de la renuncia, y
consecuentemente, valorando
las muchas cosas que tenemos
y obviamos mediante
el consumismo
y el egoísmo.

¿Y SI EL INDIVIDUO SÓLO FUERA UNA CÉLULA SOCIAL?



Para formar parte del tejido
social emancipado,
podemos abandonar la
creencia de SER individual de
igual manera que nuestras
células forman anóminamente
nuestra constelación física.
Por el camino tenemos que
vencer a nuestro mayor enemigo:
nosotros mismos, es decir,
abandonar el mecanismo de supervivencia
emocional, más conocido como EGO.
Para lograrlo es necesario ser
sinceros (no auto engañarnos),
humildes (reconocer nuestros errores),
valientes (atrevernos a enmendarlos)
y
perseverantes
(comprometernos con nuestro
proceso de aprendizaje).
El coaching PUEDE AYUDARTE
en el proceso.

EL ESPÍRITU ES FEMENINO Y EL AMOR UNIVERSAL.



Serás tu alma querida quién dé
sentido a mis actos.
La naturaleza me ha olvidado
y ya sólo te tengo a tí
como compañera de mi angustía.
Voy por caminos con perros ladrando
y el viento sacude mi llanto.
Asustados los niños buscan refugio
y la soledad se adueña más aún
de mi alma.
Al horizonte apareces tú,
luz que me orientas
y por fin en mi llega el descanso.
Deseo alcanzar-te luz que me eleva,
y sólo puedo verte con la ayuda del
coaching que me esculpe de nuevo
como placentera maternidad inmortal.

¿Puedes dejar tú egoísmo?



Cuando te duches cada día,
el agua nunca será la misma
y tú tampoco.

EMANCIPACIÓN: Quiero hablarte para
pedirte que nos hagas comprender que,
determinada actitud humana, es erosionante.
Buscamos la holganza sin limitaciones
y, tarde o temprano, necesitamos
ayuda para re-descubrir-nos.
Necesitamos de tu serenidad y sabiduría
para que nos permitas acercar-nos a tí.
Pido te compadezcas de nosotros que,
como ves no escondemos nuestras
heridas.
Tú "emancipación" eres misericordía y
comprensión mientras que nosotros
simplemente ciudadanos envueltos en la finitud.
Déjanos mirarte, a través del coaching,
como herramienta de acercamiento a tí.

¿Cómo te relacionas con los demás?



Por qué no me traga?
FRANCESC MIRALLES


No intentemos agradar a todo el mundo. Siempre habrá gente que se muestre hostil hacia nosotros. Pero eso no debe socavar nuestra autoestima ni hacernos perder naturalidad.
Pocas situaciones nos causan tanto malestar como la certeza de que alguien de nuestro entorno “no nos traga”. Sea en el trabajo, en el círculo de amigos o incluso en la familia, sabernos censurados y rechazados hace tambalear nuestra autoestima. Todos somos, en mayor o menor medida, adictos a las opiniones de los demás. Por eso nos inquieta percibir que no sienten simpatía hacia nosotros. Cuando notamos frialdad, indiferencia o aversión por parte de alguien, nuestra primera conclusión es que hemos cometido algún error. Acto seguido, intentamos acercarnos a él con amabilidad, pero muchas veces solo logramos reforzar su hostilidad. Entonces nos preguntamos: ¿por qué no me puede ni ver?

