TERTULIAS/CHARLAS SOBRE COACHING EMANCIPADOR EN EL CÍRCULO DE COACHING ESPECIALIZADO.



Periódicamente nos reunimos en "petit comité", con un aforo máximo de 10 personas, para debatir sobre COACHING EMANCIPADOR.
Son diálogos participativos para realizar una "iniciación" en la disciplina del coaching adaptada a tu universo de sueños.
Si estás interesada/o en participar GRATUITAMENTE deja tu reserva en paco.bailac@salaidavinci.es y te informaremos de los calendarios previstos.

¡¡¡Ven te esperamos!!!


Canciones del alma



La noche oscura
Canciones del alma que se goza
de haber llegado al alto estado de la perfección,
que es la unión con Dios,
por el camino de la negación espiritual.
En una noche oscura,con ansias en amores inflamada,
(¡oh dichosa ventura!)
salí sin ser notada,estando ya mi casa sosegada.
A oscuras y segura,
por la secreta escala disfrazada,
(¡oh dichosa ventura!)
a oscuras y en celada,
estando ya mi casa sosegada.
En la noche dichosa,en secreto,
que nadie me veía,
ni yo miraba cosa,
sin otra luz ni guía
sino la que en el corazón ardía.
Aquésta me guïabamás cierta
que la luz del mediodía,
adonde me esperaba quien yo bien me sabía,
en parte donde nadie parecía.
¡Oh noche que me guiaste!,
¡oh noche amable más que el alborada!,
¡oh noche que juntaste amado con amada,
amada en el amado transformada!
En mi pecho florido,
que entero para él solo se guardaba,
allí quedó dormido,y yo le regalaba,
y el ventalle de cedros aire daba.
El aire de la almena,
cuando yo sus cabellos esparcía,
con su mano serenaen mi cuello hería,
y todos mis sentidos suspendía.
Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el amado,
cesó todo, y dejéme,
dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado.

¿ANALIZAMOS ADECUADAMENTE?



Alma, no entornes tu ventana
al sol feliz de la mañana.
No desesperes,
que el sueño más querido
es el que más nos hiere,
es el que duele más.

“Si nos contagiamos del estado de ánimo de los otros,
dejamos de ver objetivamente las cosas
y perdemos la capacidad de ayudarles”
“Es fundamental captar el estado emocional
de los demás atendiendo a lo que nos dicen
y especialmente a cómo nos lo cuentan”

¿RETO A SITUACIÓN?


La sombra no existe:
lo que tú llamas
sombra
es la luz que no ves.

Nuestras reflexiones no podrán
suponer que los cambios que estamos sufriendo
y el tipo de sociedad a la que hemos ido a parar
sea la consecuencia de una decadencia.
Quien parte de ese supuesto
lo hace desde un juicio previo que es un prejuicio.
Quien parte de un prejuicio
no tiene ninguna posibilidad de comprender.
Quien no acepta, no comprende.
Partimos de la hipótesis de que la cultura
de un grupo equivale a un programa
que incluye un sistema de comprensión
y valoración de la realidad,
un sistema de actuación
en el medio
y un sistema de relación social.
Por conseguiente,
ha de haber una estrecha relación
entre el modo de vida de los grupos
y su sistema cultural.

¿DESEAS SITUARTE EN LA CIMA DE TU EXISTENCIA



A la cima no se llega
superando a los demás
sino superándose
a sí mismo

¡Ya que de la esperanza, para la
vida mia!,
triste y desolado ha llegado el
ocaso.
A mi morada oscura,
desmantelada y fria,
tornemos paso a paso,
porque con su alegria no aumente
mi amargura
la blanca luz del dia.
Contenta en negro nido busca el
ave agorera;
bien reposa la fiera en el canto
escondido,
en el sepulcro el muerto, el triste
en el olvido
y mi alma en su desierto
por no estar contigo.
Rosalia de Castro.

¿VACACIONES?


No existe viento favorable
para el marinero
que no sabe adónde va.

Vacaciones en casa
FRANCESC MIRALLES

Pasar el agosto en casa no implica rutina ni aburrimiento. Disponer de verdadero tiempo libre y disfrutar de la calma puede ser una oportunidad de cargar pilas y acometer el nuevo curso con entusiasmo.
Debido a los estragos de la crisis económica, muchos millones de personas van a pasar sus vacaciones –o como mínimo buena parte de ellas– en casa. Más que considerarlo una desgracia, podemos dar la vuelta a la situación si recuperamos la ilusión que teníamos cuando éramos niños al terminar el curso.

“Muchas personas escapan de la rutina intensificando su vida. Pocas se esfuerzan en escapar de la alienación en vacaciones”
“En las vacaciones debe haber tiempo para desconectar y permitir al cuerpo y la mente sobreponerse del empacho de urgencias”

El primer día que no nos teníamos que levantar para ir a la escuela remoloneábamos felices en la cama, a veces releyendo nuestro cómic o libro favorito. Tras asearnos, vestirnos y desayunar, disfrutábamos de la plácida calma de tener todo el tiempo a nuestra disposición para jugar, resolver pasatiempos o salir a practicar nuestro deporte favorito. Aunque no hubiera ningún viaje familiar a la vista, el solo hecho de tener tiempo libre en casa era para nosotros una bendición y un mundo lleno de posibilidades.
Si recuperamos ese mismo espíritu, las presentes pueden ser las mejores vacaciones de nuestra vida.
El estrés del viaje organizado
“Nadie necesita más unas vacaciones que el que acaba de tenerlas” (Elbert Hubbard)
Existe la idea estereotipada de que para desconectar de los esfuerzos de todo el año hay que irse cuanto más lejos mejor, como si el hecho de poner distancia de por medio nos garantizara el descanso.
Esto es así solo en parte. Ciertamente, un destino lejano nos procura reposo mental y una perspectiva saludable sobre nuestra vida. Cuando el avión se eleva o salimos de la ciudad en tren o en coche empezamos a ver nuestra rutina como una miniatura en la que resulta muy fácil detectar los fallos y hacer planes de enmienda. Todo viaje implica hacer balance y nuevos propósitos, aunque cuando regresemos al redil no los llevemos a cabo.
Sin embargo, más allá de estos momentos de epifanía, la mayoría de viajes son más agotadores que la propia vida laboral. El sociólogo Jean Baudrillard lo explica así:
“Para muchas personas, las vacaciones no son una alternativa a la congestión y el estrés de las ciudades y el trabajo. Bien al contrario, piensan que para escapar de la rutina lo que deben hacer es intensificar su vida cotidiana. Se apuntan a viajes programados que los esclavizan, o ponen tanta presión en las actividades de ocio que se acaban volviendo una obligación peor que el trabajo. Pocas personas se esfuerzan en escapar de la alienación, que sería el gran objetivo de las vacaciones”.
El estrés de los viajes organizados, sumado a los desajustes corporales que conlleva el jet lag y/o un clima y alimentación diferentes, hace que más de una familia regrese con las pilas más descargadas que antes de partir.
Es entonces cuando se pronuncia la tópica frase: “Necesito unas vacaciones de estas vacaciones”.
El infierno de no hacer nada
“El arte del descanso es tan importante como el arte de trabajar” ( John Steinbeck)
Otro modelo de viaje, el resort vallado en el que los veraneantes pasan diez días sin nada que hacer, puede acabar resultando tan desesperante o más que el tour a toque de silbato. Al tercer día de chapuzones en la piscina, bufé libre y actividades de ocio programadas, podemos acabar haciéndonos la pregunta de Bruce Chatwin: “¿Qué hago yo aquí?”.
Hay un relato breve de Margaret Stevens que explica muy bien el agobio y desconcierto que podemos sentir al pasar de la actividad frenética al reposo absoluto. Cuenta la historia de un hombre que al morir se encontró en un lugar muy hermoso, rodeado de todas las comodidades imaginables. Un sirviente con chaqueta blanca se le acercó y le dijo:
–Puede tener todo lo que elija, cualquier comida, cualquier placer, cualquier tipo de entretenimiento.
El hombre estaba disfrutando, y durante muchos días probó todas las delicias y experiencias con las que había soñado en la tierra. Pero un día se aburrió de todo eso y llamó al sirviente y le dijo:
–Estoy cansado de todo esto. Necesito hacer algo. ¿Qué tipo de trabajo puede darme?
El sirviente negó tristemente con la cabeza y contestó:
–Lo siento, señor. Esto es lo único que no podemos hacer por usted. Aquí no tenemos trabajo para darle.
A lo que el hombre respondió:
–Esto es sorprendente. ¡Para eso ya podría encontrarme en el infierno!
El sirviente le respondió con voz suave:
–¿Y dónde cree que se encuentra?
Hotel Hogar
“Dicen que tienes que viajar para ver el mundo. A veces pienso que si estás quieto y con los ojos bien abiertos, verás todo lo que puedes manejar” (Paul Auster)
La anterior fábula ilustra uno de los peligros de las vacaciones: si no aprovechamos para hacer cosas que nos llenen espiritualmente, pueden acabar siendo tan rutinarias y estresantes como el mismo trabajo.
Ya a finales del siglo XIX, Orison Swett Marden –precursor de los libros de autoayuda– resumía así los 12 objetivos de unas genuinas vacaciones:
1. Recobrar la alegría y el optimismo olvidados el resto del año.
2. Incrementar el poder creativo.
3. Retomar fuerzas y tener tiempo para que surjan las ideas para crecer profesionalmente.
4. Liberarse de los miedos y tensiones acumulados.
5. Recuperar la confianza perdida y promover la salud.
6. Destensar y renovar el cuerpo y la mente.
7. Hacer nuevas amistades y reforzar las existentes.
8. Dejar atrás prejuicios, odios y celos que nos condicionan a lo largo del año.
9. Aprender de la naturaleza, de los libros, de la gente.
10. Lograr una perspectiva más amplia del mundo y de nosotros mismos.
11. Abandonar los senderos trillados para abrir nuevas vías e ideas.
12. Volver al trabajo con entusiasmo renovado.
Una buena noticia: todos estos objetivos son alcanzables en unas vacaciones en casa.
En cualquier caso, tanto si nos marcamos demasiadas actividades como si nos dejamos llevar por la inercia de no hacer nada, el tiempo libre se puede convertir en un infierno donde arderán nuestras esperanzas de “cargar las pilas”.
Por eso al abordar la pausa veraniega debemos clarificar primero qué nos piden el cuerpo y el espíritu cuando se acerca. El descanso se puede conjugar perfectamente con actividades para reforzar la salud, alimentar la mente e inspirarnos para el nuevo curso. Y todo eso sin alejarnos del hogar.
George Sand, amante de Chopin, viajera y escritora avanzada a su tiempo, comentaba sobre esto que “mis viajes más bellos, los más dulces, los he hecho al calor del hogar, con los codos reposando en los brazos desgastados del sillón de mi abuela. ¿Por qué viajar si no se está obligado a ello? […] No se trata tanto de viajar como de partir; ¿quién de nosotros no tiene algún dolor que distraer o algún yugo que sacudir?”.
A continuación veremos cómo podemos convertir nuestra socorrida vivienda en un centro vacacional de primer rango.
El paraíso en casa
“El ser humano feliz es aquel que siendo rey o campesino encuentra la paz en su hogar” (Johann Wolfgang Goethe)
A la hora de programar unas vacaciones en casa es importante combinar la actividad con un tiempo de desconexión que permita al cuerpo y a la mente sobreponerse del empacho de urgencias a lo largo del curso.
Para los que no saben estar sin hacer nada, algunas sugerencias para estas pausas regeneradoras serían:
• Regalarnos un largo y energético desayuno para empezar el día.
• Practicar un deporte suave que nos permita poner la mente en blanco al concentrarnos en el esfuerzo.
• Ver una película, preferiblemente de ritmo tranquilo y sin cortes publicitarios, con el móvil apagado como si estuviéramos en el cine.
• Dedicar una hora diaria a leer una novela que lleva todo el año acumulando polvo.
• Poner en orden nuestra colección de libros, discos y DVD.
• Cocinar un plato exótico que nunca hemos probado.
• Hacer el amor (también nos olvidamos de eso a veces).
Pasar las vacaciones en casa, sin embargo, no implica que no podamos compartir con otras personas esta nueva dimensión del hogar. Entre las muchas actividades placenteras que podemos organizar están:
• Un encuentro de viejos amigos con juegos de mesa de por medio.
• Montar una cena-karaoke con votaciones y premios para la mejor y peor interpretación.
• Procurarnos un telescopio para, desde la azotea, observar los cráteres de la Luna en buena compañía.
Entre nuestras cuatro paredes caben tantas propuestas como alcance nuestra imaginación, y el solo hecho de programarlas y prepararlas ya constituye un placer adelantado.
Un ‘spa’ casero
“Las verdaderas vacaciones no son viajes de descubrimiento, sino un ritual de tranquilidad”
(Andrew Philip Adams)
Además del ocio íntimo o compartido, podemos convertir nuestro hogar en un balneario donde relajarnos y descargar las tensiones de una temporada sin duda exigente. Como parte del juego podemos incluso colgar en un lugar bien visible los distintos horarios de cada placer, que pueden incluir:
Estiramientos y masaje. Lo puede procurar la pareja. Los singles pueden intercambiar ese favor con un amigo/a que se preste a ser masajeado después.
Baño con aromaterapia. Si disponemos de bañera, podemos optar por sales de baño o bien agregar al agua un aceite esencial para lograr el efecto deseado.
Meditación. Para iniciarnos solo es necesario sentarnos con la espalda recta y centrar nuestra atención en el aire que circula suave y silenciosamente por nuestra nariz, sin preocuparnos por los pensamientos que puedan cruzar como nubes nuestra pantalla mental.
Yoga. Es recomendable haber participado previamente en algún curso, pero una sesión para principiantes en DVD puede servir para estrenarse en este benéfico arte.
El spa hogareño debe completarse con una alimentación de calidad cocinada en casa y un horario de sueño generoso y reparador.