“Para evitar el veneno del odio, debemos aceptar que las personas que nos aman son la compensación por las que nos detestan”
No perseguir la pieza
“Aquello que la gente no entiende acaba convirtiéndose en aversión” (Elisabeth Landon)
La química de las relaciones humanas es tan compleja que a veces es justamente nuestro deseo de acercarnos a alguien lo que crea el rechazo. Así como el juego del amor aconseja no perseguir la pieza que se quiere cazar, sino provocar que la persona deseada venga hacia nosotros, también en las relaciones sociales se valora la distensión y la espontaneidad.
Renunciar a la máscara
“Es mejor ser odiados por lo que somos que ser amados por lo que no somos” (André Gide)
Tras la necesidad de gustar y complacer a todo el mundo se oculta una inseguridad enfermiza. Quien se hace esclavo de la opinión ajena tiene una autoestima tan baja que solo siente que existe cuando recibe halagos o es aprobado por su entorno. El drama llega cuando alguien se le resiste, puesto que hay personas a las que jamás gustaremos, sea por incompatibilidad de caracteres o porque se dejan guiar por ideas preconcebidas.
Luchar por la estima de las personas que han decidido no querernos es una batalla perdida de antemano que nos desgasta inútilmente. El poeta latino Horacio lo explica de manera sencilla: “A la gente triste le disgusta la feliz, tanto como la feliz aborrece a la triste; los que son rápidos de pensamiento se ponen nerviosos con los calmados, así como los descuidados no pueden soportar a los que siempre están ocupados”. No todo el mundo puede estar de nuestra parte, lo cual tampoco significa que tengamos adversarios. Simplemente hay personas con las que no podemos converger porque no hay un terreno común para la complicidad. Si queremos forzar la situación con acercamientos obstinados, tal vez sí que despertemos la hostilidad de los otros, sobre todo si fingimos lo que no somos en un intento desesperado por agradar. Es más efectivo mostrarnos de manera franca y asumir con naturalidad tanto el reconocimiento como la indiferencia o la desaprobación. No nos elogiará todo el mundo, pero al menos nos daremos el gusto de ser nosotros mismos.
La escuela de la empatía
“Debemos perdonar a nuestros enemigos. No hay nada que les ponga más furiosos” (Oscar Wilde)
Aunque a menudo la simpatía y la aversión son solo una cuestión de afinidad, vale la pena esforzarse –o al menos dar el primer paso– para hacer sentirse bien a los demás. Tan peligrosa es la adicción a gustar a todo el mundo como ser tajante a partir de la primera impresión. Justamente las personas más diferentes a nosotros nos pueden aportar visiones y valores que complementan los nuestros. El autor de la célebre serie Las crónicas de Narnia, C. S. Lewis, decía al respecto: “No pierdas el tiempo pensando en si aprecias o no a tu vecino. Actúa como si lo apreciaras. Si actuamos así, descubriremos uno de los grandes secretos de la felicidad. Cuando nos comportamos como si apreciáramos a alguien, podemos acabar amando a esta persona”. Según este escritor irlandés, al tratar mal a alguien aumenta nuestra aversión hacia esa persona como una forma de justificar nuestros actos y disfrazar lo que hacemos. Una condición previa a la empatía –ponernos en el lugar del otro– es abrir los ojos a la relación que estamos estableciendo.
Convivir con el enemigo
“Cuando odiamos a alguien, odiamos algo que es parte de nosotros mismos” (Hermann Hesse)
En más de un equipo de fútbol hay jugadores que llevan años sin hablarse, pese a formar parte del mismo conjunto. En el campo trabajan por un objetivo común, pero en los vestuarios se ignoran por algún conflicto nunca resuelto. Por violenta que resulte al principio una situación así, es perfectamente posible convivir con personas que no nos tragan, siempre que mantengamos una distancia saludable y renunciemos al resentimiento.
Buda comparaba el odio con un pedazo de carbón candente que quema al que lo sostiene antes de que pueda arrojarlo. Sobre esto mismo, el misionero y teólogo Stanley Jones hace la siguiente reflexión: “Una serpiente venenosa, cuando se siente acorralada, se enfada tanto que acaba mordiéndose a sí misma. Esto es exactamente lo que pasa cuando acumulamos odio y resentimiento contra los demás: nos estamos mordiendo a nosotros mismos. El mal más profundo nos lo hacemos a nosotros mismos”.
Para guardarnos de este veneno, debemos empezar aceptando que las personas que nos aman son la compensación por las que nos detestan.
Meditación budista
“Hagamos lo que hagamos, los demás no dejarán de ser lo que son” (Marco Aurelio)
Ante una prueba difícil, los budistas tienen una meditación, el Metta Bhavana, orientada a recuperar la buena disposición hacia todos los seres. Su práctica se divide en cinco estadios de similar duración:
1. Despertar sentimientos de amor hacia uno mismo. Tras sentarnos a meditar, debemos tratar de sentir amistad y buena voluntad con nosotros.
2.Pensar en un amigo, alguien por quien sentimos sincero afecto. Mantendremos la imagen de esa persona todo el tiempo en nuestra mente y trataremos de desarrollar fuertes sentimientos hacia él.
3.Practicaremos lo mismo con una persona neutral, es decir, alguien con quien mantenemos contacto, pero que no nos provoca ni simpatía ni antipatía.
4. Pensar en algún enemigo, alguien con quien nos resulte muy difícil o incluso imposible comunicarnos. Intentaremos desarrollar sentimientos de amor con él.
5. Reuniremos en nuestra mente a las cuatro personas de los estadios anteriores y trataremos de alimentar sentimientos de amor conjuntos hacia los cuatro.
Esta técnica mejora profundamente nuestro estado mental y nos procura una intensa sensación de bienestar. Cuando alcanzamos este clima de paz, los humores de los demás dejan de afectarnos, porque la mente se convierte en un lago que atesora su propia calma.