Que no te afecten los vientos del mal


El dolor es inevitable,
el sufrimiento es opcional

A lo largo del día,
nuestra mente va acumulando
más información de la
que somos capaces
de asimilar conscientemente.
El bien es mayoria,
pero no se nota porque es silencioso.
Una bomba hace más
ruido que una caricia,
pero por cada bomba que destruye,
hay millones de caricias
que alimentan a la vida.
Desprecia el ruido de las carencias
y apoya el esfuerzo del amor
Vale la pena, que lo consideres
¿verdad?
Y recuerda, recuerda
Inicialmente se rien de tí.
Posteriormente te ignoran,
pero ¡¡¡al final tú ganas!!!

¿SOY MAYOR DE EDAD?



Petición a la EMANCIPACIÓN.

"Todos estamos atrapados por cincuenta cosas a la vez.
Tenemos poco tiempo para atender a la familia,
para estar atentos con los otros.
Danos, emancipación, sabiduria para saber organizar el tiempo
y poner en primer lugar a las personas.
Danos sentimientos de solidadidad
para dar respuestas concretas
y no pasar de largo.
Con el respeto a los otros,
obtendremos el mismo respeto
y reconocimiento de tal manera que en libertad,
podamos construir la convivencia."
Convivir y no competir.

¡¡¡El OTRO también existe!!!



Para definir AMOR podemos tomar:
Amor es aceptar al otro
como legítimo otro.
"En tiempos de cambio,
quienes estén abiertos al aprendizaje
se adueñarán del futuro,
mientras que aquellos que
creen saberlo todo
estarán perfectamente equipados
para un mundo que ya no existe"

¿UN UNIVERSO EMOCIONAL QUE DESCONOCEMOS?



¿Distancia o implicación emocional?
FERRÁN RAMON


Cuando nos cuentan un problema, a menudo nos debatimos entre mantenernos a cierta distancia o implicarnos emocionalmente. Lo apropiado es el término medio: la empatía.
Hace unos años, mi padre tuvo una grave enfermedad de corazón. La operación fue bien, pero una complicación pulmonar lo mantuvo durante más de un mes sedado en la UCI debatiéndose entre la vida y la muerte. Durante aquel largo mes, fuimos a visitarlo y a recibir el parte médico a diario.

“Si nos contagiamos del estado de ánimo de los otros, dejamos de ver objetivamente las cosas y perdemos la capacidad de ayudarles”
“Es fundamental captar el estado emocional de los demás atendiendo a lo que nos dicen y especialmente a cómo nos lo cuentan”

Acudíamos al hospital con el corazón encogido y nos desesperábamos ante la frialdad del médico que, con explicaciones llenas de tecnicismos unas veces, o con la ausencia total de explicaciones otras, no nos daba ningún mensaje que nos reconfortara.
Lo comenté con una amiga que trabaja en un gran hospital, y me dio una explicación que tenía todo el sentido. “Se trata de una UCI posquirúrgica”, me dijo. “La mitad de los pacientes fallecen. Imagínate si los médicos se implicaran emocionalmente en cada caso. No podrían hacer su trabajo…”.
Tenía razón y lo acepté. Pero reconozco que aquella explicación no me solucionó nada. Yo seguía sintiéndome fatal ante la aséptica comunicación de un médico al que sabía un excelente profesional, pero muy lejano de nosotros.
Compartía a menudo mi desesperación con mis amigos, hasta que uno de ellos me dio la clave: “Es cierto que el médico no se puede implicar”, me confirmó. “Pero entre la implicación emocional y la distancia hay un camino intermedio: la empatía. Consiste en que él capte tu angustia y sea capaz de comunicarte que la percibe sin hacerla suya”.
“¿Cómo?”, pregunté. “Modulando su comunicación acorde con tu angustia”.
No tuve nunca el valor de pedírselo al médico. La suerte es que el cirujano jefe, al que podíamos ver semanalmente, sí lo entendía así, y sí se comunicó con nosotros haciéndose eco de nuestra angustia.
Cuando nos cuentan un problema, especialmente si lo hace un familiar o alguien muy cercano, es habitual que nos impliquemos emocionalmente. De hecho es lo que muchas veces se espera de nosotros. Sin embargo, implicarse emocionalmente en los conflictos de los demás no es bueno. En primer lugar, porque nos contagiamos de su estado de ánimo, con lo que, presos de las emociones, dejamos de ver objetivamente las cosas y perdemos la capacidad de ayudarles. Y en segundo lugar, porque si lo hacemos por sistema, acabaremos sufriendo un desgaste emocional que tendrá sus consecuencias en nuestra salud y en nuestro ánimo.
La implicación emocional en los problemas de los demás no es una buena manera de ayudarles. Sin embargo, mantener la distancia tampoco es la solución. Distanciarse de un conflicto que nos cuenta alguien nos convierte en personas frías, desinteresadas por los demás. Aunque sin duda es una actitud que nos protege emocionalmente, no ayuda en absoluto en la relación personal.
Hay una tercera vía: la empatía. Es una respuesta que conecta emocionalmente con el otro, sin que haya por nuestra parte un desgaste emocional, y sin que altere nuestra percepción o peligre nuestra objetividad.
Captar no es sentir
“La empatía representa la habilidad sensitiva de una persona para ver el mundo a través de la perspectiva del otro”
(Sebastià Serrano)
Muchas veces he visto definida la empatía como “la capacidad de sentir lo que el otro siente”. Esta no es ciertamente la empatía que buscamos cuando nos enfrentamos a los problemas de los demás, porque el contagio del sentimiento –un hecho científicamente demostrado y que ocurre espontáneamente si no ponemos ciertas barreras– nos incapacitará para la ayuda. Sugiero una definición alternativa, que consiste en considerar la empatía como la capacidad de captar lo que el otro siente, y añado una coletilla fundamental: y de comunicarle que lo capto. Esta es la forma que tenemos de no resultar fríos y asépticos, y sin embargo no cargar con el peso emocional de los problemas ajenos.
Para desarrollar esta empatía son fundamentales dos cosas: en primer lugar, ser capaces de captar el estado emocional de los otros. Lo lograremos escuchando lo que nos dicen, pero sobre todo prestando atención a cómo nos lo cuentan. Para captar los sentimientos, el tono de la voz y las expresiones en lenguaje no verbal (la mirada, los gestos, la posición del cuerpo…) son más importantes que todo lo que la persona a la que escuchamos nos pueda decir. Debemos escuchar con los ojos.
Y en segundo lugar, hemos de ser capaces de comunicar al otro que captamos su sentimiento. Será la forma en que notará nuestra proximidad y se sentirá comprendido. Será también la forma en que saldremos de la frialdad que podría suponer no implicarnos en su problema.
Separando el pensar y el sentir. Tenemos muchas formas de hacerlo, algunas más explícitas que otras, pero lo fundamental será el modo en que interactuemos. La mejor forma de demostrarle que captamos su estado emocional será comunicarnos con él utilizando las palabras, el tono y los gestos adecuados a la situación que nos esté describiendo y a las emociones que esté sintiendo.
La empatía es enemiga de los juicios. No se basa en la razón, sino en la emoción. La vía de la empatía no contempla jamás la crítica, y precisa de la completa aceptación del otro en el momento psicológico en que se encuentre, sin prejuicio alguno, y dejando de lado nuestra opinión.
Hay quien construye verdaderas tesis escuchando a los demás. Quien busca constantemente las contradicciones y disfruta “pillando en falso” al otro. Y quien aprovecha la ocasión para aleccionar a los demás haciendo gala de principios éticos y comportamientos ejemplares. Todo ello está muy lejos de la escucha empática.
A través de la empatía no emitimos ninguna opinión. Nos limitamos a expresar al otro que captamos su sentimiento en toda su intensidad.
Cazadores al acecho. Hay gente que va por la vida con un gran gancho, mirando cómo engancharnos a la mínima. Quieren que nos impliquemos en sus problemas, en sus emociones, quieren que sintamos lo que sienten, que lo vivamos con ellos. Que les demos la razón y la aprobación de sus conductas. Si caemos en ello, estaremos siempre enganchados. Acudirán a nosotros sin tregua, generándose relaciones de dependencia. Seremos víctimas de una relación tóxica, que a nosotros nos resultará agotadora y a los demás los perpetuará en su falta de crecimiento.
Si les queremos ayudar de verdad, debemos abstenernos de caer en sus garras. Debemos evitar la implicación emocional y guardarnos muy mucho de darles sistemáticamente la razón. Lo que más les ayudará –aunque ellos busquen desesperadamente nuestra implicación– es que estemos emocionalmente a su lado, escuchándolos y comprendiéndolos, pero sin manifestar nuestra opinión.
Cuando nosotros necesitamos ayuda. Muchas veces seremos nosotros los que buscaremos a alguien a quien contar nuestros problemas. Cuando lo hagamos, no busquemos a quien resuelva o a quien sufra con nosotros el conflicto. Busquemos a quien nos pueda hacer de espejo, reflejándonos fielmente lo que sentimos. Quien nos deje expresarnos sin restricciones, ayudándonos así a que encontremos nosotros mismos las soluciones. Si no, los conflictos no nos ayudarán a crecer.

CREENCIAS TOP TEN



El intelecto en su sentido más
comúny tradicional
se considera
como la facultad de pensar,
el cómo y el dónde
se produce el pensamiento
como capacidad de
leer el interior de la
realidad de las cosas,
y por tanto,
de comprenderlos
mediante conceptos
adecuados a la
realidad de ellas.

Padre nuestro, que estás en el cielo,
Pater noster, qui es in caelis,
santificado sea tu Nombre;
sanctificetur nomen tuum.
venga a nosotros tu reino;
Adveniat regnum tuum.(Vulgata: Veniat regnum tuum

hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.
Fiat voluntas tua, sicut in caelo, et in terra.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
Panem nostrum quotidianum da nobis hodie,(Vulgata: Panem nostrum supersubstantialem da nobis hodie

perdona nuestras ofensas
et dimitte nobis debita nostra
como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden;
sicut et nos dimittimus debitoribus nostris.(Vulgata: sicut et nos dimisimus debitoribus nostris)

no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal.
Et ne nos inducas in tentationem, sed libera nos a malo.
Tuyo es el reino, el poder y la gloria por siempre Señor. Amen
Quia tuum est regnum, et potéstas, et glória in sæcula (sæculorum). Amen
Entonces ¿cómo se han construidos tus creencias?
¿Entiendes como algo necesario analizar su procedencia?
pero especialmente
¿hacía donde te conduce conservarlas?

CREENCIAS TOP TEN




Dios te salve María
llena eres de gracia;
el Señor es contigo
bendita tú eres
entre todas las mujeres,
y bendito es el fruto
de tu vientre, Jesús.
Santa María,
Madre de Dios,
ruega por nosotros,
pecadores,ahora y en la
hora de nuestra muerte.
Amén

Salve
La Salve es una de las más populares y conocidas
oraciones católicas a María la madre de Jesús. Inicialmente una antífona mayor e himno.
Aunque no hay certeza sobre su origen se cree que fue compuesta hacia el
siglo XI. Se trata originalmente de una secuencia con rima en "e" aunque la disposición de los versos puede variar según los recopiladores. Durante algún tiempo fue atribuida a Bernardo de Claraval, ahora se sabe que éste sólo añadió la invocación final: O clemens, o pia / o dulcis, Virgo Maria (que introduce una pareja de versos con rima en "ia"). Se ha atribuido a Pedro de Mezonzo, obispo de Compostela y a Ademar de Monteil, obispo de Le Puy-en-Velay y al monje Hermann Contracto de Reichenau. La melodía sencilla que se usa habitualmente para cantarla parece haber sido elaborada por el P. F. Bourgoing.
Los
cistercienses, los dominicos y los franciscanos promovieron su uso en diversas circunstancias (en especial en la liturgia de las horas). En 1250 Gregorio IX la aprobó y prescribió que se cantara al final del rezo de las Completas. Los monjes la cantaban antes de dormir y los monjes de la orden de Predicadores la cantaban en procesión con velas encendidas.
Diversos autores cristianos han elaborado comentarios para esta oración, entre ellos destaca:
Bernardo de Claraval, Anselmo de Lucca, Pedro Canisio, Francisco Coster, Alfonso María de Ligorio.
Aunque la Salve principalmente es una oración dedicada a la Virgen María (en
latín Salve Regina), la gran variedad de representaciones de la Vírgen y la devoción existente en cada lugar donde se venera ha generado la creación de una "Salve" particular según la advocación del lugar.


¿Continúas sin querer analizar tus creencias?
¿Entones?
¿Cómo quedarán satisfechas tus ilusiones?
Los silencios mantienen los secretos,
por tanto,
el sonido más dulce
es el sonido del silencio

CREENCIAS TOP TEN....



Todos necesitamos aprender
a amar las diferencias.
Aceptando al otro
garantizarás ser aceptada
tú también.
Desde ahí
nacerá una comunidad
de sentido
para la emancipación
total.

****

Creo en Dios Padre todopoderoso,
creador del cielo y de la tierra.
Creo en Jesucristo, su único Hijo, nuestro Señor.
Fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo
y nació de la Virgen Maria.
Padeció bajo el poder de Poncio Pilato.
Fue crucificado, muerto y sepultado.
Descendió a los infiernos.
Al tercer día resucitó de entre los muertos.
Subió a los cielos,
y está sentado a la diestra de Dios Padre.
Desde allí ha de venir a juzgar a vivos y muertos.
Creo en el Espíritu Santo,
la santa Iglesia católica,
la comunión de los santos,
el perdón de los pecados,
la resurrección de los muertos,
y la vida eterna.
Amén.