Una lección de madurez de P. Gardner
“Lo que se aprende en la madurez no son cosas sencillas, como adquirir habilidades e información. Se aprende a no incurrir en conductas autodestructivas, a no dilapidar energía por causa de la ansiedad. Se descubre cómo dominar las tensiones, y que el resentimiento y la autocompasión se encuentran entre las drogas más tóxicas. Se aprende que el mundo adora el talento, pero recompensa el carácter. Se comprende que la mayoría de la gente no está ni a favor ni en contra nuestro, sino que está absorta en sí misma. Se aprende, en fin, que por grande que sea nuestro empeño en agradar a los demás, siempre habrá personas que no nos quieran. Esto es una dura lección al principio, pero al final resulta muy tranquilizadora”.



Menos es más
JENNY MOIX

Aligerar nuestra vida de objetos inútiles nos hará ganar espacio, tiempo y felicidad. No deberíamos ser esclavos de los artículos, ni comprar productos que no son necesarios.
De tanto en tanto, la prensa nos inquieta con el descubrimiento de alguna vivienda donde los ocupantes, generalmente personas mayores, han convivido con una cantidad ingente de objetos inservibles, cachivaches, periódicos acumulados, basura… Son personas afectadas por el síndrome de Diógenes. Son los casos más conocidos, pero los menos típicos. La mayoría de las personas se limitan solamente a acumular objetos que no utilizan. Por ello, los expertos prefieren emplear el término de “acumuladores compulsivos”.
“¿Cuántos objetos guardamos ‘por si acaso’? Es ridículo, porque nunca los utilizamos o ni siquiera recordamos tenerlos”
Las patologías suelen ser exageraciones de comportamientos “normales”. Siempre hay algo en ellas donde el resto nos sentimos identificados. ¿Cuántos objetos hay en nuestra casa que nunca utilizamos? Tenemos muchos por si acasos. “Este vestido que no me puedo abrochar no lo tiro, por si acaso adelgazo”; “la vieja tostadora no la reciclo, por si acaso la nueva un día se estropea”; “conservo este papel tan bonito por si acaso un día lo necesito para envolver un regalo”…
Al final, utilizamos muy pocos objetos para ese hipotético futuro. Lo más ridículo de nuestro comportamiento por si acaso es que a veces llega el día en que realmente ese trasto nos puede ser útil, ¡pero no nos acordamos que lo tenemos! porque está escondido entre miles de bártulos. Entre ellos, algunos pertenecen a la categoría de recuerdos significativos que queremos que nos acompañen el resto de nuestras vidas. Ejemplo: las facturas de la luz del año en el que nos casamos. No es que sean muy románticas, pero si las encontramos en un cajón, nuestro corazón puede resistirse a tirarlas porque, de alguna manera, forman parte de nuestra vida.
Lo que acumulamos en casa es un retrato de nuestro estado emocional. Las personas que han pasado hambre tienen tendencia a guardar alimentos por si vuelven a vivir algo parecido. Guardar de forma exagerada pensando en el futuro puede indicar un cierto miedo difuso a lo que vendrá. Vivir rodeados principalmente de recuerdos del pasado puede surgir de una nostalgia muy profunda que nos impide disfrutar del presente.
El estado de nuestra casa refleja nuestro estado emocional. Hay personas que al pasar por una época de confusión ordenan sus hogares. Al hacerlo, ordenan sus ideas porque durante ese proceso deben tomar decisiones. Si tiramos ese vestido que hace años que no nos entra, estamos aceptando nuestro peso. Si para dejar espacio nos desprendemos de esa colección de revistas que tanto nos costó completar, estamos cerrando una carpeta para abrir otra nueva.
Hay personas que no se atreven con algunos cajones, ni los abren. Es como aquellos que tienen fobia a los ascensores, la terapia implica subirse a uno. Para algunas personas, arreglar un cajón puede ser tan terapéutico como para otras subirse a un ascensor. No podemos consentir que ningún cajón se resista.
Quejarnos por falta de espacio en nuestras viviendas es común. Desprendernos de trastos es una ganancia que a la mayoría nos irá bien. Ganaremos espacio y tiempo. Muchos de mis pacientes con dolor crónico, sobre todo mujeres, me cuentan que, como limpiar les aumenta el dolor, han decidido despejar las estanterías de adornos y quedarse con unos pocos. Sabia conclusión. No podemos ser esclavos de los ornamentos de nuestro hogar.
Desprendernos de los trastos inútiles