¿Podemos revisar nuestras creencias?
¿Te atreves?

HUMILDAD



Tú me has seducido,
EMANCIPACIÓN,
y yo me he dejado seducir.

¿Qué somos LUZ o REFLEJO?
Humildad:
La humildad es una cualidad o característica humana que es atribuida a toda persona que se considere un ser pequeño e insignificante frente a lo trascendente de su existencia o a
Dios según si se habla en términos teológicos. Una persona humilde generalmente ha de ser modesta y vivir sin mayores pretensiones: alguien que no piensa que él o ella es mejor o más importante que otros. El concepto de la humildad en varias confesiones es a menudo mucho más exacto y extenso. La humildad no debe ser confundida con la humillación, que es el acto de hacer experimentar en algún otro o en uno mismo una avergonzante sensación, y que es algo totalmente diferente.Desde la perspectiva de la evolución espiritual, la humildad es una virtud de realismo, pues consiste en ser conscientes de nuestras limitaciones e insuficiencias y en actuar de acuerdo con tal conciencia. Más exactamente, la humildad es la sabiduría de lo que somos. Es decir, es la sabiduría de aceptar nuestro nivel real evolutivo.La humildad en las personas es toda aquella cualidad que revela el completo concepto de lo que es el ser humano, es la verdadera virtud que muestra en un más completo sentido lo que convierte a una persona en humano.
Los grados de la humildad:
1 conocerse, 2 aceptarse, 3 olvido de si, 4 darse.
1 -Conocerse: conocer la verdad de uno mismo.Ya los griegos antiguos ponían como una gran meta el aforismo: "Conócete a ti mismo". La Biblia dice a este respecto que es necesaria la humildad para ser sabios: Donde hay humildad hay sabiduría . Sin humildad no hay conocimiento de sí mismo y, por tanto, falta la sabiduría.
2 -Aceptarse: Una vez se ha conseguido un conocimiento propio más o menos profundo viene el segundo escalón de la humildad: aceptar la propia realidad. Resulta difícil porque la soberbia se rebela cuando la realidad es fea o defectuosa. Aceptarse no es lo mismo que resignarse. Si se acepta con humildad un defecto, error, limitación, se sabe contra qué luchar y se hace posible la victoria. Ya no se camina a ciegas sino que se conoce al enemigo. Pero si no se acepta la realidad, ocurre como en el caso del enfermo que no quiere reconocer su enfermedad: no podrá curarse. Pero si se sabe que hay cura, se puede cooperar con los médicos para mejorar. Hay defectos que podemos superar y hay límites naturales que debemos saber aceptar.Vive según tu conciencia o acabarás pensando como vives. Es decir, si tu vida no es fiel a tu propia conciencia, acabarás cegando tu conciencia con teorías justificadoras.
3 -Olvido de sí. El orgullo y la soberbia llevan a que el pensamiento y la imaginación giren en torno al propio yo. Muy pocos llegan a este nivel. La mayoría de la gente vive pensando en si mismo, "dándole vuelta" a sus problemas. El pensar demasiado en uno mismo es compatible con saberse poca cosa, ya que el problema consiste en que se encuentra un cierto gusto incluso en la lamentación de los propios problemas. Parece imposible pero se puede dar un goce en estar tristes, pero no es por la tristeza misma sino por pensar en sí mismo, en llamar la atención. El olvido de sí no es lo mismo que indiferencia ante los problemas. Se trata más bien de superar el pensar demasiado en uno mismo. En la medida en que se consigue el olvido de sí, se consigue también la paz y alegría. Es lógico que sea así, pues la mayoría de las preocupaciones provienen de conceder demasiada importancia a los problemas, tanto cuando son reales como cuando son imaginarios. El que consigue el olvido de sí está en el polo opuesto del egoísta, que continuamente esta pendiente de lo que le gusta o le disgusta. Se puede decir que ha conseguido un grado aceptable de humildad. El olvido de sí conduce a un santo abandono que consiste en una despreocupación responsable. Las cosas que ocurren -tristes o alegres- ya no preocupan, solo ocupan.
4 -Darse. Este es el grado más alto de la humildad, porque más que superar cosas malas se trata de vivir la caridad, es decir, vivir de amor. Si se han ido subiendo los escalones anteriores, ha mejorado el conocimiento propio, la aceptación de la realidad y la superación del yo como eje de todos los pensamientos e imaginaciones. Si se mata el egoísmo se puede vivir el amor, porque o el amor mata al egoísmo o el egoísmo mata al amor.Una persona humilde al librarse de las alucinaciones de la soberbia ya es capaz de querer a los demás por sí mismos, y no sólo por el provecho que pueda extraer del trato con ellos.Cuando la humildad llega al nivel de darse se experimenta más alegría que cuando se busca el placer egoístamente. La persona generosa experimenta una felicidad interior desconocida para el egoísta y el orgulloso.

NUESTRA MUTACIÓN ES PERMANENTE.......



La crisis de los cuarenta
BORJA VILASECA
No importa lo que hayamos conseguido. Si no somos de verdad felices con nuestra existencia, llega un día en que necesitamos responder tres grandes preguntas: ¿de dónde venimos?, ¿quiénes somos? y ¿hacia dónde vamos?
Aunque pueda parecer lo mismo, hay una enorme diferencia entre existir y estar vivo. Muchas personas han tenido que estar a punto de morir para comprenderlo. Y no se trata solamente de una muerte física, sino también psicológica. Es decir, de levantarse un día por la mañana y notar un incómodo malestar en el estómago. De pararse unos minutos al mediodía y experimentar una falta absoluta de sentido. Y de detenerse un momento al anochecer y sentir un profundo vacío en el corazón.

“Solo cuestionando las creencias con las que hemos ido creando nuestra identidad, podemos llegar a ser libres mentalmente”
“Emprender la senda que nos propone ‘la voz interior’ es una oportunidad de entrenar la confianza y la valentía”
Formamos parte de una sociedad deshumanizada que nos ha deshumanizado. Muchos de nosotros estamos tan desconectados que funcionamos con el piloto automático, yendo de un lado para el otro por pura inercia. Y al carecer de una brújula interior que nos permita seguir nuestro propio camino, solemos escondernos tras una máscara del agrado de los demás, resignándonos a llevar una vida de segunda mano.
Algunos sociólogos contemporáneos afirman que nos hemos convertido en autómatas programados para producir y consumir de forma mecánica, una rueda que nos va atrapando y de la que nos es muy difícil salir. A este fenómeno socioeconómico hay quien lo denomina “grisedumbre”. Y dado que somos una mayoría los que llevamos una existencia alienada, monótona y gris, hemos llegado a la conclusión de que esta desconexión es lo normal y que lo raro es ser feliz.
LA REVOLUCIÓN INTERIOR
“Los gusanos llaman ‘crisis’ al nacimiento de las mariposas” (Anónimo)
El filósofo Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz, solía afirmar que convertirnos en seres humanos responsables, libres y conscientes es tan sólo una “potencialidad”. Y que a menos que experimentemos una “revolución” en nuestra mente y en nuestro corazón seguiremos funcionando como “máquinas”. De ahí que también sostuviera que muchas personas nazcan, existan y mueran de manera “inconsciente”. Es decir, “enajenadas de sí mismas”, obedeciendo ciegamente los patrones de conducta determinados por la sociedad.
Esta es la razón por la que dependiendo del lugar donde nacemos solemos utilizar un determinado idioma, defender una determinada cultura, estar afiliados a un determinado partido político, seguir a una determinada religión e incluso apoyar a un determinado equipo de fútbol. Normalmente no elegimos nuestras creencias (que condicionan nuestra forma de comprender la vida), nuestros valores (que influyen en nuestra toma de decisiones) y nuestras aspiraciones (que marcan aquello que deseamos conseguir). Todo ello nos es determinado durante nuestro proceso de condicionamiento.
Tiranizados por nuestros miedos y carencias, al entrar en la edad adulta solemos marginar nuestros sueños, construyendo una vida siguiendo estas normas preestablecidas. Y como resultado, nos vamos alejando de nuestra verdadera esencia, convirtiéndonos en alguien que no somos y cosechando interminables frustraciones. Eso sí, tarde o temprano llega un día en que el malestar, el sinsentido y el vacío devienen insoportables. Solo entonces nos atrevemos a cambiar.
EL DESPERTAR DE LA CONSCIENCIA
“¡Ojalá vivas todos los días de tu vida!” (Jonathan Swift)
No se sabe exactamente cómo funciona. Muchos lo definen como un “clic”. Otros, como el “despertar de la consciencia”. Sea como fuere, cada vez más seres humanos están padeciendo la denominada “crisis de los cuarenta”. Se ha comprobado que a esa edad muchas personas han vivido el tiempo suficiente como para haber hecho todo lo que esta sociedad les ha dicho que hicieran. Y para haber tenido todo lo que esta sociedad les ha dicho que tuvieran.
Sin embargo, ni el éxito (a través de la imagen) ni el materialismo (a través del consumo) ni la evasión (a través del entretenimiento) consiguen llenar el pozo sin fondo en el que nos hemos convertido. Lo curioso es que este proceso psicológico no tiene nada que ver con la edad, el sexo, la raza, la cultura ni la posición social. Se sabe de personas a quienes la “crisis de los cuarenta” les asalta durante la adolescencia y otras, durante la jubilación. Para bien o para mal, llega un momento en que nos es imposible seguir fingiendo y autoengañándonos. En todos estos casos, intuimos que nuestro vacío existencial no está relacionado con lo que tenemos (el mundo exterior), sino con lo que somos (nuestro mundo interior).
Hacerse preguntas
“Conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Jesús de Nazaret)
Así es como tomamos consciencia de que no podemos seguir viviendo de la manera en la que lo hemos venido haciendo. Al ser lo suficientemente honestos como para reconocer que no necesitamos sufrir más, abrimos nuestra mente y nuestro corazón a nuevas formas de comprender y de relacionarnos con la vida. Esta humildad nos convierte en aprendices, buscando la manera de liberarnos de nuestro sufrimiento. Y es tal nuestra necesidad de cambio, que conectamos con el coraje para adentrarnos en un territorio incierto y desconocido: nosotros mismos.
La “crisis de los cuarenta” nos lleva a averiguar, en primer lugar, de dónde venimos. Se trata de reflexionar acerca de las motivaciones que nos han llevado a seguir un determinado estilo de vida. Y no se trata de juzgarnos ni de victimizarnos, sino de responsabilizarnos por la persona que creemos que somos y por la que podemos llegar a ser.
No en vano, formamos parte de una sociedad que se asienta sobre un sistema monetario, sobre el que se han edificado las instituciones sociales, religiosas, políticas, empresariales y financieras que tanto poder e influencia tienen sobre nuestra manera de pensar y de vivir. Más allá de promover nuestro bienestar, la principal finalidad de estas estructuras es ocuparse de sí mismas, haciendo lo posible para sobrevivir económicamente. Y en parte lo consiguen preservando el orden establecido, impidiendo e incluso paralizando el avance de nuevas formas de conocimiento que posibiliten cambios constructivos y beneficiosos para todos nosotros.
A menos que cuestionemos y nos deshagamos de las creencias con las que hemos ido creando nuestra identidad, no podremos cuestionar las normas, las reglas y los dogmas con los que fuimos condicionados durante nuestra infancia por este tipo de instituciones. Solo por medio de este cuestionamiento podemos conocer nuestra verdad –cada uno la suya–, y llegar a ser libres mentalmente.
CONOCERSE A UNO MISMO
“Si no lo encuentras dentro de ti, ¿dónde lo encontrarás?”
(Alan Watts)

En segundo lugar, la “crisis de los cuarenta” nos mueve a saber quiénes somos, una pregunta que no puede responderse con palabras ni conceptos, sino a través de nuestra propia experiencia. De ahí que el autoconocimiento, el desarrollo personal y el coaching sean tres herramientas cada vez más aceptadas y demandadas por la sociedad. Y aunque esta “búsqueda interior” parezca estar poniéndose de moda, no tiene nada de nuevo. Hace más de 2.500 años, en el templo de Delfos, un lugar de culto de la antigua Grecia, se inscribió el aforismo más repetido a lo largo de todos los tiempos: “Conócete a ti mismo”.
Aunque se suele atribuir al filósofo Sócrates, su origen es anterior al inicio de la historia de la filosofía. Y nos orienta a conocer nuestra verdadera esencia, más allá de la capa superficial de creencias con las que hemos construido el disfraz de nuestra personalidad. No obstante, la palabra “persona” en griego significa “máscara”. De ahí que mientras no descubramos quiénes somos, no sepamos ni podamos conectar con la fuente de bienestar y dicha que reside en nuestro interior.
Así, comprometernos con nosotros mismos pasa por comprender cómo funciona nuestra mente, gestionando nuestros pensamientos de forma más constructiva y regulando nuestras emociones de manera más eficiente. Para lograrlo, hemos de contar con información veraz, cuidar nuestra salud y entrenarnos en el arte de vivir conscientemente. Gracias a este proceso de autoconocimiento podemos aprender a ser felices por nosotros mismos, a sentirnos en paz con los demás y a aceptar y amar a la vida tal y como es. Y aunque es muy fácil de decir, ponerlo en práctica da para toda una existencia de aprendizaje. De ahí que se diga que la sabiduría no sea una meta a conseguir, sino un camino a seguir.
LA BÚSQUEDA DE SENTIDO
“El secreto de la existencia no consiste solamente en vivir, sino en saber para qué se vive” (Fiódor Dostoievski)
Una vez sabemos de dónde venimos y descubrimos quiénes somos, estamos preparados para decidir hacia dónde queremos ir. En este punto del camino es importante discernir que el sentido de nuestra existencia no sólo alude a la manera en la que nos “sentimos”, sino también a la “dirección” que decidimos darle. Y en este caso, la decisión no viene movida por la razón, sino por la vocación. Al reconectar con nuestra verdadera esencia, empezamos a escuchar a nuestra “voz interior”. Así es como dejamos de tomar decisiones movidas por nuestro instinto de supervivencia, y comenzamos a seguir los dictados de nuestra intuición, de nuestra conciencia y, por supuesto, de nuestro corazón.
Aunque no es posible comprenderlo por medio de la lógica ni la razón, esta “voz interior” ya sabe quiénes estamos predestinados a ser. De ahí que emprender la senda que nos propone sea una invitación a la épica personal, una oportunidad para entrenar los músculos de la confianza y la valentía. En definitiva, saber hacia dónde vamos consiste en descubrir nuestro propósito vital (qué queremos hacer con nuestra vida) y nuestra misión profesional, contribuyendo a mejorar la vida de los demás. Sin duda alguna, esta es la esencia del liderazgo. Así, no es casual que los verdaderos líderes siempre dediquen sus vidas al servicio de los demás, impulsando proyectos que realmente beneficien a la sociedad.