“El hombre más rico del mundo es aquel que puede renunciar a la mayoría de las cosas” (Rabindranath Tagore)
Randy Frost, psicólogo especialista en “acumuladores compulsivos”, descubrió cómo estas personas suelen ser “hipersentimentales” en relación con sus bienes. Cada botón usado, cada bolígrafo vacío se siente como parte de la propia persona, de la propia historia. Tanto significado emocional poseen los objetos para ellos que se sienten imposibilitados para tirarlos.
A los que no sufrimos esta patología también nos cuesta tirar, porque un cachivache, para nosotros, es algo más. Por eso es útil pedir ayuda a algún amigo que nos haga ver que ese chirimbolo es inútil. Lo hizo Maruja Torres y compartió la experiencia en las páginas de este dominical: “Es lo que me dijo mi amigo N. cuando estuvo en casa ayudándome a desprenderme de lastre. –Nada como un cúter… Así que me senté a su lado y destruí parte de mis recuerdos, manías y agobios”.
Tirar no es fácil porque tenemos que luchar con la ligazón emocional y enfrentarnos a nuestras tendencias más ancestrales. Acaparar es innato a la evolución humana. Nuestra supervivencia como especie se ha visto muy ligada a nuestra capacidad de conservar alimentos. Los neurólogos John Blundell y Jac Herberg demostraron que el instinto de acumulación se origina en las zonas cerebrales subcorticales, filogenéticamente más antiguas. Para desprendernos de objetos existen recursos mentales que nos ayudan. Una amiga me comentaba que cuando ponía orden a su armario, era tajante. Si una prenda de ropa no se la había puesto en dos temporadas, se deshacía de ella.
Trasladarse de vivienda suele ser la mejor oportunidad para hacer limpieza a fondo porque normalmente los criterios para tirar suelen ser más rotundos. No vamos a envolver algo, transportarlo, desenvolverlo y guardarlo de nuevo si realmente pensamos que no nos va a servir para nada. Otro recurso mental puede consistir en pensar que eso que para nosotros es un libro ya leído, un pantalón que no nos ponemos nunca, un juguete con el que nuestros hijos ya no tienen edad para jugar, puede alegrar a otras personas.
No adquirir objetos que no necesitamos
“Cuán numerosas son sin embargo las cosas que no necesito” (Sócrates, de paso por el mercado de Atenas)
No sirve desprendernos de objetos si al mismo tiempo adquirimos otros. Desgraciadamente, estamos programados para comprar. Pensamos que lo que está en el escaparate va a aumentar nuestra felicidad. Luego comprobamos que no, pero seguimos comprando empujados por esa sensación. El placer no se encuentra en el producto, sino en la misma conducta. Algunos estudios demuestran cómo se iluminan las áreas cerebrales ligadas a los circuitos de recompensa cuando vemos los objetos que compraremos.
Los casos más extremos son los compradores compulsivos, que adquieren constantemente cualquier tipo de artículo que no suelen ni estrenar y acaban arruinados. Se calcula que en España son unas 400.000 personas, mayoritariamente mujeres. Los que no somos compradores compulsivos podemos sentirnos identificados. Antes de quedarnos con algo, deberíamos preguntarnos: ¿realmente es necesario? ¿Cuánto espacio ocupará? ¿Supondrá tiempo su mantenimiento?
Otra pregunta indispensable es: ¿lo necesitamos o lo queremos para AHORA? Vemos un libro que nos parece interesante y lo compramos, pero resulta que ya hemos adquirido muchos de esta forma y lo ponemos encima del montón para que espere su turno. No obstante, llega el verano, y esos libros que hemos acaparado durante el invierno no nos apetece leerlos, así que compramos otro que en este momento nos atrae más. Conclusión: los libros no desaparecen de las librerías, así que mejor ir comprándolos a medida que los leemos. Y eso lo podemos aplicar a todo. Como los productos electrónicos.
Estamos en una sociedad en la que, aunque no compremos, los objetos se nos pueden acumular igual. Resulta que los tarros del yogur vienen decorados de tal forma que nos da no sé qué tirarlos, la caja del regalo es tan bonita como el propio obsequio, el jabón del hotel nos resulta imposible no llevárnoslo… Pensemos que todo lo que acopiamos lo vamos metiendo en una especie de mochila imaginaria y quizá el peso que sintamos nos disuada de nuestro comportamiento recolector. Descarguemos todo lo que podamos nuestra mochila, soltemos lastre y nos sentiremos más livianos.