¡¡¡APRENDERÁS!!!



Después de algún tiempo aprenderás
la sutil diferencia entre sostener una mano
y encadenar un alma,
y aprenderás que amar no significa apoyarse,
y que compañía no siempre significa seguridad.
Comenzarás a aprender que los besos no son contratos,
ni los regalos son promesas...
Aprenderás que con la misma severidad con que juzgas, también serás juzgado
y en algún momento condenado.
Aprenderás que no importa en cuantos pedazos
tu corazón se partió,
el mundo no se detiene para que lo arregles.
Aprenderás que es uno mismo
quien debe cultivar su propio jardín
y decorar su alma,
en vez de esperar que alguien le traiga flores.
Comenzarás a aceptar tus derrotas con la cabeza alta
y la mirada al frente,
con la gracia de una mujer
y no con la tristeza de un niño
y aprenderás a construir hoy todos tus caminos,
porque el terreno de mañana
es incierto para los proyectos,
y el futuro tiene la costumbre de caer en el vacío.
Después de un tiempo aprenderás que el sol quema si te expones demasiado.
Aceptarás incluso que las personas buenas podrían herirte alguna vez y necesitarás perdonarlas.
Aprenderás que hablar puede aliviar los dolores del alma. Descubrirás que lleva años construir confianza
y apenas unos segundos destruirla y
que tu también podrás hacer cosas de las que te arrepentirás el resto de la vida.
Aprenderás que las nuevas amistades continúan creciendo a pesar de las distancias
y que no importa que es lo que tienes,
sino a quien tienes en la vida y que los buenos amigos son la familia que nos permitimos elegir.
Aprenderás que no tenemos que cambiar de amigos,
si estamos dispuestos aaceptar que los amigos cambian. Descubrirás que muchas veces tomas a la ligera a las personas que más te importan y por eso siempre debemos decir a esas personas que las amamos porque nunca estaremos seguros de cuando será la última vez que las veamos.
Aprenderás que las circunstancias y el ambiente que nos rodea tienen influencia sobre nosotros, pero nosotros somos los únicos responsables de hacemos.
Comenzarás a aprender que no nos debemos comparar con los demás, salvo cuando queramos imitarlos para mejorar. Descubrirás qué se lleva mucho tiempo para llegar a ser la persona que quieres ser, y que el tiempo es corto.
Aprenderás que no importa a donde llegaste,sino a donde te diriges.
Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlaran y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad,porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existendos lados.
Aprenderás que héroes son las personas que hicieron lo que era necesario enfrentando las consecuencias. ..
Aprenderás que la pacienciare quiere mucha práctica. Descubrirás que algunas veces, la persona que esperas que te no ayude cuando te caes, tal vez sea una de las pocas que te ayuden a levantarte. Madurar tiene más que ver con lo que has aprendido de las experiencias, que con los añosvividos. Aprenderás que hay mucho más de tus padres en ti de lo que supones.
Aprenderás que nunca se debe decir a un niño que sus sueños son tonterías, porque pocas cosas son tan humillantes y seria una tragedia si lo creyese, porque le estarás quitando la esperanza.
Aprenderás que cuando sientes rabia, tienes derecho a tenerla, pero eso no te da el derecho de ser cruel. Descubrirás que sólo porque alguien no te ama de la forma que quieres, nosignifica que no te ame con todo lo que puede, porque hay personas que nos aman, pero que no saben como demostrarlo. .. No siempre es suficiente ser perdonado por alguien, algunas veces tendrás que aprender a perdonarte a ti mismo. Si algo he aprendido en la vida, es que la mentira se pone en contra de quienla inventa.
Jorge Luis Borges

¿NOS HACEMOS PREGUNTAS?


La disciplina,
es la capacidad de
decidir lo que
uno quiere llegar
a ser.
Ser libre no es hacer
lo que quieras sin pensar;
sino pensar porque quieres
hacerlo.
¿Ya nos hacemos preguntas
o vivimos con las respuestas de otros?
Cuando la alimentación dejó de ser una cuestión de azar
para pasar a ser un tema de cultivo,
el humano pudo avanzar ....
¿eres dueño/a de tí?
Cuando se tiene mucho tiempo
esperando que se cumpla un sueño,
cuando en el horizonte lo que tu corazón sigue,
el cansancio hace que se abandone la lucha,
(quizás tomar un respiro entre tanto suspiro),
entonces la esperanza se afloja,
y es cuando decidimos aparcar ese sueño
y tratar de apuntar hacia otros que pesen menos en el alma.
"no se piensa lo que no es"

¿AMAS LA SOLEDAD?



"Podemos medir el grado de inteligencia de un humano ,
por el nivel de incertidumbre que es capaz de soportar".


La soledad forma parte de tu naturaleza.
Únicamente el humano tiene la posibilidad
de moverse en vertical,
hacia arriba,
no sólo en horizontal.
La mayor parte de la humanidad
se comporta simplemente como calquier animal:
su vida consiste únicamente en crecer en edad,
no en crecer hacia arriba.
El hombre nace en una familia de seres humanos.
Desde el primer momento no está solo;
por tanto,
adquiere una cierta predisposición
a permanecer siempre con gente.
A consecuencia de esto,
nunca llega a conocer la belleza de la soledad;
el miedo se lo impide.
osho

¿EL ÉXITO ES SER Y CONDUCIRSE A UNO MISMO?



Cómo sobrevivir al éxito
XAVIER GUIX


El éxito social atrae y se busca más que nunca para gozar de sus privilegios. Sin embargo, permanecer en él y sobrevivirlo es todo un proceso, no exento de amenazas y dificultades.
Decía Andy Warhol que todo el mundo tiene sus 15 minutos de gloria, aunque el psicólogo Malcolm Gladwell ha añadido unos cuantos minutos, nada más y nada menos que 10.000 horas, para convertirse en un experto que brille por su excelencia. Mozart deslumbraba ya a los cinco años, mientras que Vincent van Gogh murió sin saborear las mieles del éxito de sus pinturas, y menos aún los millones que hoy se llegan a pagar por ellas. Stieg Larsson falleció antes de ver cómo sus Millennium inundaban las librerías de todo el mundo, con la Salander y el Blomkvist saltando a las pantallas cinematográficas. Algo parecido le sucedió a otro Larson ilustre, de nombre Jonathan, autor del musical Rent, que moría de sida poco antes del estreno de su obra. A John Lennon lo asesinaron. Michael Jackson y Elvis Presley desaparecieron víctimas de sobredosis de éxito, y Leonardo da Vinci sigue aún en boca de nuestros contemporáneos como maestro de la creatividad.

“El éxito es ser y conducirse a uno mismo. El resto son derivaciones, consecuencias del desarrollo de las capacidades de cada cual”

Más allá del éxito
He fallado una y otra vez en mi vida, por eso he conseguido el éxito (Michael Jordan)

Llegar a triunfar, a tener un éxito reconocido por los demás, es una tarea nada fácil, dejando al margen al ejército de freakes que merodean y alimentan muchos programas televisivos. Se suele decir que llegar al éxito cuesta, aunque lo verdaderamente difícil es mantenerse en él. Me voy a permitir una añadidura más a esos grados de dificultad: aún es más complejo sobrevivirlo.
Los ejemplos citados nos dan cuenta de al menos dos condiciones para alcanzar la gloria eterna: un talento sin igual, irrepetible, o morir justo en la cima. Y si las dos variables se dan a la vez, entonces se adquiere la categoría de mito. Por el contrario, la inevitable decadencia de lo que algún día se fue permite contemplar la efímera y fugaz ilusión de convertirse en lluvia de estrellas. Arremete contra cualquier intento de pretender alzarse divinamente de entre el resto de los mortales.

Abandonar los escenarios
No, el éxito no se lo deseo a nadie. Le sucede a uno lo que a los alpinistas: cuando llegan a la cumbre, ¿qué hacen? Bajar con la mayor dignidad posible (Gabriel García Márquez)

¿Se han fijado en cómo lloran los que abandonan la práctica deportiva, sea por la edad o por lesiones? ¿No les apena ver a artistas contando miserias para seguir teniendo un hueco en el aparador de la tele? ¿Y esos políticos que ya no lo son, provocando titulares para que se siga hablando de ellos? Una vez que se han saboreado las mieles del poder, del éxito social o se ha gozado del afecto que produce ser un personaje popular, cuesta horrores renunciar a todo ello, diluirse en el anonimato y tener una vida discreta y rutinaria. Más allá del éxito hay vida, sin embargo hay que aprender a vivir en ella, deshacerse del personaje e irse desapegando de la obsesión por el triunfo personal.
La primera dificultad para las personas que durante un tiempo han estado en el ojo del huracán popular, gozando de una vida de privilegios, consiste en saber cuándo deben abandonar el escenario. Llega un momento en que por coyunturas políticas, por modas, por el mero paso del tiempo, se esfuma esa magia que a uno le encumbró al Olimpo de los dioses. Es el momento de saber hacer mutis por el foro. Y hacerlo con elegancia, gratitud y aceptación. Lo contrario sería como negarse a envejecer, encerrar el tiempo en un cuadro como hizo Dorian Gray.
En efecto, no es ese un ejercicio sencillo. Después de estar en primera línea conviene una etapa de descompresión, de permitirse alejarse progresivamente de los escenarios que afaman. Los éxitos sociales se desarrollan en contextos sociales. Entonces hay que limitar su presencia en ellos. Hay que saber armonizar tanto las apariciones como las desapariciones. Hay que aprender, en definitiva, que cada uno esté en el sitio que le toca estar, en este caso, iniciando una nueva vida. Un ejercicio, sin duda, de humildad y de sabiduría a la vez. Debe de ser por eso por lo que cuesta tanto.

La esclavitud del personaje
Un tonto nunca se repone de un éxito (Oscar Wilde)

Vivimos en tiempos de exaltación del triunfo personal y colectivo. Llega a ser apetecible convertirse en alguien conocido y reconocido. Sin embargo, dicha pretensión conlleva un alto peaje: la creación y encumbramiento del personaje. Uno se acaba creyendo ese rol social, se apega a él, lo explota y, por desgracia, lo puede pervertir hasta prostituirlo. Es la esclavitud del personaje, al que siempre se recurre cuando uno anida en el vacío, cuando necesita que le quieran un poco o cuando mendiga la atención de los demás.
Por eso es de admirar que mientras dura el éxito del personaje, logre darse a conocer más allá de su puesta en escena; que llegue a ser amado o admirado por sí mismo además de por la fortuna de tener determinados talentos o dones.
Volver a la normalidad es volver a uno mismo, quitándose la máscara que ha ido interpretando durante un tiempo de su vida. Una de las peores amenazas para sobrevivir al éxito es identificarse con una autoimagen, construida solo por la apariencia, convertida ahora en caricatura. Además de vivir una vida nueva, será necesario reinventarse.

El éxito es de quien no lo desea
El éxito es fácil de obtener. Lo difícil es merecerlo
(Albert Camus)

El último paso para sobrevivir al éxito es abandonar la creencia de necesitar el triunfo personal. Definir el éxito siempre es incómodo, ya que no vale lo mismo para todos, siendo además muy contextual, es decir, dependiente de la cultura y del momento histórico en el que se evalúe lo que es o no exitoso. Abandonar la pretensión de vivir para triunfar es algo que casi se debería enseñar en las escuelas, aún más en las de negocios y de las artes.
El éxito es ser y conducirse a uno mismo. El resto son derivaciones, consecuencias del desarrollo de las capacidades de cada cual. Los dones son regalos de la vida que no son para uno, sino para los demás. Eso es lo que confunde a tanta gente que pasa media vida en la ensoñación de triunfar. Sin ganas de desilusionar a nadie, creo que el camino puede ser otro. Puede asemejarse a la invitación del Tao, que propone que el sabio no se exhibe, y por eso resplandece. No trata de alcanzar la gloria, y por eso se distingue. No se vanagloria, y por eso se le honra.
Quizá lo que nos falta sea más sabiduría y menos candidatos al éxito que luego malviven de aquella gloria que un día retuvieron. Se puede sobrevivir al éxito si se deja atrás, para construir el ahora y el aquí en el que seguir siendo, por encima de todo, personas.