¿YA ACEPTAS AL OTRO COMO LEGÍTIMO OTRO?



LOS JÓVENES YA HAN VENCIDO ALGÚN MIEDO.
El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactoso, no se envanece, no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor, no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad.Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta.
Corintios.
Los nuevos gays y lesbianas viven como se sienten.Muchas personas se han apolillado en el armario ropero por la Ley de Peligrosidad Social que, aunque derogada en 1980, creó un modelo mental a nuestra soceidad donde ser homosexual se consideraba un delito.Casi un 10% de los escolares de secundaria se declara homosexual aunque su vida social en los isntitutos no es fácil. Pocos quieren compartir con ellos y así se va configurando su aislamiento en en demasiados casos lleva al suicidio.Muchos jóvenes ya aceptan y luchan por ser considerados "iguales" a los demás. Su orientación sexual es parte de su intimidad y por ella luchan. ¿Quién es el dueño de la realidad?, se preguntan. ¡¡Todos somos iguales!!Muchos padres están en la creencia de que "cuando sus hijos salen del armario, les meten a ellos" pues su modelo mental se configuró con las creencia de la dictadura.Han vencido el miedo y afrontan las consecuencia. Esto es sólo el principio de una liberación que sin duda llegará paulatinamente a otras esferas de nuestra sociedad.¿Espero que con nuestra ayuda. no?
¡¡¡El verdadero maestro crea maestros, no seguidores!!!